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Un italiano que creyó en Argentina (Primer Premio)

Ferrari, Constanza

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 60, Junio 2014, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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Introducción

“Si hoy me proponen comenzar nuevamente con este emprendimiento lo pensaría mucho”, esas fueron las palabras del señor Ferrari Gelvino cuando se le preguntó sobre cómo, cuándo y por qué comenzó con el gran emprendimiento familiar Klaukol (adhesivo para cerámicos), hoy en día una empresa líder en el mercado. Gelvino Ferrari, de nacionalidad italiana, llegó a Argentina en abril del año 1966 con su esposa Renza, embarazada de su primer hijo. Comenzó a trabajar en la panadería de su suegro ayudando a producir y repartir los productos de la misma. Luego de dos años volvió a Italia con su esposa y su hijo Claudio donde empezó a trabajar en una fábrica de cerámica. Un día su esposa decidió volver a Argentina ya que extrañaba mucho a sus padres y hermanos, pero Gelvino no quería volver porque le gustaba la vida en Italia y el trabajo que tenía. Luego de charlas con su esposa discutiendo si volvían o no, Gelvino aceptó la propuesta de Renza, pero dijo que no iba a trabajar en la panadería, él quería volver con algo nuevo, con algo que en Argentina no estaba. Un día hablando con un primo, que trabajaba en una fábrica de cerámica en Italia llamada Litocol, le contó sobre su vuelta a Argentina y su idea de buscar algo nuevo. Renzo, el primo, le dijo que empezara a ir a contar su idea a las distintas fábricas de cerámica que había en la zona para ver si alguna podía llegar a tener algo. Después de días y días de ir a distintas fábricas planteando el objetivo que tenía, le ofrecieron adquirir la fórmula de adhesivos para cerámicos que todavía no se había implementado en otros países. Gelvino decidió comprarla poniendo en riesgo todo su capital dado que vendió todo lo que tenía para poder invertir en ella. En abril del año 1971 volvieron a Argentina, solamente con una valija y la fórmula en la mano, con muchas ilusiones y expectativas para poder desarrollar el adhesivo en el mercado argentino.  

Los comienzos de Klaukol

Al llegar a Argentina, Gelvino comenzó a concretar el emprendimiento con el que había soñado. Como primer paso comenzó por conseguir las materias primas para la fabricación del adhesivo: arena seca y de granulometría controlada, cemento Portland y la resina celulósica, indispensable para la fórmula. Luego de varias semanas pudo ubicar un proveedor de arena y de cemento. Encontrar el proveedor de la resina fue algo más difícil pero a través de un contacto pudo ubicar al fabricante e importador: la empresa alemana Hoescht. En poder de todos los ingredientes comenzó la fabricación. Todo empezó de una forma muy artesanal en el garage de su casa y con una simple mezcladora, una balanza y una pala. El segundo paso, fue dar a conocer las ventajas del producto a los potenciales usuarios: albañiles, arquitectos y colocadores de cerámicos, pues era algo desconocido y novedoso. Así fue recorriendo obras en construcción haciendo demostraciones y explicando las virtudes y las ventajas del adhesivo que bautizó con el nombre de Klaukol. Este fue un período de mucho esfuerzo, sacrificio y decepción al principio; pero de a poco a medida que el producto se conocía, el esfuerzo de Gelvino fue dando sus resultados. Comenzaron los pedidos, en forma gradual pero creciente. Cuando vio que Klaukol era aceptado y valorado por sus ventajas sobre el método tradicional de colocación de cerámicos, decidió asociarse con su cuñado Gianni, que era químico, para la parte de desarrollo, y con un amigo de toda la vida, Hugo, con gran experiencia en comercialización y ventas. Entre los tres aportaron el capital para alquilar un galpón y comprar una mezcladora industrial y envasadoras para el llenado automático de las bolsas de adhesivo.

Al mismo tiempo se fue formando un equipo de vendedores para cubrir los requerimientos crecientes en todo el país. Este fue un momento de gran desarrollo de la construcción en el país, lo que decidió a los socios a dar el gran salto: la expansión de la planta productora de Klaukol para satisfacer la creciente demanda. Es así que se decide comprar un predio de 10 hectáreas en González Catán, construir allí un galpón de 800 m2 y montar una planta para la fabricación de Klaukol en gran escala. Al mismo tiempo la empresa iba creciendo en recursos humanos, vendedores, administrativos, promotores, etc. La familia Klaukol crecía aceleradamente. Klaukol era una gran familia, por el trato que los socios y en especial Gelvino dispensaban a todos y cada uno de sus empleados. La empresa se fue profesionalizando, con gerencia de ventas, gerente administrativo, equipos de desarrollo de nuevos producto, equipos de promoción, y fue adoptando una política comunicacional con sus clientes, a través de reuniones de camaradería, conocimiento y adiestramiento en el uso de sus nuevos productos y a través de campañas de publicidad televisiva. Así Klaukol se transformó en la empresa líder en la fabricación de adhesivos para la colocación de cerámicos. Con el pasar de los meses, la empresa fue creciendo y adquiriendo un gran reconocimiento en todos los negocios del ramo de la construcción y estableciendo la marca Klaukol como un genérico del adhesivo para colocación de cerámicos. La empresa se consolidó comercialmente llegando a tener el 80% del mercado, con una fuerza de venta propia de 16 vendedores que cubrían la totalidad del territorio. En el año 94 se incorporó a la empresa cerámicos provenientes de Brasil y de Italia. Este fue el paso principal para comenzar un nuevo emprendimiento: la construcción de una planta de revestimientos y pisos cerámicos ubicada en la localidad de Puerto Madryn. Al frente de este negocio, en la parte administrativa se encontraba el hijo mayor de Gelvino, Claudio, quien decidió cambiar de vida apostando en este nuevo emprendimiento. Claudio vivió un año en Puerto Madryn yendo y viniendo los fines de semana para ver a su esposa Marcela y a su hija mayor, Constanza. Claudio se hospedaba durante la semana en un hotel cercano a la ruta que conducía a la fábrica de cerámicas. En el año 96 Claudio y Marcela tomaron la decisión de mudarse con su hija de a penas tres años, a la pequeña ciudad en busca de una nueva vida, y apostando al emprendimiento familiar. La idea de este nuevo emprendimiento, apostando a la ciudad de Puerto Madryn, estaba enfocada a la producción y venta de los productos elaborados en la nueva fábrica junto al resto de productos que se llevaban a cabo en las plantas de Buenos Aires, haciendo así que la empresa Klaukol creciera cada vez más y se extendiera en otros mercados, como ser en pisos cerámicos. 

