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Docente: Fernando Luis Rolando

Facultad de Diseño y Comunicación

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº83

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº83

ISSN: 16685229

Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Introducción a la Investigación. Proyectos Ganadores Primer Cuatrimestre 2018 Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita. Proyectos Ganadores Primer

Año XV, Vol. 83, Octubre 2018, Buenos Aires, Argentina | 190 páginas

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Entre Ríos, entre señales (Primer premio) Gonzalo, Delfina Introducción Hace un año, más específicamente una noche gélida del mes de Julio en las afueras de la Ciudad de Buenos Aires, algo rompió con la monotonía de la familia Zumino. Hacía tiempo que ninguno de los cinco recibía noticias de sus primos lejanos de Concepción del Uruguay, en Entre Ríos. Esta falta de novedades, Emilia todavía no podía descifrar, si le parecía algo bueno, como si el silencio significara calma o si era motivo para preocuparse. Emilia es la más chica de tres hermanas y la que más apego tiene a sus raíces en Concepción del Uruguay, una ciudad lo más parecida a un pueblo de época. Ese típico pueblito donde todo toma lugar alrededor de una plaza, donde las casas conservan sus antiguas fachadas, donde la hora de la siesta es sagrada y el tiempo se detiene. De allí es su familia paterna, los Zumino, una familia tradicional y según algunos relatos, casi fundadora de Villa San Justo, un barrio a 25 kilómetros de Concepción del Uruguay.

Capítulo I El teléfono interrumpió la calma de la cena. Emilia atendió la llamada y del otro lado se encontró con una voz que le resultaba familiar. Era Carmela, su prima segunda oriunda de Concepción del Uruguay. “Necesitamos el libro” dijo atormentada.

Emilia sabía que algo raro estaba pasando, no le había parecido una buena señal que alguien llamara a esa hora.

“¿Qué libro?” Le preguntó. Se trataba de ese libro, el que estaba guardado en el cajón de “cosas importantes”. “¿Ese que es de la historia de la familia y tiene olor a viejo?” Recordó Emilia. Si, era ese libro que tenía las páginas tan amarillas y viejas que se deshacían al tacto y que su mamá, muchas veces les había prohibido tocar. “Nos están mandando señales” acotó Carmela. Un silencio invadió la cena.

Fue tan cómico el pedido y tan trágica la suplica que a todos les costó tomarla enserio. “Son nuestros antepasados, nos están queriendo decir algo.” Nuevamente un silencio invadió la sala, ninguno de los cinco integrantes de la familia entendía de qué se trataba y si el pedido desesperado de Carmela del otro lado del teléfono era algo serio o simplemente estaba exagerando. Una de las hermanas de Emilia se quejó “son cosas típicas de pueblo, no podemos tomarnos esto enserio”.

Si creían en el pedido desesperado de Carmela o no, era cuestión de cada uno. Lo que es cierto es que lo que acababa de pasar no hizo más que generar una sensación extraña e intrigar a cada uno de ellos.

Capítulo II Carmela sostenía que estaban pasando cosas raras, y que eran sus antepasados los creadores de estas. Reclamaba el libro de la familia donde estaban anotados todos los acontecimientos de ella desde aproximadamente 1910. Desde nacimientos, bautismos, comuniones, matrimonios y fallecimientos.

Carmela y el resto de la familia que aún vive en Concepción del Uruguay, creía que estas “cosas raras” que estaban tomando lugar, eran señales de algún antepasado que por algún motivo no los dejaban en paz. “Esas son cosas de la gente muy creyente” repetía una de las hermanas de Emilia resignada a tomarse con seriedad lo que preocupaba a la mayoría de la familia. Como en cualquier caso, la evidencia no se puede negar. En este caso, las anécdotas incluyen supuestas apariciones como sombras en los pasillos de la casa de la familia, dibujos extraños en las paredes como si fueran característicos de niños y pisadas del tamaño de un pie de bebé. Ninguno podía procesar esta situación tan bizarra. Carmela les contó que una tarde dormían la siesta cuando una nube de humo invadió el dormitorio provocando su evacuación inmediata. Lo que les heló la piel fue que en ningún lugar hubiera fuego y que en los rincones de la casa se escucharan risas de niños.

