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Diseño arquitectónico y su relación con la identidad local

Casakin, Hernan

Actas de Diseño Nº22

Actas de Diseño Nº22

ISSN Impresión 1850-2032
ISSN Online: 2591-3735
DOI: https://doi.org/https://doi.org/10.18682/add.vi22

XI Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” VII Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño Comunicaciones Académicas

Año XI, Vol. 22, Marzo 2017, Buenos Aires, Argentina | 258 páginas

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Resumen:

El fenómeno de la globalización amenaza con destruir los valores culturales, sociales, históricos, y arquitectónicos del lugar. Al efecto devastador de la globalización no ha estado exenta la arquitectura regional, donde la identidad de lugar está en plena crisis. En este estudio exploramos la relación existente entre la arquitectura y el contexto físico, histórico, y cultural. El objetivo es entender en mayor profundidad el rol que puede desempeñar la arquitectura de la diferencia para preservar la identidad del lugar. Con este fin, presentamos la visión del reconocido arquitecto israelí Ram Karmi, como respuesta desafiante al consumismo, y a la falta de interés en los valores locales. En particular, nos centramos en la Arquitectura Lírica, que es el enfoque teórico que Karmi propone para reelaborar la identidad local en nuestros días. 

Palabras clave:

Arquitectura - Identidad de lugar - Diseño arquitectónico - Regionalismo - Cultura - Globalización.

Introducción 

La rápida evolución de comunicación de masas y los nuevos avances en los desarrollos tecnológicos, han modificado la distancia física y cultural que separaban a los países y sociedades en el pasado. Este fenómeno conocido como globalización (Ricoeur, 1965), ha reducido en gran parte muchas de las diferencias sociales y culturales que las barreras del espacio y el tiempo habían conseguido proteger. Una de las consecuencias ha sido la desaparición y destrucción de los valores culturales, históricos y arquitectónicos (Steel, 2001).

Con la pérdida gradual de la identidad del lugar a causa de la globalización de la cultura en muchos países en desarrollo, en los últimos años surgió un reconocimiento para con los arquitectos y diseñadores que han mostrado tener una preocupación especial para con la identidad cultural nacional (Sklair, 2006; Steel, 2001). En un intento de búsqueda de la influencia local y regional más auténtico en sus obras, estos emplearon tecnologías locales en sus obras, y prestaron singular atención a los lazos socio-culturales establecidos entre las personas y sus lugares de residencia.

La idea de la identidad del lugar y su relación con los contextos local y global es bien reconocida en el marco teórico del regionalismo crítico. Junto a Tzonis y Lefaivre (1981), el concepto de regionalismo crítico fue propuesto por Frampton (1983a) en la década de los 80’. Valiéndose de los recursos culturales y las características geográficas del contexto local (Casakin, y Elliot Abbam, 2010) como caballo de batalla, el regionalismo crítico propone un enfoque del diseño arquitectónico que tiene por objetivo luchar contra los efectos producidos por la carencia de significado del lugar (Arefi, 1999; Relph, 1976; Seamon y Sowers, 2008), y la falta de identidad en la arquitectura contemporánea. Según Frampton (1983b), el regionalismo crítico puede ser descripto como una actitud de resistencia, que valora no sólo las cualidades universales de la modernidad progresista, sino también el contexto geográfico y cultural donde se erige una obra arquitectónica. Tzonis y Lefaivre (2003) por su parte, consideran que el regionalismo crítico es el marco donde los diseñadores pueden reflexionar, evaluar, e interpretar el contexto de acuerdo con sus puntos de vista propios.

