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Homo videns

Farina, Alberto

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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Desde el dictado de asignaturas como Discurso Audiovisual los docentes podemos encontrar en la actualidad un desafío interesante al hallarnos ante muchos alumnos que pertenecen a lo que Giovanni Sartori denominaría homo videns 1, un tipo de persona educada por la televisión, por una cultura audiovisual que ha limitado su capacidad simbólica y de abstracción sustituyendo la lectura y el verbo por una serie de estímulos generados por ruidos, colores, movimientos; donde la autoridad es la pantalla que le hace ver sin entender, sin descifrar ni pensar aquello que los medios le ofrecen como juicio y sentencia que no admite interlocutores.

En tanto nuestro programa incluye el análisis, asociación y pensamiento sobre imágenes y productos audiovisuales, se abre aquí una posibilidad que convierte justamente aquello que se ha confeccionado para emocionar y conmover en nuestro objeto de estudio, estableciendo un procedimiento inverso al de la “intrascendencia” que la telecultura propone, es decir que la experiencia áulica será la de “trascender” aquello que dicta el ojo, no para anestesiar sino para recuperar la capacidad de mirada y la contemplación.

Si Goethe decía que el ojo era el órgano con el que comprendía el mundo, el ojo del siglo XXI no está educado para comprender sino para consumir de forma permeable, sin pregnancia ni efectos residuales, ya que el mercado necesita un consumidor que olvide pronto lo que visualiza para que pueda seguir demandando productos audiovisuales que ese mercado le ofertará a cambio de nuevos alquileres de videos, dvd, pagos de cuotas de televisión por cable, o en las boleterías de los multicines o las compras de videogames.

Una advertencia de los expresionistas: “a nuestro arte no le interesa ver sino tener visiones, atravesar las engañosas apariencias...”, queda actualizada en la prédica de Sartori contra la atrofia que desplaza al homo sapiens por el homo videns, en tanto la criatura contemporánea es presa de la representación visual a la que confiere una veracidad indiscutida, especialmente cuando la televisión le asegura que con imágenes (recortadas, amplificadas, distorsionadas, en suma: manipuladas) le revelará verdades, “destapará” los hechos, cuando en realidad lo que logra son mentiras más eficaces por la fuerza de su verosimilitud.

Esta confusión entre realismo y realidad es la que a su vez exige que en espacios de creación como la narración literaria o cinematográfica, se haya subvertido en la Argentina la importancia de lo poético y lo fantástico por una supremacía de lo real. Se proscribe la imaginación en tributo a la realidad, lo veraz, lo creíble; mientras se inyecta fantasía y delirio en la percepción de lo cotidiano que los noticieros propondrán como “candente” y “emocionante”. De allí al surgimiento de los video-líders en la política no hay escalas.

Pero el citado desafío se cumple en la educación y reeducación cuando aquello que era “ver para no pensar” se remonta al “pensar en lo que se ve”, entonces en “homo videns” de Sartori recupera su condición de “homo sapiens” ya sea para construir imágenes a la moda o buscar otras, como las que enriquecen la historia de la cultura audiovisual, que encierren alguna aspiración de perpetuidad. En ambos casos habrá que pensar lo que se ve.

El aporte buscado desde el campo de la Historia y el Análisis de los Medios Audiovisuales no se propone negar los procesos de globalización o los cambios producidos por la revolución científica tecnológica que han llevado de la sociedad industrial y la producción manufacturera a la sociedad post industrial y la producción automatizada. De ninguna manera se trata de restaurar un orden perdido, acaso mitificado, sino de recuperar algunos valores culturales para adaptarlos y aplicarlos en el enriquecimiento de la actual cultura audiovisual que, a veces, aparece como refractaria a la reflexión y se sumerge en una visión apocalíptica posmoderna.

En el peor de los casos, que la inexorabilidad del caos o la destrucción pueda ser comprendida y no solo padecida, es decir que adquiera un sentido estético, dramático y hasta ético. Advertir que los fragmentos audiovisuales que nos entretienen, confunden o acaparan parte de nuestra vida sensorial generándonos una manera de percepción sobre el universo; son parte de un “sistema”, nos remite a aquella idea de esperanza que según Borges incluían sus laberintos, señalando que aunque en el laberinto el centro sea terrible, sea el Minotauro, la sospecha de que se trata de un laberinto se opone al caos, con el cual estaríamos accionando y hasta muriendo sin sentido, sin salvación; pero, en cambio, si se trata de un laberinto estaríamos salvados, porque entonces quiere decir que existe un plan, una arquitectura.

Otro texto clásico que ya se ha utilizado como antecedente del cine y que parece extender especialmente su vigencia al “homo videns” es el Mito de la Caverna de Platón, donde se describe a un grupo de hombres encadenados en una cueva ante una pared por la que ven desfilar las sombras proyectadas de la realidad que transcurre afuera por que la entrada de luz en la puerta refleja en esa pared donde los habitantes del interior creen ver lo verdadero. Sin duda esta escena que ha servido para introducir al fenómeno óptico de reproducción y representación que el cine perfeccionaría mecánicamente en la búsqueda de la impresión de realidad en movimiento, puede extenderse actualmente a la situación dramática que desarrollaba el mito plató- nico, en el cual la ilusión de realidad reemplazaba y desplazaba a la realidad.

También es posible interpretar la democratización y globalización de la cultura audiovisual en lo que tiene de paradojal, pues mientras se expande la producción, distribución y exhibición de los objetos, fácilmente descifrables en las más diversas latitudes, el producto globalizado se apoya en el recorte en la atomización y en la dificultad para integrar la letra en sílaba, la silaba en palabra, la palabra en discurso; es decir se construye a partir de piezas aisladas descontextualizadas y sin pretensión, ya no de cosmogonías, sino siquiera como unidades interconectadas, tendencias, movimientos, estilos; es decir ya no solo se escatima la apreciación del producto como expresión de una época o de una sociedad o de una cultura sino como segmento enhebrado a otros dentro de una personalidad, dentro de unas repeticiones de obsesiones temáticas y estilísticas de una misma persona, autor de filmes o video autor en nuestro caso. Y allí es donde se fuga la comprensión, en la detección de que aún los hechos absurdos pertenezcan a un plan, un sistema, una arquitectura.

Notas

1 Sartori, Giovanni (1998) Homo videns, la sociedad teledirigida. Madrid: Taurus.


Homo videns fue publicado de la página 123 a página124 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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