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Experiencia accidental urbana vista en una obra editorial

Guerrero Chinome, Edward

Actas de Diseño Nº23

Actas de Diseño Nº23

ISSN Impresión 1850-2032
ISSN Online: 2591-3735
DOI: https://doi.org/https://doi.org/10.18682/add.vi23

XII Encuentro Latinoamericano de Diseño “Diseño en Palermo” VIII Congreso Latinoamericano de Enseñanza del Diseño

Año XII, Vol. 23, Julio 2017, Buenos Aires, Argentina | 253 páginas

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Resumen:

La consecución de recorridos ciudadanos hechos por los transeúntes en la urbe, se establecen de manera repetida, convirtiéndose en rutinas de costumbres, por lo tanto rutinas cotidianas. La alteración de estas rutinas puede estar dada por elementos de la visualidad contemporánea establecidos dentro del entorno urbano. Estas alteraciones de orden visual pueden surgir de manera accidental durante los diferentes trayectos establecidos por cada transeúnte; permitiendo que dichos elementos puedan ser reconocidos, y alteren la manera de afrontarse ante la ciudad actual, construyendo nuevas formas de actuar, nuevas formas de apropiarse del entorno ciudadano, una nueva forma de leer la ciudad.

Palabras claves:

Texto - Ciudad - Conocimiento - Visualidad - Urbano - Accidente.

La experiencia accidental en la ciudad, vista en una obra editorial

Las rutinas cotidianas en la actualidad, suponen una infinidad de recorridos urbanos que permiten a cada transeúnte trazar un caminar diario por la ciudad en la que habita. Estos recorridos cotidianos, conscientes o inconscientes, permiten a cada transeúnte apropiarse del entorno urbano al que pertenece. Algunos elementos visuales que se presentan de manera atípica en la realización de esos recorridos, alteran la mirada del transeúnte, cambiando su condición con respecto al medio que generalmente usa y lo remiten a instancias que transforman su manera de enfrentarse a la ciudad contemporánea. Analizar estas experiencias dentro de un proceso editorial, permite tener una opción de mirada de la ciudad actual, ofrece un punto de vista donde la accidentalidad visual está presente y se establece como una forma de afectar el habitar, el andar y el reflexionar a la ciudad. (De Certeau, 2007)

Lo accidental siempre esta latente. Las situaciones que se planean con tiempos considerables o escasos, siempre están en contacto directo con diferentes alteraciones que afectan esa normalidad de lo planeado. Una rutina de ejercicio, preparar un café, diseñar un afiche, componer una canción, escribir un libro, comprar una prenda de ropa, adquirir una casa, un carro, una motocicleta, pintar una fachada, preparar el desayuno, almuerzo, comida o cena, organizar el festejo de un cumpleaños, hallar un regalo, trasladarse en un bus, caminar por la calle, definir un viaje, decidir la fecha y hora de un vuelo, elegir una carrera profesional, todas las situaciones cotidianas, pueden llegan a ser alteradas de manera accidental. 

Esas alteraciones, quizá cambian, modifican, mejoran o hasta definen el futuro de los acontecimientos. Lo seductor del tema, consiste en identificar y aceptar lo accidental del asunto, determinar como han sido sus resultados y cual ha sido el proceso que lo afectó. Gabriel Orozco menciona que “en las obras de arte hay 50 por ciento de planeado y 50 por ciento de aceptación, esta aceptación viene de un carácter totalmente accidental” (Orozco, 2002). Las situaciones cotidianas pueden estar en un nivel similar, su ejecución ofrece un porcentaje de planeado y otro porcentaje de accidentalidad. 

Desplazar estas experiencias accidentales al espacio urbano, es el objeto de esta investigación. “La ciudad, se presenta como una construcción de los ciudadanos, sin ellos, la ciudad no podría existir, no se podría hablar de ella” (Calvino, 1999). Sin duda, el hacer que exista una ciudad, remite a la forma en que los ciudadanos la habitan, como hacen de ella un espacio que se transforma día a día, como la leen y la interpretan.