Aunque la relación conflictiva entre lo local y lo global no es un tema nuevo en el campo del diseño arquitectónico (Clauser, 1982; Crinson, 2008), su conexión con la identidad del lugar aún necesita ser aclarado. En el presente estudio abordaremos la relación del diseño arquitectónico con el contexto físico y cultural en Israel, a través de la cual pretendemos ganar conocimiento sobre el papel que desempeña la arquitectura de la diferencia en la identidad del lugar. Para alcanzar este objetivo, analizamos una serie de obras singulares del arquitecto israelí Ram Karmi, consideradas como un aporte fundamental a la identidad local del lugar. En particular, nos centramos en la Arquitectura Lírica, que es el enfoque teórico que Karmi propone en las últimas décadas como alternativa al consumismo, la globalización, y la falta de identidad. En la primera parte de este artículo introducimos brevemente el concepto de identidad de lugar, y ofrecemos una discusión sobre la fuerza de la globalización en un mundo en crisis. Mostramos como este fenómeno afecta el campo de la arquitectura, tanto en el mundo como en Israel. En la segunda parte analizamos la obra del arquitecto Ram Karmi, para mostrar como desafía a la arquitectura de la superficialidad, sin interés en los valores locales. Mediante cuatro casos de estudio exploramos el modo en que su arquitectura de la diferencia ofrece una respuesta al problema de la globalización y la falta de identidad del lugar.

Identidad y globalización, crisis de la arquitectura en el mundo 

Un aspecto fundamental a través del cual es posible relacionarse con un lugar determinado tiene que ver con el concepto de identidad. Además de estar íntimamente relacionado con el apego al lugar, esta noción puede ser considerada como parte de la esencia misma del lugar, (Pretty, Chipuer y Bramston, 2003; Knez, 2005). Por otro lado, la identidad de lugar es un componente predominante en la identidad del ser que se expresa mediante sus preferencias, ideas, objetivos, creencias, etc. relevantes para el lugar en cuestión (Proshansky, 1978).

La identidad de lugar afecta el modo que un lugar es entendido y percibido (Jorgensen y Stedman, 2001; 2005). Por ello, cuando las personas logran establecer un vinculo afectivo con un lugar determinado suelen sentirse cómodas y seguras, y tienden a identificarse y a permanecer en dicho lugar a lo largo del tiempo (Hernandez et al., 2007). Sin embargo, este vínculo puede variar o evolucionar de acuerdo a las características del individuo o del grupo, tales como la condición social, cultura, grupo de pertenencia, intereses, etc. (Proshansky, Fabian y Karminoff, 1983), o incluso el tipo de interacciones mantenidas con el lugar (Wester-Herber, 2004).

En la era de la globalización, en la que la economía junto a la tecnología han incrementado la conexión global, y en la que las distancias físicas y virtuales se han acortado, tanto la identidad como la identidad de lugar están en jaque. Esto es parte debido a que la influencia de la comunicación global y el consumismo transnacional han hecho mella en la identidad de los países menos desarrollados. Un ejemplo palpable es el fenómeno de las compañías multinacionales diseminadas a lo ancho del mundo, que aprovechando la apertura de las economías en proceso de desarrollo al libre comercio, han saturado los mercados con productos uniformes (Klein, 2002).

En una vida globalizada, la identidad no puede ser tomada como un valor entendido (Adam, en prensa). Mucho menos cuando la globalización afecta al concepto de territorio. Aunque hasta hace poco la idea de territorio era algo más o menos estable, últimamente este concepto ha variado substancialmente. Hoy no es extraño que en un mismo territorio convivan culturas diferentes con múltiples identidades, dando paso a identidades hibridas, ambiguas, y faltantes de raíces (Scholte, 2005), que minan los pilares básicos de la cultura local. Como comenta Beck (1997), el vínculo establecido entre lugar y comunidad se está desmoronando, y la movilidad extraterritorial en búsqueda de mejores oportunidades prima por encima de los vínculos emocionales que el individuo pueda desarrollar con su lugar de origen.

Queda claro que la globalización y el localismo son dos fuerzas contrapuestas, que luchan por imponer un modelo de identidad diferente. Mientras que la primera tiene como objetivo limar diferencias culturales, una de las características principales de la segunda es la de oponerse a la imposición de un modelo absoluto que propicie la homogeneidad y la repetición sistemática.

