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Los artistas, la cultura y los medios. Los actores, ¿Comunicadores forzosos de la realidad?

Zahalsky, Sonia

Escritos en la Facultad Nº92

Escritos en la Facultad Nº92

ISSN: 1669-2306

Reflexiones de estudiantes DC a partir de las entrevistas realizadas en el Ciclo Diálogos con Artistas, coordinado por los profesores Claudia Kricun y Dardo Dozo. Este ciclo de entrevistas abierto al público integra el Programa "Diseño y Comunicación

Año X, Vol. 92, Marzo 2014, Buenos Aires, Argentina | 72 páginas

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Introducción 

A lo largo de las 7 entrevistas que presencié del Ciclo de Diseño y Comunicación en las Artes del Espectáculo, organizada por los docentes Claudia Kricun y Dardo Dozo, sobrevino un tema en forma reiterada, del que se desprenden opiniones similares, o por lo menos prudentes. Me refiero al actual contenido de los medios de comunicación y la participación del entrevistado o no en los mismos. 
La mayoría de los invitados contestaron estar en contra de lo que se está viendo en televisión en estos tiempos, sin embargo reconocen la importancia que esa pantalla genera. Soledad Silveyra lo dejó bien en claro cuando dijo que un punto de rating en un programa de televisión equivale a toda una temporada teatral. Lo sabe, ahora, ¿se suma al juego o no? Las respuestas pueden ser de lo más variadas y todas aceptadas, pero se sabe que ese medio deja resto económico, tan necesario para todo actor y actriz que vive al día, con el futuro representado en un signo de pregunta. Valeria Bertuccelli contó casi amargamente como accedió a realizar un capítulo para la serie Mujeres Asesinas, “prestigiosa” a sus ojos. Hoy arrepentida, confiesa lo que le llevó superar ese guión y asume que sumó violencia innecesaria a la ya existente en la pantalla. 
¿Es esta violencia (verbal, física, de género, simbólica, etc.) la que se vive en la realidad y la televisión se dedica a reproducirla? ¿Es la televisión generadora de esa violencia que luego se refleja en actitudes y acciones en situaciones cotidianas? La violencia está instaurada en nuestros medios, y en lo que a ficción se refiere, son los actores y actrices los encargados de llevar adelante ese guión. Son ellos los comunicadores, quieran o no. 
En el presente ensayo se intenta vincular las relaciones públicas gestionando la comunicación, el contenido de los medios y los artistas, encargados de unir ambos polos. 
Para abordar este tema tendré en cuenta autores de mi disciplina como lo son Joan Costa y James Grunig, y autores que tratan el tema de la violencia como Michel Foucault y Walter Benjamin. 