Capítulo III Los familiares en Concepción del Uruguay ya habían hecho todo tipo de averiguación al respecto para terminar con estos eventos, pero nada había dado resultado. Llegaron a considerar mudarse y vender la casa, pero muchos se opusieron ya que la casa siempre había sido de la familia y tenía un valor sentimental muy alto. Es por esto que recurrieron a Emilia y a su familia en Buenos Aires, porque los últimos en tener el libro en sus manos habrían sido ellos. Estaban en lo cierto, el libro estaba en la casa de Emilia, pero ¿para qué querían el libro y por qué era tan fundamental? Carmela había contactado un cura, el cura del pueblo. Junto con él llegaron a la conclusión que las señales estaban siendo emitidas por tres presencias, o tres almas infantiles. A todos en Buenos Aires les resultó cómico y hasta cierto punto una tomada de pelo, pero para no faltarle el respeto al otro lado de la familia en Entre Ríos decidieron seguir adelante con el conflicto. Carmela les contó que el cura le había pedido el nombre de estos tres niños para poder invocarlos y así poder hacer, como le llaman en la jerga, una limpieza del espacio. Lo que sugerían es que estos niños habían sufrido algún tipo de incidente violento o una muerte no muy pacífica a una edad muy temprana y como resultado había algo que les impedía salir de la casa y que sus almas fueran libres.

Emilia dudaba de toda esta situación y le preguntó a Carmela por qué no le consultaban a su tía Amanda de 92 años que seguramente sabría si algo efectivamente había pasado en esa casa. Amanda había crecido en esa casa, pero cuando cumplió dieciocho años decidió mudarse a Villa San Justo, a Emilia siempre le pareció una señora extraña y muy antipática.

A pesar de la cercanía de los pueblos, Amanda no visitaba muy seguido Concepción del Uruguay, lo que a todos en la familia les resultaba extraño y a Emilia sospechoso. Amanda simplemente acotó “no recuerdo nada que tenga que ver con tres niños.” Emilia decidió seguir el pedido de Carmela por lo que recurrió al libro. Lo que descubrió la dejó helada y con miedo. Se sintió engañada y empezó a dudar de todas las anécdotas tan felices que había escuchado de su abuela de Entre Ríos. Se preguntaba si debía seguir con esta especie de investigación casera o, por el bien de su tranquilidad abandonarla.

Capítulo IV - Carme, soy Emilia. Perdón la hora, pero es urgente — dijo con la voz temblorosa—. Leí el libro, no vas a poder creer lo que descubrí. ¿Estás ahí? - Sí, ¿qué pasó? - En el libro está registrado en nacimiento de tres niños. Dos varones mellizos Pedro y Lisandro, en 1923 y una nena, Elina en 1924. En 1925 dice exactamente “festejamos el nacimiento de Amandita, hermana de Elina y prima de Pedro y Lisandro. Pesó 3,200kg” y sigue con todo el relato. Carme, Amanda mintió.

- O sea que Amanda tenía una hermana y dos primos casi de la misma edad.

- Espera, eso no es todo. En el libro esa página está como si la hubieran querido borrar y lo que más escalofríos me da es que no figura el fallecimiento de ninguno.

- Pero pueden seguir vivos.

- Sí, pero en ese caso ¿por qué nunca escuchamos nada relacionado a ellos? Mi papá me dijo que Amanda es hija única y que nunca escuchó esos nombres.

Capítulo V Carmela le sugirió a Emilia viajar a Concepción para poder hablar e investigar mejor. Emilia no pudo porque no podía dejar la facultad, pero se comprometió a ir en cuanto pudiera.

Mientras tanto, Carmela decidió seguir adelante con la investigación.

Viajó a Villa San Justo con el objetivo de indagar más en la historia y hablar con Amanda sobre su hermana y sus primos. Cuando llegó a la casa de Amanda sin previo aviso, se le negó la entrada. Un trabajador del campo la frenó en la tranquera. Le dijo que Amanda no estaba. “La espero” sugirió Carmela. “No va a volver” respondió el señor. Amanda se había ido. A sus 92 años se había escapado y había dado la orden de no revelar su destino.

Capítulo VI Emilia y Carmela no entendían cuál era el rol de Amanda en esta historia, si había sido víctima o victimaria. Lo que sí sabían es que Amanda había resultado ser la única heredera de esa parte de la familia y ahora entendían por qué. Que Amanda se hubiera dado a la fuga a sus 92 años no era una buena señal, algo sabía y no lo estaba contando.

