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Más allá de la máscara hiperrealista. Materiales que cobran vida

Fernández Rey, Tamara

Asignatura: Taller de Reflexión Artística I

Creación y Producción en Diseño y Comunicación

Creación y Producción en Diseño y Comunicación

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XXV Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2019 - Ensayos Contemporáneos. Edición XXIII Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2019

Año XIV, Vol.88, Diciembre 2019, Buenos Aires, Argentina | 278 páginas

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Resumen: En el ensayo se habla principalmente sobre las inusuales técnicas y los diversos materiales que emplea el colectivo artístico Mondongo para realizar sus obras. Mi trabajo tomó forma a partir de preguntarme varias cuestiones y, a su vez, relacionar dichas respuestas con la bibliografía e información que nos brindó la profesora durante el cuatrimestre como así también la investigación que realicé por mis propios medios. Uno de aquellos interrogantes, por ejemplo, fue por qué estas obras son tan impactantes y qué es lo que las hace únicas, la respuesta vino a mí inmediatamente cuando vi de cerca una de ellas, ahí comprendí la relevancia que posee el material en sí para ellos. También se hondará en el tema de lo apolíneo y lo dionisiaco, la relación que sus creaciones tienen con dichos conceptos y el hiperrealismo empleado para ocultar las lecturas, impactantes en algunos cuadros, que pueden hacerse de los mismos. Me interesó escribir acerca de por qué pueden éstas ser consideradas como obras de impacto teniendo en cuenta el uso de materiales poco convencionales a la hora de crear. Además, en el ensayo se cuestiona si Mondongo, debido a las características que presentan sus obras, se acerca en cierta forma a la corriente artística del me gusta.

Palabras clave: materiales – apolíneo – dionisiaco – hiperrealismo - experimentación.

Introducción

Cuando uno mira una obra del colectivo Mondongo, de buenas a primeras, puede creer que lo que está viendo es una pintura hiperrealista común y corriente pero no se puede estar más alejado de la realidad. Este tipo de obras posee dos rasgos principales que las distinguen de sobremanera. Por un lado se encuentra la particularidad de sus materiales de trabajo y por el otro los significados que se ocultan detrás de un velo apolíneo puesto en la escena adrede. En el siguiente ensayo se analizarán estas características del colectivo y se reflexionará acerca del porqué de dichos materiales y sus técnicas de trabajo.

¿Por qué utilizar materiales no convencionales?

Da Vinci un día dijo “creo más en la experimentación que en la palabra” y sencillamente no puedo estar más de acuerdo con él. La experimentación es una fase por la cual todo el mundo transita durante la niñez, pero en el caso de los artistas creo que ésta se debe de extender infinitamente. Uno nunca es lo suficientemente grande para seguir jugando con los materiales que posee ni tan viejo como para aprender nuevas técnicas gracias a ellos. A lo que voy es que, no da lo mismo trazar una línea con lápiz que con carbonilla, la textura y maleabilidad de la plastilina no se compara con la de la porcelana fría o la de la arcilla, una hoja de color beige no aporta la misma expresión y rudeza que una obra realizada sobre una hoja teñida con té, posteriormente arrugada y quemada en los bordes.

De esta premisa nace Mondongo. Los elementos de trabajo que emplea este grupo en sus obras es lo que las convierte en obras de choque. Si bien soy consciente de que no podemos comparar el nivel de shock que nos puede llegar a producir dilucidar con qué tipo de cosas están compuestas las obras de estos tres artistas y, por ejemplo, un urinario firmado por Duchamp (y digo “un” y no “el” por la impropiedad del mismo) es acertado decir que se logra causar impacto por el hecho de salir de lo tradicional como bien puede ser, por nombrar algo, pintar al óleo sobre lienzo. Además, cabe destacar, dichos materiales no son elegidos de forma azarosa, en sí son un elemento más que le da sentido y a su vez conviven con la obra en cuestión y el significado de la misma.