Describir a la ciudad, tener una posibilidad de mirada a partir de sus ciudadanos, nos remiten a lo cotidiano, a identificar desde donde el hombre puede realizar su vida, a observar como el conjunto de sus prácticas se constituyen en maneras de andar, maneras de hacer y maneras de habitar una ciudad. (De Certeau, 2007) 

Ese conjunto de prácticas cotidianas, generalmente está planeado, busca un orden, un sentido, una sola forma de hacerse dentro de la ciudad. Se torna repetido, se convierte en un que hacer rutinario. Se establece así, en una rutina cotidiana. Salir de casa, y desplazarse a su destino de trabajo, salir de este y regresar a casa, es sólo una de esas rutinas cotidianas. Es una forma repetida de transitar la ciudad. Pero ejercer esta rutina es enfrentarse a la calle, instalarse en ese medio que nos ofrece la ciudad para transitar por los laberintos de la urbe, ese medio en el que se tejen trayectos, se fijan croquis de desplazamiento, se establecen rutas de transito. Pero ese andar constante, con el tiempo se torna repetido, cotidiano, sonámbulo (Joseph, 2002). La ciudad contemporánea reclama un poco más de atención. Entonces es necesario, que esas rutinas cotidianas se vean afectadas, y quizá, como una posibilidad de afectación, la accidentalidad visual entre en juego. Determinar elementos accidentales que intervengan sobre esas rutinas cotidianas de tránsito ciudadano, nos lleva a pensar en alteraciones de sonidos, alteraciones de sabores, de olor, de tacto, alteraciones que se determinan por imágenes o por elementos de la visualidad. A estas situaciones atípicas las he denominado: accidentes visuales. 

Accidentes visuales 

¿Desde donde viene la idea de abordar las relaciones atípicas con el entorno urbano? Para indicar este aspecto debo someter a una experiencia ciudadana de la cual he sido partícipe. 

Hace algunos años en la ciudad de Bogotá, tenía un empleo que me ocupaba todo el día, el horario que disponía para la jornada de trabajo, comprendía desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, alrededor de 11 horas dedicadas a la compañía editorial para la cual prestaba mis funciones. Todo el día permanecía frente a un computador, diseñando textos escolares en una oficina, con un grupo de compañeros que cumplíamos con este mismo horario de trabajo. Justo a las 6 de la tarde, al terminar la jornada laboral, debía dirigirme a la Universidad para continuar con los estudios de pregrado. 

La ubicación de la compañía en la cual trabajaba, estaba en una zona del norte de la ciudad, y para trasladarme a mi siguiente destino, unas veinte cuadras hacia el centro de la ciudad, tenía dos opciones. La primera consistía en abordar el transporte público. Al seleccionar esta opción me sometía a avanzar por la carrera once, y esto sugería algunos problemas: esta vía posee aproximadamente un semáforo en cada esquina y además por ser un horario de alta demanda de pasajeros y alta demanda vehicular, las interrupciones en el trayecto se duplicaban en relación a las detenciones que se debían hacer por cada semáforo; además el estrés de la oficina se suma al estrés de abordar el transporte público, sobrecupo, gritos, desesperación, entre otros. Por tales motivos elegía la segunda opción: caminar, pues el tiempo que me tomaría el recorrido en bus sería el mismo que haría al realizar el respectivo desplazamiento por mis propios medios. 