Emilia decidió viajar a Entre Ríos ya que la situación era cada vez más difusa. Ambas jóvenes tenían muchas pistas, pero pocos relatos, pocos testigos. Es por esto que decidieron insistir en la casa de Amanda. El casero les negó la entrada nuevamente pero luego de un rato las dejó ingresar. Amanda se había ido, pero había dejado en su casa todas sus pertenencias.

Era raro. Probablemente fue como un acto semi intencional para que las dos jóvenes indagaran en sus cosas.

Probablemente Amanda en el fondo quería que su secreto al fin saliera a la luz.

Capítulo VII Amanda había dejado sobre su mesa de luz un álbum de fotos.

Los retratos dejaban oír la felicidad de una tarde de verano entre cuatro niños, Pedro, Lisandro, Elina y Amanda. Eran ellos. En la última página había una carta, era de Amanda, no indicaba destinatario. Simplemente era una especie de descargo.

Amanda en él relataba su infancia, mencionaba a sus primos y a su hermana y pedía perdón. Hacía énfasis en que estaba muy arrepentida y que nada era suficiente para perdonarle semejante acto. En ninguna página aclaraba qué había hecho y por qué. Estaba claro que algo que ella había hecho había provocado la muerte de sus primos y de su hermana, o eso es lo que entendían las dos jóvenes estupefactas ante esa carta.

Antes de tomar alguna decisión o hacer algo por impulso, decidieron tomar el álbum, la carta y regresar a Concepción.

Capítulo VIII Estaban por subirse al auto cuando Emilia recibió una llamada de su padre. Las mejillas se le inundaron de lágrimas. Se trataba de Amanda. La habían encontrado en el baño del histórico Hotel Emperador en Concepción, se habría envenenado.

Amanda se había quitado la vida. Se había fugado de Villa San Justo a un lugar muy cercano, o en otras palabras había vuelto a su lugar de origen. Amanda se fue, y se llevó con ella el secreto que la había acompañado toda su vida. Y ahí estaban Emilia y su prima, bajo el fuego del atardecer, con un nudo en la garganta, no por el triste final de Amanda porque nunca las había conmovido, si no porque todo esto había revuelto sus raíces. Ahí estaban, con los indicios inconclusos en la mano, pero nada confirmado.

1 + 1 (Primer premio) Pagani, Maria Belen Capítulo I. Simone y Andrea Simone se encontraba en la cama junto con Andrea mirando el atardecer, luego de una intensa semana de trabajo. Su celular indicaba que era viernes 22 de Julio, las 6 de la tarde. El vapor de las ventanas era propio de un cuarto calefaccionado y un exterior helado. Los colores borrosos que se veían a través de la ventana, eran como un cuadro impresionista. Ni el frío y blanco invierno apagaba los deslumbrantes colores del barrio. La ambientación de la casa delataba que ambos eran diseñadores. Simone se vinculaba con el diseño escenográfico y Andrea con la arquitectura. Era su rutina de todas las noches los detallados diálogos que tenían sobre sus días, a pesar de que siempre realizaran relativamente lo mismo.

Capítulo II. La ficción, el hogar de Simone Simone sentía que los espacios que diseñaba eran reales, se refería a ellos como tales. Vivía la ficción. Muchas veces se le dificultaba distinguir entre la realidad y la ficción. Lo mismo le pasaba con los sueños. Le contaba sus sueños al psicólogo como si fueran parte de su vida consciente, aunque no lo eran.

Capítulo III. Simone en Agosto En aquellos días la imagen de Simone no parecía Argentina.

Su pálido rostro, sus dos rodetes, su boca roja y su cuerpo envuelto en un Kimono de seda caracterizaban a una japonesa.

Primero, se sentó bajo un cálido cerezo rosado, similar a los del país oriental, abanicándose. Luego bajo lentamente su cabeza, flexionando su brazo derecho hacia el lado izquierdo a modo de reverencia. Al igual que todos los días, a las 13 en punto, el delivery le entregó su vianda para el almuerzo. Pero Simone le dijo al hombre que hacia el reparto unas palabras en japonés y este se fue desconcertado.

Capítulo IV. Un sueño en Invierno Su experiencia en Japón había sido solo un sueño producto de tanto esfuerzo para realizar la escenografía de un paisaje oriental. Al despertarse, Simone buscó su maquillaje y se caracterizó de igual manera que en el sueño. Andrea estaba en la mesa del desayuno y apenas escucha que Simone bajó las escaleras, la observó y no comprendió nada de lo que sus ojos observaban. Menos aún cuando la saludó en japonés.