La variedad de materiales que utiliza el grupo en sus creaciones es inmensa. La diversidad de materiales es más evidente en los retratos que realizaron en sus comienzos. En el de Jorge Luis Borges se puede apreciar que fue elaborado con hilo de algodón, Ernesto “Che” Guevara con balas y resina de color rojo, para Diego Armando Maradona cadenitas de oro, el Papa Juan Pablo II con ostias, a los reyes de España con vidrios de colores, Eva Perón con panes, Atahualpa Yupanqui con lana, Carlos Gardel y Astor Piazzolla con alfileres, Andy Warhol con preservativos de colores, David Bowie con brillantina, utilizaron carne picada para Pablo Suárez, Antonio Berni con taco xilográfico, Adrián Dárgelos con strass sobre tela, Carlos Monzón con vidrios sobre madera, “La Coca” Sarli con galletitas y Amalia Fortabat con perlas falsas. Llegados hasta este punto se podría decir que el material utilizado en la obra posee un vínculo semántico obvio con el personaje retratado y es por eso que éste a su vez adquiere una suerte de coprotagonismo en el cuadro.

En cuanto a las obras que no son retratos se pueden distinguir los siguientes elementos tales como, el hilo que brilla en la oscuridad sobre un fondo negro pintado con acrílico empleado en la serie Glow in the dark en la que se pueden ver distintas escenas con animales, la Casa Blanca realizada con fiambres ahumados, un billete gigante hecho con clavos y un tejido de hilos plateados, palillos de madera para una flor de loto, un tórax con monedas, una ola y la imagen de un parto hechas con espejitos de colores, entre otros. Recientemente han declarado en una entrevista que, de un tiempo a esta parte, tienen una predilección por la plastilina e hilo sobre madera a la hora de concretar tanto los pocos retratos que realizan actualmente y el resto de sus creaciones ya que se sienten cómodos trabajando con dichos materiales.

¿Por qué debe haber distancia a la hora de contemplar?

Según Byung-Chul Han, la distancia contemplativa presupone que “el imperativo táctil o el placer de lamer solo es posible en un arte de lo pulido vaciado de todo sentido” (2015, p.13). A su vez él se basa en lo que sostuvo Hegel: el arte en sí tiene un sentido y es por ello que se deben utilizar los sentidos teóricos, la vista y el oído, para apreciar las obras. Excluye al olfato, el gusto y el tacto debido a que, supuestamente, “no tienen acceso al sentido y al deleite artístico”.

¿Es realmente inválido contemplar algo de índole artística con más de dos únicos sentidos? ¿Es posible que alguien pueda determinar tan libremente qué sentidos utilizar a la hora de contemplar en su totalidad a una obra? El grupo Mondongo ha desarrollado piezas que son imposibles de contemplar a la distancia utilizando exclusivamente los ya mencionados sentidos teóricos pero que, sin duda alguna, gozan de la capacidad de hacer reflexionar a los espectadores ya sea bien por la técnica, la extrañeza de los materiales usados y/o el peso del significado oculto en ellas.

¿Es Mondongo parte del arte del me gusta?

Hoy en día lo pulido, redondeado, liso, pulcro e impecable, cualidades dignas de algo asemejado a lo perfecto, nos resulta bello e inofensivo. Se podría pensar entonces que el arte del me gusta es incapaz de plantearnos desafío alguno debido a que no nos aleja de la tan famosa zona de confort (en donde todo lo que nos haga reflexionar, es negativo o fuera de lo común es eliminado). Pero no es así, yo creo que podría hacerse un paralelismo entre este tipo de arte y los trabajos del ya mencionado grupo. Si bien no creo que éste forme parte de tal corriente artística, sí es verdad que hace uso del hiperrealismo, la belleza matemática y de las características mencionadas anteriormente al principio del párrafo, pero he aquí la gran diferencia que los destaca, sus creaciones sí tienen como objetivo principal hacernos pensar en el trasfondo de las mismas. Otra cosa en común con el arte del me gusta es que sus obras nos invitan a tocarlas, lo cual no se debe principalmente por lo apolíneo de sus formas (como sí ocurre con el arte de Jeff Koons, por ejemplo) sino más bien por los materiales utilizados a la hora de crearlas, los cuales poseen texturas variadas. Esto, por así decirlo, le genera al espectador una sensación de menor distancia pero no por ello sus obras carecen de sentido o reflexión.

