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En busca de nuevas oportunidades (Primer premio)

Ferlat, Giuliana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

ISSN: 1668-5229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2017 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XIV, Vol. 79, Octubre 2017, Buenos Aires, Argentina | 182 páginas

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Introducción 

Mis abuelos maternos, Filomena y Carlo, tenían mucha valentía. Partieron de Italia, el país que los vio crecer, hacia la Argentina en busca de nuevas oportunidades. En el presente trabajo se contará la historia de Filomena y Carlo desde su infancia en el pueblo Sant’Andrea Apostolo, en el que mi abuela formó parte de la crianza de sus sobrinos al fallecer sus padres siendo ella aún muy pequeña y donde conoce a mi abuelo y decidieron formar una familia, hasta su llegada a la Argentina y los desafíos que eso implicó para la joven pareja que dejó a su familia y sus raíces para emprender una aventura en un país con un idioma desconocido. Me resulta de sumo interés investigar y relatar las experiencias de mis abuelos ya que la decisión que tomaron resultó eventualmente en mi existencia en este mundo. A su vez, ellos tuvieron un papel muy importante en mi crianza y ya no se encuentran con nosotros por lo que me gustaría hacer honor a su memoria contando su historia.

Desarrollo 

Mis abuelos maternos nacieron y se criaron en un pequeño pueblo cercano a Nápoles en Italia, Sant’Andrea Apostolo. Tuvieron infancias muy diferentes por lo cual me concentraré primero en el principio de sus vidas. Mi abuela, Filomena, era una de las hijas menores de los nueve hijos del matrimonio D’urso. Tuvo una vida bastante dura, siendo el principio de su historia bastante triste. A los cuatro años, perdió a su papá cuando éste viajó a Estados Unidos para visitar a sus dos hijos mayores que allí vivían y falleció de un infarto. Su mamá falleció dos años después por lo cual quedó huérfana con tan solo seis años. Desconozco la causa exacta de la partida de mi bisabuela, pero, para mi abuela, la razón fue la tristeza ocasionada por la muerte de su marido. En un principio, su familia tenía la intención de mandar a los cuatro hermanos más pequeños que habían quedado a un asilo, pero por suerte, los mayores, que vivían en Estados Unidos, se opusieron. Éstos manifestaron que sus hermanos más chicos debían estar con su familia y se comprometieron a mandarles todo lo necesario para que los pudiesen mantener (dinero, ropa, comida, etc.). Gracias a estas personas maravillosas y a su generosidad, mi abuela y sus hermanos, que no podían aún valerse por sí mismos, fueron criados por un hermano mayor que ya tenía una familia propia. Su niñez y adolescencia tampoco fueron fáciles. Además de la pérdida de sus padres, tuvo que hacerse cargo del cuidado de sus sobrinos, que eran apenas más pequeños que ella. Pero luego creció y conoció a un extraordinario hombre con el que después formaría una familia, mi abuelo Carlo. La infancia de mi abuelo fue muy diferente a la de mi abuela. Era el segundo de ocho hermanos y era un niño muy travieso. El pequeño terremoto solía ser retado por su madre, pero aquello no impedía que hiciera travesuras todo el tiempo. A cierta edad, comenzó a colarse con otros amigos en las quintas cercanas de su pueblo para robar frutas y comerlas, por lo que eran perseguidos por los dueños de las tierras. Una vez, corriendo en una de las quintas, fue alcanzado por un balín que quedó alojado para siempre a la altura de su cuello. A mi abuelo le encantaba contarnos historias acerca de sus travesuras y de la forma en la que lograba burlar por mucho tiempo las penitencias de sus padres, hasta que lo descubrían y tenían que cambiar sus métodos para castigarlo. Una de mis favoritas era de cómo su madre solía encerrarlo en una caseta donde guardaban leña cuando se portaba mal pero, como él siempre fue muy flaco y escurridizo, se escapaba pasando entre las rejas para irse a jugar y, a la hora en la que sabía que su madre iba a sacarlo, volvía para que lo encontrara ahí. Hasta que un día fue descubierto por unos vecinos que le avisaron a su madre.

Mis abuelos nunca me contaron acerca de cómo se conocieron exactamente. Según mi mamá, el pueblo es muy peque- ño y las únicas salidas que tenían eran por las festividades de la Iglesia, así que suponemos que en éstas empezaron a tratarse y conocerse. Mi abuelo solía decir que mi abuela era la más linda de su pueblo y tenía muchos candidatos pero que, por suerte, lo había elegido a él. Y, por otro lado, mi abuela decía acerca de él exactamente lo mismo, que de todos, mi abuelo era el más lindo. Para situarlos en el contexto histórico, luego de la Segunda Guerra Mundial, Italia, como tantos otros países, quedó bastante empobrecida y era muy difícil encontrar trabajo, sobre todo en el sur del país. Muchos italianos se vieron obligados a emigrar a países como Canadá, Francia, Argentina, entre otros. Por esta razón, luego de ponerse de novios, a mi abuelo le surgió la posibilidad de venir a la Argentina y resultaba imperioso tomarla. Aparentemente, eligió a este país entre dos destinos diferentes donde emigrar porque una tía ya se encontraba radicada aquí con su esposo e hijos. Ante la inminencia de su partida, el hermano mayor que había criado a mi abuela le dijo a mi abuelo que si se iba, debía casarse con ella u olvidarla. Como se querían mucho, decidieron casarse. Mi abuela quedó embarazada y tres meses después mi abuelo Carlo partió en busca de oportunidades a la Argentina, adonde llegó en febrero de 1951, a los veinticuatro años recién cumplidos. Fue nuevamente un período duro para mi abuela Filomena. Estando embarazada y con su marido lejos, debió quedarse a vivir en la casa de sus suegros porque eso era lo que correspondía hacer en un pueblo. No fue nada fácil para ella estar embarazada y criar a su hija esos primeros años sin la persona a quien amaba cerca, teniendo además que convivir con sus suegros. Mi abuelo le mandaba dinero desde aquí para mantenerlas y la idea era que mi abuela lo administrara y ahorrara para que él pudiese luego volver a Italia con ellas, pero como estaba en una posición delicada en la casa de sus suegros, le entregaba todo a la madre de mi abuelo.

