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Persevera y triunfarás: inmigrantes alemanes en Entre Ríos (Segundo premio)

Lertora, María Virginia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2015 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Segundo Cuatrimestre 2015

Año XII, Vol. 72, Mayo 2016, Buenos Aires, Argentina | 144 páginas

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Hans, Dora, Otto y Elizabeth se fueron de Berlín en 1937, con mucha conmoción interna al ver que la ciudad donde habían vivido toda su vida tenía la moral tan pisoteada y maltratada.

El caldo de cultivo existente a nivel social, combinado con la Gran Depresión de inicios de los 30 hizo que la débil República de Weimar (denominada así los breves años entre 1918 y 1933) no fuera capaz de mantener el orden interno. Los continuos disturbios y conflictos en las calles incrementaron la exigencia de orden y seguridad por parte de sectores de la población cada vez más amplios. Sobre esa ola de descontento y rencor, el Partido Nazi, liderado por Adolf Hitler se presentó como el elemento necesario para devolver la paz, la fuerza y el progreso a la nación. Los ideólogos del partido establecieron las controvertidas teorías que encauzarían el descontento y justificarían su ideario: la remilitarización era imprescindible para librarse del yugo opresor de las antiguas potencias aliadas; la inestabilidad del país era ocasionada por movimientos sociales de obediencia extranjera (comunistas) o grupos de presión no alemanes (judíos), culpables además de haber apuñalado por la espalda a la Gran Alemania en 1918; además, Alemania tiene derecho a recuperar los territorios que fueron suyos, así como asegurarse el necesario espacio vital (Lebensraum) para asegurar su crecimiento y prosperidad.

Todas estas ideas quedaron plasmadas en el Mein Kampf, el libro que Hitler escribió en su tiempo en la cárcel donde describía la Alemania ideal. Así, en 1933 Hitler es nombrado canciller y, al morir el presidente von Hindenburg en 1934, asume como presidente teniendo absoluto control por encima de las leyes.

El gobierno de Hitler tenía como meta la adquisición de un gran imperio nuevo que le proveyera espacio vital (Lebensraum) en Europa oriental. Hitler calculó que la realización de la hegemonía alemana en Europa exigiría la guerra.

Después de asegurar la neutralidad de la Unión Soviética (con el pacto de no- agresión entre Alemania y la URSS), Alemania desató la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia el 1 de septiembre de 1939. Gran Bretaña y Francia respondieron con la declaración de guerra contra Alemania el 3 de septiembre.

Pero volviendo a lo que nos compete, Hans y Dora, los padres de una Elizabeth de 15 años, deciden abandonar la ciudad en busca de salvar el pellejo y brindar un mejor futuro a los chicos, ya que también iba con ellos Otto, el hermano menor de Dora, que había quedado a cargo suyo al fallecer su madre.

Ambos habían pasado la Primera Guerra, y sabían lo que eso significaba socialmente, las carencias y la violencia. Así fue que dijeron NO, esto de nuevo no lo pasamos.

La primera parada fue Lyon, esta ciudad delimitada por dos ríos: le Rhône y la Saône, parte de la llamada Francia de vichy, que permanecía neutral a la guerra. Allí vivieron en una chacra en las afueras, donde tuvieron una estancia medianamente tranquila, rodeados de vasta naturaleza y lejos de los golpes y las interceptaciones en la calle alemana. Labraban la tierra y producían sus alimentos. Fueron tiempos felices. Los chicos andaban en bicicletas tándem juntos, y a Elizabeth, que quería fijarse los rulos envueltos en trapitos embebidos en agua con azúcar, la perseguían las moscas mientras andaba por la chacra.

Hans mientras tanto, con la tenacidad y claridad de un alemán duro, mantenía contactos con gente conocida en otros países, para gestionar pasajes en buque a otro país. El destino deseado había sido Estados Unidos, con su promesa de progreso y su pujanza a ser la primera economía mundial. Pero precisaban una visa como lo estipulaba la Ley de Inmigración de 1924, que formaba parte de un estricto plan para detener la inmigración de países de Europa del Sur y del Este.

Así pues, Argentina sería quien los acogería en 1940, ya que éste país siempre tuvo las puertas abiertas. También formaba parte de una política migratoria de fin de siglo XIX, en la que se quería atraer trabajadores europeos para el desarrollo de diversos sectores de la economía regional. Se aprovechaba el conocimiento en su labor. La Argentina fue uno de los países del nuevo mundo que más inmigrantes recibió en el período de emigración de masas. Si bien en términos absolutos la cantidad de inmigrantes que se instalaron en el país entre 1880 y 1930 fue inferior a la de los que se dirigieron a los Estados Unidos, Argentina fue el país que tuvo la mayor proporción de extranjeros con relación a su población total. De acuerdo a los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por extranjeros.

¿Por qué tantos inmigrantes decidieron instalarse en nuestro país? ¿Qué ofrecía Argentina como factores de atracción durante la época de las migraciones masivas? Hay que considerar que desde las últimas décadas del siglo pasado el país ingresó en una etapa de expansión económica sin precedentes, acompañada por un proceso de pacificación política y de consolidación de las instituciones. Todo ello favoreció la llegada de inmigrantes, y convirtió a Argentina en uno de los destinos privilegiados.

De esta manera, nuestros personajes llegaron a Buenos Aires después de un viaje apacible y a los poquitos días partieron de esta gran ciudad. Primero vivieron en un poblado cerca de las vías entrerrianas, que recibía inmigrantes rusos, polacos, alemanes y rumanos. Se llamaba Villa Alcaráz. Allí podían hablar su idioma y añorar aquellas tierras abandonadas. No todo fue malo, pues se hicieron amigos de familias que también habían dejado Alemania, amistades que durarían décadas. Es muy común y casi un signo de humanidad que, cuando dos personas (o familias) que han pasado por la misma situación se encuentran más adelante en sus vidas, se genera un vínculo especial e incluso irrompible.