Al principio, sólo me interesaba llegar lo más pronto posible, así que los recorridos sólo intentaban encontrar la ruta más rápida, la más recta, la más segura, la más eficiente. Con el transcurrir de los días este recorrido, ya se convertía en una “rutina ciudadana”, pues se constituía en una marcha repetida por un camino conocido en ese espacio urbano (Silva, 2006, p. 52). Pero, ¿cómo se podía alterar esa rutina? Si bien, la rutina laboral me creaba cierto malestar, ¿cómo impedir que esa marcha por la ciudad, se convirtiera en otro malestar de la forma de vida caótica de la ciudad (forma de vida acelerada y controlada por los avances tecnológicos)? La solución fue dada por los elementos visuales que afectaban esa marcha diaria. En el recorrido que realizaba, determiné entonces algunos puntos de interés: edificios en construcción, casas escondidas, restaurantes, hoteles, parques, centros comerciales. Estos elementos, ubicados en la ciudad pero abordados desde la calle, proponían una alteración a la rutina ciudadana que se había planeado. Despertaban el interés de mi transitar como caminante. Cada uno de estos elementos se me presentaba como una forma de accidente a mi transito. Situaciones no controladas, no planeadas dentro del entorno urbano, situaciones que se salían de los parámetros urbanísticos de forma inesperada. Casas en bastante deterioro en un sector de alto estrato de la ciudad, formas de vestir y de actuar de los visitantes extranjeros en la ciudad que esperaban a las puertas de los hoteles, carnavales de colores en espacios verdes de la ciudad, olores y sonidos a las puertas de los centros comerciales, grafitis dibujados en los muros de las paredes, avisos publicitarios, conversaciones, olores, etc. Todos los elementos, despertaban mi transitar sonámbulo en la ciudad a un transitar insomne (Joseph, 2002), un transitar que cobraba sentido dentro de la ciudad y un transitar que se convirtió en una forma de leer la ciudad. Estas situaciones atípicas dentro del paisaje urbano de la ciudad, situaciones que se salen de lo habitual, elementos no planeados y que son experimentados de manera visual alterando la rutina ciudadana, son los accidentes visuales. Un accidente es algo que surge de manera inesperada, es un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas. Pretendo hacer referencia a los elementos insertos en el campo de la visualidad y que alteran el orden regular de lo planeado, pero que además, tienen una carga cultural proporcionada por el transeúnte y por el entorno que le da sentido a estas situaciones y recorridos que el frecuenta.  

Un proceso editorial 

El método que propongo para abordar una propuesta acerca del cómo pensar la ciudad contemporánea consiste en abordar el proyecto desde un proceso editorial. Un proceso editorial exige la producción de una obra, exige avanzar por una serie de etapas que permiten una ejecución completa de ella. En este caso, con ese proceso editorial, pretendo que la producción, constituya una posibilidad de ver la ciudad, una gramática construida desde las acciones de sus ciudadanos, desde sus recorridos cotidianos involucrando un carácter de alteración definido por elementos visuales. Pretendo reconocer una forma de apropiación del entorno urbano enlazado por elementos culturales y visuales de sus transeúntes. 

Los procesos para determinar una obra editorial están dados a partir de varios pasos. Las casas editoriales actuales, deben mantener en sus equipos de trabajo un determinado número de profesionales de diferentes áreas para que los proyectos elaborados sean satisfactorios y salgan al mercado. Formular investigaciones de la ciudad dentro de un proyecto editorial, permite relacionar el campo de los Estudios Visuales, así se propone un proceso singular, pues implica la relación de elementos culturales de nuestra sociedad involucrados con elementos de la visualidad contemporánea (Brea, 2003). En esta postura, al igual que en los equipos de trabajo de las grandes casas editoriales, el proceso debe permitir un abordaje de las temáticas tratadas involucrando diferentes disciplinas que ayuden a la compresión de los fenómenos urbanos, conllevando a que la imagen se convierta en la fuente de conocimiento, como lo proponen los Estudios Visuales en la actualidad. 

Cada proceso editorial es diferente. Aunque existan similitudes en los nombres de las etapas de los procesos, abordar cada temática sugiere propuestas particulares que permitan el desarrollo de la producción editorial. Se han definido tres etapas que funcionan como piezas de engranaje en la construcción de la mirada pretendida de la ciudad: Trazado, Composición y Perspectiva. Cada una de ellas, relaciona etapas de los procesos tradicionales editoriales, y en alguna manera se constituyen en metáforas de la propuesta al pensar la ciudad. La carta de navegación de la producción editorial, el derrotero de la obra, estará dado por la relación que existe al tratar temas cotidianos de la ciudad contemporánea, reconociéndolos como una fuente de conocimiento en relación con el espacio de transito ciudadano en el que las formas de abordar la vida diaria, están en constante construcción por los actores de las prácticas cotidianas. 

