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La elección vocacional en una sociedad cambiante.

Alonso, Natalia Laura; Casado, Sandra; López Lugones, Noelia; Sánchez, Andrea

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXII

ISSN: 1668-1673

I Congreso de Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio. `Interfaces Palermo´ XXII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Facultad de Diseño y Comunicación. Universidad de Palermo

Año XV, Vol. 22, Febrero 2014, Buenos Aires, Argentina | 207 páginas

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Resumen:

¿Cómo pensar una decisión vocacional en el contexto actual? Los acelerados avances científicos y tecnológicos le otorgan esa impronta a la sociedad y a la subjetividad de los jóvenes. La educación ya no ofrece garantías de salida laboral y ninguna institución la reemplaza en esa función. La adolescencia se presenta como el estado ideal, con dificultades para pasar a la adultez y a las responsabilidades que implica. En muchos casos sólo los educadores encarnamos el difícil papel del adulto-sostén en estos tiempos cambiantes. ¿Cómo sostenernos? Sólo con una posición reflexiva respecto de nuestra práctica y con la orientación como estrategia.

Palabras clave: sociedad - adolescencia - educación - docencia - reflexión - orientación - vocacional.

El adolescente, vacilante entre la infancia y la juventud,queda en suspenso un instante ante la infinita riqueza del mundo. El adolescente se asombra de ser. Octavio Paz

La adolescencia, una mirada sociohistórica

El tema que nos convoca hoy es la elección vocacional en la adolescencia, en el adolescente de nuestra época. Más allá de ser una etapa biológica, la adolescencia es una etapa que siempre encontraremos enmarcada en una sociedad, en un tiempo y momento histórico determinado. En cada una, existirán atributos y significaciones diferentes sobre este momento, que tendrán que ver sus valores y costumbres. Podemos pensarla como una etapa de transición entre la niñez y la adultez, donde se completa la madurez biológica y se consolida la identidad, y a su vez como un camino hacia la independencia familiar.

Desde el psicoanálisis, una definición posible de adolescencia nos permite pensarla como “…una contundente conmoción estructural, un fundamental y trabajoso replanteo del sentimiento de sí, de la identidad del sujeto” . Pero consideramos que no es únicamente una temática puramente subjetiva; es por este motivo que creemos necesario, en primer lugar, pensarla como una construcción histórico socio cultural, para luego abordar este período desde sus características subjetivas específicas.

De los pasajes rituales a la Modernidad

El término “Adolescencia” no era conocido antes de la modernidad, sin embargo lo que puede encontrarte previo a ese momento, es la presencia en las diferentes culturas de Ritos de Paso, que marcaban la transición entre la niñez/juventud y la adultez.

Entre las características comunes de estos ritos, encontramos la INCIDENCIA (en relación con la participación de la sociedad en los mismos), la SEGREGACIÓN - INCLUSIÓN (se daba la separación de la madre, y la inclusión de un tercero por fuera de la familia), la TRANSMISIÓN (de un oficio, ejercicio de actividad o un saber que da un lugar en la sociedad), y por último MARCAS EN EL CUERPO (visibles, que significaba que si se las poseía, se era adulto). Estos ritos marcaban el pasaje de la endogamia a la exogamia, donde la sociedad funcionaba como sostén de la función paterna, lo que favorecía la separación de la familia. También suponían la adquisición de una identidad, que daba un lugar en la sociedad. Todos estos ritos no eran sin dolor o algún monto de angustia (pensado desde la lógica de una posición que debe ser abandonada, perdida), y enmarcados siempre en algún sistema de creencias que los sostuviera.

La Modernidad, en los siglos XVII y XVIII, pondrá en cuestión las grandes autoridades medievales, principalmente la Iglesia. Como contrapartida de esto, con el avance en el conocimiento científico, se le irá dando más importancia a la observación y a la experimentación más que a cualquier otra autoridad. El conjunto de ideas gestadas en estos siglos, constituyó una visión alternativa a la cosmovisión cristiana, hegemónica en el Medioevo, y se plasmó en instituciones y pautas concretas de conducta que cumplieron una función orientadora en la vida de los hombres.