Violencia 
La violencia existió desde que el hombre habita en la tierra, es más, es tan vieja como el mundo. Sin embargo, el concepto que encierra la palabra violencia, a mi entender, es cultural. Violencia puede ser una guerra para un país atacado por bombas y tanques. Esa violencia es justificada en el marco de una Guerra Santa. El asesinar un niño es violencia explícita en muchas culturas. Ese niño sacrificado a un Dios proveedor es adoración suprema. 
En uno de sus ensayos, en Crítica de la Violencia, Benjamin analiza que a la suprema manifestación de pura violencia del hombre se le da el nombre, a modo de justificativa de “violencia revolucionaria” (Benjamín, 1995). 
El arte, a lo largo de la historia, se encargó muchas veces de manifestar, de manera implícita o no, el contexto político socio cultural de la época. Tantas veces condenado, castigado, reprimido, exiliado. Sin embargo nunca dejó de ser. 
Existen muchos puntos de vista sobre este tema, ya que podemos ver que el arte, en todos sus géneros, funcionó y funciona muchas veces, como denunciante de una realidad que se trata de ocultar por parte de cierto sector de la sociedad. León Gieco y Mercedes Sosa entre otros tuvieron que exiliarse a causa de las letras de sus canciones, ya que eran no aptas para ser difundidas por los Servicios de Radiodifusión. Norma Aleandro y Héctor Alterio son ejemplos paralelos del mundo de las tablas. 
Por otra parte, el arte y los medios, o el arte a través de los medios, es utilizado para crear una realidad paralela a lo que está sucediendo en la sociedad, por lo menos disfrazarla o disimularla. Recuerdo las películas cómicas de mi infancia, realizadas en la época de la dictadura argentina, películas para no pensar. También recuerdo los ’80 y su glamur. Las novelas mostraban suntuosas mansiones, mujeres de peinados batidos subidas a zapatos altísimos desde temprano en la mañana hasta la hora de dormir. Hombres empresarios de traje y corbata con chofer. Una realidad verídica para muy pocas personas en esa Argentina. ¿El resto? sólo imitaba. Al dejar el trabajo de empleado en su comercio o empresa, se ponían los brillos y se batían el cabello. 
Para Michel Foucault, “existiendo el sujeto como producto de la historia, existe una reinterpretación al infinito y refundación en la historia de un nuevo sujeto. Es posible entonces, tratar de comprender la forma en que se instituye en cada momento histórico la relación de una sociedad con la violencia, cómo se fabrica un hombre violento o dócil o cómo el discurso sobre la violencia fabrica sujetos resistentes o sumisos y cómo su reinterpretación puede introducir nuevos acontecimientos que compelen a la violencia a presentar su nuevo rostro." (Foucault, 1989). Empezamos a distinguir una clara definición, diferente en cada década, de un modelo distinto de violencia manifiesto en los medios. 

Identidad y vínculos, suman y restan a la violencia 
En el ámbito de las Relaciones Públicas, Joan Costa define el concepto de identidad de manera sencilla: “es quién soy, mis valores, mi personalidad, mi esencia. Lo que me identifica y diferencia del resto. Los atributos que hacen que el público se identifique conmigo”. Esta identidad va a delimitar la forma de mi discurso. Es a través del discurso que mi público elabora una imagen de mi misma. 
Grunig y Hunt introducen el concepto de vínculo ya que creen que “público” es una noción que puede traer confusiones. Hablan de la vinculación de la organización con otros sistemas del entorno. Los autores utilizan este concepto para explicar que “las organizaciones (o las personas) están vinculadas con otros sistemas por medio de las consecuencias; ya sea cuando la organización tiene consecuencias sobre otro sistema, o cuando otro sistema tiene consecuencias sobre la organización” (Grunig, Hunt, (2000), p.229). 
Existen cuatro vínculos claves: 
1) Los posibilitadores, son los que “posibilitan” la existencia de la organización (gobierno, AFIP, DGI, etc.). Este vínculo lo tiene todo actor que están debidamente inscriptos ante la ley en las cámaras correspondientes al sector. 
2) Los vínculos funcionales son las organizaciones o públicos que proporcionan materia prima en todos sus formatos (o input), y al que se les entrega el producto (o output) (empleados, sindicatos, proveedores, consumidores, clientes, etc.). Este es el vinculo más importante para el actor, tiene relación con el empleador, es decir las productoras, y el vinculo con el público. También entra las cámaras sindicales. Los medios de comunicación entran en vínculos funcionales también. 
3) Los vínculos normativos se establecen con organizaciones que comparten los mismos valores y padecen los mismos inconvenientes, facilita el enfrentar conjuntamente problemas comunes (diferentes cámaras, asociaciones, colegios, etc.). Para el actor este vínculo corresponde a colegas y personal relacionado con el mundo del arte. 
4) Los vínculos difusos aparecen en momento de crisis (medios de comunicación, otros públicos, ecologistas, minorías, etc.). Los medios de comunicación en momentos inesperados son un vínculo difuso. Los paparazzis y bufet de abogados o todo vínculo con un público que surja de manera inesperada. Es conveniente al actor o actriz entender el grado de compromiso que tiene que tener con cada público y la conveniencia de mantener el vinculo lo más aceitado posible para que las relaciones con el mismo sean positivas. Esto puede sonar muy calculado, frío y premeditado, pero es la identidad de cada actor que pone los límites adecuados a cada vínculo para que la rueda siga girando. 
Teniendo en claro estos conceptos y transmitiendo correctamente una identidad deseada donde los principios y valores sean coherentes con principios éticos y morales, y donde se tenga en cuanta cada uno de los vínculos como semejantes, a través de mensajes estratégicos, el nivel de fragmentación decrece, y por ende el grado de violencia. Trabajando en forma sinérgica con los vínculos, se logra dar una imagen positiva, coherente y fuerte.