La globalización de las economías mundiales también ha tenido eco en el campo de la arquitectura. El movimiento moderno ha estado siempre presente en las economías capitalistas desde comienzos de los años 60’. Por otro lado, la lucha de intereses para atraer la inversión global mediante el diseño de edificios icónicos, ha derivado en la creación de una nueva clase arquitectos estrella globales, y las necesidades de las corporaciones multinacionales ha alentado el crecimiento de una nueva generación de grandes estudios de arquitectura a nivel global (Adam, en prensa). Esta realidad es frecuente en países emergentes, que apuestan a la modernidad como principio de vanguardia, y a la innovación estilística como imagen de pertenencia a la economía mundial. Según Adam (en prensa), esto proporciona a las ciudades en desarrollo de cualidades imprescindibles para promocionarse en la esfera mundial, y así atraer inversores extranjeros, turismo y comercio. Este fenómeno ha colocado a una buena parte de los arquitectos en una postura profesional transnacional, que ve al progreso como un objetivo cosmopolita. La llamada cultura del progreso ha generado una fuerte dependencia global, limitando de este modo el libre actuar y pensar del arquitecto a nivel local (Berger, 2002). No pocas han sido las voces que se alzaron contra esta nueva tendencia, alertando sobre los peligros implícitos. Por ejemplo Borja y Castells (1997), advierten que frente a la hegemonía de valores universalistas, mantener la identidad colectiva basada en un marco histórico, cultural y territorial es esencial para conservar el sentido de pertenencia del individuo a una sociedad determinada.

Muchas de las obras de las últimas décadas intentan inmortalizar las ambiciones globales del capitalismo transnacional, que nada tiene que ver con la identidad local de las comunidades regionales. La imagen de estos proyectos refleja homogeneidad en la forma construida, caracterizada por edificios de grandes alturas, el uso de tecnología de punta no sustentable tanto en viviendas privadas como edificios públicos o parques tecnológicos, como así también la proliferación de autopistas que recuerdan permanentemente el concepto de anti-lugar (Relph, 1976).

Desde hace por lo menos tres décadas, el fenómeno de la identidad de lugar viene generado un áspero debate en el campo de la arquitectura. La identidad y su relación con los contextos locales y globales han sido planteados en el marco teórico del regionalismo crítico. En los 80’, esta problemática fue abordada bajo el concepto de regionalismo crítico, propuesto por Frampton (1983a) y Tzonis y Lefaivre (1981). Como comentan Tzonis y Lefaivre (2003), el regionalismo critico propone al arquitecto hacer una interpretación personal del contexto, mediante la cual los elementos locales pueden ser utilizados de modos no familiares. Así es posible tomar distancia con la arquitectura vernácula y sentimentalista, y re-proponer una arquitectura adaptable al lugar y al tiempo.

En su artículo Hacia un regionalismo crítico: seis puntos de una arquitectura de resistencia Frampton (1983b) ataca al Post-Modernismo y los no-lugares o lugares faltos de significado local, producto de la arquitectura moderna. Sugiere a cambio, una base crítica a partir de la cual poder avanzar hacia una arquitectura contemporánea de disidencia, libre de convenciones estilísticas de moda, y en sintonía con las necesidades y la identidad del lugar. Un aporte de la teoría de Frampton fue el de intentar reconciliar la modernidad y el problema de la identidad local, focalizando en temas críticos tales como la cultura local, el clima, la topografía, la luz, la tecnología y los materiales del lugar en reemplazo de la escenografía kitsch del Post-Modernismo. Sin embargo, existe un consenso que el marco teórico planteado careció de rigor y claridad. Según esta visión, un edificio que considerara cualquier elemento del sitio podría ser tomado como parte del regionalismo crítico. Pero pese a sus deficiencias, esta teoría sigue siendo altamente influyente en nuestros días, aunque más no sea como una declaración de intenciones, que como una herramienta con aplicaciones directas en el diseño construido.

En vista que las ciudades en el mundo son cada vez más parecidas entre sí, el problema de la identidad del lugar y la diferenciación de la arquitectura local continúan siendo temas controversiales en el debate sobre que debería ser considerada como la arquitectura autentica en nuestros días.

