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Ilusión laboral en la metrópolis. De la máquina a la flexibilización del siglo XXI

García de la Cárcova, Alejo

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017 Ensayos Contemporáneos. Edición XX Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2017

Año XV, Vol. 82, Julio 2018, Buenos Aires, Argentina | 210 páginas

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Resumen:

Los cambios tecnológicos y sociales producidos a partir de la Revolución Industrial, trajeron aparejados cambios significativos en los comportamientos y las tareas que las personas deben realizar, en relación al trabajo. Desde entonces, estas transformaciones se han reflejado por medio de la cultura, en general, y por el cine en particular.

El presente trabajo traza este devenir, en una caprichosa y arbitraria selección de películas –desde el nacimiento del cine mudo, hasta nuestros días- que evidencia cómo el campo audiovisual es testigo y delator crítico de los cambios que el ser humano viene realizando, en relación a su actividad laboral, como consecuencia de intereses económicos y políticos dominantes.

Palabras clave: sociedad – trabajo – cine – cambio social – cambio cultural.

Introducción 

Los cambios tecnológicos producidos durante la Revolución Industrial (entre los siglos XVIII y XIX) trajeron como consecuencia modificaciones significativas en los comportamientos y las tareas que las personas debieron realizar, en relación al trabajo. Desde entonces, esto ha ido transformándose en una lenta marcha hasta nuestro siglo XXI. 

Como principales hechos y personajes de aquel inicio de grandes cambios, podemos destacar: la sustitución de la madera como principal combustible por el carbón (Campi, 2007); el perfeccionamiento de la máquina a vapor por Watt, en reemplazo de las energías naturales o de tracción a sangre: molinos de agua y viento, y mulas, bueyes o caballos (Babini, 1972); los avances en las máquinas de hilar: de manuales e individuales, a mecánicas o hidráulicas de producción masiva, con las sucesivas y/o simultáneas mejoras propuestas por Arkwright, Wyatt, Crompton y Cartwright, por mencionar a los principales y más avanzados (Ducassé, 1961); y las teorías sobre la división del trabajo propuestas por Adam Smith (Méndez Baiges, 2007) como definitorio en el devenir del floreciente capitalismo. 

Anselm Jappe (2016) realiza un conciso y claro ejemplo del devenir de la industrialización y el capitalismo:

El sastre artesanal de la época preindustrial – por poner un ejemplo – empleaba una hora en confeccionar una camisa, y el valor de esta camisa era, pues, el correspondiente a una hora (en este ejemplo se hace abstracción, para simplificar, de las materias primas, de los instrumentos de trabajo etc., que se traducen igualmente, así como sus componentes, en tiempo de trabajo).

Pero, tras la introducción de los telares mecánicos, se hizo posible producir una camisa en diez minutos y se creaba así un nuevo estándar de producción impuesto por la competencia. El artesano, que no podía recurrir a un telar mecánico, seguía empleando una hora para hacer su camisa, pero después, al tratar de venderla en el mercado, descubría que su camisa, cuyo valor de uso no había cambiado, tenía sólo una sexta parte de su valor anterior, es decir, que su hora de trabajo como sastre “valía” ahora solo diez minutos. Su hora concreta equivalía, pues, a diez minutos abstractos, y la naturaleza doble de su camisa había dejado de ser una categoría filosófica para convertirse en una amenaza muy concreta a su existencia física. Este pequeño ejemplo sintetiza una buena parte de la dinámica y la tragedia del capitalismo.

Esto, en un contexto social aún más amplio, con la consolidación de una burguesía industrial pujante (Hobsbawn, 1988 y 2016), por un lado, y sus principales detractores en la figura de Marx y Engels (2010) (con sus contundentes reclamos y reproches a dicha clase en ascenso, expresados en su célebre Manifiesto Comunista, publicado en 1848); por el otro. 

En transferencia por línea directa al campo del diseño (más precisamente de las artes aplicadas de finales del decimonónico, en la figura de William Morris (2005 y 2016), quien leyera El Capital en 1883) vemos cómo las críticas al nuevo modelo irán cobrando fuerza por medio de la expansión, del socialismo primero, y del comunismo posteriormente. 

A partir de aquí, y en un claro triunfo del capitalismo industrialista, la sociedad y sus nuevos medios de reproductibilidad técnica, según Benjamín (1989), consolidarán un modelo que irá mostrando grietas (las veces reflejadas en las sucesivas y conocidas crisis mundiales de 1929, 1973, 2001 y 2011, por mencionar algunas de las más significativas) y que se irá reconfigurando a partir de éstas. 