Sin duda en el mundo globalizado actual, existe la necesidad de hallar métodos que ayuden a la visión de transformación de pensamiento actual, donde la producción de un nuevo conocimiento sea uno de los principales objetivos. Los Estudios Visuales, se podrían presentar entonces como una herramienta en la que la posibilidad de transformación de modelos de pensamiento tradicionales están presentes, de allí que sea posible formular proyectos que vinculen diferentes áreas. La ventaja radica en que pueden existir puntos en común entre estas diferentes áreas. La comunicación visual como actor importante en la era globalizada, es uno de los factores que están potencializando la difusión de conocimiento. 

Como comunicador gráfico, puedo entonces estar inserto en la construcción de posibilidades que reorienten las epistemologías tradicionales. La imagen como elemento vital de formulación de estudios dentro del campo visual, permite que se abarquen diferentes investigaciones, donde las fronteras idiomáticas o nacionales se pueden desdibujar fácilmente. De este modo me sumo a esa constante reorientación que se fórmula como una revolución del mundo contemporáneo. 

Esta reorientación del análisis del mundo visual implica la concientización del estatus de participación dentro de los procesos actuales pero no vinculados sólo en instancias académicas, sino en instancias del mundo social y cultural contemporáneo (Buck-Morss en Brea, 2005, p. 146). Pensar en el ¿cómo?, desde nuestras diferentes disciplinas de formación, podemos participar en la toma de conciencia, formulación de conocimientos y participación del mundo socio - cultural actual. Pensar en que las relaciones que tienen las diferentes áreas que vinculan a la imagen como un que hacer cotidiano (si no más bien todas las áreas) pueden transformar las estructuras actuales en donde se da poder sólo a algunas disciplinas favorecidas desde tiempos pasados. Ya no es posible pensar en áreas totalmente aisladas. En un mundo globalizado es necesario fijar posturas críticas que relacionen diferentes conceptos y formas de concebir el mundo.

Trazado 

Trazado, se establece como una de las piezas del proceso. Hace referencia a la conceptualización de una idea, bosqueja los lineamientos sobre los que se puede proponer un estudio de la ciudad a partir de las rutinas cotidianas y sus alteraciones frente a los accidentes visuales. Trazado permite establecer un croquis, sobre el que se dispondrán los elementos para enrutar un camino, un recorrido en la ciudad, una de las tantas miradas sobre ella, donde la accidentalidad visual está presente. 

La multiplicación de escenarios, trazados urbanísticos, construcción de calles, plazas, lugares públicos, se establecen como una posibilidad de habitar una ciudad por medio de tránsitos urbanos. La construcción y ampliación de las ciudades, establece nuevas formas de intercambio cultural, establece nuevos medios para la recuperación de imágenes, que conforman los textos que ofrece la ciudad, para que el transeúnte, entre en su contacto y la atraviese, de la misma manera que la palabra atraviesa la página de un libro y constituye una marca de sentido. Los espacios urbanos se presentan, como un medio de experimentación, un medio para la vivencia de experiencias que algunos están dispuestos a reconocer y que permite que la ciudad no se represente como una fría y plana maqueta, sino como un espacio que se actualiza constantemente y que tiene modulaciones marcadas por los tránsitos de sus habitantes. 

Entender a la ciudad como ese lugar en el que se tejen redes de espacio-tiempo, en el que los detonantes de significados se enlazan a través de las imágenes, y las interpretaciones generan la construcción de sentido, es una idea que se puede analizar dentro de la fórmula: lector, texto y práctica de lectura, donde el lector hace referencia al transeúnte urbano, el texto a los caracteres y/o imágenes que nos ofrece la ciudad, y la práctica de lectura a los diferentes recorridos urbanos.

Si bien, resulta complejo ordenar, catalogar o clasificar de una manera tan general, un espacio tan caótico como lo es la ciudad, propongo situarme desde los recorridos urbanos, entendidos como la práctica de lectura en la ciudad, y relacionándolos como formas de laberintos urbanos para recorrerla (Zavala 2006 [1998], p. 77), manteniendo al transeúnte lector como un sujeto interpretante, y a la ciudad como el texto que el lector retoma para generar su interpretación de la ciudad.

