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Enseñar para el futuro

Fernández, Carlos Alberto [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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Como docentes reflexionamos sobre qué enseñar y cómo hacerlo. En cada ocasión que nos proponemos este ejercicio revisamos nuestras ideas al respecto. 

Tenemos un currículum que define los aspectos básicos de nuestra enseñanza y éste es lo suficientemente amplio como para requerir una interpretación de nuestra parte y, desde allí, un ajuste continuo. 
Si vamos al fondo de la cuestión, el currículum tiene implícito el hecho de que toda sociedad depende de la transmisión cultural para progresar y transformarse, por un parte y, por otra, que el alumno deberá convertirse, a través del aprendizaje, en un adulto con autonomía de juicio, para lo cual deberá apropiarse de la herencia disciplinar que se le ofrece. 
Las sociedades del pasado presentaban características que permitían el desarrollo de estos conceptos con escasa flexibilidad. Una enseñanza autoritaria establecía con total precisión el concepto de progreso y transformación de una sociedad y, la autonomía de juicio a la que debería arribar el alumno, estaba determinada también por pará- metros netamente conservadores. 
Pero, además, el alumno tenía acceso a mucha menos información que en la actualidad y, desde la enseñanza, se consideraba la inexistencia de conocimientos previos. La mente del alumno era un vacío que había que llenar con aquello que estaba preestablecido, sin dudas ni discusiones. El esquema funcionaba porque los cambios sociales eran lentos y lo que se aprendía en las aulas continuaba teniendo vigencia y aplicación práctica a través del tiempo. 
En la segunda mitad del siglo XX se produjeron cambios científicos, tecnológicos y sociales rápidos y profundos que desarticularon esta enseñanza hasta volverla anacrónica. Este fenómeno se acelera cada vez más y en la sociedad actual se duda que lo que aprendemos hoy sirva para mañana. Más aún si consideramos que nos adaptamos cada vez más, sin integrarnos, a una sociedad globalizada. 
Esta sociedad globalizada, tal como se va perfilando, es engañosa porque se modela desde aspectos básicamente consumistas y publicitarios, determinando necesidades y prioridades. La lógica de esta globalización es la producción en serie de enlatados fáciles de abrir y consumir, para lo cual es necesaria la estandarización de la sensibilidad y del gusto colectivo. 
Los medios de comunicación colaboran ampliamente en este esquema decidiendo que es lo trascendente y qué no lo es. Entregan una gran cantidad de información procesada y el individuo la asimila con total facilidad, ya que no se le exige ningún esfuerzo. El individuo acepta, sin crítica, el discurso mediático que cada vez es más uniforme. La realidad, la certeza de los hechos, pasa exclusivamente por los medios. Lo que los medios no reflejan, no existe. 
Esta globalización intenta crear un mundo de apariencias, que se muestran como realidades, donde lo que se ve no es cierto pero se transforma en anhelo de verdad en el individuo, porque es justamente lo que se ve y lo que se gratifica socialmente. 
El alumno es parte de esta sociedad y, cuando llega a la universidad, ya ha recorrido un largo camino. A sus experiencias de vida ha agregado una cantidad de creencias, actitudes y expectativas, muchas de ellas incorporadas sin un juicio crítico, porque provienen de alguna clase de autoridad y que, además, no puede cuestionar porque carece de los conocimientos como para hacerlo. En ese conjunto de autoridades, que fueron marcando al joven desde su infancia (familiares, religiosas, sociales, educativas, etc.), están también los medios. 
Pero muchas de estas concepciones —conocimientos previos que el alumno trae al aula—, son erróneas, simples y cargadas de prejuicios. En el proceso de enseñanza–aprendizaje el alumno irá depurando sus creencias y actitudes eliminando de ellas el error y el prejuicio. A través del cambio cognitivo modificará su visión del mundo, de las personas y de la sociedad, y descubrirá oportunidades para su accionar, incluso participando en cambios sociales que antes consideraba como puntos fijos inalterables. 
El alumno hoy posee mucha más información que sus pares del pasado, pero información no es conocimiento, aunque muchas veces se confunda con él. El alumno busca aplicar esa información de una manera práctica en la disciplina que eligió para desarrollarla profesionalmente. Quiere que se le enseñe exclusivamente eso. Cualquier otra cosa no despierta su interés porque no le resulta de una utilidad inmediata. Por otra parte, se ha preocupado por desarrollar habilidades para dominar las nuevas tecnologías que entiende que podrán servirle. Este criterio nos llevaría a trabajar exclusivamente sobre aquello que el alumno ya sabe o cree saber, con lo cual limitaríamos la enseñanza a lo actual, dejando de lado el pasado. La consideración de este criterio se sostiene argumentando que el mundo cambia rápidamente y el conocimiento se vuelve obsoleto. Sin embargo, hay que reconocer que el futuro es incierto y que al alumno le será muy difícil enfrentarlo si carece de conocimientos básicos. Difícilmente será un profesional creativo porque sólo podrá apreciar la realidad aparente que se presenta ante sus ojos, no será capaz de ver bajo la superficie. En este caso la enseñanza responderá únicamente a las necesidades inmediatas de la sociedad y el profesional será uno más entre muchos iguales. 
