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El valor de la palabra

Del Rivero, Marina [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

ISSN: 1668-1673

XVII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2009.

Año X, Vol. 11, Febrero 2009, Buenos Aires, Argentina. | 195 páginas

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Uno de los objetivos más importantes de la materia Comunicación Oral y Escrita para las carreras de la Facultad de Diseño y Comunicación, es lograr que el alumno aprenda a expresarse tanto en su discurso escrito como en su discurso oral, ya sea en una conferencia, o en una reunión, o con un cliente, o presentando un proyecto. 

Existe cierta vagancia por parte del estudiante a la hora de proponerse la cursada de esta materia que dicto, porque hasta que no le toman el rumbo a lo que realmente quieren estudiar, no se dan una idea de lo importante que es saber escribir y expresarse frente al otro. 

El primer día de clases, el trabajo práctico que les propuse fue redactar una autobiografía en tercera persona. Este tipo de trabajos obliga indirectamente a contar la vida de uno mismo, pero hablando de su propio yo, como si fuera del otro. Al hacer una evaluación de los escritos presentados, utilicé como disparador una problemática recurrente: el mal uso de los verbos empleados y las tremendas faltas de ortografía. En base a eso, comencé a orientar la planificación de la materia y los trabajos que iba a darles durante el cuatrimestre. Lamentablemente, los adolescentes se apropiaron en la escuela secundaria (y aún siguen apropiándose) de nuevas herramientas que hace 15 años no existían, o al menos no eran de uso masivo. Me refiero a reemplazar la visita a la biblioteca, por la concurrencia a los ciber o centros de internet; el uso de dibujos y de nuevos estilos de escritura acortando palabras; la conversación cara a cara reemplazada por un chat on line; o el desarrollo de ideas y manuscritos en agendas o cuadernos suplantados por emails y foros interactivos. 

El no saber escribir correctamente tiene varios puntos a analizar. Ya no leen libros, sino que forman su propia opinión con ideas en foros de conversación on line, o en libros de visitas digitales, que además están mal escritos porque todos utilizan el recurso de los dibujos y las palabras acortadas, cambiadas o inventadas. Así, el alumno ya no sabe qué idioma habla, qué tiempos verbales debe utilizar para expresarse, y se aferra a las muletillas que pretenden resolver la falta de un mensaje fluido y rico en palabras correctas o sinónimos bien aplicados. 

En esta materia que enseño, tengo a estudiantes de seis carreras. Eso me obliga a observar que existe una clara diferencia entre los alumnos que estudian Organización de Eventos o Relaciones Públicas, respecto a los que estudian Diseño Industrial, Diseño de Joyas, Publicidad y Diseño de Modas, entre otras carreras. Los primeros, se expresan distinto, saben colocar las palabras o intentan superarse de a poco, mientras que los otros no le han descubierto todavía el valor a la palabra, porque creen que por estudiar diseño no lo necesitarán. Pero siguen asumiendo que no necesitan la palabra para el diseño. ¡Cuánto se equivocan! Hoy, saber expresarse correctamente en todas sus formas es tan importante como aprender el oficio elegido. 

Un juego que les hago hacer en clase, es ensayar la presentación de proyectos o productos, donde ellos son únicos emisores, y el resto de los alumnos presentes son sus múltiples receptores, es decir su auditorio. En ese ejercicio se ponen de manifiesto todos los ingredientes: cuerpo, voz, expresión, utilización de la palabra, postura y la transmisión de un mensaje claro, con una venta eficaz. Y si existe la posibilidad de grabarse, bienvenido sea para que el alumno descubra sus propios errores y aprenda a no disentir con el docente. 

La primera presentación que hicieron fue con un objeto de uso personal. Les pedí que trajeran un elemento que aprecien o que usen a diario. Yo no sé si es que no prepararon el trabajo y se olvidaron de traer el objeto, pero de los 30 alumnos que había ese día, el 80% trajo elementos electrónicos que tenían a mano: iPod, mp4, cámara digital, computadora personal, pen drive, disco rígido externo usb, entre otros. Mientas que el 20% trajo prendas de vestir, lápices de colores, pelotas y desodorantes. Ese día, el objetivo era crear la situación de un vendedor ambulante en un colectivo, donde se vean obligados a explicar rápidamente las bondades del producto para lograr alguna venta. A rasgos generales, las falencias estuvieron explicitas en la postura frente al auditorio, la falta de información de lo que ofrecían (recordemos que la idea era traer un objeto personal para que el ejercicio sea más fácil y cómodo para ofrecer, ya que la utilidad y sus beneficios eran de uso cotidiano para ellos), y la falta del desarrollo de las cinco preguntas clave: qué, quién, cómo, dónde, y cuándo... aunque también debían agregarle por qué, para qué y cuánto cuesta. Otras de las cosas que observé, fue el mal uso de las palabras, por ejemplo: a los lápices le decían “colores”, al pen drive le decían “usb”, y al desodorante le decían “colonia” o “perfume”. 

Estas pequeñas palabras se transforman en grandes desastres en un mensaje, y más aún si lo está emitiendo un diseñador, director de arte, o publicista. Los alumnos creen que hay que cumplir con los trabajos prácticos en clase para “pasar” la materia pero no. Lo que les intento explicar día a día es que esta asignatura es como un espacio laboral. Y se los demuestro en acciones como tomarles asistencia, entregar los trabajos en fecha, llegar a horario a clase, no faltar, cumplir con las fechas propuestas y sobre todo el respeto mutuo como colegas, ya que aunque no se hayan recibido, ya deben sentirse entre sí como colegas. Les hago la relación de que los ausentes son los pesos que les descontarían en su propio sueldo de trabajo, y que al cuarto descuento, pierden el cargo laboral. 

Otras de las conductas observadas en clase, y lo he conversado con profesoras de la misma área quienes me han dicho que les ocurría lo mismo, es la falta de interpretación de los enunciados y la poca posibilidad de escuchar con atención al profesor cuando explica un enunciado o un contenido. Me parece muy importante destacar esto específicamente, porque cuando corrijo los trabajos veo que el 10% lo hizo respetando el enunciado y el 90% lo entregó incompleto o lo realizó como se le ocurrió, aún copiando los enunciados correctamente. Ni siquiera se consultan entre ellos para buscar opiniones o realizarlos con ayuda grupal, aunque sean trabajos individuales. 

Por otro lado, si bien esta asignatura tiene muchos contenidos teóricos, la idea es que sepan aplicar esos contenidos en la vida diaria, interpreten cada enunciado y copien sobre sus apuntes los ejemplos dados en cada clase.

Desde mi profesión de periodista y locutora, me animo a decir a modo de conclusión que con tanta tecnología existente y con la posibilidad de manipularla aplicándola en todas las carreras, nadie triunfa si no sabe expresarse. Es ahí cuando digo que siempre podemos volver atrás y reparar errores, escribir un relato y luego volver a escribirlo cambiando conceptos, podemos llenar de epí- grafes las imágenes, pero hay algo que aprendí y que me gusta transmitirlo siempre: una palabra utilizada en el momento justo vale más que mil imágenes juntas.


El valor de la palabra fue publicado de la página 73 a página74 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXI

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