Intervenciones artísticas en el entorno urbano. Territorios mentales 

En el marco de la novena Bienal de la Habana - Cuba, la artista colombiana Margarita Pineda, presentó una propuesta interesante referente a los imaginarios urbanos. La artista propició un intercambio de camisetas nuevas por camisetas usadas de los transeúntes de la ciudad. Los transeúntes debían trazar en un mapa de la ciudad los recorridos cotidianos que realizaban por las calles de La Habana. Los croquis señalados fueron calcados en las camisetas usadas y fueron bordados por la artista. Al final de la sesión se contó con hileras de camisetas que reflejaban los recorridos íntimos de los habitantes de esta ciudad. (Barriendos, 2007, p. 78) 

En este caso se invitaba a los transeúntes ciudadanos a reflexionar sobre sus itinerantes urbanos, sus recorridos ciudadanos y su apropiación con el entorno de la ciudad. Se materializaba un lenguaje urbano elaborado a partir de las vivencias personales de cada individuo. Se resaltaba la forma de reconstruir la ciudad por cada paso que se da en ese medio que permite la ejecución de recorridos, la calle.

Composición 

Los transeúntes ciudadanos, como hacedores de rutinas cotidianas, pueden estar en constante afectación por alteraciones visuales urbanas, estas lecturas de cada uno de sus recorridos pueden ser recopilados, con o sin evidencia, y formulados desde relatos visuales. En este espacio del proceso, en los proyectos se recopila recorridos urbanos individuales e indaga sobre los accidentes visuales que se presentan en un caminar diario. 

La calle como medio que permite el alojamiento de elementos visuales, así como la vivencia de las diferentes situaciones accidentales, se establece en un espacio de relaciones históricas y culturales. De otro lado y como una forma más de ahondar en material para la investigación, se tienen en cuenta las intervenciones artísticas en la ciudad, las propuestas que relacionen el espacio callejero, el entorno de la urbe, la ciudad y sus ciudadanos. La traducción y recopilación de estas historias, así como la selección del material que permita tener una posibilidad de ver a la ciudad, trabajados desde el papel del editor, son etapas que se incluyen en esta parte del proceso, Composición. Esta pieza del proceso hace referencia a la etapa de edición de la obra editorial, búsqueda de autores, de temáticas, de relatos, de imágenes, busca establecer un archivo, sobre el que editor selecciona los elementos que han de permitir una representación de la obra, elementos que se analizan de acuerdo al trazado, al esquema sobre el que se propone trabajar. 

Caos controlado: un recuerdo de las calles de Nepal 

“La ciudad, los espacios urbanos, son una poderosa fuerza que actúa sobre nuestro acontecer diario influyendo en nuestra forma de pensar, sentir, imaginar, vestir, trabajar, descansar, es decir sobre nuestra forma y calidad de vida” (Chaves, 2001, p. 16). De allí que diferentes elementos culturales influyan en la forma en la que vemos la ciudad, con ellos se construye una nueva interpretación de la esta, la manera en como la concebimos, como la podemos ordenar, si es que se pudiese, y la forma en como la reconocemos. En medio de ese caos que nos asedia en el mundo actual, en medio de un espacio en el que la imagen navega, fluctúa sin ningún orden, en donde el poder la imagen, de la visualidad debe reconocerse como forma de conocer, de saber, un espacio en donde los elementos visuales conforman ese orden desorden inexplicable, nos podríamos encontrar con esa idea de caos ordenado. La ciudad, es un espacio que se construye a partir de una red de relaciones de los elementos que interactúan en ella. Es necesario que se disponga de cierto orden, factores que deben mantener algunas reglas de interacción. La ciudad contemporánea es un espacio ideal para encontrar un sin número de situaciones caóticas en medio de ese orden urbano establecido por diferentes disciplinas. 

Fadi Boukaram, es un fotógrafo de origen libanés, quien está preocupado por registrar los momentos más extra- ños en el entorno callejero, tomando como referente la vida cotidiana. En el 2012, fue uno de los 17 fotógrafos seleccionados para participar en el BSP’s Nepal phototrip. Su fotografía es una de las tantas que se tomaron en ese viaje de registro fotográfico por las calles de Nepal y que este año serán exhibidas en el Palacio de la Unesco en la ciudad de Beirut. 