Cuando los límites del asentamiento se hicieron imbancables, se mudaron a la ciudad de Paraná que en los años 40 tenía una población estable de 200.000 personas. Ante la necesidad de generar un sustento y aprovechando las dotes culinarias y la fuerza alemana de voluntad de Dora, Hans y ella pusieron un restaurante en el pie de la barranca de Paraná y lo llamaron Gambrinus, como el héroe de las leyendas europeas y patrono de los fabricantes de cerveza. Allí la pareja comandaba una de las cocinas más renombradas de la ciudad, donde solían ir a almorzar los locales, frente a los sauces que regaban y se balanceaban apaciblemente sobre el río. Uno de ellos era Danilo Michaut, guapo descendiente de franceses, con su amigo el petiso Carlos Perette, que iban a jugar al tenis en el Club Rowing y a la salida del partido pasaban por el restaurant a tomar una cerveza y comer sándwiches de pan negro alemanes. Ambos codiciaban a la beldad germana de ojos azules que los atendía en la mesa y les cobraba detrás del mostrador, la joven Elizabeth. A lo que hicieron una apuesta: ¿Quién se queda con la rubia? Danilo era un soltero codiciado en la ciudad, pues era muy deportista y tenía una fábrica de pastas y panadería que se llamaba La Toscana, en honor a su madre Iva Nardi, oriunda de aquellos lares. También tenía casa propia al lado de la panadería y su propia vaturé, el auto de lujo de la época. Estaba muy bien económicamente. Pero aseveremos que a Elizabeth, después de haber vivido lo relatado, no le interesaba el dinero ni las apariencias, sino la persona en sí.

Como cada año, ese febrero de 1943 se celebrarían otra vez los bailes de carnaval en el club Echagüe, para los que Elizabeth llevaba semanas cosiéndose una falda con cola para su traje de conga. Tal era el tamaño que tenía la cola con volados que debía coserla en el piso. Pero no le importaba, mucho mayor era el entusiasmo por ser parte de tamaña fiesta. Llegado el día, se plantó la canasta de frutas en la cabeza, invocó los pasos de Carmen Miranda y allá fue, a deslumbrar.

No fue más que entrar a la fiesta que un aspirante a árabe con una sábana en la cabeza la saludó, aduló e invitó a bailar.

Un ya enamorado Danilo que, en dos pasos de swing con la alemana entre brazos le juró amor eterno. Y la germana cedió.

O se dio. Les dejaremos el beneficio de la imaginación. Sólo basta decir que comenzó una próspera relación que los hacía muy felices. Al año se casaron y nació su primera hija, Dora, como su madre.

Danilo y Elizabeth tendrían dos hijas juntos: Dora y Susana.

Pero la alemana no se rendiría ante las labores de la maternidad.

Nunca dejó de lado la curiosidad y las ganas de superarse para estar mejor. Así fue como aprendió a manejar por ejemplo. Guiada por la curiosidad, ella espiaba a su marido cuando él manejaba; estaba atenta a cada movimiento con sus ojos de princesa y mirada de halcón. Y cada tanto, después de almorzar, lo tentaba con una indirecta de tomar una siesta con las hijas… Mientras, al escuchar los ronquidos, ella se hacía de las llaves del auto y ponía en práctica todo lo que había observado. Hasta que un buen día, cuando ya se sentía segura al volante, desafió a Danilo con un “¿y si manejo yo ahora?”. Duras se quedaron las facciones del hombre al ver el espectáculo entre risas y vítores de las hijas.

La felicidad sería cortada de un hachazo cuando él, a sus 37 años fallece de una insuficiencia renal en 1951. Una nefritis en esa época era mortal. Hoy, una simple caja de antibióticos lo remedia. Pero eran otros tiempos. Sumado a los riñones, el corazón empezó a dar problemas, ante lo cual hicieron una consulta en Buenos Aires con el Dr. Liotta, reconocido cardiólogo por atender a Perón. Un médico de mucho renombre.

En la consulta, el doctor determinó que el paciente tenía alrededor de seis meses de vida, información que sólo le dio a Elizabeth, para asegurarse de permitirle todos los gustos a su marido, y que se vaya en paz. Sin embargo Danilo se dio cuenta de que algo no andaba bien, pues su querido suegro Hans empezó a darle de tomar balones de cerveza, que la tenía prohibida por la enfermedad, sin recaudo ni preocupación.

Decía que se lo merecía, que todo iba a estar bien. Hans sólo quería aportarle un granito de calidad de vida al adolorido yerno, que poco le quedaba de vida. Para qué restar buenos momentos si eran escasos.

Y seis meses después, el árabe que había enamorado a una bailarina de conga en el baile de carnaval se despedía del mundo terrenal.

La viuda, ante este repentino cambio de eventos, decide vender las propiedades de la pareja en Paraná e instalarse con sus dos pequeñas hijas en la Capital para vivir de rentas y forjar otro futuro.

Allí compró una casa en Olivos, y construyó dos departamentos en el piso de arriba para alquilar. A su vez, con la tenacidad que siempre la caracterizó, aprendió (de alguna manera) a invertir en la bolsa con las acciones de la empresa celulosa, y ahorraba en monedas de oro. Tanta historia recorrida para una mujer que no pudo terminar la secundaria, pero nunca se venció ante las vicisitudes de la vida.


Persevera y triunfarás: inmigrantes alemanes en Entre Ríos (Segundo premio) fue publicado de la página 98 a página100 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº72

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