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  4. No imagen

No imagen

Prieto, Lozano; Felipe, Andrés

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº31

Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº31

ISSN Impresión 1668-0227
ISSN Online: 1853-3523
DOI: https://doi.org/

Maestría en Diseño de la Universidad de Palermo [Catálogo de Tesis. 1ª Edición. Ciclo 2004-2007]

Año X, Vol. 31, Abril 2010, Buenos Aires, Argentina | 204 páginas

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Introducción

“Where do we go from here? The words are coming out all

weird.Where are you now when I need you?

Alone in an aeroplane. Falling asleep against the window pane

My blood will thicken”

The Bends. Radiohead.

“Preguntar cada vez más a donde vamos porque sabemos cada vez menos donde estamos” (Augé, 1992, p. 118). ¿Qué vamos a hacer ahora? Algunas veces esta pregunta surge de forma apremiante, sobre todo en aquellos casos donde la respuesta parece indicar no solo el acto inmediato a seguir sino también el camino por donde se construirá el futuro. La tesis que se presenta a continuación hace referencia directa a ello no sólo porque nació de una pregunta similar sino también porque se refiere tanto a lugares físicos como a imágenes donde este cuestionamiento se materializa y exterioriza.

El proyecto pretende estudiar la simbiosis existente entre dos esferas de acción simultánea (lugares e imágenes) que conforman una situación en un espacio-tiempo determinado (el acontecimiento del viaje). La consolidación de cada una e incluso su propia existencia depende de las conexiones construidas y de lo que cada una aporta a la otra, pero es la conjunción de estos dos estados, es decir su interacción, el verdadero objeto de definición de la tesis.

Los no lugares no sólo tienen una definición antropológica en común, sino que pueden también ser identificados por su contenido visual. La no imagen hace un recorte de la imagen como categoría de estudio dentro del no lugar.

No se pretende definir los alcances de la no imagen en su totalidad, sino hacer una aproximación particular dentro de la generalidad del concepto, delimitando sus estados y apropiando los elementos particulares de la imagen que se pretende estudiar, la imagen construida y diseñada con una finalidad comunicatoria que cuenta con una percepción peculiar realizada por el individuo dentro del no lugar.

1. No Lugar

La actualidad ha replanteado el concepto de lugar transgrediendo sus componentes aboliéndolos o complementándolos, tanto así que para aprehenderlo como propio hay que tomar en cuenta elementos contemporáneos que regeneran el lugar proporcionándole nuevas características. Este continuo movimiento se ve reflejado en una serie de itinerarios, encrucijadas y centros de encuentro, de partida y llegada.

El movimiento sin cesar que hace girar al mundo, una vez más en términos antropológicos; nuestro mundo, nuestra cultura y sociedad. Para trasladarnos de un lugar a otro, suplir necesidades y cumplir con tareas particularmente asignadas a nuestra vida son necesarios caminos, medios de transporte, estaciones, mercados; lugares que son la cuantificación de superficie, volumen y distancia. Una invisible maraña de hilos por donde nos desplazamos, rutas que no vemos pero que son las que nos vinculan con los otros, por medio de una “comunicación tan extraña que a menudo no pone en contacto al individuo más que con otra imagen de si mismo” (Augé, 1992, p. 85).

Partiendo del lugar antropológico como un espacio de asimilación identitaria, de vinculación relacional entre un grupo o parte de él y de valor histórico fundacional, un espacio que no puede definirse como espacio de identidad, ni como relacional, ni como histórico, se definirá entonces como un no lugar.

Los estudios de Augé tomaron las estaciones de metro en Paris como ejemplo clave de su investigación, no solo por ser un centro de movimiento constante sino por los apéndices que estas estaciones tienen en su interior, las salas de espera, los pequeños comercios allí radicados, la publicidad agobiante y a la vez la variedad de personas de diferentes orígenes que dentro del medio de transporte se aglomeran en un único/múltiple punto de encuentro. Centros comerciales, aeropuertos, hoteles de cadena, estaciones de transporte, supermercados, redes de autopistas y demás; espacios y momentos que hacen parte de caminos, trayectorias y encrucijadas cuyo grado de relación con el individuo es efímero y paradójicamente sustancial

1.1. ¿Identidad del no lugar?