El propósito de este fotógrafo y su mayor interés es registrar momentos donde la visualidad tiene una especie de caos controlado y la capital de Nepal, Kathmandú, le ofrecía bastantes oportunidades. Sin embargo la historia del cómo se logra esta toma fotográfica, es lo que considero un aspecto relevante. Después de un largo día de actividad, algunos de los participantes decidieron tomar un momento para realizar algunas compras, una de las actividades menos favoritas de Boukaram. Entró en ese instante de tiempo muerto, un momento en el que el deseo es detenido y da paso una serie de experiencias que no se desplazan en el tiempo lineal, despojado de movimiento y vida. Un tiempo en el que el deseo sufre una ruptura, una pérdida, pero a la vez esta pérdida se desplaza creativamente en la vida cotidiana. De este modo surge de manera inesperada, “afectando los lugares, los hechos, las cosas, los seres y los recuerdos de la vida cotidiana”. (Chávez, 2005, p. 134) 

Al estar en el segundo piso del lugar comercial, observado por una de las ventanas, mientras sus compañeros comparaban artículos destinados a ser recuerdos de su viaje, de repente Fadi Boukaram, se encontró con esa idea de caos controlado. Los cables de alta tensión, los separadores viales, la línea de motocicletas a un lado de la vía, los transeúntes urbanos (ciclistas y caminantes). Todos los elementos se quedaron en ese momento, en una formación geométrica que compensa el caos que se propicia en la ciudad. 

Esta lectura de la ciudad, que hace Boukaram, retoma objetos que están en constante interacción en el entorno urbano. La idea de caos controlado, sin duda es una de esas imágenes que se nos presentan de manera inesperada, sin estarla buscando. Son imágenes que llegan sin planearlo. Ésta lectura de la ciudad, debería entenderse como una lectura que nos lleva a construir, una verdad, un conocimiento. Son diferentes caracteres que entran en juego para que el lector, en este caso un transeúnte, los complemente y genere su interpretación. De allí que el texto, ya no pueda verse como un conocimiento absoluto, como una verdad impuesta, sino como un efecto de conocimiento, un momento en el que el lector establece un acercamiento, un dialogo entre diferentes subtextos construyendo ese concepto de verdad o de conocimiento. (Zavala, 2006 [1998], p. 24) 

¿Cómo entender esta idea de caos controlado?, ¿Cómo hacerlo parte de la ciudad? La ciudad es un elemento muy complejo. Es un espacio que se recorre en busca de sentido, desplazarse por el tiempo y el espacio en busca de salidas. De este modo, que concebir los recorridos urbanos como laberintos es una forma ideal para la construcción de ideas y de conceptos. Humberto Eco, emplea la teoría de laberintos para analizar las formas de pensamiento, planteamiento que puede ser retomado para comprender la manera en que pensamos, en que construimos conceptos o verdades, o la forma en que podemos concebir una visión del mundo actual. Eco relaciona tres tipos de laberintos, circulares, arbóreos, y rizomáticos. Emplearé rápidamente esta idea para analizar la propuesta fotográfica registrada por Boukaram. El laberinto circular o laberinto clásico es comprendido como una forma en la que la ciudad puede ser recorrida con un solo propósito, recorrida en un lugar y en un tiempo específico (Zavala, 2006 [1998], p. 77). Boukaram, en medio de su práctica artística, buscaba sólo registrar un momento en el que el caos de la ciudad se representara en medio de un orden estabilizado por diferentes factores. De allí que su manera de recorrer la ciudad, sólo lo llevaba a concebir un solo momento, un solo instante. Su visión estaba enfocada a encontrar una única imagen de la ciudad, y quizá es lo que registra al final de su propuesta. Era encontrar una verdad, el caos controlado en la ciudad, y una sola respuesta, la toma fotográfica. El laberinto arbóreo hace alusión a la forma esquemática de las ramificaciones de un árbol. Recorrer la ciudad de esta manera es encontrar, más de una sola posibilidad, es estar atento ante cada conversación, cada paso, cada calle, cada circunstancia que nos pueda llevar a una interpretación de la ciudad. En el caso de Boukaram, el caminar la ciudad, le permitió encontrarse son encuentros fortuitos, desplazarse por las calles, en busca de soluciones, subir escaleras, darse paso en medio mercados comerciales, abrir puertas para encontrar caminos de desplazamiento establecer relaciones culturales con el espacio, darse momentos para pensar. 