Cabe destacar, en consonancia con el presente trabajo, que el cine y su industria no serán ajenos a estos devenir, formulando tempranamente en su historia específica, lo que Burch (1995) dio en llamar un Modo de Representación Institucional, acorde a los requerimientos de el modelo social imperante. Por su parte, Sadoul (1960) desarrollará el derrotero que conduce a la consolidación del cine norteamericano durante las primeras décadas del siglo XX, destacando su supremacía, como consecuencia de la Primera Guerra Mundial (p.135). Este autor será contundente al afirmar que “el cine, que es una industria, es también y ante todo, un arte que condiciona la cultura y la atención de un público”. (p.135). 

En relación a esto, el Dr. Eduardo Russo, en la entrevista realizada, menciona que “Sadoul escribió eso en tiempos de estelaridad del cine, en la segunda posguerra cuando se lo consideraba un vehículo privilegiado de reformulación humanista del mundo”. (comunicación personal, 17 de noviembre, 2017); para luego apresurarse a afirmar que dicho medio fue paulatinamente desplazado y superpuesto: primero por la televisión, y luego por diversos medios digitales. 

Partiendo de la máxima de Sadoul, nos proponemos formular la siguiente hipótesis:

El cine ha evidenciado, de manera crítica, los cambios ocurridos en el ámbito laboral, como consecuencia de la Revolución Industrial, hasta la actualidad

Para corroborar esta hipótesis, nos apoyaremos en la selección y observación de ciertas películas que consideramos (y varias de ellas se consideran por expertos del cine) pertinentes para trazar una cronología de cambios significativos en el modo en que el ser humano se ha relacionado con la actividad laboral, dentro del recorte temporal propuesto. 

A su vez, se realizará una entrevista con preguntas guía a especialistas en medios audiovisuales, que puedan aportar sus conocimientos y su mirada, desde la propia disciplina. 

Los films a analizar, presentados a continuación por orden de aparición, son: la producción soviética Aelita: Queen of Mars (Protazanov, 1924); el clásico de Fritz Lang de 1927, Metrópolis; la crítica pero siempre paródica Modern Times, de y por Charles Chaplin (1936); O lucky man!, del director britá- nico perteneciente a la Escuela de Brighton, Lindsay Anderson (1973); la dramática pero esperanzadora The Full Monty (Cattaneo, 1997); la inesperada y por momentos surrealista Being John Malcovich (Jonze, 1999); y la más actual y en tono de comedia de enredos The internship (Levy, 2013). 

Por medio de estos ejemplos fílmicos, se intentará demostrar cómo la industria (del cine) se propone criticar y las veces denunciar, y porqué no marcar el rumbo hacia donde la industria laboral dirige los vínculos de su capital humano, en claro provecho de su capital productivo.

Desarrollo 

A los efectos de la temática específica tratada, y más allá de los diferentes temas que pueda referir cada película (como así también de sus géneros cinematográficos, que serán tratados con mayor profundidad en un próximo análisis)- nos detendremos en hacer foco en aquellos planos que mejor reflejen las situaciones de relación hombre-trabajo. En este último punto, haremos la apreciación pertinente conducente a comprender la relación planteada en cada época.

Aelita: Queen of Mars (Protazanov, 1924) 

En este primer film, situado en plena Revolución Rusa, se retrata otro mundo (en este caso el planeta Marte) como un lugar bastante similar al dominado por más de 300 años por la dinastía Romanov, en el país mencionado; donde se lleva al extremo el trato que se infiere a los trabajadores. Allí, además de ser meros esclavos que responden a un poder absoluto, al momento de no estar cumpliendo con sus compromisos laborales son congelados, hasta requerir nuevamente de sus servicios. La llegada del camarada Loss, será el puntapié para avanzar hacia una revolución socialista.

Metrópolis (Lang, 1927) 

En el film de Fritz Lang, se representa el trabajo forzado que deben realizar de manera casi interminable los hombres en estrecha relación con las máquinas. En este caso particular, Thea von Harbou (guionista y esposa del director) enfatiza el dramatismo de la labor situando a los trabajadores en un inframundo bajo tierra, sin posibilidad de ver la luz del día. Por el contrario, la clase dominante se encuentra en la superficie, en lo que se ve como una ciudad ultra avanzada (que se sostiene por la labor de los infrahumanos) donde los amos del mundo se dan la buena vida.

Cuando Freder (el protagonista, hijo de “el gran Amo de Metrópolis” (von Harbou, 1986, p.23): Joh Fredersen) desciende y observa la máquina infernal que no detiene su marcha, delira y alucina que es una gran y monstruosa boca que se devora a los trabajadores. Aquí, como ocurre con Aelita (desde la imaginación de los personajes principales de ambas películas) se critica el lugar esclavizador que se le asigna a los trabajadores, en función a las máquinas industriales, bajo dominio del patrón.