Pasados dos años, sin haber podido ahorrar para volver a su país natal y ya lo suficientemente asentado aquí para recibirlas, mi abuelo le dijo a mi abuela que vinieran. Luego de un largo y tedioso viaje en barco que mi abuela, de veintisiete años, sufrió mareada y a cargo de su hija de dos años, se reunieron ambas con mi abuelo y así comenzó la historia de la familia Coppola en la Argentina. En un principio, vivieron en la casa de la tía de mi abuelo, hasta que pudo alquilar una casa. Era una casa estilo chorizo como se estilaba en aquella época, donde varias familias convivían, compartiendo espacios comunes como la cocina y el baño. En aquella primera casa casi propia nació mi madre, Luisa, primera generación de los Coppola en Argentina. Mi abuelo era oficial herrero y trabajaba en una empresa metalúrgica. Mi abuela, en esa época, trabajaba en una curtiembre de unos conocidos donde pintaba y cargaba los cueros (lo cual era bastante duro físicamente). De esta forma, luego de un tiempo, lograron juntar el dinero suficiente para comprar una casa vieja que derrumbaron para poder construir lo que fue su primer casa realmente propia. En ésta, se criaron tanto mi madre como mis primas, luego de muchos años, cuando mi tía construyó su casa en el piso superior. A su vez, de cierta forma, también nos criamos allí mi hermana y yo, ya que mis abuelos nos cuidaban hasta que mis papás salían del trabajo. Viví momentos maravillosos en esa casa durante mi infancia y la consideraba mi lugar favorito en el mundo.

En cuanto al proceso de adaptación que tuvieron que realizar, en el caso de mi abuelo no fue tan terrible porque, además de haber tomado él la decisión de venir, tenía aquí a sus tíos y primos. Para mi abuela fue diferente. No había estado de acuerdo en venir a la Argentina porque quería permanecer cerca de su familia y aquí solo tenía a una prima. Nunca aprendió bien el idioma, hablaba una mezcla entre castellano y dialecto napolitano que a todos nos hacía reír. Además, le pasaba algo que siempre nos resultó muy curioso, cuando tenía que hablar con personas de aquí, hablaba con más palabras en dialecto napolitano y, cuando la llamaban sus parientes de Italia, le salían todas las palabras en perfecto castellano. De igual forma, siempre supo hacerse entender. A mí me gustaba decirle que ella tenía su propio idioma, el “filomeno”, término que toda mi familia adoptó. Lamentablemente, ya no recuerdo tantas palabras en dialecto. Durante mi infancia, para mí era perfectamente normal escucharlos hablar a mis abuelos y entender ambos idiomas. Sin embargo, aunque extrañe mucho escucharlos hablar con palabras en napolitano (o filomeno), me dieron la base necesaria para poder comprender el idioma italiano tanto como lo hago sin haber aprendido a hablarlo aún. 

Conclusión 

Las vidas de mis abuelos fueron diferentes en sus comienzos pero, desde que se unieron, solo pudo separarlos la muerte. Se quisieron toda la vida y, en el caso de mi abuelo, aún después de varios años sin mi abuela. No es un hecho que pueda comprender del todo pero si alguien me pregunta sobre el amor, mi mente se sumergirá probablemente en recuerdos de ellos. Fue difícil emigrar y vivir lejos de sus familias pero siempre se mantuvieron en contacto y creo que tuvieron vidas muy bellas acá. Resulta casi una obviedad mencionar que mis abuelos fueron una parte muy importante de mi vida. Ayudaron en mi crianza y siempre los consideraré como mis segundos padres. Para mí fue muy importante entrevistar a mi mamá y recopilar toda la información posible sobre sus vidas para poder comprenderlos mejor y entender cómo llegué yo a este plano de existencia. A su vez, es mi intención que más personas conozcan aunque sea una parte pequeña de la historia de estos seres maravillosos que tuve el placer de poder llamar abuelos. Sus enseñanzas y amor siguen vivos en toda mi familia y los tendremos siempre presentes. Escribo estas últimas palabras con lágrimas en mis ojos, recordando los buenos momentos que pasé con ellos y todo lo que hicieron por mí. Dicen que no existe el amor incondicional, tal vez esas personas no tuvieron abuelos como los míos.


En busca de nuevas oportunidades (Primer premio) fue publicado de la página 123 a página124 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº79

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