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Tino y la Pochoneta. Esas cosas que se le ocurrían a mi padre

Fezza, María Alejandra

(Segundo Premio)

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 57, Noviembre 2013, Buenos Aires, Argentina | 134 páginas

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Introducción

Su nombre era Celestino Silvestre Fezza. Nació en Buenos Aires el seis de mayo de 1919. Le decían Tino. Siendo el menor de nueve hermanos, fue el único que pudo estudiar. Sus padres, él italiano y ella argentina, tenían una fábrica de pastas.

Tino fue al colegio La Salle de Capital Federal, intercambiando la pasta para el comedor, por la cuota mensual. Se recibió de bachiller con excelentes notas.

Se desempeñó como creativo en las firmas Mejoral e Iggam aunque se destacó en la empresa Siam Di Tella, donde conoció al presidente Perón.

Se jubiló a los 65 años. Falleció en paz a los 89, el cuatro de junio de 2008.

Creativo como pocos, fue un ejemplo de que cuando uno usa la imaginación todo es posible y divertido.

Desarrollo

Se llamaba Celestino Silvestre Fezza, le decían Tino. Nació el seis de mayo de 1919 en San Martín, provincia de Buenos Aires. Fue el menor de nueve hermanos. Su padre era italiano y su madre argentina. Tenían una fábrica de pastas donde todos trabajaban, eran una familia humilde que vivía del día a día. Sus hermanos no pudieron estudiar, pero él sí tuvo la oportunidad. El colegio La Salle de Capital Federal lo aceptó a cambio de los fideos para su comedor. Allí hizo la primaria y la secundaria, obteniendo excelentes notas y menciones.

Le gustaba jugar al fútbol, era su pasión como la que después tuvo por los autos. Con el colegio participó de varios torneos importantes.

Una vez que finalizó sus estudios, a través de un tío, ingresó a la firma de medicamentos Mejoral. Allí comenzó a desarrollar su talento, la creatividad. Se desempeñó en el departamento de publicidad de la empresa y, entre otras cosas, ideó la frase “Mejor mejora Mejoral” que después hizo popular a la firma.

Ahora la adjudican al poeta mexicano Salvador Novo, pero esto no ha sido comprobado.

Robusto, de cabellos negros y bigote, siempre estaba bien vestido, con trajes oscuros y corbata. Con el tiempo llegó a tener una colección de ellas, de todo tipo y color. No pasaba desapercibido, su personalidad carismática y su arrogancia hacían que fuera el centro de cualquier reunión. Le gustaba ostentar con sus autos, orgulloso de haberlos podido comprar con el fruto de su trabajo.

En los años cincuenta, ingresó a la firma “Siam Di Tella”, una empresa argentina fundada en 1911 que creció gracias al desarrollo industrial de la época: durante 1946, bajo la presidencia del general Perón, se realizaron importantes obras para la industrialización del país, se crearon varias fábricas y se desarrolló la industria automotriz entre otras.

Por esos años y con licencia italiana, la empresa fabricaba la motoneta Lambretta que aquí se llamó Siambretta.

Tino, encargado del sector de promoción y ventas, al lanzarla al mercado, logró que el mismísimo Presidente Juan Domingo Perón, fuera quien saliera a recorrer la ciudad a bordo de uno de sus modelos. El gobierno había comprado unas 200 motos para regalárselas a los estudiantes nucleados en la UES, Unión de Estudiantes Secundarios, organización política que se creó en 1953 y tuvo dos sedes, una femenina y otra masculina. Perón ofreció la residencia de Olivos, donde se acondicionó un sector para que los estudiantes pudieran practicar deportes.

La caravana con el presidente a la cabeza, partió desde Olivos, donde estaba situada la sede de estudiantes, hasta los paseos de Palermo, volviendo luego a la partida. El modelo de motoneta que utilizó el presidente fue conocido como Pochoneta.

Ese nombre seguramente ideado por Tino, fue pensado a partir del sobrenombre con el que se lo conocía al primer mandatario, Pocho.

Con los cambios de gobierno y sus distintas políticas, la empresa comenzó a tener los primeros problemas de demanda de productos, y las fábricas fueron trabajando a menor ritmo.

Tino perdió su puesto de trabajo.

Con una familia ya formada por dos hijos varones y su mujer, viajó a Córdoba con nuevas ideas: las de poner heladerías en la ciudad. Había llevado las heladeras y conservadoras industriales que Siam fabricaba para ese propósito. Esta vez, la suerte no lo acompañó, el pueblo cordobés no estaba acostumbrado, por ese entonces, a consumir helados, y su idea no prosperó, teniendo que volverse a Buenos Aires y buscar otro camino.