La solución a su búsqueda estaba determinada por diferentes factores, que no le permitieron elegir una primera toma para establecer esa salida de caos controlado, tuvo que detenerse, decidir, elegir momentos y desplazarse por diferentes partes de eso arbóreo que le ayudarían a construir la interpretación que buscaba o que quizá no buscaba. Allí la verdad buscada era una sola, el caos ordenado en la ciudad; pero el encuentro con la solución da entrada a diferentes posibilidades, diferentes composiciones, que quizá quedaron registradas en otras tomas, o sólo en la mente del fotógrafo. Diferentes posibilidades que se abrían paso como se abren las ramas de los árboles, cada una buscando su espacio y su camino. Una verdad, varias soluciones. 

Finalmente encontramos un laberinto que contiene en su interior varios laberintos circulares y arbóreos, denominado como laberinto rizomático. Cada uno de los caminos y puntos de conexión que conforman este laberinto, constituyen uno más grande y casi indescriptible. Cada una de las soluciones que se pueden plantear, pueden ser las entradas de mas dudas e incertidumbres, las relaciones pasan de un aspecto más que formal desde el laberinto circular, hacía un espacio más virtual (Zavala, 2006 [1998], p. 77). Desplazándonos de nuevo al caso de Boukaram, encontramos que su propuesta de registrar el caos controlado en Nepal, da lugar a una imagen, que está llena de diferentes interpretaciones. El camino que nos lleva a esta solución, se desplaza por otras puertas que nos lleva a pensar en más dudas y preguntas. Cada elemento que conforma esa imagen, cada carácter que conforma ese texto, nos lleva a pensar en nuestro propio espacio cotidiano, el como lo estamos pensando, en como nos asumimos frente a él, en cómo determinamos ese caos controlado que nos ofrece la ciudad, en como es nuestra propia imagen de caos controlado. 

La imagen que registra Boukaram, no ofrece una única solución, no ofrece una única verdad, varias verdades se podrían apreciar, sólo ofrece un texto que arroja la ciudad, para que nos convirtamos en editores, en seleccionadores de textos para luego diseñar nuestra vista de la ciudad. Esta imagen tomada desde un laberinto rizomático lo que ofrece es un camino lleno de puertas que ofrecen soluciones, pero que a la vez se convierten en más puertas que llevan a otras soluciones. Son fragmentos intertextuales de un gran texto llamado Ciudad.

Perspectiva 

La implementación de un enfoque de diseño apropiado para plasmar una mirada de la ciudad, la definición de una plantilla (colores, líneas guías, formas) para la representación de las rutinas cotidianas afectadas por accidentes visuales, los procesos finales de traducción y corrección de una obra, que pulen una obra editorial se proponen dentro de Perspectiva. No siendo menos importante, y abordado de manera metafórica, referiría sobre la elección de tipografías necesarias para reflejar la escritura realizada de manera reflexiva sobre los accidentes visuales. Y como toda obra editorial, se establecen pautas de corrección que serán tenidas en cuenta en esta etapa del proceso, pautas que se dan mediante las reflexiones del material escogido. La forma de representar como los elementos accidentales pueden alterar las rutinas, y quizá como afectan el resultado de esta obra editorial. Como un apéndice de la obra editorial, como un colofón, se establece una reflexión final sobre las relaciones entre los estudios visuales y la ciudad contemporánea. 

La ciudad posee elementos tan heterogéneos que se podrían representar desde diferentes variantes, la forma en que la miremos, así como la disposición en la que se nos presentan, fija nuestras posturas frente a este espacio. El espacio definido como Perspectiva, debe mostrar las aristas desde las cuales establecer un punto de vista acerca del cómo comprender un texto que es leído desde diferentes recorridos. En este espacio se anudan algunas reflexiones, que proporcionan una mirada para comprender ese espacio urbano en relación con las imágenes que se ensamblan en la ciudad. 