Identidad y crisis de la arquitectura Israelí 

El problema de la identidad local y la falta de diferenciación es una realidad que atañe de lleno a la arquitectura Israelí. La primera generación de arquitectos israelíes de los años 40’ intentó buscar una nueva identidad para la arquitectura del país. En ese período, el espíritu de la arquitectura Internacional Europea fue considerada como un modelo a seguir, fuertemente caracterizado por la concreción de objetivos colectivos y socialistas (Chyutin, 2008). Esta fue una de las razones debido a la cual la arquitectura israelí ha estado dominada por la arquitectura Moderna (Goldman y Kamp-Bandau, 1994), y en particular por la arquitectura Bauhaus (Herbert, 1993). Esta estuvo influenciada por principios, reglas, y formas pre-establecidas y por ende sin identidad local, que fueron impuestas siguiendo el modelo Europeo de aquellos años. Una de las consecuencias fue que la arquitectura Bauhaus, también conocida como arquitectura Internacional, no logro establecer un diálogo profundo con la ciudad, el espíritu del lugar, o la escala urbana (Karmi, 2011). Quedan hoy más de 4000 edificios Bauhaus, considerados patrimonio nacional, y que de algún modo a lo largo de la breve historia de este país han influido en la imagen de ciudades como Tel Aviv.

Con la culminación de la era de la arquitectura Moderna comienza una nueva etapa de desafío, basada en una intensa búsqueda de la identidad israelí. Como reacción al estilo y los símbolos de la moda de entonces, durante los años 50’ y hasta los comienzos de los 70’, la arquitectura Brutalista reemplazo paulatinamente a la arquitectura Moderna. Bajo la influencia de figuras como Adolf Loos y la arquitectura tardía de Le Corbusier, como por ejemplo la Unidad de Habitación de Marsella, el Brutalismo local tuvo por objetivo respetar la verdad del material y la honestidad en la construcción de los edificios erigidos bajo este estilo arquitectónico. Loos siempre cuestiono aspectos relacionados con la ética en la arquitectura, y propugnando la desaparición del ornamento a favor de la simplicidad constructiva (Loos, 1997). Desvinculándose de la estética como elemento central de la arquitectura, el Brutalismo local tuvo como objetivo la creación de un estilo local auténtico. Para ello, intento encontrar un equilibrio en la obra arquitectónica entre la integración con el contexto, el componente ético, y la cultura del lugar. El hormigón expuesto y de geometrías angulosas fue considerado como el material principal, pero que de algún modo careció del refinamiento y acabado esperables (Kiriaty, 1984). Los críticos lo consideraron como un estilo de apariencia fría, reflejando una imagen de arquitectura del totalitarismo. Por ello, fue sinónimo de decaimiento urbano. Gran parte del paisaje urbano de nuestros días en Israel es el resultado de la estética pobre de la arquitectura Brutalista de entonces.

A comienzos de los 80', la arquitectura Post-Moderna sucedió al Modernismo y al Brutalismo. La influencia de este estilo fue similar al fenómeno mundial, generando edificios carentes de identidad local, copia burda de aquellos originados en Norte América y que fueran tomados como ejemplos a imitar (Jencks, 1987). Guiándose por principios tales como menos es mas aburrido o la forma sigue al placer, propuestos por Venturi (1966), el resultado fue una arquitectura aislada del contexto físico y social, que relegó el espacio público a un segundo plano. Consecuentemente, la arquitectura Post-Moderna pasó a ser una moda pasajera carente de identidad local. Influenciada por las exigencias del consumismo, se desvaneció en el tiempo. En los años 90’, el fenómeno de la globalización y el desarrollo tecnológico posibilitaron adoptar rápidamente otros modelos arquitectónicos contemporáneos. Entre otros, la torre en altura, y los shopping centers, todos estos edificios sin identidad propia, y basados en una fiel imitación del modelo Americano. Una consecuencia inmediata fue la destrucción del tejido urbano continuo, y el empobrecimiento del centro comercial tradicional en un gran número de ciudades en todo el país.