Los no lugares cumplen características conceptuales que los hacen ser entidades materiales de existencia contemporánea; estos espacios comparten semejanzas y similitudes que sirven como elementos de identificación. El no lugar desarrolla una simbología y una lectura muy especifica, no sólo aquella que habla de la particularidad del espacio sino también aquella condicionada por la voz del consumo que indica qué, cómo y cuándo hacer lo que se supone se debe hacer, a la vez que informa los detalles de la transacción, los precios y las modas a seguir mientras direcciona y resuelve las dudas más frecuentes de los viajeros.

Esta representación construye la experiencia que el viajero obtiene, el acontecimiento hace que la mirada sea diferente a la que usualmente utiliza dentro de su contexto personal. La comodidad de ver imágenes conocidas permite disfrutar el momento y el lugar, ahuyentando cualquier clase de peligro frente a lo nuevo. La confianza es fundamental en un no lugar, evadir y desestimar cualquier tipo de contratiempo o malestar es necesario para el viajero que deambula por los pasillos. Imaginarios construidos y reconocidos que hablan de un patrimonio intangible o invisible de la sociedad.

El imaginario social es condensado dentro del no lugar salvaguardándolo y reproduciéndolo, por medio de una referencia cíclica de si mismos; las aerolíneas recomiendan hoteles que a su vez direccionan hacia centros comerciales; en las autopistas se ven anuncios de estaciones donde se encuentran folletos de parques de recreaciones; los relatos de viaje amalgaman situaciones dentro de no lugares, fotografías, videos e historias que se suceden una tras otra en los mismos escenarios de siempre. Imágenes e informaciones en continua fluctuación donde el contenido de los mensajes se repite hasta el infinito.

Cantidades innumerables de imágenes son puestas en escena dentro de un no lugar acompañando la experiencia del viaje durante todo su recorrido. Un cáliz de imágenes que interactúa con el viajero por medio de su particular percepción dentro del no lugar delimitando así el acontecimiento y la experiencia.

2. Percepción de la Utopía

Para Regis Debray “Cada edad de la imagen corresponde a una estructuración cualitativa del mundo vivido. Dime lo que ves, y te diré para que vives y como piensas” (Debray, 1994, p.182). Siguiendo este planteamiento, para llegar a un estudio de la imagen se hace necesario un análisis del momento y del lugar donde esta imagen se encuentra.

El dónde esta delimitado por lo que se entiende por no lugar y el cuándo será el producto de la interacción entre el viajero y el espacio, configurando así la experiencia del viaje. El acontecimiento del viaje requiere de una mirada, de atención a lo desconocido o a los posibles peligros, de búsqueda ante la posibilidad de elección o de destino. Aquella mirada se delimitada por la percepción de la experiencia, la cual construye su relación con el entorno y con lo que es experimentado.

El conjunto de imágenes que hacen parte de esta experiencia dentro del no lugar es observado desde este tipo de mirada por parte del viajero; imágenes producidas y puestas en escena que complementan, promueven y condicionan el viaje.

2.1. Proceso Perceptivo

El viaje actual ocurre dentro de una maraña de caminos preestablecidos haciendo uso de medios de transporte y espacios que brindan una comodidad y un servicio supliendo las necesidades del viajero. Hospedaje, recreación, transporte y consumo, no lugares donde transcurre en su mayoría el recorrido de un viaje instaurándose como el medio y el fin del trayecto sin importar el punto geográfico que se tenga por destino.

La vivencia de estos no lugares (por ser espacios que tienden hacia lo masivo y colectivo) se yuxtapone a lo particular e individual, por lo que la experiencia que construye la realidad del viaje es replanteada por otros contextos que no son los que usualmente se encuentran dentro de un espacio más “familiar” compuesto por elementos identitarios personales o particulares de un colectivo de personas, el viaje y el no lugar interaccionan creando un ambiente descontextualizado para aquel que lo experimenta.

Si consideramos estos espacios en los que transcurrimos gran parte de nuestra vida cotidiana como lugares de movimiento, de visita efímera o de estadía momentánea, que son regidos por un ente administrativo organizador, con rutas y trayectorias, estaciones de arribo y desembarque, de carga y descarga, y generalmente con su capacidad a punto de desbordar, con una “atemporalidad” permanente, y con una presencia global es posible señalar que eventualmente todos estos fenómenos modifican, alteran e incluso llegan a definir la construcción social del viaje.

Según este análisis la experiencia del viaje es delimitada por cinco factores de interacción simultánea en los que el viajero se ve sumergido. En primer lugar el hecho de viajar presupone un movimiento, un cambio de lugar o desplazamiento ligado también a un cambio de velocidad preferiblemente hacia la aceleración.