La adolescencia allí comienza a ser un momento de transición más extenso, y a depender más de cada organización familiar, específicamente del lugar del padre, dejando de sancionarse exclusivamente a través de actos rituales. Un tiempo intermedio entre la niñez y la adultez, en el cual se acceden a ciertas elecciones y derechos, que tienen que ver con la conformación de la identidad, vivido como incómodo para la persona que lo atravesaba, donde no se quería permanecer por mucho tiempo. El lugar del adulto, por su parte, era el lugar de la autoridad, y a su vez, un rol deseado de alcanzar, lleno de libertades de las que no se disfrutaba siendo adolescente. La niñez, por otro lado, era la época dorada, libre de responsabilidades. El lugar del adulto en relación con el adolescente era el de promotor del pasaje hacia la exogamia, así como también de transmisión de saber.

La Posmodernidad: el adolescente como modelo

En la Posmodernidad, nos encontramos con que la adolescencia ha dejado de ser una etapa incómoda, para pasar a ser un estado en el que el adolescente desearía mantenerse en un lapso aún más extenso.

La adolescencia en la actualidad es en cierto sentido el modelo social, ocupando el centro de la escena, y “adolescentizando” a la sociedad, y volviendo obsoletos los valores de los adultos. El lugar de la autoridad comienza a ceder. Es una etapa que se extiende cada vez más, tanto hacia el lado de la niñez como hacia el de la adultez. Existe un culto en los adultos por detener el paso de tiempo, desdibujándose las brechas generacionales, donde las funciones familiares se vuelven difusas, y tanto en la clínica como en las instituciones educativas nos encontramos con adultos “fóbicos” a asumir responsabilidades y también con niños que tienen responsabilidades de adultos. Los padres eternamente jóvenes dejan a los adolescentes ante la ausencia de adultos que puedan funcionar como referentes.

En este contexto, la función de la terceridad tambalea, esto a nivel psíquico los analistas lo llamamos como caída del nombre del padre, y en el contexto sociocultural puede verse plasmado en “la muerte de las ideologías”, “el fin de la historia”, donde presenciamos la ausencia de garantes simbólicos, y el sujeto pasa así a definirse a sí mismo de manera autorreferencial (y ya no en referencia a sus relaciones con Dios, el Rey o el Estado). El lugar del capitalismo y el “todo es posible”

El capitalismo no deja lugar a la pérdida ni al dolor (más bien nos encontramos con el contrario, el dolor detiene y no deja que las cosas marchen). Nada es posible para el capitalismo de ser perdido, y el tener reemplaza al ser: para ser basta tener. El objetivo del capitalismo es que todo lo que existe se presente como mercancía ofrecida para ser comprada.

El sujeto del capitalismo es un sujeto impulsado constantemente al consumo, sin trabas. En el caso del adolescente, esto tiene suma importancia, ya que es uno de los consumidores por excelencia. Las condiciones sociales y culturales de la globalización económica transforman a los hombres en objetos. Todo es posible: “lo querés, lo tenés”, desde cuestionar el paso del tiempo gracias a la ciencia que lo vuelve posible a través de cirugías, hasta llegar a no necesitar encontrarse cara a cara con el otro, como en el caso de las relaciones virtuales. Puede pensarse que el adolescente vivencia esto en el cuerpo, en tanto pretende manejarlo como un objeto, a su antojo (tatuajes, piercings, dietas, consumo de diversas sustancias), y en la clínica podemos verlo en la aparición de patologías que se presentan como respuestas a la falta de otro significativo, de referentes, patologías derivadas del sufrimiento que la cultura impone. Se piensa que es posible sortear todos los límites mediante el consumo de objetos.