Capítulo V. La escenografía y la arquitectura dialogando - Hola amor, buen día!. – Simone saludó a Andrea en japonés, mientras terminaba de acomodarse su peinado con sus dedos aterciopelados.

- No entiendo nada Saimo, le dijo ella, es muy temprano para estar jugando. ¿Qué haces vestida así? - ¿Qué tiene? ¿Ahora no puedo maquillarme y cambiarme como quiero?- Simone, a la defensiva, continuó hablándole a Andrea en Japonés.

- La verdad que no sé qué te pasa. Hace lo que quieras. Lo único, por favor háblame cuando vuelvas a “ser” Simone y me hables normal. No te vistas como una “ridícula”.

-Es que no entendés que soy yo, la de siempre, Simone.- continuó hablándole en japonés.

Luego de un rato se dió por vencida al ver que Andrea se negaba a responderle. Andrea terminó de desayunar, tomó su laptop y se fue al trabajo sin saludar a Simone. Ella se quedó inmóvil durante un minuto, se paró, abrió la puerta en búsqueda de su “despedida” matutina pero Andrea ya había partido. Era la primera vez en muchos años que esto sucedía.

Capítulo VI. Un sueño de Andrea, por Simone Simone en un descanso del trabajo, sacó de su cartera un pequeño cuaderno. Comenzó a escribir un sueño de Andrea que este le había comentado a la mañana tras la insistente pregunta de Simone. –“ ¿Te acordás que soñaste?”, esta fue la nueva pregunta que comenzó a marcar todas las mañanas de Agosto y Septiembre. Aunque esta vez, era la primera, que Simone escribía el sueño de su “amor” en primera persona, simulando ser tal.

Capítulo VII. Casi primavera Tras un mes a puro trabajo Simone logró finalizar su recreación del “Túnel del amor” de Ucrania. En lugar de ser un túnel completamente verde, decidió utilizar un material que simulará el reflejo en un espejo y acompaño dicha estructura con algo de verde. Obsesionada con el efecto que producía la reflexión en forma de túnel, se pasó horas contemplando como su figura reflejada era cada vez más pequeña y como el espacio se encontraba invadido por muchas “Simones”. Veía por primera vez el infinito de su propio ser.

Capítulo VIII. Simone en primavera Era el 21 de septiembre y no solo el paisaje experimentaba los cambios propios de estación, Simone también lo estaba haciendo. Al despertarse y preguntarle a Andrea acerca de su sueño, su voz no era su voz. No se trataba de un resfrió u alergia, sino que sonaba con un tono un tanto masculino; pronunció los colores más oscuros. Su cuerpo, tampoco era su cuerpo, su ropa, tampoco era su ropa. Se levantó y se dirigió directamente hacia el placard de Andrea y comenzó a vestirse con lo que ella tenía allí. Desayunó, se lavó los dientes y en lugar de agarrar su cartera, tomó la laptop de Andrea y luego partió, tomando otra ruta, distinta a la de todos los días.

Capítulo IX. Alguien Luego del vacío de 12 días, en los cuales ni Simone ni Andrea habían regresado al trabajo, ni tampoco tenían noticias sobre ellas, uno de sus vecinos, descubrió que alguien salió de la casa por la mañana y se lo reportó al grupo de investigación.

Un nuevo dato para el caso, pero no contribuyó a la reaparición de ellas.

Capítulo X. Epílogo El exceso de trabajo, imaginación, pasión y amor produjeron la desaparición de la pareja. No se sabe aún si fue un escape voluntario o involuntario o si Simone y Andrea se transformaron en un nuevo ser, desconocido para el resto de la sociedad, quizás una simbiosis.

Capítulo XI. Colofón Esta historia está inspirada en una relación que tuve y en la carrera que estoy estudiando actualmente. Fue intervenida con hechos fantásticos para potenciar el mensaje que deseo transmitir y poder atraer al lector.

El jardín interno (Segundo premio) Calvet, Agustina Introducción Clara se despertó un lunes 20 de Agosto en la ciudad de Buenos Aires en su departamento. Esa tarde tenía turno con Gaby quien la iba a ayudar con un problema físico que la estaba molestando hace varios meses. Es por eso que aquel día amaneció muy ansiosa y nerviosa.

