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Melissa (Primer Premio)

Obeid, Julián

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 60, Junio 2014, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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Introducción

El siguiente relato consiste en la narración de una historia familiar. En este caso, a continuación, escribiré sobre una relación a distancia que tuve a los 13 años, entre los años 2008 y 2009. Los hechos de este relato son reales, así como sus personajes y lugares.  

A trescientos kilómetros de distancia

La historia que voy a relatar ocurrió en el 2008, poco antes de empezar el primer año de la secundaria. Yo era bastante tímido, en especial con gente del sexo opuesto. En ese momento, me había hecho un nuevo amigo en el colegio, que se llamaba Ignacio. Él era de mi colegio, pero del otro curso, y nos conocimos porque en primer año mezclan los dos cursos de séptimo grado. Nos hicimos muy amigos y empezamos a hacer videos graciosos, que les pasábamos a nuestros amigos. Mucha gente cercana empezó a verlos, y él se los empezó a mostrar a unas chicas que vivían en Lincoln. Ignacio las conocía porque sus primos vivían allá. Yo empecé a chatear con sus amigas, entre las cuales se encontraba la protagonista de esta historia: Melissa. Melissa era una chica muy linda, de pelo largo y castaño, y ojos claros. Sus ojos eran lo que más me gustaba de ella. Su piel era algo pálida, rasgo que por alguna razón también siempre me gustó. Era de mi altura, o así parecía en las fotos. Yo, por otro lado, era alto, de pelo negro y largo, y ojos marrón oscuro, con un flequillo que solía taparme apenas el ojo izquierdo. Un detalle que no está de más decir es que en ese momento tenía baja autoestima, y por lo tanto poca confianza en mí mismo. Es por eso que era muy raro hablar con alguien así. Estaba seguro de que una persona como ella estaba fuera de mi alcance. Relacionándome con chicas, mi timidez siempre fue un obstáculo, pero el chat facilitaba mucho las cosas. Con cada día que pasaba, hablábamos más y más, y nos pasamos nuestros celulares. Entonces nos empezamos a mandar mensajes de texto, incluso durante clases, a escondidas.

Dialogábamos mucho, y por todos los medios que podíamos. Toda charla aumentaba mi deseo de verla, de conocerla. Todo era muy inocente, tanto así que hablar de abrazarnos ya era alocado. Era raro extrañar a alguien que nunca había visto. Pero más raro aún era el hecho de que ninguno había escuchado la voz del otro. Un día, decidimos llamarnos por teléfono. Me encerré en mi cuarto por vergüenza a que mis padres se dieran cuenta de que estaba hablando por teléfono con una chica, ya que todavía no se las había mencionado. Marqué su número, un número largo, y me atendió su mamá y me pasó con ella. A este punto estaba rojo de la vergüenza, y fue ahí cuando escuché su voz por primera vez. No hablamos mucho, no recuerdo bien por qué. No fueron más de cinco o diez minutos. El sonido de su voz me terminó de convencer de cuánto me gustaba ella. Su voz era suave, sonaba algo nerviosa, y no la culpo porque yo también lo estaba. Suena estúpido decirlo ahora pero tenía miedo de que no le gustara mi voz, y por ende, no le gustara yo. Pero después de esa primera vez, las llamadas se normalizaron, y se convirtieron en una costumbre, casi diaria. Chateábamos hasta tarde y después nos llamábamos por teléfono, hablábamos horas, dormíamos poco, y después íbamos al colegio. Incluso a la mañana nos mandábamos mensajes, diciendo “buen día”, o qué tan aburridos y dormidos estábamos en clase. A los ojos inocentes de dos adolescentes de 13 años, había comenzado una relación a distancia. 