Seguramente, la gran pregunta que se plantea es cómo diseñar de modo autentico en la Israel de hoy, toda vez que no existe ni dirección clara, ni una tendencia conceptual respetable a seguir. Parte de la singularidad de la arquitectura Israelí deriva de la gran diversidad de fuentes y precedentes arquitectónicos que la componen. Más allá de los desarrollos tecnológicos del momento y de las nuevas tendencias arquitectónicas en boga, la arquitectura contemporánea Israelí continúa en la búsqueda para dar con sus vínculos con la región. Desafortunadamente, muchos de los elementos regionales y tradicionales de la arquitectura local son utilizados de manera simplista y superficial. Esto dio lugar a la multiplicación de edificios sin contenido, caracterizados por el uso de un catalogo de geometrías y motivos carentes de significado local. Los intentos por definir cuál podría ser la verdadera identidad de la arquitectura Israelí han fracasado rotundamente. No puede decirse que la arquitectura local de hoy día refleja una comprensión profunda del lugar. Más bien, responde a las necesidades de un mercado muchas veces identificado con los prototipos derivados la cultura global que poco tienen que ver con la realidad social, económica, histórica, cultural, tecnológica, geográfica, o climatológica de la región y el país.

A pesar de esto, en las últimas décadas, un número creciente de arquitectos israelíes ha comprendido que el punto de partida de una arquitectura local comienza con las raíces, el espíritu y la identidad del lugar. A pesar de su disconformidad con la situación actual, ellos continúan buscando el significado de la localidad en la arquitectura. Un caso destacado es el maestro Ram Karmi, figura de gran calibre de la arquitectura contemporánea del país.

Ram Karmi y su obra 

Ram Karmi nació en Tel Aviv en 1931, y recibió su licenciatura en arquitectura en la Architectural Association (AA) de Londres. En líneas generales, puede decirse que Ram Karmi es un arquitecto identificado con la arquitectura vernácula de la región. Aunque para ser más preciso, podría afirmarse que su identificación no se corresponde con una mirada melancólica y nostálgica hacia el pasado, sino con una visión aguda y crítica sustentada en el uso de referencias y precedentes históricos, pero ajustada a los tiempos que corren.

Karmi comenzó su carrera como arquitecto Modernista, trabajando en el estudio de su padre, Dov Karmi, uno de los pioneros del movimiento Moderno en Israel. Ganador de un gran número de prestigiosos premios nacionales e internacionales, está considerado como una de las figuras más prestigiosas e influyentes de la arquitectura israelí contemporánea.

En una entrevista que realizamos con Karmi en Febrero de 2012, logramos acceder a sus visión sobre del desarrollo de la arquitectura israelí, y de su obra en particular. En las próximas secciones nos centramos en sus ideas fundamentales, basándonos en parte en los conceptos transmitidos durante la entrevista, como así también en diversos libros y artículos sobre obra.

Ram Karmi y la arquitectura brutalista 

Durante los 50’ y 60’, Karmi estuvo influenciado por la arquitectura Brutalista. En ese período su obra estuvo caracterizada por una composición espacial introvertida. Pero además buscó definir la identidad de su arquitectura a partir de una visión idealista que tuvo a la a la naturaleza, la relación con el contexto y la cultura local, como así también a la escala humana y las necesidades del usuario como sus elementos centrales. Fue de algún modo intentar usar la tecnología del momento junto con los materiales del lugar.

La Escuela Amal en Naot Afeka, Tel Aviv (1973) es un edificio icónico y uno de los mejores ejemplos de la arquitectural brutalista de Ram Karmi (Karmi, 2011). La esencia misma de la escuela Amal se encuentra en el patio central. Su rol principal es el de organizar e integrar en forma conjunta las diferentes funciones del edificio, como así también regular la relación interior-exterior entre el edificio y la ciudad. De este modo, el patio provee de un contexto espacial único, en el que cada una de las funciones logra hallar su expresión arquitectónica propia, tanto a nivel individual como colectivo. Solo los pisos superiores de la escuela contienen aulas y talleres, estando destinados a un uso exclusivamente privado. Los demás sectores de la planta baja permanecen abiertos al público las 24 hs del día, de modo que la escuela está proyectada para servir como centro comunitario. Este principio estaría presente en la mayoría de sus edificios en los años venideros, donde el común denominador sería el de abrirse al público desde adentro, combinando simultáneamente la esfera privada con la urbana.