Rara vez este movimiento se realiza en absoluta soledad, por el contrario, el viaje al utilizar medios de transporte es una experiencia masiva donde el individuo inmerso en un grupo de individualidades se descontextualiza para convertirse en parte de una aglomeración, el anonimato de la multitud. El tercer factor que modifica el viaje es la programación con la que se maneja la experiencia; el estudio de los recorridos, de los movimientos y de la velocidad de los mismos, la contención de un gran número de personas en espacios previamente señalizados como una gran puesta en escena que en abundancia deviene en ilusión.

La presencia global de los no lugares, del tránsito que sucede en su interior promueve indefectiblemente la desterritorialización de la experiencia, aún cuando el lugar en su arquitectura sea totalmente inmóvil como lo es un edificio devenido en centro comercial, esta inmovilidad aparente no impide que su interior o las imágenes y acciones que allí acontecen correspondan a los azares de la mundialización y la globalización1. Por último, el acto turístico, la visita guiada, el tránsito, la experiencia del viaje en su basta generalidad acontece casi totalmente bajo una estricta vigilancia, un control en pos de una seguridad omnipresente que evite tanto posibles accidentes, como hechos fortuitos de violencia, vandalismo y en la actualidad, de terrorismo.

La percepción esta delimitada por el marco de referencia donde sucede; el no lugar y la experiencia del viaje delimitan esta percepción construyendo así imágenes, individuales para cada uno de los espectadores que realizan el acontecimiento pero con una presentación masiva y abierta para todo aquel que la presencie. Cada uno de los elementos que afectaron, delimitaron y condicionaron el proceso de percepción aporta referentes perceptuales para decodificar por parte del individuo; dicho de otra forma tanto el movimiento, el anonimato, la ilusión, la desterritorialización y el control dan forma al viaje.

Para facilitar los efectos explicativos y descriptivos de estas modificaciones, a continuación se analizaran con detalle cada uno de los elementos tratando siempre de dar un ejemplo conciso pero teniendo en cuenta que no se puede tomar cada pieza por separado desestimando la simultaneidad del acontecimiento, la cual obviamente no existiría sin un viajero u observador que la pudiera crear.

2.2. El viajero

El individuo que ingresa a un no lugar entra a su vez en un género de códigos que difiere al de cualquier otro lugar antropológico. El viajero es el ser arquetípico que experimenta un no lugar moviéndose gracias a una serie de códigos y señales que le indican que camino elegir, el instinto en este caso se ve remplazado por un itinerario, un papel o cartel que le ayuda a saber que decisiones tomar para su movilización, así la posibilidad de un destino, un futuro predeterminado, un porvenir parcialmente labrado es la meta y la recompensa a su experiencia.

El estatuto del viaje es la construcción utópica de un acontecimiento y dicho viaje puede ocurrir dentro de nuestro contexto de cotidianidad o alejarse de él, por lo que encontraríamos dos construcciones ideales del viajero, el turista y el usuario, pero en ambos casos, tanto el turista como el usuario saben de antemano qué tipo de experiencias van a encontrar en el lapso de tiempo que en su programación se le haya asignado al viaje, es decir, que la construcción que tienen de la actividad está previamente idealizada aún sin conocer el lugar físico donde ésta se llevará a cabo.

El usuario por su pleno conocimiento del lugar tiene un recorrido previamente realizado que le permite disfrutar del viaje o de otras actividades como la lectura, la contemplación del otro o la introspección de si mismo.

El turista no conoce y posiblemente no ha vivido la experiencia pero aún así sabe qué debe hacer o por lo menos sabe que tipo de experiencia esperar; la sorpresa aún cuando no ha sido develada, si ha sido supuesta.

3. No Imagen

Continuando con el principio de interacción, interpretación y superposición de imágenes, dentro de un espacio antropológico netamente contemporáneo, se ha considerado necesario ahondar en el estudio de la imagen por medio de un concepto que pueda ser utilizado dentro de este escenario estudiado. La no imagen, sería el resultado propuesto a partir del análisis de la simbología y la identidad de los espacios del anonimato.

La percepción que se tenga de un lugar y la experiencia que se construya en su interior consolida este acontecimiento dentro de nuestra realidad, es decir que el lenguaje simbólico de la experiencia que se obtiene de la interacción entre viajero y no lugar, constituye un puente de unión con el imaginario, por lo tanto el género discursivo espacial permitiría la inserción del individuo en el lugar de una forma acorde con la situación y el entorno, es decir delimitando las actividades y comportamientos de las personas.

