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¡Bienvenido conflicto!. El conflicto sociocognitivo como camino para el aprendizaje significativo

Sarcinella, Ariana Vanesa [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXXVII

ISSN: 1668-1673

XXIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación

Año XVII, Vol. 27, Febrero 2016, Buenos Aires, Argentina | 192 páginas

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Resumen:

En la actualidad el ámbito educativo promueve un modelo constructivista de enseñanza para que los alumnos desarrollen un aprendizaje significativo. Sin embargo, en el accionar docente se perciben contradicciones a este respecto, presentando características del modelo tradicional. Por consiguiente, resulta valioso reflexionar sobre las estrategias de enseñanza adoptadas por los docentes para promover un óptimo desarrollo del conocimiento.

Palabras clave: aprendizaje significativo - conflicto - rol docente - estrategias de enseñanza - modelo de enseñanza.

“El objetivo principal de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, y no simplemente repetir lo que otras generaciones hicieron”. (Piaget, 1972).

Desarrollo En busca del conocimiento el ámbito educativo parece oscilar entre dos polos antagónicos, por un lado se encuentra el modelo tradicional de enseñanza y, por el otro, el modelo constructivista. En el primero se desarrolla una pedagogía de la impronta, al percibirse la mente del alumno como un receptáculo que incorpora todo lo que el profesor enseña. En este caso, a partir de la explicación, el docente busca lograr un aprendizaje basado en una transmisión emisor-receptor. En el segundo se considera al aprendizaje como una construcción que transita por varias etapas de aproximación al objeto de estudio, donde el error es el punto de partida, es decir, que el conflicto cognitivo es el motor del conocimiento que genera el aprendizaje a partir de saberes previos. El conocimiento se construye a partir de un feedback entre docente y alumno, siendo este último el protagonista de la escena áulica.

Claramente, ambos modelos poseen concepciones drásticamente diferentes respecto al alumno, el docente y los procesos para concebir el aprendizaje. De acuerdo a la dirección que seleccione cada docente, éste orientará sus estrategias de enseñanza para que los alumnos desarrollen el aprendizaje.

Actualmente en todos los niveles de enseñanza se percibe en el accionar docente una multiplicidad de rasgos propios de la escuela tradicional. Por consiguiente, al basarse en la transmisión de información, el conflicto es percibido como algo negativo dentro del aula, al ser asimilado al caos o al desorden, aquello que debe evitarse para mantener el orden y lograr la transferencia de contenido. De esta manera, algunos docentes adoptan diversas estrategias de enseñanza que tienen como objetivo primordial proponer actividades que carezcan de obstáculos para el alumno y que puedan ser resueltos sin dificultades. Así, lograr los objetivos de la asignatura implicaría que los alumnos retengan los principales conceptos para su posterior reproducción en el momento de la evaluación. Sin embargo, aunque así fuera, se trata de un éxito ficticio ya que no se hace efectivo un aprendizaje realmente significativo. Lo que sucede en estos casos es que los alumnos transcurren cada etapa del proceso educativo sin realizar cambios en sus esquemas mentales, dando como resultado un aprendizaje memorístico, que no perdura en el tiempo. En este escenario, el alumno permanece en un lugar de comodidad, sin ningún desafío intelectual, anclado en un mismo andamiaje sin poder superar sus propios límites.

Por su parte, Piaget (1972) plantea que los sujetos aprenden cuando resuelven un conflicto sociocognitivo, es decir que, a partir de la ruptura cognitiva, se supera un esquema mental por otro. Ante esto, el autor sugiere procesos internos que el estudiante desarrolla: la asimilación, que es el modo en que enfrenta un conflicto; la organización, que, de acuerdo a los desajustes, busca organizar el esquema existente; la acomodación, que consiste en una modificación en la organización en respuesta a la demanda del conflicto, y la adaptación, como nuevo esquema mental, construcción del aprendizaje.

(Piaget, 1972).

Ante lo expresado por el autor, se denota con claridad la complejidad interna de este proceso y la pertinencia de orientar las acciones docentes a fin de incorporar el planteo del conflicto intelectual como estrategia de enseñanza.

Si hay conflicto, el aprendizaje es posible ya que promueve un cambio en el esquema mental de los alumnos dando lugar al aprendizaje. Éste será significativo en la medida que el estudiante construya el conocimiento a partir de lo que previamente sabe.

Es aquí donde radica la importancia de promover un aprendizaje significativo, perdurable en el tiempo, que permita el crecimiento intelectual de los estudiantes.

Por tal motivo, toda estrategia de enseñanza debe estar abocada a generar preguntas en el estudiante, aquéllas que surjan para dar respuesta a lo que no se comprende y que el esquema actual no puede resolver.

Sobre esta idea Bain realiza una definición interesante:

Las preguntas desempeñan un papel esencial en el proceso de aprendizaje y en la modificación de los modelos mentales. Las preguntas nos ayudan a construir conocimiento. Apuntan a los huecos de nuestra estructura y son críticas para indexar la información que retenemos cuando desarrollamos una respuesta a esa pregunta. (…) Cuantas más preguntas hacemos de más maneras podemos indexar un pensamiento en la memoria. (Bain, 2007, p. 42).

Tal como lo desarrolla Bain, la pregunta cumple un rol fundamental en el proceso de aprendizaje ya que en la búsqueda de respuestas se genera el conocimiento. Éste debería ser el principal objetivo que guíe las estrategias de enseñanza docente.

La pregunta es el conflicto sociocognitivo que surge a partir de un desequilibrio en el esquema mental y que da lugar al aprendizaje significativo. Los interrogantes surgirán si se despierta el interés en los estudiantes; esto es posible si se fomenta una motivación intrínseca, proponiendo actividades que representen un desafío intelectual.

Al respecto Davini expresa: “la ausencia de desafío conceptual constituye una de las formas más comunes de monotonía escolar que viven los alumnos y también los maestros”. (2008, p. 141).

A partir de esta cita, puede inferirse que la existencia de desafío intelectual promueve la motivación de los estudiantes y de los docentes, limitando el surgimiento de la monotonía, que muchas veces se hace presente en el aula, causando desmotivación, deserción escolar y posibilitando la construcción de un conocimiento deficitario.

Por tanto, es preciso que todo docente plantee el conflicto promoviendo un clima donde el error sea positivo y no algo que se castiga. De esta manera, teniendo al docente como guía, el estudiante podrá enfrentar los obstáculos con menor incertidumbre, incorporando el conflicto como parte del aprendizaje.

Proponer tales desafíos requiere de una planificación para precisar de qué manera incorporar la pregunta en las estrategias de enseñanza. Para ello, el docente debe contemplar las dimensiones espaciales, temporales, vinculares, comunicacionales, psicológicas, sociológicas e ideológicas que atraviesan la triada didáctica (donde estudiante, contenido y docente se relacionan entre sí dando lugar a una situación de enseñanza en un contexto determinado).

Por lo dicho, resulta preponderante que los docentes se planteen qué tipo de educadores quieren ser, qué tipo de aprendizaje buscan promover con sus acciones y qué estrategias van a implementar para que los alumnos se generen preguntas.

Sin duda, existe una multiplicidad de respuestas a estos interrogantes y todas ellas carecerán de neutralidad ya que la presencia de la subjetividad indefectiblemente se hará presente, así como en el mismo accionar docente.