En el otro extremo se encuentra la enseñanza que desconoce los rápidos cambios sociales y se aferra a las verdades del pasado, ignorando evoluciones y desentendiéndose de las tendencias. El profesional que surja de este esquema tampoco podrá insertarse en el medio social porque sus conocimientos no le serán de utilidad práctica. 
La universidad no puede estar separada de la sociedad pero tampoco acompañarla ciegamente. La universidad debe estar por delante de la sociedad, en el sentido de monitorearla permanentemente para prever y advertir sobre los cambios inmediatos y mediatos. 
La enseñanza deberá tener en cuenta el pasado para poder relacionarlo con los nuevos aportes de la ciencia y la tecnología para que, por medio de la experiencia, se puedan desarrollar proyectos de interés y utilidad para la sociedad. El dominio de los conocimientos fundamentales de la disciplina le permitirá al alumno transformar la información en conocimiento para abordar procesos cada vez más creativos. El profesional formado bajo este esquema estará capacitado para aceptar los desafíos de una sociedad exigente y dinámica. 
Las primeras democracias se consideraban a sí mismas como sociedades de hombres libres. La unión de individuos libres constituía una sociedad libre. Entonces, a mejores individuos, mejores sociedades. El individuo determinaba las características de la sociedad. Pero, ya no pensamos igual, ahora sabemos que todo individuo es el resultado de la sociedad a la que pertenece. 
En la democracia no se discute la libertad del individuo y éste la ejerce a través de sus opciones de elección. Pero ocurre que en estas sociedades modernas, atravesadas por el discurso uniforme de los medios de comunicación, las opciones disponibles son sólo las visibles a través de estos medios. Así esta libertad del individuo se hace cada vez más ilusoria o, si se quiere, condicionada. Por consiguiente, el individuo alcanzará progresivamente mayor libertad a través del conocimiento. Esta problemática se aprecia claramente en la enseñanza de la fotografía en aquellas carreras donde la disciplina no es troncal. Prácticamente todos los alumnos tienen una cámara fotográfica y las de muchos son del tipo digital. Cuando compraron sus cámaras seguramente fueron atraídos por alguno de los eslóganes publicitarios que anunciaban las bondades del producto: “…llegar a tomar esas fotos que pensabas que sólo un fotógrafo profesional podía tomar”; “Con las cámaras… nunca más se perderá un momento, ya que su respuesta es automática”; “Fotos perfectas, saque quien las saque”; “Las nuevas cámaras… con lente… incorporan… permitiendo que hasta las fotos más difíciles salgan bien…” 
El mensaje siempre está orientado a indicar que se pueden obtener buenas fotografías sin importar quien opere el equipo. Evidentemente, esto es lo que busca el consumidor, obtener fotografías sin complicaciones. Estas cámaras las ofrecen casi siempre (bien definidas, con colores brillantes, equilibrio entre luces y sombras), cuando la iluminación lo permite. 
El alumno, al igual que la mayoría de las personas, tiene incorporado este concepto, y está conforme con las fotografías que le ofrece su cámara de última generación, a lo sumo le gustaría aprovechar mejor su equipo porque sabe que no lo explota por completo. Las cámaras modernas van homogeneizando las fotografías. Van dejando, cada vez menos espacio, para la libertad creativa del usuario. Un fabricante, por ejemplo, indica los modos de funcionamiento de uno de sus productos con las siguientes explicaciones: “Automático: Sólo tiene que pulsar el disparador y la cámara hará al resto” (un eslogan casi idéntico al que George Eastman utilizó a fines del siglo XIX para sus cámaras de cajón). “Retrato: Haga las mejores fotos a personas. Paisaje: Cielos, bosques, fotos de naturaleza. Retrato a niños: Instantáneas de los pequeños con vivos detalles. Deportes: Captura la acción en rápido movimiento. Primer plano: Imágenes nítidas de objetos pequeños. Retrato nocturno: Equilibrio entre el sujeto y el fondo con poca luz”. 