Clara se sentía muy débil, sus defensas estaban bajas. Se engripaba cada semana y nunca se recuperaba. Vivía estando angustiada y desanimada. Su piel cada vez se ponía más sensible; algunas mañanas se despertaba con muchos moretones debido a que un mínimo golpe solía lastimarla. Luego de recurrir a muchos médicos y que no le den una solución efectiva decidió realizar una terapia. Ella estaba segura de que estaba enferma por algo emocional, un secreto muy escondido que solo ella sabía o podía descubrir.

Gaby era una terapeuta conocida por la familia ya que había ayudado a varios integrantes. Ella era muy dulce y perceptiva, tenía la habilidad de captar la esencia de su paciente.

El consultorio era como un templo. Al entrar, de fondo se escuchaba una relajada música muy dulce, decorado en tonos violetas y una luz baja pero una energía muy alta.

Clara le contó a su terapeuta lo que le estaba pasando. Más allá de lo físico, ella le explicó que últimamente se sentía angustiada y con mucho miedo. Quizás se debía a una etapa de cambios y crecimiento. En el fondo sabía que era más profundo pero no comprendía con exactitud la razón.

Clara se acostó en la camilla y Gaby comenzó a hacerle unos masajes relajantes en la sien con un aceite de extracto de lavanda. Clara cerró sus ojos profundamente.

Capítulo I. La despedida Clara se despertó aquel 20 de Agosto de 2017 a las 16:26hs en la puerta de su jardín de infantes en la ciudad de Neuquén.

Llevaba una mochila rosada y un guardapolvo azul y rojo. A pesar de que su madre la acompañaba de la mano, estaba muy sola e impotente.

Antes de entrar al jardín se quedó observando hacia una larga calle como un laberinto sin salida en la que sus dos mejores amigas, Lucina y Sábada, se alejaban pero ella ya no podía hacer nada.

Luciana se marchaba con cierto enojo hacia Clara y Sábada se iba triste y decepcionada.

Luego de una vida de amistad, las tres amigas se despedían de una forma muy dura y una razón ingenua para siempre.

Clara se despertó aquel 20 de Agosto de 2017 a las 16:31hs en la camilla del consultorio. Sus ojos se llenaron en un mar de lágrimas y no supo qué decir. Estaba confundida, sentía nostalgia, dolor, tristeza al volver a vivir aquel fuerte momento que no recordaba desde 2002. Su cabeza no paraba de peguntarse ¿realmente existieron aquellas dos niñas? ¿Quiénes son? ¿Fue un sueño? ¿Qué hicieron en mí? Capítulo II. La tarde en el jardín Clara volvió a acostarse en la camilla del consultorio y lentamente cerró los ojos para poder continuar con la sesión.

Todo era extraño pero muy espiritual. Gaby quiso armonizar el ambiente y prendió un sahumerio con una esencia que al principio olía muy dulce pero luego se convirtió en un aroma a flores y tierra mojada.

Fue en ese momento que Clara se despertó un 20 de Agosto del 2000 en el jardín de su casa. Hacía frío, ella vestía una campera verde muy abrigada y una bufanda azul. El aroma del jardín era muy particular, por un lado el olor a los pinos frescos y por otro lado un aroma que provenía de su casa, muy dulce por las tortas que estaba horneando su madre.

El clima en el hogar era bastante tenso debido a que toda la familia estaba preocupada y afectada por la crisis financiera que el país estaba sobrellevando. Su madre vendía comida para poder generar más dinero y su padre trabajaba muchas horas al día para poder mantenerlos. Es por eso que Clara estaba sola todo el día.

Ella tenía en su mano una muñeca nueva que le había regalado aquel 20 de Agosto por ser el día del niño. Pero generalmente no se divertía con muñecas sino que le parecía más entretenido crear sus propios juegos.

Recorrió el jardín tal como lo hacía todas las tardes de pequeña, que a pesar de no ser tan grande, era como un inmenso bosque para ella. En esas largas tardes que pasaba sola, inventaba muchos juegos con las pocas cosas que había en su jardín. Su casita del árbol solo tenía un par de ramas pero ella la veía como una gran mansión llena de escaleras laberintos y cosas entretenidas para hacer. La mente de Clara era muy amplia y su creatividad infinita.