El trabajo de los adolescentes entonces, tema que retomaremos en el apartado siguiente, se va a dar en este contexto que tiene coordenadas socioculturales muy diferentes a las de la modernidad. Es necesario también destacar que si bien en la actualidad los lazos sociales parecen desvanecerse, los adolescentes buscan otras formas de construirlos, a través de medios que antes no existían, sosteniendo nuevos puntos de encuentro.

El futuro se les presenta desdibujado, justamente ahí donde tienen que construir y pensarse consolidando proyectos (qué hacer, cómo, con quiénes). Los proyectos pueden realizarse sólo a corto plazo, buscando la satisfacción inmediata (esto ocupa un tema central a tener en cuenta a la hora de trabajar en Orientación Vocacional).

Teniendo en cuenta que entendemos lo sociocultural como lo que enmarca, como aquello que produce subjetividades en tanto que los sujetos son sujetos de esa época, puede afirmarse que la fluidez, la velocidad y la aceleración son los rasgos del sujeto contemporáneo. La lógica del mercado modifica los dispositivos institucionales e imprimen su marca a los sujetos que son parte de los mismos. Son nuevos rasgos, desligados de las funciones tradicionales de la escuela y la familia, a partir de lo cual podría pensarse que el lugar de los trabajadores de la salud y la educación tendrá que ver con establecer un tiempo y un espacio en la fluidez. Propiciar estas condiciones implica establecer cierta desaceleración, generando marcas de espacio y tiempo singulares.

Procesos psíquicos que realiza el adolescente

Ahora, vamos a profundizar en el proceso psíquico que debe realizar cada adolescente. Hay algo que a todos los adolescentes les pasa, pero a su vez es una vivencia única, en algún punto Intransferible. Y este proceso que “con suerte”, culmina en algún momento un poco impreciso (sin hablar de edades cronológicas) es lo que lo lleva a alguna ubicación posible en el mundo.

La adolescencia puede ser definida como dos momentos de un único proceso, la entrada, y la salida. En el inicio, es cuando decimos que la pubertad “irrumpe”, aquel niño que una vez se fue, deja de serlo.

En principio, se ponen de manifiesto cambios corporales. Que abarcan desde los más visibles, caracteres sexuales secundarios, cambios en la voz, hormonales, crecimiento de los senos en las niñas. Hasta los más concretos, que son la menarca en la mujer, y liberación del semen en el hombre. Las modificaciones corporales certifican lo que antes faltaba: aparece la posibilidad concreta del acto sexual y la reproducción. Esto implica un real diferente al que se enfrentaba el niño quien aun siendo un ser sexuado, no podía ejercer esa sexualidad. La entrada en la reproducción sexuada obliga a poner en juego ciertos parámetros simbólicos, adquiridos en la infancia. Tanto para Freud como para L. Strauss la ley de prohibición del incesto funda el acceso del hombre a la cultura, limitando el impulso sexual primitivo, apartándolo de lo natural, lo instintivo. Como toda ley está dentro del universo simbólico y es la que deja la marca de que “no todo es posible” y permite ordenar lo psíquico, separando y enlazando al mismo tiempo, Ya que brinda la posibilidad de elegir un objeto de amor exogámico.

El joven se encuentra con un cuerpo que no es el de antes, les cuesta reconocer la nueva imagen, ya que en su constante cambio dificulta la asunción. Ya no se es niño, ni tampoco adulto, cuesta reconocer quien se es. Es ahí donde apuntalada en lo biológico, se produce la pregunta por el ser. Los cambios corporales son el punto de partida para asumir un nuevo rol social y construir la propia identidad. Ya nada podrá ser igual, ni para los hijos, ni para los padres. Podríamos enunciar que Duele el ser. A su vez los padres ya no reconocen a su niño, y están desorientados. Esta crisis adolescente es un suceso traumático que demanda ser tramitada con el auxilio de figuras ubicadas en un lugar de adultos y también con el auxilio de los semejantes. La importancia del grupo de pares es fundamental en esta etapa. El púber para, ir separándose de su familia, necesita nuevos lazos con otros que pertenecen a su misma generación.