La caracterización y representación de roles son necesarios para la adecuada inclusión del individuo en el espacio. “Una representación es una especie de mapa en función del cual se organiza un comportamiento. Esta tendencia juega un rol en la construcción de las representaciones, sobre todo de huellas relacionadas con dimensiones personales: éxito, felicidad, objetivos” (Cudicio, 1992, p. 57), asimismo la programación en sociedad necesaria por parte del individuo para ingresar

en un espacio, no solo es delimitada por la historia personal o por las experiencias obtenidas en dicha sociedad sino también por las reglas que delimita el lugar y su emisión para que el individuo las perciba, las capte y las asimile.

La comunicación que se realiza utiliza herramientas simbólicas de orden cultural y social, representaciones que fundamentan al no lugar como marco de referencia para su comunicación. El no lugar sirve como contexto de todos los mensajes transmitidos en la comunicación, este contexto está relacionado con la comunicación, y esta relación permite dar un sentido a los mensajes entre los individuos que transitan un mismo contexto, permitiendo de tal modo un conocimiento intuitivo del no lugar y así poder manejar características propias como los tiempos de espera, los recorridos, las áreas de venta y de descanso, etcétera.

De tal forma, según los valores de percepción que se encontraron dentro de la experiencia del viaje (movimiento, anonimato, ilusión, desterritorialización y control) éste se encuentra fuertemente cargado por valores semánticos que se vacían y se vuelven a llenar, el cambio constante que estimula la existencia del no lugar así lo permite y es así como el viajero lo percibe. Como se vio anteriormente la interacción de estos valores promueve un cambio permanente de contextos permitiendo que el viajero y su experiencia sean permanentemente vaciados y rellenados por esos mensajes e imágenes en los que se ve inmerso al ingresar a un no lugar.

La percepción se ve inmersa en un juego de imaginarios dentro de los no lugares y sus imágenes reemplazan el contexto habitual del viajero para sustituirlo por uno muy particular de uso masivo. Si la condición social del individuo se rige dentro de estos fenómenos se entiende que las imágenes percibidas también sean cargadas por esta experiencia, vaciándose de su contenido inicial y otorgando uno nuevo que el viajero brinda debido a su experiencia. Paradójicamente esto no es perjudicial para el mensaje, porque el mensaje no es inherente a esa imagen en particular, pudiendo ser cualquier otra; no existe un condicionamiento de significancia entre lo que una imagen representa y el mensaje que quiere comunicar.

4. Conclusiones

A partir de estudios culturales contemporáneos se pretende hacer una introducción al concepto de la no imagen como la denominación que merecen las nuevas simbologías surgidas conjuntamente con los espacios hodiernos conocidos como no lugares. Una imagen que sólo existe para ser leída de una forma predeterminada y para referirnos al ideal de una actividad o espacio reconocido. Pero, ¿Hay transformación, invención, creación de sentido o sólo metalenguaje, discurso sobre el discurso inicial?

La propuesta surge a partir del descubrimiento de un campo de acción de la imagen en donde existe un fenómeno que sugiere ser investigado, siendo una reinterpretación creativa, sensible y racional de la imagen actual y depende de la zona en la que se basó el estudio: el no lugar; pero no por ello se puede decir que es un discurso ya escrito, no, por el contrario, es la continuación ideológica de un concepto que se ha demostrado con éxito dentro de la academia de diversas profesiones. A manera de cierre solo cabe recordar que la no imagen dejó de representar el “soy yo”, representa el “yo seré”; no más “estoy aquí” pero tampoco un “no estoy”, la no imagen habla de un “allá estaré”. Una mentira placida, un murmullo adormecedor, la imagen perfecta que existe pero que nunca viviremos.

Notas

1. “La fundamentación de la mundialización cultural y la globalización económica como unidades de análisis pero fuera

de las concepciones “sistemáticas” o ideológicas.” Aníbal Ford en la Introducción de Mundialización y cultura refiriéndose

al trabajo de Renato Ortiz (1994), quien luego fundamenta las diferencias que existen entre mundialización y globalización

considerando cada fenómeno como procesos globales que trascienden los grupos, las clases sociales y las naciones.


No imagen fue publicado de la página 34 a página39 en Cuadernos del Centro de Estudios de Diseño y Comunicación Nº31

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