Subió a su casita en el árbol y de pronto vio a dos niñas sentadas en una rama. Una de ellas se llamaba Sábada, era tan curiosa y sociable que se acercó a hablar con Clara. A pesar de la timidez de ella, entraron en confianza rápidamente.

La otra niña se llamaba Luciana pero era más antisocial quizás por el miedo y el rechazo que les tenía a las personas.

Era malhumorada y se quejaba en general de todo. Pero a la vez era muy atenta, despierta, inteligente, culta, estudiosa y responsable. Su pelo era rojo y lo peinaba con un rodete muy apretado, usaba unos anteojos redondos con mucho aumento y su cara era alargada. Ella era muy flaca y alta, usaba una pollera escocesa cuadrillé y un sweater de color verde safari.

Se veía una niña muy correcta y callada.

En cambio Sábada, era una niña muy dulce y alegre. Se reía por todo y contagiaba esa felicidad a cada persona que se la cruzaba. Era muy sociable, curiosa e inocente. Confiaba mucho en las personas y siempre quería ayudar a los demás.

Solía ser sensible y emocional. Sábada tenía el pelo color naranja y siempre estaba muy despeinada. Generalmente usaba ropa de mucho color y no sabía combinarla pero se veía bien en ella. Era muy común verla con una sonrisa debido a que disfrutaba cada momento.

Desde ese día se convirtieron en tres amigas inseparables que no solo compartían tardes en la mansión del árbol sino también comían, dormían y paseaban juntas.

Capítulo III. Risas sin sentido Clara se despertó un 19 de Agosto de 2001 en el sillón de la casa de sus abuelos. Estaba con su abuelo y sus dos primos.

De fondo se escuchaban risas que parecían inocentes pero en el fondo la lastimaban mucho. Le preguntaban a Clara como era posible que Sábada y Luciana existieran si solo ella las podía ver. Sábada y Luciana estaban presentes en ese momento, escuchando lo que pasaba. Ella se sintió muy avergonzada, por compromiso dijo que ya no las veía y que nunca habían existido. Inmediatamente se volvieron invisibles al sentirse ignoradas. A la vez, Clara estaba muy triste porque no quiso herirlas ni ofenderlas pero intentó encajar en la realidad de su familia.

Entendió que fue desde ese momento que se empezó a romper la amistad y poco a poco se fueron alejando o en verdad, fueron desapareciendo.

Clara se despertó recostada en la camilla. Se sentía enojada y un poco avergonzada con esa situación. Tenía impotencia de no poder haber hecho nada.

Gaby decidió hacerle un breve tratamiento para curarle esa emoción. Le pasó un imán por el corazón de Clara para destrabar y sacar esa emoción guardada que generaba tanta angustia.

Debía concentrarse en un recuerdo doloroso, y volver a ese lugar. Así poder aceptar, comprender, recordar, perdonar y perdonarse.

Clara se despertó un 20 de Agosto de 2001 a las 16:26hs en la puerta de su jardín de infantes en la ciudad de Neuquén.

Llevaba una mochila rosada y un guardapolvo azul y rojo. A pesar de que su madre la acompañaba de la mano, se sentía muy sola e impotente.

Antes de entrar al jardín se quedó observando una larga calle como un laberinto sin salida en la que sus dos mejores amigas se alejaban para siempre, pero ella esta vez sí pudo hacer algo.

Comenzó a correr y al fin las alcanzó. Frente a ella, Luciana y Sábada, sus amigas de siempre.

Clara no pudo contener el llanto. Pudo pedirles perdón y hacerles saber que fueron muy importantes para ella. Las tres se dieron un fuerte abrazo y una merecida despedida.

Capítulo lV. La revelación Clara se despertó aquel 20 de agosto de 2017 a las 16:35hs en la camilla del consultorio.

Gaby: -¿Qué tal te sentís? Clara:- muy bien, muy liberada. Siento que me perdoné a mí misma, que ya no puedo castigarme por haberlas dejado ir y crecer.

Gaby:- ¿sabes quiénes son esas niñas? Clara:- Ellas eran mis amigas imaginarias que me acompañaron en los momentos que me sentía más sola. A pesar de saber que de niña solo yo las podía ver aún no se realmente que me quisieron mostrar o decir de pequeña y más en este momento, pero siento que son parte de mí.