Entonces, podríamos decir que al adolescente se le impone como trabajo psíquico a realizar:

• Poder ir apropiándose de un nuevo cuerpo, duelar el cuerpo de la infancia. Dejar de ser niño.

• Separarse de los padres de la infancia (desasimiento de la autoridad parental) esto conlleva el responsabilizarse por lo que dice y hace.

• Ir ubicándose en la red social de pares, habiendo hecho un desplazamiento de la familia de origen.

• Ir asumiendo una identidad sexual, para elegir un objeto de amor exogámico.

• Armado de su propia historia. A los niños la historia se a cuentan los padres. El adolescente deberá poder ir construyendo su propia versión de la historia, de las relaciones de parentesco, de filiación. Freud lo llama el armado de la novela.

• Construir y consolidar un proyecto ocupacional, vocacional.

• Pero para que este proceso psíquico se resuelva medianamente bien, la función de los padres (en 1° instancia) y de los adultos referentes es crucial. Es importante que los padres:

• Reconozcan que su hijo está creciendo. Que legitimen los cambios. Esto parece una nimiedad, pero no pasa con la frecuencia que uno esperara. Los padres se aferran a su hijo de la infancia, ya que era el hijo que los idealizaba y además porque es asumir que el tiempo pasa, no solo para el hijo sino también para ellos mismos.

• Los padres deben estar presentes, como punto de anclaje del cual partir. Nadie puede separarse si no hay

“de quien”. Estar presentes asumiendo un lugar de adultos responsables, para permitirle al adolescente la confrontación. Los padres tienen que poner límites claros, brindar un marco de contención. Esto facilitará la elección vocacional. Ya que en la actualidad existe la ilusión de “total libertad de elección”, pero eso muchas veces esto puede llevar la trampa de no contar con parámetros para poder pensar lo que quiero. Así como dijimos que nadie puede separarse si no hay de quien, nadie puede elegir sino no sabe cómo hacerlo.

En relación a la adolescencia, señalábamos al principio, que se da en dos momentos, pero el segundo es más difícil de situar, ya que está ligado a un sistema simbólico, que establece cuando un sujeto debe acceder a ciertos lugares, ciertas responsabilidades. Y esto se da en relación a una época determinada. Actualmente nos encontramos frente a un escenario cultural complejo. Se describe al adolescente de principios de siglo XXI acorralado por el vacío y la falta de un padre que pueda transmitir una experiencia y coordenadas simbólicas de como “orientarse en el mundo”. Hoy los jóvenes están muy solos con esto.

Asimismo, hay una caída del lugar del adulto como autoridad. Entonces ¿qué responsabilidad nos toca desde el lugar, de terapeutas, orientadores, formadores?

¿Cómo dirigirse a los adolescentes? En el trabajo con ellos es esencial crear las condiciones para el diálogo, crear un espacio de confianza y respeto por lo que ellos tiene para decir. El diálogo pero no desde un lugar de pares, ubicarse en un lugar de otros adultos, lugar de referentes, que se sostengan en pie a pesar de sus enojos y sus broncas. Los jóvenes en primera instancia apuestan a creer en la palabra de los adultos. Por eso hay que estar advertidos que estos son lugares de cierto poder. Ligado a esto estará el intento de transmitir un sentido diferente al que les da este escenario fluido actual, contribuyendo a la transmisión de experiencias, revalorizando y cultivando la función del relato.

Una sociedad cambiante

La sociedad actual impone nuevas condiciones sociales y económicas a las que ya nos referimos antes: pasaje del industrialismo al post industrialismo, caracterizado este último por el avance científico-tecnológico, como así también de la informática y la biotecnología; el auge del capitalismo, que cambia las características y condiciones del trabajo. En los imaginarios sociales el acrecentamiento de la individualización y el culto al Yo, el narcisismo de una sociedad consumista que alimenta el deseo insaciable y la satisfacción permanente del principio del placer.