Lo dionisiaco y lo apolíneo

Según Nietzsche, son dos instintos que se encuentran en una complementariedad constante. Se podría decir entonces que son las dos caras de una misma moneda. Mientras que una es la fuerza creadora, el orden, la mesura, la claridad, lo puro, la belleza y el sueño; la otra destruye, es impura, irracional, desmesurada, embriagante y excesiva. Pero es en esta disparidad que ambos encuentran el equilibrio.

Para Nietzsche el mundo es un juego de apariencias sometidas a interpretaciones infinitas en el cual sólo existen los hechos. Para el ser humano, la realidad, está plagada de sufrimiento y tragedia y, al no ser capaz de soportarlo, éste crea máscaras apolíneas que cumplen la tarea de tapar la verdad dionisiaca.

La definición más acercada de lo apolíneo es “la representación de formas o imágenes individualizadas, tales como las que surgen en nosotros cuando estamos soñando o imaginando”. En contraposición, lo dionisiaco está relacionado con el estado de embriaguez, se pierde la conciencia de la individualidad y de la buena forma.

¿Qué relación tiene entonces Mondongo con lo dionisíaco y lo apolíneo?

Tras haber indagado y visto muchas de sus creaciones, he llegado a la conclusión de que la transgresión, la negatividad, lo horrido, siniestro y violento, se reserva para lo que la obra de Mondongo desea decirnos. Si bien lo que vemos nos parece estéticamente correcto y por ende bello, se trata de un simple velo, una pantomima puesta en escena adrede para que el espectador promedio diga “Wow”, pero aquel ávido observador sabe que eso que está representado de una manera hermosa esconde un significado premeditado y profundo, inclusive aterrador, en algunos casos. En sí, por dar un ejemplo, es como la pintura de Gericault La balsa de medusa. Estéticamente los tripulantes perecidos son físicamente hermosos, parecen cuerpos esculpidos y cuentan con una piel tersa, hasta podría decirse que no parecen realmente cadáveres por los colores empleados a la hora de pintar sus cuerpos, y sin embargo el mensaje no puede ser más trágico.

Una de las obras que tomaré de ejemplo y analizaré a continuación es un cuadro perteneciente a la tan famosa Serie Roja inspirada en el cuento Caperucita roja y el lobo realizado con plastilina sobre madera. Como podemos observar, se trata claramente de una versión o reinterpretación más adulta del cuento. Podría inclusive decirse que esta serie contiene algunos cuadros que dejan entrever un tinte pedófilo. La temática gira en torno a qué tan siniestro puede llegar a ser un cuento infantil.

Procederé a analizar el cuadro que tiene como imagen al lobo dándole de comer un helado a caperucita. En esta serie de cuadros el lobo es representado como un ser antropomórfico, posee el cuerpo de un hombre mayor y su vez conserva su cabeza de canino. Se presenta como una amenaza silenciosa, trata de asemejarse a un caballero vistiendo un galante traje blanquecino pero, si bien se muestra en una actitud pasiva, hay algo que no está bien. Esa sensación que se tiene al ver la obra es debido a que sabemos que, a pesar de que la mona vista de seda, mona queda. Él sigue siendo un lobo y presentimos que tiene la intención o el instinto de atacar de un momento a otro a la caperuza. Otro detalle que me gustaría recalcar son las flores, solo están presentes de su lado y casualmente algunas son de color rojo y otras naranjas. A dichos colores usualmente se los asocia con el peligro y el estado de alerta. Por su parte, caperucita, está bastante sexualizada a lo largo de la Serie Roja. Se podría incluso llegar a pensar que detrás de estas obras se deja entrever un tinte pedófilo inclusive.