Ya en la ciudad capital, y viviendo en la casa de sus suegros, publicó en los diarios un aviso muy osado y creativo: “Se necesita empresa capaz de ocupar a Ejecutivo de alto nivel, con gran experiencia en Propaganda, Promoción y comercialización... solamente a firmas de primera línea”, se refería a él mismo, claro. Una empresa contestó su aviso, era Iggam, fabricante y distribuidora de materiales para la construcción.

Su puesto fue el de gerente de promoción y ventas a cargo del departamento publicitario.

Estuvo trabajando allí hasta su retiro.

Tino no tenía estudios universitarios ni había estudiado inglés, por eso, decidió mudarse a la zona norte de la ciudad, para que sus hijos fueran a colegios ingleses y se movieran en un círculo social más alto del que tuvo él en su infancia. Para ese entonces yo ya había nacido, aunque aún no iba a la escuela.

Siempre fue un gran deportista, y otra de sus pasiones fue la de jugar al golf. Logró alcanzar los ocho puntos de hándicap.

Cuando se jubiló a los 65 años, se dedicó casi por completo al deporte. Iba a jugar con sus amigos los fines de semana, a la mañana muy temprano y la recorrida terminaba en un asado acompañado por buen vino, del que no se privaban. Se hacían llamar El Drink Team.

Los demás miembros del club querían participar también de los almuerzos, pero en la mesa que ocupaban cada sábado, sólo cabían 18 personas. Tino siempre era el encargado de inventar un nuevo torneo haciendo alguna referencia graciosa sobre alguno de los participantes, por ejemplo aludiendo a su edad, y diseñaba las tarjetas de puntos que él mismo confeccionaba a mano para cada ocasión. También se encargaba de comprar y mandar a grabar las copas que se entregaban como trofeos al ganador. Todo esto era algo así como un nuevo trabajo que lo mantenía ocupado gran parte de la semana.

Así, conservó intacta su vocación creativa.

A veces de buen carácter y sonriente, otras con gesto adusto, siempre supo poner los límites. Sus nietos adoraron estar con él, lo siguieron divertidos aún de muy pequeños, cuando les enseñaba a jugar al golf en el jardín. Le encantaba ver a su nieto menor hacer trampa acomodando la pelota con la mano antes de tirar al hoyo.

El resto de sus días se levantaba muy temprano, recogía el periódico de la puerta de entrada, se afeitaba y bañaba. Luego desayunaba. A continuación , y casi como un rito diario, se disponía a hacer las palabras cruzadas del diario Clarín, la “Claringrilla”, hasta terminarla y sacar la frase del día; la que me hacía leer con orgullo de haberla encontrado, cuando yo pasaba por su casa para acompañarlo a hacer las compras semanales al supermercado. Este ejercicio mental diario lo mantuvo lúcido hasta sus últimos días. Por las tardes y luego de la infaltable siesta después de almorzar, veía el canal de cablevisión exclusivo para partidos de fútbol nacionales e internacionales.

Era fanático de Boca.

No quería molestar a nadie, le incomodaba sentirse una carga, sobre todo al final de sus días. Siempre conservó ese sentido de unión familiar que es entendible, viniendo de una familia numerosa e italiana. Le gustaba reunirse para la Navidad con todos los suyos.

Tenía la idea de filmar un video para dejar a sus nietos; quería decirles lo mucho que le alegraban la vida y agradecer a su familia todo lo que hizo por él. Ya había bocetado un pequeño guión, pero el destino no quiso que se pudiera llevar a cabo la filmación. Tino falleció el cuatro de julio de 2008 en un sanatorio de Capital Federal. Partió en paz. Esa mañana, tomó mi mano y me dijo “Gracias por todo” como última frase.

Creativo como pocos, fue un ejemplo de que cuando se usa la imaginación todo es posible y divertido.

Conclusiones personales

Tino fue un claro ejemplo de superación personal. Fue un hombre que viniendo de una familia humilde y de pocos recursos, tuvo la oportunidad de estudiar y aprovechar esos conocimientos para lograr buenos puestos de trabajos. Esto lo llevó, al mismo tiempo, a alcanzar una posición social más alta.

Educó a sus hijos en los mejores colegios y les dio las oportunidades que él no tuvo.

Se destacó entre sus amigos, por su compañerismo y amistad.

Y en cuanto a nosotros, nos enseñó que la familia es lo primero a pesar de todo.


Tino y la Pochoneta. Esas cosas que se le ocurrían a mi padre fue publicado de la página 118 a página119 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

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