  Lejos y de novios

Unos meses de charlas vía Internet se requirieron para hacer realidad algo impensado, algo que visto desde mi perspectiva hoy en día a mis 18 años de edad, era tierno pero incoherente. Me puse de novio con Melissa ese mismo año, 2008, y fue a través del chat del Messenger. Mis padres y amigos lo sabían, y nadie, lógicamente, pensaba que era normal lo que yo estaba viviendo. No todos los días un chico de 14 años tiene una relación a distancia, sin siquiera haberla visto antes en persona. En esos momentos, las ansias de verla crecían más, y a pesar de estar tan lejos, el hablar todos los días hacía que no se sintiera. De todas maneras, la sensación de tener a alguien, estar con alguien, pero que nunca este ahí, era rara. Veía a mis amigos salir a bailar y estar con chicas, y los envidiaba, porque la chica que a mi me gustaba estaba lejos de casa. La extrañaba como si alguna vez la hubiese visto. Dadas las circunstancias de la relación, varias complicaciones empezaron a surgir, y no poder vernos comenzó a ser un problema. Muchos meses, intercalados con peleas y discusiones, tuvieron que pasar para recibir finalmente una buena noticia.   

Cara a cara

Para este punto de la historia, pensaba que nunca conocería a Melissa en persona. O tal vez me costaba imaginarlo. Diciembre llegó, y con él, los planes para las vacaciones de enero. Con Melissa habíamos pensado en vernos en Mar Del Plata, ella veraneaba ahí, y mis tíos tenían un departamento allá. Pero al final no fue, y me dijo que era probable que fuera unos días a Pinamar, donde iba a pasar yo el verano del 2009. El único obstáculo antes de ver a Melissa eran todas las materias que yo tenía que rendir en diciembre. Eran nueve materias, sólo matemática estaba entera, y había poco tiempo. Si no las aprobaba, me iba a tener que quedar estudiando en enero para rendir las materias en febrero. O así me habían dicho, como amenaza. Aprobé todos los exámenes, sí, los nueve, y así pude irme de vacaciones. Melissa se quedaba pocos días en la costa pinamarense, y después se iba a Mar de las Pampas. El día que llegó, no la pude ver hasta la noche. Nos llamamos apenas llegó, me contó que estaba cerca de la playa Terrazas al mar, y que su hotel quedaba cerca del centro. Durante horas me mataba el pensamiento que ella ya estaba cerca de mí, y sentía que perdía tiempo no viéndola. Acordamos vernos a la noche. Fui hasta su hotel con mi madre y mi madrina, que estaba pasando las vacaciones con nosotros. Ella iba a estar esperando en el lobby. Estaba muy, muy nervioso, y con bastante vergüenza. No sé qué parte de entrar con tu madre a un hotel a conocer a una chica es canchera. Pero bueno, miro atrás de nuevo y teníamos sólo 14 años. Entonces entré, y ahí estaba, sentada en un sillón, sola, esperando. Mi cara debe haber sido un tomate en ese momento, tenía ganas de decirles a mi madre y madrina que se fueran, pero ya era tarde. Caminé y enfrenté la situación así. Nos saludamos con un beso en la mejilla, bueno, como cualquiera acostumbra. Pero saludarla a ella era otra cosa, porque era la primera vez. Así como era la primera vez que escuchaba su voz, no a menos de 300 kilómetros de distancia, sino a menos de un metro. La llevamos a casa, con el permiso de su madre. En el auto, íbamos de la mano, tratando de que no vieran mi madrina y mi madre desde el asiento de adelante. A Melissa la llamaron sus amigas, para saber si ya me había visto, y cuando dijo que sí, escuché desde el teléfono a todas sus amigas gritando emocionadas. Llegamos a casa y cenamos con mi familia. Yo era bastante vergonzoso con el tema de traer a una chica a cenar, es más, nunca antes lo había hecho. Pero no me quedaba otra opción, así que me aguanté. Cuando terminamos de cenar, subimos a mi cuarto, a estar un rato solos. Pusimos música, el disco que tenía nuestra canción, 2000 Light Years Away, y nos dimos nuestro primer beso. 