El clima extremo de la zona desértica donde la escuela está implantada es otro de los fuertes condicionantes del diseño de la escuela. Las ventanas están tratadas de acuerdo a la dirección específica de cada fachada. Por ejemplo, las aulas que están orientadas al sur están protegidas por pérgolas de hormigón, y funcionan como terrazas a la sombra sirviendo como lugar de encuentros informales. En otros casos, Karmi juega con los volúmenes construidos para generar contrastes entre luz y sombra. De este modo, la escuela refleja la esencia de la arquitectura Mediterránea, es decir un edificio con identidad propia, basado en entre otros aspectos en el aprovechamiento de los recursos locales, la protección contra el clima extremo, y la integración selectiva del espacio privado con el espacio público urbano, caracterizado por zonas de encuentro e intercambio social.

Ram Karmi y la arquitectura Lírica 

En los años 80', Karmi realizo un giro en el que paso del Brutalismo a lo que él denominó la arquitectura Lírica. Aquí el espacio público se convertiría definitivamente en el protagonista principal de su obra. Uno de los cambios fundamentales incluyó una profunda comprensión de la esencia de la cultura, y el espíritu del lugar. En esencia, la tendencia arquitectónica Lírica puede entenderse como la crítica de Karmi para con la cultura del PostModernismo, centrada principalmente en el consumismo masivo, la globalización, y la pérdida de significado de identidad local.

Según Karmi, este fenómeno de la cultura post-moderna afectó parte de la arquitectura Israelí, vacía de contenido social, y representada por diseños superficiales y frívolos, sin ningún interés en los valores culturales locales. No obstante, Karmi es optimista cuando comenta que las modas cambian y perecen, mientras que la memoria histórica del lugar perdura a lo largo del tiempo:

Aunque nos parezca que nuestra cultura pierde parte de su identidad, quedan siempre a nuestro alrededor mitos, paisaje, nombres de asentamientos, calles, valles, lugares sagrados, estatuas y monumentos, que existen para mantener la memoria individual y colectiva, los que son y seguirán siendo parte de nuestra cultura. (Karmi, 2001, p. 177)

En ese sentido, la arquitectura Lírica buscó hallar conexiones entre el edificio, sea público o privado, y el contexto donde se encuentra. Aun cuando la tecnología tiene un efecto cada vez más pronunciado en la arquitectura globalizada, Karmi apela a un modo de proyectar basado en la experiencia personal, y considera a la experiencia de los sentidos y las emociones como guías de diseño fundamentales. Su arquitectura no se vale de principios repetitivos, o de un estilo de diseño predeterminado, sino de la búsqueda de la esencia misma del espacio.

Según sus palabras: 

Un arquitecto con estilo propio, está preso de ese estilo de modo narcisista, por lo que no hay posibilidad de cambio. Por esta razón, yo respeto la curiosidad, búsqueda, la aventura de lo desconocido, y todo esto es posible cuando no nos encerramos en un estilo determinado. (Karmi, 2001)

Por el contrario, la arquitectura Lírica está abierta a nuevas experiencias que puedan conducir al descubrimiento de la identidad propia. Karmi actúa ad-hoc: estudia un problema de diseño en profundidad, y toma decisiones de acuerdo a las exigencias del diseño. Intenta explotar las posibilidades del lenguaje arquitectónico local mediante un enlace entre el pasado y el presente, enraizando sus visiones personales en la historia local, la identidad cultural, y la memoria colectiva. La escala humana juega un papel protagónico en su obra. Por ello, su modo de experimentar situaciones arquitectónicas es a través del movimiento del cuerpo en el espacio. Karmi comenta: 

Todo lo que vemos, tocamos, oímos o sentimos influencia la forma en que nos conectamos con el espacio en general, y el espacio público en particular. El desarrollo del espacio público, según su punto de vista, es una consecuencia directa del patrón de circulación de las personas (Karmi, 2001).

La arquitectura Lírica representa un modo de rever la riqueza de posibilidades provenientes del pasado, con el objetivo de profundizar nuestro idioma arquitectónico con asociaciones a nuestro sitio, y reconvertirlo de nuevo en nuestro hogar. El acto arquitectó- nico creativo compuesto por la memoria del pasado, es un proceso óptimo por naturaleza. En mi modo de ver, en este acto creativo existe una gran riqueza, la que combina recuerdos y sueños (Karmi, 2001).

El edificio de La Suprema Corte de Justicia, construido en Jerusalén en 1993, podría considerarse como la obra de su madurez, cuando Karmi comenzó a buscar un sentido más profundo del lugar y de la identidad regional. El edificio se basa en una metáfora urbana adecuada a la antigua ciudad en la que está emplazada (Schultz, 2010). 