Modern Times (Chaplin, 1936) 

Con la ironía y sarcasmo que caracterizan la producción de Charles Chaplin (quien, dicho sea se paso, se encargaba de guionar, dirigir, producir, actuar y a musicalizar sus películas) inicia esta filmación con una clara metáfora que desarrollará a lo largo de esta, a saber: un rebaño de ovejas, seguido de una muchedumbre de trabajadores saliendo del subte, camino a la fábrica.

Si bien la película se inscribe en un contexto pos fordista (donde los trabajadores han obtenido ciertos privilegios en relación a la duración de la jornada laborable, su poder adquisitivo y ciertos beneficios más) aún se revela una situación poco grata del binomio hombre-máquina. Esto se evidencia en la ya clásica escena del protagonista como un engranaje más en la cadena de montaje.

O lucky man! (Anderson, 1973) 

El film de Lindsay Anderson, recorre el derrotero de su protagonista Mick Travis por avanzar rápidamente en la escalada capitalista de la Gran Bretaña de plena crisis del petróleo. Aquí se describe un panorama diferente al de las películas desarrolladas hasta este punto. En este caso, si bien se sigue centrando en el hombre común, se evidencia una pronta escalada en una típica corporación, donde el poder se centra en el cuerpo de ventas, por sobre el trabajo industrial. 

Resulta interesante la escena inicial en blanco y negro que muestra una plantación de café en Latinoamérica, y las vicisitudes que debe afrontar un trabajador que intenta robar unos pocos granos de café. 

Si bien se puede observar que el protagonista cuenta con cierta libertad de tiempo y acción, no deja de ser funcional a su empleador, hasta instancias por él impensadas. 

En los títulos finales, la canción sentencia: “Alguien tiene que ganar en la raza humana, si no eres tu seré yo”. (Anderson, 1973).

The Full Monty (Cattaneo, 1997) 

Esta película se centra en plena crisis del modelo industrial donde, tanto los recursos como la superproducción, generan la reducción de personal o el cierre de industrias que han dominado el poder del capitalismo. 

Aquí, un grupo de desesperados desempleados de la industria del acero en la ciudad de Sheffield, cuna de dicha industria desde la Revolución Industrial, harán lo imposible por subsistir. 

Al igual que O lucky man!, el largometraje inicia con una escena en tiempo pasado. En este caso, muestra un breve documental de la ciudad mencionada, que no solo ofrece una pujante industria, sino todos los beneficios que sus ciudadanos (incluidos operarios) pueden disfrutar en su tiempo libre, como así también de otros beneficios típicos del capitalismo: consumo en el shopping, recreación al aire libre, viviendas accesibles y confortables, y una noche llena de placeres. 

Veinticinco años después de dicha introducción, se muestra la misma ciudad demacrada y con poco para ofrecer a su clase media, que cerca está de terminar en clase baja.

En este poco prometedor escenario, un grupo de amigos desempleados buscarán la forma de salir adelante. No por sus capacidades técnicas empleadas en la fábrica, sino por el éxito fácil que ofrece el baile de streaptease. La desesperación y la necesidad son los motores de una salida poco feliz, pero buscar una salida, y alternativas al modelo agotado, se convierte en el motor de esta película.

Being John Malcovich (Jonze, 1999) 

El surrealismo y las múltiples capas que pueden observarse en este trabajo de Spike Jonze, no evitan detenerse en la relación de su protagonista con el mundo laboral de finales de siglo XX. Éste, se debate entre el dilema de seguir su vocación de titiritero y embarcarse en un trabajo de oficina convencional de nueve horas diarias, típico de clase media. Este paradigma tan característico de la época, requerirá de unas décadas más para superarse, o mejor dicho convivir con modelos alternativos; y no será la generación del protagonista quien lo logre. Tampoco es casual que el oficio del actor principal sea el de manipular marionetas, en clara metáfora al rol que los trabajadores representan para el mundo capitalista de todos los tiempos. Al punto de que el protagonista se representa a él y a su deseada nueva compañera de trabajo, en estos inanimados objetos. 

La opresión que el trabajo en relación de dependencia genera en esta obra, se evidencia de manera explícita en la altura reducida y atípica del piso de oficinas donde ingresa a trabajar Craig Schwartz.

The internship (Levy, 2013) 

En tono comedia de enredos, dos vendedores fracasados de mediana edad (¿quizás nuestro afortunado Travis unas décadas después, y con el advenimiento de la era digital?) deciden probar suerte en una compañía fundada y pensada por y para jóvenes: Google. Por medio del modelo de pasantía deberán vérselas con jóvenes talentos para conseguir el puesto.