En 1998 se produjo un efecto de compras de empresas nacionales por parte de grupos extranjeros como por ejemplo Fargo, Fredo, Blaistein, Master Card, Havanna, entre otras. Klaukol también fue de interés para estos grupos. Hubo muchos interesados, pero internamente a Gelvino Ferrari le costaba entender y decidir la venta de algo que había nacido de su propio sacrificio y esfuerzo. El primer grupo interesado fue uno suizo, Weber y Brutein, los cuales al no poder cerrar un acuerdo de compra con Klaukol, deciden comprar una segunda marca nacional como lo era Pegamax. Luego de este grupo llegó otra empresa interesada, era la cementara nacional Loma Negra, la cual en ese momento estaba encabezada por la Señora Amalita de Fortabat. Después de días de intentar acordar con esta firma la negociación fue negativa. Al tiempo de haber intentado negociar con Loma Negra llegó un grupo francés llamado Laffarge, el cual estaba muy interesado en la compra de Klaukol. La negociación para la compra de la empresa comenzó en el mes de septiembre de 1998. Pasaron exactamente siete meses desde la primer negociación a la última cerrando la venta y el traspaso en mayo de 1999. Debido a la gran cantidad de negociaciones que se producían entre Klaukol y la empresa francesa, es que Gelvino le pide a su hijo mayor, Claudio, que estaba viviendo en Puerto Madryn, que regresara y se hiciera cargo de la negociación representando a su padre y su tío, cuñado de Gelvino, los cuales tenían la parte minoritaria de la empresa. Claudio Ferrari al observar en la negociación una imparcialidad marcada por parte del abogado de la firma, es que incorpora a un abogado de su confianza. Esos meses no fueron nada fáciles ya que por un lado había que negociar con el grupo comprador, pero a su vez una dura interna societaria porque el socio mayoritario, llamado Hugo, pretendía tener ciertos privilegios y hasta intentó extorsionar económicamente a sus dos socios, Gelvino y Gianni. Luego de muchos días de maratónicas reuniones con el grupo comprador y entre las partes societarias, se llegó a concretar la venta. Gelvino quedó muy dolido con la postura de su socio Hugo, con quien durante todos los años de la empresa nunca había tenido diferencias, siempre se llevó adelante en forma normal, y al final cuando se negociaba la venta fue cuando apeló a su mayoría para una maniobra extorsiva y de muy mala actitud. Con todo esto Gelvino se sintió decepcionado y traicionado por parte de Hugo ya que era su amigo. Se podría decir que el sacrificio de Gelvino se vio recompensado con la venta acertada en una época todavía buena para Argentina, ya que años más tarde con la crisis del 2001 hubiera sido muy difícil llevar adelante la empresa. Hoy en día con 80 años recién cumplidos, Gelvino sigue disfrutando de su familia, sintiéndose contento por todo lo que logró en su vida, más allá de una empresa que llegó a ser una de las más conocidas del país en ese rubro y de aquel hermoso recuerdo de trabajo y sacrificio que fue su querida Klaukol.   

Conclusión

Gelvino fue un gran trabajador, padre y un especial abuelo. Su vida fue muy dura y siempre dio todo para poder llevar adelante a su familia. Klaukol fue su gran creación, ya que trabajó mucho para poder levantar esta empresa. Hoy en día él goza de una excelente salud y una vida llena de amor y felicidad junto a sus dos hijos, su esposa y cinco nietos. Recuerda a su querida empresa con muchos sentimientos, tanto positivos como negativos. Siente orgullo por lo que hizo junto a sus seres queridos, pero también mucha decepción por parte de su ex socio por intentar dejarlo sin nada. Su sacrificio dio frutos, y cuando se habla de Klaukol se recuerda como una gran empresa de adhesivo para cerámicos. No solamente fue un gran empresario sino también buena persona con los operarios de la fábrica. Hoy en día sigue teniendo contacto con ellos, con mucho cariño y agradecimiento por todas las cosas que hicieron por la empresa y por él. Como conclusión final se puede decir que esta historia no solamente aportó conocimientos sobre la vida de un gran abuelo, sino que también removió muchos momentos y anécdotas vividas en las décadas del 80 y 90. Recordando a aquella Klaukol como un lugar de trabajo y sacrificio. 


Un italiano que creyó en Argentina (Primer Premio) fue publicado de la página 110 a página111 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

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