La planta es un collage de elementos, patios abiertos, espacios cerrados públicos y rutas ceremoniales que son tratados en alusión a espacios cívicos, plazas y calles de Jerusalén. Pero también la arquitectura del edificio hace referencia a elementos y monumentos de la ciudad vieja, como tumbas, puertas de entrada, muros, arcos, y pavimentos de piedra (Sharon, 1993). 

El complejo refleja una imagen conceptual de la memoria urbana de la ciudad. La idea de la planta surgió al considerar los ejes Cardo y Decumano, que organizan los barrios de la ciudad vieja de Jerusalén, y que sirvieron para definir la composición del edificio y su relación con el entorno urbano (Karmi, 2001; Schultz, 2010). 

El eje cardo se extiende hacia el este en dirección a la Ciudad Vieja –simbolizando la dimensión espiritual, y hacia el oeste en dirección al mar– representando la conexión con el mundo occidental y capitalista. El eje Decumano conecta la Corte Suprema con la Knesset (Congreso Nacional de Diputados) y el Museo de Israel. Además de conectar a la Corte Suprema con su entorno, estos ejes tienen una función organizativa en la planta. Dividen al edificio en cuatro partes independientes pero vinculadas entre sí, la biblioteca, las cámaras de los jueces, las salas de audiencias, y la zona de aparcamiento. Uno de los desafíos principales del proyecto fue conseguir que cada sector tuviera su carácter e identidad personal, pero al mismo tiempo que formaran parte de un solo proyecto. A tal fin, se utilizaron materiales de la zona que incluyeron distintos tipos de piedra, y se con un acabado técnico de gran nivel. La circulación a lo largo de los ejes centrales que se superponen y entrecruzan, es un concepto principal del diseño del edificio (Schultz, 2010). Este organiza las vistas panorámicas e interiores, como así también el ingreso de luz desde el techo a lo largo de los diferentes ambientes. Existe un uso de formas y motivos que se remontan a periodos históricos claves en el desarrollo urbano de Jerusalén. Una pirámide, inspirada en la Tumba de Absalón en el Valle de Cedrón, debajo del Monte del Segundo Templo, se ubica entre la entrada al edificio y el vestíbulo, que funciona como una puerta de enlace que conduce a las salas de audiencias (Schultz, 2010). La pirámide filtra una columna de luz a través de un espacio cónico, cuyo rol es el de separar la vida urbana cotidiana del dominio de la Corte. Una extensa colección de referencias con fuerte significados reflejando la cultura local, tanto antigua como moderna, forjan el lenguaje arquitectónico del edificio.

La pirámide conduce a un gran espacio, que es el vestíbulo de espera que precede a las salas de audiencia. Este tiene una forma de arco de piedra maciza que rinde homenaje a la histórica Jerusalén, y destaca la importancia ceremonial del espacio que conduce a las salas de audiencia. Frente a éstos, se erige una pared blanca compuesta de una serie de zonas de espera. El diálogo mantenido entre la pared de piedra maciza, y la pared moderna en el lado opuesto del vestíbulo, es una metáfora que hace alusión al contraste y la convivencia entre pasado y presente. Karmi comenta: “A medida que se avanza hacia el sur, los portales llevan a un lugar más familiar. Cuando uno camina hacia el Norte, se llega al mundo de la arquitectura Moderna, un espacio que fluye sin fin” (Sharon, 1993, p. 92). La luz penetra desde rajas localizadas entre la pared y el techo, es usada para delimitar el paso de un espacio a otro, y para enfatizar al mismo tiempo la profundidad del muro.

Por otro lado, el tratamiento de las fachadas de las distintas partes del edificio refleja la imagen de la Jerusalén amurallada e histórica, sólida y hermética. Pero gracias a un dialogo entre masa y vacío, luz y sobra, las fachadas permite conectar los diferentes eventos que acontecen en el interior del edificio con la dimensión publica de la ciudad (Sharon, 1993), eternizando así la monumentalidad de su obra.