Aquí, Shawn Levy (su director) no solo presenta el drama que significa la adaptación de las viejas generaciones, sino un nuevo paradigma de trabajo, donde ya no interviene tanto el cuerpo sino la mente. No es ya la fuerza del trabajo sino el valor intelectual el que prima. En palabras de Jappe (2016):

La verdadera particularidad de la sociedad capitalista moderna es el papel central del valor y su autonomización, en virtud de la cual la producción misma de bienes de uso y de servicios pasa a ser un mero apéndice de la producción de una entidad fetichista: precisamente el valor.

También, cómo las nuevas generaciones valoran su tiempo libre y el uso de impensados elementos y hábitos de la vida cotidiana, como motor creativo para la producción laboral innovadora. Pueden observarse también nuevos hábitos (primero en las empresas de los propios jóvenes emprendedores fundan según sus intereses y caprichos personales; y luego en su conveniente réplica y adaptación a corporaciones establecidas que buscan seducir a la nueva ola de posibles futuros empleados) como por ejemplo: el flexible time, el home office, las vacaciones extendidas, los espacios de trabajo colectivos y descontracturados, el acceso a las nuevas tecnologías y al Wi-Fi libre, la incorporación de espacios de juego dentro del espacio laboral, entre otros.

Conclusión 

A modo de conclusión, podemos observar a través de los ejemplos desarrollados, cómo el cine es testigo, observador crítico y por qué no denunciante del binomio hombre-trabajo. Este medio audiovisual (que desde los inicios de su creación se ha empecinado en observar al hombre en relación a sus entornos, siendo el laboral uno de los más desarrollados y vistos en pantalla, quizás junto al del hogar) se vale de sus propios recursos tecnológicos, pero también de recursos tomados de la literatura (por ejemplo el flashback), la música y otras artes, para interpretar un clima de época. Las veces desde la comedia, el drama, el musical o la ciencia ficción, pero siempre desde un rol comprometido, fuera o dentro del mainstream. 

Para dar luz a la hipótesis planteada, de la entrevista realizada al profesor Russo, se desprende que las respuestas aportadas son de un elevado valor, para el presente trabajo. Se destacan, no solo por su pertinencia, sino también por los valiosos aportes que realiza, como complemento del trabajo realizado hasta el momento. Especialmente, tanto la película del director Andreyevsky (que crea una crítica extrema al vínculo hombre-trabajo-máquina, desde la ficción), como el documental con fragmentos de lo documentado de la realidad por Mitchell & Kenyon. Esto último, a modo de registro real de época del vínculo desarrollado en el presente trabajo. Por otro lado, la bibliografía recomendada: tanto la de Farocki, como la de Horne, resultan un insumo valioso para avanzar en el desarrollo del presente trabajo. En relación a esto, se le solicitó al profesor aportar dicho material bibliográfico, que fue gentilmente compartido en formato digital por este; pero que, lamentablemente y por cuestiones de tiempo (al menos en función al presente trabajo) resulta imposible de incorporar en esta instancia de entrega. 

Todos los aportes del Dr. Russo, anteriormente citados, acercan certezas a la hipótesis planteada al inicio del presente trabajo. 

A su vez, el Dr. Russo, considera que existe una crítica genuina, aunque acotada y hasta funcional a la propia industria del cine; y nos atrevemos a agregar por nuestra cuenta, funcional al sistema global capitalista. 

Por otro lado, y en relación a la entrevista realizada a la profesora Incorvaia, podemos concluir que: si bien su especialización no permite una profundización adecuada para el presente trabajo, sí se valora el consentimiento en la selección arbitraria de películas que realizó el autor. 

También, se valora la sugerencia de la profesora, en cuanto a la incorporación de filmografía latinoamericana que aborde el tema; en caso de profundizar en el presente trabajo. Por último, se rescata el comentario relacionado con la pregunta final (en relación al rol asignado por Sadoul, en tiempo pretérito, y el actual) haciendo énfasis, sobre todo, en los condicionantes técnicos contemporáneos; y la adaptación de la industria a los cambios suscitados socialmente. (comunicación personal, 15 de noviembre, 2017).

Cabría volver a hacerse la pregunta de hasta qué punto las situaciones presentadas en los films, no solo son reflejo de una realidad latente, sino que pueden influir en modificar dicha realidad.

Referencias bibliográficas 

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Ilusión laboral en la metrópolis. De la máquina a la flexibilización del siglo XXI fue publicado de la página 39 a página42 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº82

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