Si las cámaras hacen todo esto ¿Cómo hacemos para explicarle al alumno que necesita aprender fotografía? El alumno cree honestamente que sabe tomar fotografías a la vista de los resultados que obtiene y en función de lo que él cree que es la fotografía. Sin demasiado análisis entiende que la fotografía es el registro de aquello que ve cuanto interpone, entre la escena y su ojo, la cámara. Aunque se le explique que es mucho más que eso, no cree necesario, para sus intereses, aprenderlo. 
Salvando las distancias, esta situación hace recordar el diálogo que tuvo Jorge Washington Ábalos con la madre de “Shunko” cuando lo fue a buscar para que vaya a la escuela: 
—”… Hay que enseñarles a leer, a escribir, sacar cuentas…” 
—”Los chicos no necesitan saber.” 
—”Ellos necesitan saber” 
—”Yo no sé y vivo igual. 
— “¿Alguna vez te han enseñado algo de esto?” 
—”No, nunca he sabido nada.” 
—”Entonces no sabes lo que es saber”. 
—”Yo igual vivo sin saber.”. 
—”Sí, pero vives mal; si supieras algo, procurarías vivir mejor”. 
En la enseñanza de la fotografía y ante el panorama descrito, se pueden tomar tres decisiones: 
1. Se centraría en enseñarle al alumno el completo manejo de su cámara, ya que seguramente posee más funciones de las que utiliza habitualmente, junto con algunas consideraciones estéticas y compositivas. Sin demasiado esfuerzo mejorará notablemente las fotografías que ya realiza. Pero no comprenderá qué es lo que hace la cámara en cada situación, no conocerá otras técnicas fotográficas que las que aporte ese equipo y no entenderá por qué en determinadas situaciones no puede fotografiar; entre muchas otras limitaciones. El cambio cognitivo será pobre, definitivamente no podrá controlar el medio y quedará atrapado en las decisiones que su cámara toma por él. 
2. En este caso la enseñanza se centraría en los fundamentos técnicos y científicos del medio, considerando casi exclusivamente a la fotografía analógica y su base fisicoquímica, como única alternativa de calidad y creatividad. Asimismo, se recorrería la historia de la fotografía a través de su evolución técnica, óptica, mecánica y química. En este caso tampoco habrá un significativo cambio cognitivo debido a la alta resistencia que ofrecerá el alumno para incorporar contenidos que no puede relacionar con lo que para él es el medio fotográfico. 
3. La enseñanza se llevaría a cabo tomando los conocimientos que los alumnos tienen sobre fotografía pero ampliándolos y modificándolos. Explicando las utilidades y limitaciones de los equipos que poseen. Analizando la concepción de fotografías de diferentes áreas profesionales, del presente y del pasado, estudiando las distintas estéticas y concepciones fotográficas y cómo pueden resolverse técnicamente. 
También los distintos abordajes del medio como forma de expresión. Considerar diferencias y similitudes entre fotografía digital y analógica, ventajas y desventajas. En pocas palabras, crear un puente entre pasado y presente, para que el alumno pueda comprender a los grandes maestros y tomar fotografías para aprovechar su técnica y estética y recrearlas con una visión propia y herramientas actuales. Aquí el cambio cognitivo deberá ser muy profundo y seguramente será resistido porque exige un esfuerzo importante por parte del alumno. Para lograrlo es necesario, por una parte, apelar a textos, imágenes y estudios de la iluminación y, por otra, sorprender al alumno mediante la realización de fotografías que nunca imaginó poder hacer. En este proceso el alumno comprenderá el medio fotográfico y sus posibilidades técnicas y creativas, más allá del sistema de registro (digital o analógico, antiguo o moderno). Por consiguiente, con esta formación, podrá abordar las nuevas tecnologías de registro de imágenes que se desarrollen en el futuro, porque habrá incorporado los fundamentos del medio. 
La tercera opción es, indudablemente, la más compleja. Requiere mayores esfuerzos por parte del docente y del alumno, pero también es la única que aportará la formación necesaria para los futuros profesionales creativos a los que aspiramos. Aunque la fotografía no sea una asignatura troncal para las carreras de estos estudiantes, la compresión de las singularidades del medio les permitirá tomar decisiones prácticas en el campo del diseño, que de otra manera, les resultarán difíciles de abordar. 
Retornando a Ábalos, la clave radica en poder enseñar a “saber lo que es saber” que es el inicio del camino hacia la libertad del individuo, que es muy distinto a poder “vivir igual sin necesidad de saber”.

Bibliografía 
- Dewey, John (1916) Democracy and Education. New York: The Macmillan Company. 
- Ábalos, Jorge W. (1970) Shunko. Buenos Aires: Editorial Losada.


Enseñar para el futuro fue publicado de la página 126 a página128 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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