Este contexto sociocultural y económico interroga, entre otros, a los modelos educativos tradicionales y al papel de la educación en la actualidad. A todo lo mencionado se suman las características propias de la adolescencia, como etapa vital cuya constante son los cambios, en el último tramo de la escuela media y el inicio de la facultad, que son los espacios por los que más circulan los adolescentes en el sistema educativo.

En tanto adultos, las responsabilidades de los docentes son mayores que las de los alumnos pero, para asumirlas, tenemos que tener conciencia de ellas y una estructura personal para darles consistencia. Consideramos que ya el hecho de atender a estos interrogantes, darles un lugar en la tarea docente, nos permite generar ciertas condiciones de estabilidad necesarias para poder pensar y aprender.

El docente como protagonista

¿Cuál es el rol del docente en la educación de estos tiempos?

El docente es el eje del proceso educativo por su papel frente a los alumnos, es el pilar en el cual éstos recuestan su estructura en desarrollo, un espejo en el cual se miran como a una imagen que constituye el Ideal de su Yo en formación, la posibilidad de apuntalamiento de una metáfora paterna caída que marque un orden para una realidad que necesita de la ilusión de un porvenir mejor.

Si en los modelos tradicionales el docente ocupaba el lugar central del saber, ahora podemos pensarlo en el lugar de orientador, con un enorme valor como coordinador del grupo y de sus experiencias de aprendizaje interdisciplinario abierto a la comunidad. Es decir, no sólo enseña contenidos informativos sino formativos de la personalidad, para construir un proyecto de vida que incluya la inserción social con un lugar vocacional ocupacional.

Según Marina Mϋller en su libro Docentes orientadores: “Cada educador es un orientador, lo sepa o no, lo quiera o no. Y educadores iniciales son el padre y la madre, al transmitir la vida y fundar las bases de la personalidad en los primeros aprendizajes de sus hijos e hijas. Los adultos en su contacto con niños, adolescentes y jóvenes, les transmiten, cada cual a su manera, aspectos de la cultura, de la experiencia social, de las pautas y los principios de vida. Lo hacen aún sin saberlo, y cuánto más, cuando lo realizan en forma conciente, intencional, como docentes, durante la educación sistemática.”

La orientación como estrategia

Se trata entonces de volver más explícita y sistemática la función que cada docente desempeña como acompañante y facilitador del proceso de aprendizaje. Para ello nos proponemos una actividad reflexiva que nos permita revelar las ideas de las que partimos acerca de la educación, de lo humano, de la sociedad, de los valores, del aprendizaje. Este ejercicio es el que nos va a sostener en el lugar del orientador como punto de anclaje que sea a la vez propiciatorio. Tendremos que conectarnos con nuestra propia historia personal y vocacional, las motivaciones para ejercer la profesión, las fortalezas y debilidades, la evaluación y actualización de conocimientos, las problemáticas que afectan a nuestra tarea. Es necesario saber cuánto de nosotros mismos ponemos en el enseñar y el aprender, cuánto de nuestro entusiasmo, desalientos, deseos y temores.

La orientación como estrategia aprovecha para incorporar dinámicas y actividades de reflexión que atraviesan los contenidos específicos, los actualizan y vinculan con otras disciplinas y con la vida actual fuera de la escuela. Al fomentar tiempos y espacios para entrenar el pensamiento resulta una práctica renovadora de ideas, permite orientar los contenidos hacia el objetivo de promover actitudes tendientes a la profundización de la autoestima, a la confianza en el otro, a fortalecer la capacidad de expresar demandas y necesidades -saber decir lo que me pasa, lo que siento, lo que quiero-, elaborar propuestas, desarrollar proyectos, buscar información, y producir conclusiones.