Voceros oficiales… y creíbles 
Los actores, quieran o no, transmiten mensajes dirigidos a la sociedad. Ellos se convierten en voceros de mensajes que la productora a través del guion quiere transmitir. 
En una de las entrevistas realizadas en el auditorio de la calle Mario Bravo 1050, Adrián Navarro lo dijo sin tapujos: “Si no estás en la tele, no trabajas en ningún lado”. Con esta frase pone de manifiesto el poder que tienen los medios de comunicación con los actores, poniéndolos en situación de dependencia inclusive. Sigue diciendo que “la prensa te pone en un lugar increíble, pero si no tenés con que sostenerte sos patético”. 
Esto le pasó a Martín Ruiz cuando entendió que la gente necesitaba odiar al corrupto abogado Billy Flynn en el musical Chicago. Dejó que el personaje se hiciera malo, “pero malo al extremo” según Ruiz. Aunque parafraseando casi las mismas palabras de Valeria Bertuccell , aclara que el personaje termina entrando en uno, y nunca se es igual después, siempre hay un antes y un después de cada personaje”. 
Luis Machín advierte que él no hace cualquier papel, se toma el tiempo de elegirlos. Pero no aclara qué clase de papel no interpretaría. Él mismo cuenta el trabajo que le costó para entrar en el circulo actoral. “Aunque sea un bolo, pero quería estar”. Es esto lo que le pasa a muchos artistas jóvenes, con ganas de empezar a trabajar en las grandes ligas de la tele, el cine y el teatro, y quedan a merced de la productora que los contrata, sin poder elegir, o no dándole la debida importancia, a la elección del papel, cautivados por la oferta y la oportunidad. Sin embargo no todos se “prenden” en esta ola que invade la pantalla. Nicolás Scarpino parece no ser congruente con una imagen violenta. Su rostro naif, se afianzó más con el contenido de las palabras que soltó en su entrevista. Su filosofía de vida es dejar huella en las personas que lo rodean, aquellos que lo pueden ver sobre un escenario o sobre las tablas. Con un pensamiento casi utópico, declaró su anhelo de cambiar el mundo. También tienen los pies sobre la tierra y reconoce que la televisión no ayuda para nada en esto, ya que está cargada de “malos mensajes”, según él. Con esto queda en claro que es el actor, según sus principios, el que elige hacer o no un papel. Y hacerse cargo de las consecuencias. Consecuencias tales como tener que esperar largamente el ring del teléfono en casa con una oferta laboral. 
Pablo Kompel parado desde el otro lado del mostrador confiesa que en sus espectáculos en el Paseo de la Plaza, busca calidad y coherencia, lo mismo que su público, pero le es necesaria “la figura de renombre” a modo de equilibrio. No que el actor mediático y conocido no tenga calidad, pero sí que está obligado a tener una mejor preparación y un mantenimiento que a otros no se le pide. 
En la cadena todos los eslabones están enganchados y necesitan del anterior y del posterior para que todo siga en marcha: los medios de los actores, estos del medio y de las productoras, las productoras de los actores. Cada agente en una danza interminable con el público, que en definitiva el que produce la rentabilidad de área. 
Según Aristóteles, […] “hay violencia siempre que la causa obliga a los seres a hacer lo que hacen es exterior a ellos, y no hay violencia desde el momento que la causa es interior y está en los seres mismos que obran”. (Aristóteles, 2004, pg.45). 