¿Es Mondongo una vanguardia?

El cambio siempre genera rechazo o resistencia y es esto lo que una vanguardia propone. En sí es una ruptura en el ámbito de lo tradicional a través de la innovación y la experimentación para lograr generar un cambio de mentalidad. A penas empezamos a leer la entrevista hecha por Centenera y Cué para el diario El País a Mondongo nos topamos con lo siguiente: “Una fotografía de Jorge Luis Borges está enmarcada en una tapa de inodoro en el taller del colectivo artístico Mondongo”.

Podríamos hacer un paralelismo entre el acto infantil y transgresor que realizó Duchamp cuando garabateó a la Gioconda de Da Vinci. En ambos casos ocurre lo mismo, los artistas rompen con la tradicional forma de admirar a lo impoluto e intocable, y lo ridiculizan pero sin perder el respeto que siente por la figura en sí.

Al igual que una vanguardia hecha y derecha, el colectivo ha innovado en la forma de plasmar sus obras haciendo uso de diversos materiales e incluso comida. En la misma entrevista ellos declaran que, si bien su arte ha incluido en obras anteriores comida como un material principal, tales como los panes que fueron utilizados para retratar a Evita o la carne picada que implementaron en el retrato de Pablo Suárez, hoy en día ya no la utilizan más. Esa decisión se debió a los “dolores de cabeza” que les producía el hecho de no saber cómo conservar materiales perecederos y además por la crítica a su colectivo tras haber utilizado alimentos en un país en donde la gente pasa hambre.

Cabe aclarar que en esto último han hecho caso a la opinión pública. Si hay algo que una vanguardia jamás debe hacer es eso, caso. Lo que la gente pueda llegar a decir de sus obras son opiniones que siempre hay que escuchar y analizar detenidamente. Al fin y al cabo los materiales no se desperdician, no se están tirando a un tacho de basura ni mucho menos se utilizan con malicia. En definitiva la comida también es un material, tal así como los óleos, los hilos, la plastilina y un gran etcétera. Si la obra requiere ser hecha con, por ejemplo, carne, el artista no debería privarse de ello y, en cuanto a la conservación, hoy en día hay muchas técnicas útiles en esa área.

Además, no creo que el hecho de utilizar un material perecedero sea pura casualidad o capricho de los artistas. Tanto la comida como las figuras que aparecen en las obras realizadas con dicho material tienen un elemento en común, no son eternos, su forma cambia dependiendo de la cantidad de tiempo transcurrido. Podríamos estar entonces hablando de un tipo de arte entrópico, un arte orgánico en el cual el proceso de desgaste y deterioro es una parte relevante de la obra. El hecho de haber prescindido de la comida para realizar obras posteriores les ha quitado la posibilidad de tener una significación más profunda en ellas, no es lo mismo retratar a la Casa Blanca con fiambres que hacerla de mármol.

En sí Mondongo ha demostrado ser una vanguardia en sus comienzos pero hoy en día ya está más comercializado. No es que esté satanizando a la comercialización de las obras, todo lo contrario, el artista debe ganar por lo que elabora pero creo que la vanguardia es más altruista que otra cosa, no se piensa en cuánto vas a ganar sino en cuánto vas a cambiar. En otras palabras, el artista no debe modificar la esencia de su arte solo por comodidad del comprador.

Bibliografía

Centenera, M. y Cué, C. (2017) Mondongo, el arte argentino de la mentira.  El País. Disponible en: https://elpais.com/cultura/2017/02/21/actualidad/1487700702_187939.html

Han, B. C. (2015). La salvación de lo bello (1era ed.). Barcelona: Herder Editorial.

Oliveras, E. (2005). Estética: la cuestión del arte (1era ed.). Buenos Aires: Editorial Planeta / Ariel.

Sánchez Meca. Nietzsche: lo apolíneo y lo dionisíaco. (2018). Youtube. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=dMLyvXBV5q8


Más allá de la máscara hiperrealista. Materiales que cobran vida fue publicado de la página 90 a página92 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación

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