Estudiantes Internacionales Estudiantes Internacionales en la Universidad de Palermo Reuniones informativas MyUP
Universidad de Palermo - Buenos Aires, Argentina

Facultad de Diseño y Comunicación Inscripción Solicitud de información

  1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII >
  4. El rigor en la creación

El rigor en la creación

Stiegwardt, Tomás [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 12, Agosto 2009, Buenos Aires, Argentina. | 203 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

Uno de los grandes desafíos en cualquier proceso de enseñanza y especialmente en las disciplinas creativas es como enseñar sin limitar, mostrar sin apabullar y guiar sin encasillar. 

La recreación de espacios y situaciones ficcionales, son el molde que los estudiantes replicarán en su actividad profesional. Cuanto más acertadas, realistas y comprometidas con el proyecto personal sean las estrategias, los procesos y las evaluaciones, mayor será la probabilidad de éxito en el competitivo ámbito laboral. 

Existen sin embargo algunos mitos acerca de la creatividad que son cuanto menos, peligrosos. El más común y difundido es que a lo creativo se llega sencillamente por una oleada de inspiración. Algo así como por intervención divina. Esta visión es por otro lado muy fomentada desde algunos medios y desde muchas de las personas que se dedican a actividades creativas. 

Hay en el mundo del arte y la creación cierta mirada desdeñosa sobre conceptos tales como rigor, método, planificación, paciencia y reflexión. En el mundo audiovisual sucede a menudo que muchos jóvenes –y no tanto– dan sus primeros pasos en el amplio mundo de las expresiones creativas en alas de un ferviente deseo de mostrarse, de dar a conocer “sus” ideas. Sucede que luego de un tiempo descubren, no sin cierta tristeza no explicitada, que “sus” ideas tienen quizás 60 o 70 años de antigüedad y que han sido usadas en el cine tal vez desde sus orígenes. 

En el caso de la plástica se da de la misma manera, solo que las “ideas propias” resulta que ya las habían llevado a cabo pueblos de la antigüedad, que el “simbolismo” era corriente en el antiguo Egipto, la planimetría común en los diseños de la cultura moche y que las caricaturas eran el pasatiempo del gran Leonardo Da Vinci en pleno renacimiento en el siglo XV. Como decía un viejo profesor en la Escuela de Bellas Artes: “Vos pebete, te pensás que estás de vuelta, y no fuiste a ningún lado…” 

Estas consideraciones tienen por objeto retomar un enfoque que permita a los estudiantes de cualquier disciplina artística o que esté relacionada con la creatividad pararse frente a su especialidad con los ojos bien abiertos y la mente despierta. No hay nada ni nadie que se resista a la disciplina y a la creatividad real. Es como un disparo. Es fuerte. Sanamente violento. Subyugante y enternecedor 

En todos los órdenes de la creación y en todas las disciplinas ocurre algo similar. Vasari (biógrafo de Leonardo Da Vinci) escribe que en la entrada del taller del gran maestro había un cartel que rezaba “que no entre aquí quien no sea matemático”. ¡Curiosas palabras para quien quisiera estudiar arte! 

Y sin embargo la belleza y armonía de la obras de Leonardo o de Miguel Ángel no eran menos espontáneas por estar estudiadas al detalle según la divina proporción de la sección áurea (1,61803… relación matemática de la armonía, véase serie de Fibonacci). 

Si Mozart fue genio, talento y frescura también fue uno de los grandes estudiosos de la música. Nació sin duda con una capacidad prodigiosa, pero la desarrolló con un durísimo y riguroso entrenamiento. Johann Sebastián Bach era descendiente de un largo linaje de músicos y de ellos heredó el cúmulo de conocimiento, iniciativa y genio para crear sus piezas maravillosas. 

Y en tiempos actuales por ejemplo, Ritchie Blackmoore, el mítico guitarrista de Deep Purple (banda de rock de los años ’70) y considerado uno de los padres del heavy metal estudió música clásica en el conservatorio y en sus fraseos se percibe la influencia de Mozart y Bach. Steven Spielberg, tiene entre otras muchas virtudes, la de saber mirar el pasado, y sí reinventó el lenguaje cinematográfico ha sido porque conocía muy bien los códigos del cine clásico. Junto a George Lucas crea Indiana Jones que fue un homenaje a las series televisivas de los años ’30. 