Gaby:- yo creo que con el tiempo y las vivencias vas a aprender lo que te quisieron o quieren enseñar. Solo tienes que estar despierta y atenta.

Gaby parecía saber todas las verdades ya que siempre hablaba con seguridad y tenía el consejo perfecto, pero no dijo más y le cerró los ojos a Clara que aún permanecía recostada.

Capítulo V. Tiempo congelado Clara se despertó aquel 20 de Agosto de 2017 en el consultorio de Gaby. Ella la abanicaba y le ofrecía agua fresca al ver que Clara había reaccionado, estaba muy preocupada. La recostó en la camilla y le pregunto qué tal se sentía.

Clara se había desmayado apenas entró al consultorio y aparentemente había sido una baja de presión por falta de comida.

La sesión no había podido ser. Gaby no pudo hacerle el tratamiento y Clara se preguntaba qué había pasado antes. ¿Acaso había hecho un viaje a su inconsciente o a otra dimensión? ¿Cuál era la realidad? Capítulo VI. El tiempo Clara volvió a su casa y apenas llegó se recostó. No entendía que había ocurrido aquel día tan raro. Se puso a pensar qué fue verdad y qué no. ¿Qué ocurrió realmente? No quiso pensar más y se durmió profundamente.

Clara despertó un 20 de Agosto de 2080 en una habitación que tenía una cama y recostada sobre esta había una mujer anciana. Aquella mujer parecía de unos 80 años aproximadamente, era canosa y arrugada pero se la veía muy luminosa y feliz, emanaba calor en su sonrisa y olía muy dulce. Clara se acercó sin hacer ruido y la observó.

Junto a su cama había una mesita de luz que tenía un cuadro pintado de estilo realista. Eran tres personas, en el medio una señora muy parecida a Clara y a su lado dos mujeres, una con pelo naranja y otra con pelo rojo.

Clara se sorprendió mucho y tomó el cuadro. Al darlo vuelta había una dedicatoria que decía: “para mis queridas Luciana y Sábada que tanto me enseñaron en este tiempo.” Clara estaba muy desconcertada, sorprendida y confundida por lo que volvió a dejar el cuadro sobre la mesita rápidamente.

Al apoyarlo se cayó un sobre muy misterioso color lavanda que aparentemente estaba dentro del cuadro. Clara lo abrió desesperadamente con el fin de encontrar una respuesta más concisa.

Capítulo VII. El tiempo Clara tomó aire y comenzó a leer.

“Luciana y Sábada: Mis queridas compañeras de vida, momentos y aprendizajes. Ambas me enseñaron cada parte de mi universo interno ya que son parte de mi esencia y de mi ser. Con el tiempo comprendí que con sus personalidades tan opuestas me complementan. Son la luz de mi existencia…” Clara hizo una pausa porque estaba tan sorprendida y emocionada que no podía parar de hacerse preguntas. Pero a la vez comprendió que Luciana y Sábada simplemente eran sus amigas imaginarias de la infancia pero que siempre estuvieron.

Respiró hondo y continuó leyendo.

“Aquel día en el jardín que las conocí comprendí todo. Quizás era tiempo de crecer y madurar ya que mis padres estaban en una situación difícil y yo debía cooperar, tener esa actitud más seria y adulta como Luciana. Pero a la vez nunca quise dejar de lado a mi pequeña Sábada que me hacía querer salir corriendo a jugar, explorar y reírme de todo.

Gracias por completarme y acompañarme. Nunca me sentí sola. Siempre había una para retarme y aconsejarme y otra para relajarme y divertirme.

Y así soy yo, tan seria y tan risueña, tan estructurada como relajada, tan acomodaticia y tan aventurera, tan tímida como amistosa, tan egoísta como generosa, tan Luciana pero tan Sábada a la vez.…” Clara estaba muy compenetrada leyendo pero de pronto se escucharon ruidos en la puerta y ella muy asustada, tiró la carta al piso. No supo donde esconderse. Ya era demasiado tarde. Se abrió la puerta y detrás de ella había dos chicas. Una con pelo rojo y otra con pelo naranja. Una era Luciana y la otra era Sábada.

Capítulo VIII. Un 20 de Agosto Clara se desmayó al instante debido al nivel de confusión frente a esta situación.

Clara se despertó un lunes 20 de Agosto en la ciudad de Buenos Aires en su departamento.


Docente: Fernando Luis Rolando fue publicado de la página 166 a página171 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº83

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