Hacia una sociedad más humanizada

Creemos que la experiencia educativa de los adolescentes es una práctica que permite alguna intervención en la operación subjetivante. La escuela puede ser un ámbito propiciatorio para componer un decir que constituya una ligadura en la discordancia entre las tradiciones familiares y las nuevas formas de vida. Roland Barthes sostiene que “…no hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos; todas las clases, todos los grupos humanos, tienen sus relatos (…) y nadie puede combinar (producir) un relato, sin referirse a un sistema implícito de unidades y de reglas.”. La constitución del sujeto también está asociada a la capacidad de articular en un relato las imágenes y representaciones vinculadas a la trayectoria de vida. Consideramos que se puede encontrar un discurso con capacidades y potencialidades propias, sin caer en un lugar idealizado pero tampoco descalificado del “ser adolescente”, a partir de las preguntas: ¿Qué soy capaz de hacer? ¿Qué quiero ser? para, desde ahí, empezar a construir respuestas.

En tanto sostén en tiempos cambiantes los educadores podemos ubicarnos en un lugar propicio para reafirmar la tarea educativa como acompañamiento en un proceso de humanización que no cesa, de interrogación y reflexión desde los valores, desde lo que elegimos preservar y desarrollar, hacia la construcción de una experiencia de vida de mayor “humanidad”.

Referencias bibliográficas

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Barthes, R. (1970). Introducción al análisis estructural de los relatos. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo.

Barrionuevo, J. (2011). Adolescencia y Juventud. Consideraciones desde el Psicoanálisis. Buenos Aires: Eudeba.

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Wainsztein, S. y Millan, E. (2000). Adolescencia, una lectura psicoanalítica. Buenos aires: Editorial El megáfono.

Nota: Esta comunicación fue presentada por sus autoras en el ciclo de talleres (ver p. 32) de la Primer Edición del Congreso en Creatividad, Diseño y Comunicación para Profesores y Autoridades de Nivel Medio ‘Interfaces en Palermo’.

Abstract: How to think vocational decision in the current context?The rapid scientific and technological developments give the impression to society and youth subjectivity. Education no longer guarantees employment output and replaces any institution in that role. Adolescence is presented as the ideal state, with difficulty moving into adulthood and the responsibilities that entails. In many cases, only the teachers embody the difficult adultsupport role in these changing times. How to support us? That is only a reflexive position about our practice and the guidance as a strategy.

Keywords: society - adolescence - education - vocational guidance- teaching - reflection.

Resumo: ¿Como pensar uma decisão vocacional no contexto atual? Os acelerados avanços científicos e tecnológicos outorgam- lhe essa impronta à sociedade e à subjetividade dos jovens. A educação já não oferece garantias de saída de trabalho e nenhuma instituição substitui-a nessa função. A adolescencia apresenta-se como o estado ideal, com dificuldades para passar à adultez e às responsabilidades que implica. Em muitos casos só os educadores encarnamos o difícil papel do adulto-sustente nestes tempos cambiantes. ¿Como nos sustentar? Só com uma posição reflexiva respeito de nossa prática e com a orientação como estratégia.

Palavras chave: sociedade - adolescencia - educação - orientação vocacional - docência - reflexão.

(*) Natalia Laura Alonso: Licenciada en Psicología, UBA. Fundadora y Coordinadora General de la Red Nuevos Caminos. Docente de Psicología en nivel medio.

(*) Sandra Casado: Licenciada en Psicología, UBA. Profesora de Enseñanza Media y Superior en Psicología, UBA, 2009. Docente de “Salud Mental” en la Facultad de Medicina, UBA.

(*) Noelia López Lugones: Licenciada en Psicología. UBA. Profesora de Enseñanza Media y Superior en Psicología. UBA, 2009. Docente de “Didáctica especial y Práctica de la Enseñanza de la Psicología”, Facultad de Psicología, UBA.

(*) Andrea Sánchez: Andrea Sánchez es Licenciada en Psicología UBA. Fundadora y Coordinadora General de la Red Nuevos Caminos.


La elección vocacional en una sociedad cambiante. fue publicado de la página 104 a página108 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXII

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