Conclusiones 
En tiempos transpostmodernos, como el nuestro, es indudable que la violencia es protagonista en todos los medios de comunicación, en todas las manifestaciones de arte, en la calle en situaciones cotidianas, ya que tirar una lata vacía desde un auto o colectivo, pude convertirse en un arma mortal, la falta de respeto, de conciencia social y ecológica también es considerada como violencia. Vemos claramente el discurso que pronuncian la educación, la ciencia, la economía, los medios de comunicación y la política, esta violencia manifiesta, no solo en el discurso, sino en la forma. El noticiero diario se convierte en una secuencia de imágenes nada envidiable a una película de terror prohibida para menores de 18 años. ¿Estas escenas reflejan el grado de violencia en la sociedad? Estaríamos frente a un formato denunciador. 
¿Puede ser que la sociedad se haya vuelto más violenta al interiorizar con tanta naturaleza las imágenes y los mensajes que salen de las revistas, las series y unipersonales, las películas, los programas de entretenimientos, los certámenes y los noticieros? Estaríamos frente a un modelo manipulador de la realidad. 
¿Será que la televisión muestra una realidad que en el afuera no es tal? Estaríamos frente a una televisión, como en los ’80, que intenta crear una realidad paralela. Queda en el tintero. ¿Cuál es la rentabilidad que obtienen las empresas productoras para reproducir semejante discursos en los medios de comunicación? Un análisis de los intereses intervinientes a través de un prisma psicológico, sociológico, y económico aclararían un poco más el panorama. 
Entramos en la más que conocida dialéctica, tan vieja y sabia que repetía mi abuela en el milenio pasado: la del huevo y la gallina. 
La identidad, los principios y valores no son cosa del siglo pasado, ni del milenio de mi abuela. Hoy están tan vigentes como antaño y su cuna sigue siendo el hogar. No dejo de lado la nueva conformación que está adquiriendo la familia, sin embargo esto no exime a nadie de enseñar respeto y de aprender a tenerlo. Los actores y actrices, más allá de ser transmisores de un guión que les fue dado como fuente de trabajo, son poseedores de esos valores. Queda en ellos darle la prioridad que se merecen. 
Por otro lado, nosotros, también poseedores de valores, de criterio y del libre albedrío que nos da el control remoto de la televisión, debemos entender que los actores son simplemente eso: profesionales que pueden interpretar los más diversos personajes, y de manera excelsa. 
Como expresa Bernando Nante, utilizando el pensamiento de Paul Ricoeur: “la violencia como una forma de mal está incrustada en el hombre, la violencia no puede empezar porque siempre está allí presente en cierta manera: es al mismo tiempo algo que elegimos y algo que heredamos”, aunque, agrega Nante y adhiero completamente, algo que podemos no elegir. (Nante, s/f, p.71).

Referencias bibliográficas 
Aristóteles, (2004). Magna moralia, Buenos Aires, Losada. 
Benjamín W. (1995). Para una crítica de la violencia. Buenos Aires. Leviatán. 
Castel, R. (2006). La inseguridad social, ¿Qué es estar protegido? Editorial Manantial. Buenos Aires. 
Foucault, M. (1989). El poder: Cuatro conferencias. México. Universidad Autónoma Metropolitana. 
Foucault, M. (1973). El orden del discurso, Fabulas Tus Quests Editores. España. 
http://gritemosalmundo.blogspot.com/2009/10/artistasexiliados.html 
 Nante, B. (s/f). Una aproximación simbólica del ‘no matarás’, en Palabra y Persona. Citado en: Olivera, E. Cuestiones del Arte Contemporáneo. 
Oliveras, E. Cuestiones del Arte Contemporáneo. 

(*) El ensayo sobre el espectáculo fue realizado en Diciembre 2011, en la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de Palermo.


Los artistas, la cultura y los medios. Los actores, ¿Comunicadores forzosos de la realidad? fue publicado de la página 54 a página56 en Escritos en la Facultad Nº92

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