  Mar de las Pampas

Unos días después, no recuerdo bien cuántos pero sé que fueron pocos, Melissa se fue a Mar de las Pampas con su familia. Yo estaba triste, porque sabía que no la iba a ver más, al menos por varios meses. Después de que se fue, hablábamos por mensajes de texto, no mucho, porque ella estaba todo el día en la playa. Yo no era así, no me daban ganas de ir, y por eso, el tiempo en el que estaba solo, pasaba aún más lento. Una tarde recibí un llamado a casa, y resulta que era Melissa. Me dijo que su madre le había propuesto invitarme a pasar unos días con ellos. Era una locura pensar que me iba a quedar a dormir en lo de una chica. Ya todo era tan loco que la idea no parecía tan rara. Estaba convencido de que no me iban a dejar ir, pero para mi sorpresa, me dejaron. Me llevaron en auto hasta allá, y debo admitir que estaba bastante nervioso por el hecho de convivir cuatro días con su familia. Luego de un corto viaje, llegamos. Me recibió Cintia, la madre de Melissa, y caminamos a la cabaña donde se estaban alojando, saludé a su abuela, sus hermanos, y me dijeron que la vaya a despertar. Entré a su cuarto, me senté al lado de ella, y la desperté acariciándole el pelo. La vi feliz y dormida. No pude evitar sonreír. Se fue a bañar, y yo bajé a armar la mesa con el resto de su familia. Había que hacer buena letra. Mi miedo más grande era no caerle bien a todos, porque sino, iba a estar encerrado varios días entre gente que no me soportaba. Mi torpeza al relacionarme con la gente era una gran desventaja, sumada a mi enorme vergüenza por estar completamente solo entre extraños (por supuesto, excepto Melissa). Esos días fuimos a la playa, al centro a caminar y pasear. A todo esto, llamaba a mis padres al menos dos veces por día para contarles que, básicamente, seguía vivo. Los días pasaron rápido, demasiado rápido para mi gusto. Sabía que iban a volar, pero sentía que había llegado, pestañeado, y ya me tenía que ir. Me pasaron a buscar mis padres, y propusieron llevar a Melissa a cenar a Pinamar, y después traerla a Mar de las Pampas de nuevo. Intenté disfrutar la cena lo más que pude, y no quería soltar su mano, escondida bajo el mantel de la mesa. Después de cenar, llegó la hora de que se fuera, y nos subimos al auto. Estaba muy callado en el auto. Sentía un nudo en la garganta, y no quería que mi voz lo demuestre al hablar. Ella se dio cuenta de que no estaba bien, preguntó, pero le negué que me pasara algo. Sostuve su mano todo el viaje, tratando de memorizarla, porque sabía que después iba a querer recordar cada segundo. Llegamos y la acompañé hasta la cabaña, donde la despedí con un abrazo. Volví al auto, con los ojos llorosos, intentando disimular.

  Hasta luego

Luego de nuestra despedida en Mar de las Pampas, la relación que tenía con Melissa comenzó a deteriorarse. El estar lejos no hacía fácil las cosas básicas de un noviazgo, como verse o hablar. Empezamos a discutir, al punto de tomar la decisión de cortar con la relación porque no nos hacía bien. Dolió mucho, pero era lo mejor para los dos. Después de eso, la extrañé mucho. Era difícil olvidarme de ella después de todas las cosas que habíamos vivido juntos. Después de cinco años sigue siendo alguien muy importante para mí, y a pesar de haber cortado, de vez en cuando hablamos. Cuando empecé a escribir esta historia, le hablé para recordar juntos detalles de todo lo que pasó, y se sintió halagada al enterarse de que decidí escribir esta historia. Acordamos cenar juntos para hablar sobre el tema y ampliar capítulos que estaban borrosos después de tantos años. Fue raro volvernos a encontrar, y admito que fui algo nervioso a verla. Al vernos y hablar, nos dimos cuenta de cuánto habíamos cambiado: nuestras voces, nuestro aspecto físico, su pelo castaño ahora rubio, mi pelo negro con un mechón de flequillo rojo. Ella, sin aparatos, yo ahora con anteojos. Nuestras formas de ser y pensar también habían cambiado. A pesar de todo, fue como encontrarme con una vieja amiga. Pasamos juntos una larga noche, recordando, riendo, cantando esas canciones que alguna vez fueron nuestras. Horas más tarde nos despedimos. Pero ésta vez no fue una despedida amarga. Esta vez, teníamos la certeza de que nos volveríamos a ver.  

Conclusión

Este trabajo me hizo dejar por escrito una historia personal, y me ayudó a estructurar la historia en capítulos, momentos de tensión y núcleos. Disfruté de escribirlo y me pareció un trabajo interesante. 


Melissa (Primer Premio) fue publicado de la página 136 a página138 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº60

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