Conclusiones 

El fenómeno de la globalización ha limitado y simplificado las diferencias físicas, sociales, y culturales que la distancia había logrado proteger en tiempos pasados. Esto ha ido en detrimento de los valores arquitectónicos locales y la identidad de lugar, especialmente en los países en desarrollo, donde los vínculos socio-culturales establecidos con los lugares de residencia se han ido debilitando a lo largo de los años. En un mundo global, donde la sociedad está cada vez mas fragmentada, la identidad grupal e individual se ha vuelto inestable y vulnerable a los intereses transnacionales. Un síntoma visible de esto es la ciudad contemporánea que refleja la imagen de una arquitectura repetitiva, homogenizada, descontextualizada, americanizada y cada vez más en crisis.

En esta investigación exploramos la arquitectura de la diferencia en el contexto físico y cultural de Israel, prestando especial atención a la identidad de lugar.

A tal fin, presentamos el enfoque teórico del arquitecto israelí Ram Karmi, cuya obra ha contribuido a forjar la identidad del entorno local en Israel. La propuesta de Karmi, y en especial su arquitectura Lírica, desafía a la arquitectura de la superficialidad, carente de significado y pertenencia local. Karmi demuestra tener una profunda comprensión sobre la esencia cultural, la identidad, y el espíritu del lugar, a los que emplea como principios rectores en sus diseños. A través de sus obras, este arquitecto logra establecer vínculos profundos y duraderos entre pasado y presente, tradición y modernidad, arquitectura y ciudad, local y global, aspectos todos estos que contribuyen a reforzar y redefinir la identidad de lugar. Como observación final, proponemos la visión ejemplar de Karmi, como un modelo a seguir en estos días en los que el poder emergente de la globalización continua socavando progresivamente los cimientos de identidad de la arquitectura local. 

Agradecimientos  Este artículo es en parte fruto de numerosas charlas informales mantenidas con el arquitecto Ram Karmi a lo largo de los años, como así también de una entrevista mantenida recientemente en su estudio. Su palabra aguda y certera, reconocida como una antorcha de esperanza en estos tiempos inciertos, ha hecho mella en numerosas generaciones de arquitectos.


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Abstract:

The phenomenon of globalization threatens to destroy the cultural, social, historical, and architectural site. The devastating effect of globalization has not been without regional architecture where place identity is in crisis. In this study we explore the relationship between architecture and the physical, historical, and cultural context. The goal is to understand in greater depth the role that architecture can play the difference to preserve the identity of the place. To this end, we present the vision of Israeli architect Ram Karmi recognized as defiant response to consumerism, and lack of interest in local values. In particular, we focus on Lyrical Architecture, which is the theoretical approach Karmi proposes to redraft local identity today

Keywords:

Architecture - Identity place - architectural design - Regionalism - Culture - Globalization.

Resumo:

O fenômeno da globalização ameaça com destruir os valores culturais, sociais, históricos, e arquitetónicos do lugar. Ao efeito devastador da globalização não tem estado isenta a arquitetura regional, onde a identidade de lugar está em plena crise. Neste estudo exploramos a relação existente entre a arquitetura e o contexto físico, histórico, e cultural. O objetivo é entender em maior profundidade o papel que pode desempenhar a arquitetura da diferença para preservar a identidade do lugar. Com este fim, apresentamos a visão do reconhecido arquiteto israelense Ram Karmi, como resposta desafiante ao consumismo, e à falta de interesse nos valores locais. Em particular, centramos-nos na Arquitectura Lírica, que é o enfoque teórico que Karmi propõe-se reformular a identidade local em nossos dias.

Palavras chave:

Arquitetura - Identidade de lugar - Design arquitetónico Regionalismo - Cultura - Globalização.

(*) Hernán Casakin.

PhD es docente titular de la Escuela de Arquitectura, Centro Universitario Ariel. Ha trabajado como investigador en la Universidad de Hamburgo, el Instituto Tecnológico de Delft, y la Universidad de Tel Aviv. Sus investigaciones se centran en las áreas de psicología ambiental, y ciencias cognitivas aplicadas a diseño. 


Diseño arquitectónico y su relación con la identidad local fue publicado de la página 234 a página240 en Actas de Diseño Nº22

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