Y los famosos y metálicos C3PO y R2D2 (Citripio y Arturito en nuestra traducción vernácula) fueron el homenaje de George Lucas al Gordo y el Flaco (Laurel y Hardy, serie cómica de los años ’20 y ’30) 

El cine nace del cine, el arte del arte. No hay creación verdadera sin la adecuada base histórica, técnica y ética. Aquí me detengo un instante pues acabo de introducir otro concepto que suele estar desvinculado –y por lo tanto desarticulado– en el mundo artístico: La ética. Entendida ésta como seriedad interna. La ética como el respeto a lo ajeno, a las ideas, los proyectos y a los logros y descubrimientos propios y ajenos. 

Godard, creador y referente de la “nouvelle vague” (movimiento francés que pretendía liberar al cine de sus ataduras industriales y que introdujo una aire fresco en las pantallas) decía que un “travelling” (en cine: movimiento de la cámara sobre un carro) era una decisión moral… Todo movimiento de cámara deben tener un motivo, fiel a su relato y concordante con su premisa. Las premisas éticas deben ser para el estudiante de cualquier especialidad o género artístico una guía tan poderosa como una brújula para un marino. Es entonces vital que en los espacios educativos se incentive y muestre el entorno cultural y social en el que están o estarán inmersos en el futuro. Son las raíces que sostendrán el árbol de la propia obra. No solo nos aferran a la tierra y a su realidad sino que nos nutren desde abajo, desde el pasado. 

Una vez un estudiante que recién comenzaba, refiriéndose a un proyecto suyo dijo algo así como “en mi cine…”. Sabiamente, y no sin ironía el profesor interrumpió con una pregunta: “¿vos tenés un cine?” Todo lo que queramos aportar desde nuestra impronta creativa será verdadero solo si se enlaza con el pasado de una manera orgánica. 

Algunos tienen miedo al rigor que esto supone y creen que “les cortan las alas”, pero la verdad es que si no hay una retroalimentación madura con lo existente, nuestras alas se pueden quemar como las alas de Ícaro que por ser de cera se quemaron al sol. 

Picasso, el gran pintor y genio, rompió todas las reglas del mundo de la plástica. Inició un viaje que hasta hoy nos tiene como pasajeros. A los dieciséis años, Picasso ya pintaba como un maestro clásico, y pintaba 10 horas por días… luego, lleno del fuego de la creación, decidió romper las estructuras, las cuales conocía tan bien por haberles dedicado sus mejores años de estudio. 

El ejercicio de la creación requiere ante todo honestidad. Y no hay honestidad posible en la ignorancia. Es necesario –y prudente– conocer a fondo el medio en el que uno desea insertarse. El músico deberá saber quien es quien en su particular disciplina lo mismo que el pintor o el actor, igual que el cineasta o videasta, no vaya a ser que se encuentre un día inventando la pólvora. 

Cuentan sus compañeros que Michael Jordan, el famosísimo y multimillonario basquetbolista norteamericano, en su mayor época de esplendor, cuando ya era “el hombre que vuela “era el primero en llegar al entrenamiento, y el último en irse. 

El rigor entonces es, contrario a lo que se cree, un elemento fundacional para un proceso creativo. Se trata de la práctica constante, la lectura, la observación y el debate. Son los fundamentos para formar un criterio. Luego de un tiempo, de práctica, cuando se ha pasado años de duro entrenamiento es que “las jugadas salen solas”, y contrariamente a los pareciera, los músculos mentales se hacen más ágiles, más flexibles. 

Lo que al principio parecía forzado y sacrificado resulta luego en una acción fluida y con gracia. Esa fluidez que da la práctica constante y la mirada amplia sobre el espectro de posibilidades de elección. Así, la balanza se inclina siempre para el lado del que se sacrifica.

Vocabulario relacionado al artículo:

creación . enseñanza .

El rigor en la creación fue publicado de la página 102 a página103 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXII

ver detalle e índice del libro