Las estrategias deben indagar sobre un mundo interdisciplinar, propio de los ambientes de pensamiento en Diseño. Perspectiva entonces, arroja indagaciones sobre un espacio mental, o espacios de conocimiento, que pasan por momentos relacionados con la literatura. Los lectores se acercan a un libro, con el fin de tener una experiencia estética que los lleve a un conocimiento de un texto. El transeúnte se acerca a la ciudad al recorrerla, sus discursos visuales reflejan una forma de comprenderla, de acercarse a un conocimiento desde el entorno urbano, un espacio de relaciones culturales y sociales. No existen indicaciones o pasos exactos para hacerlo o para interpretar, o para generar una perspectiva exacta. Los posibles errores que se puedan encontrar en este proceso de producción, en este proceso de comprenderla, sólo fijan nodos de ruptura, donde el errar, como una acción activa, se convierte en una posibilidad de abrir un camino diferente, formas de tejer el hilo en otras direcciones, de ampliar la forma de mirar sobre un espacio mental, donde las lecturas no cesan de descubrirse, reconstruirse y multiplicarse. 

Trazado, Composición y Perspectiva, se constituyen así las partes del proceso de la ciudad como una obra editorial. La continúa ejecución de las etapas de este proyecto de investigación, nos muestra una ciudad por la que se transita a través de le calle como una trama de laberintos urbanos; de la que se habla por medio de los relatos visuales elaborados a partir de rutinas ciudadanas; sobre la que se habita al determinar los elementos de la visualidad alojados en los accidentes visuales del entorno urbano; una ciudad sobre la que se puede pensar desde las miradas de sus ciudadanos, y aunque parezcan elementos muy planeados y ordenados, se intenta que durante el desarrollo de la investigación se mantenga presente esa constante de aceptación, ese porcentaje de accidentalidad que permita construir el sentido de la obra editorial.

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Zavala, L. (2006[1998]). La precisión de la incertidumbre. Posmodernidad, vida cotidiana y escritura. Universidad Autónoma del Estado de México. Toluca, México. 

Abstract:

The achievement of citizen tours made by passers-by in the city, are established repeatedly, becoming routines of customs, therefore daily routines. The alteration of these routines can be given by elements of contemporary visuality established within the urban environment. These alterations of visual order can arise accidentally during the different routes established by each passer-by; Allowing these elements to be recognized, and alter the way of facing the present city, building new ways of acting, new ways of appropriating the citizen’s environment, a new way of reading the city.

Key words:

Text - City - Knowledge - Visuality - Urban - Accident.

Resumo:

A consecução de percorridos cidadãos feitos pelos transeuntes na cidade, estabelecem-se de maneira repetida, convertendo-se em rotinas de costumes, portanto rotinas quotidianas. A alteração destas rotinas pode estar dada por elementos da visualidade contemporânea estabelecidos dentro do meio urbano. Estas alterações de ordem visual podem surgir de maneira acidental durante os diferentes trajetos estabelecidos pela cada transeunte; permitindo que ditos elementos possam ser reconhecidos, e alterem a maneira de enfrentar-se ante a cidade atual, construindo novas formas de atuar, novas formas de apropriar do meio cidadão, uma nova forma de ler a cidade.

Palavras chave:

Texto - Cidade - Conhecimento Visualidade - Urbano - Acidente.

(*) Edward J. Guerrero Chinome.

Maestro en Estudios Visuales por la Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca - Mexico, y Profesional en Diseño Gráfico por la Corporación Universitaria UNITEC, Bogotá - Colombia. Experiencia en el campo editorial, de las comunicaciones y la docencia.

Nota:

La ponencia Experiencia accidental urbana vista en una obra editorial formó parte del Encuentro Latinoamericano de Diseño 2013, y hace parte del proyecto de investigación Recorridos urbanos, claves para reconstruir la ciudad. 


Experiencia accidental urbana vista en una obra editorial fue publicado de la página 90 a página96 en Actas de Diseño Nº23

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