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Oratoria en el ámbito corporativo

Mazzocco, Marcos [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

ISSN: 1668-1673

XVIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2010.

Año XI, Vol. 13, Febrero 2010, Buenos Aires, Argentina. | 202 páginas

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Para saber qué es la Oratoria en los negocios es menester entender quién es orador. Un orador es aquel que logra resultados con su comunicación, es quien logra persuadir con la palabra y en la acción a otro individuo.

Innumerables líneas se han escrito en referencia a la oratoria y cuantiosas más se trazarán. El arte de la oratoria es una disciplina afirmada sobre la ciencia de la comunicación, y por tal debe entenderse que tiene aplicación en todas y cada una de las actividades que realiza el ser humano. Las ciencias son dinámica e infinitamente perfeccionables, pero algunos de los consejos que llegan a oídos de los hombres de negocios son perjudiciales. Veamos cuáles son los (algunos) consejos que sin lugar a dudas, no dañarán su accionar profesional.

- Quien sabe hablar debe saber escuchar. En la historia de la humanidad, existieron líderes ciegos, mutilados o paralíticos, pero no tengo registro de líderes sordos. Intentar comunicar a través del habla únicamente no tiene sentido, el paso anterior al habla es la escucha y no la audición. Oír es un proceso físico en donde una vibración viaja por el espacio hasta llegar una membrana que vibra y emite una señal. Escuchar es un proceso psicológico en donde intervienen elementos más complejos (y dificultosos). Para hablar es necesario escuchar, y a su vez entender. Quien sólo oye, no entiende.

- Conociendo ahora la importancia de la escucha, es fundamental entender que el público – mínimo o masivo – quiere y debe ser protagonista de la presentación. La participación es mucho más poderosa y persuasiva que la pasividad; para alcanzar el objetivo el orador debe aplicar herramientas creativas para que el público: sea reconocido, forme parte del acto de presentación y… sepa qué aplicación tiene el mensaje.

- El estilo del orador es el hombre mismo. Hace algunas semanas una estudiante me comentó que su profesora de oratoria de la universidad la aprobó con la mínima nota porque en su discurso final apoyó su dedo índice sobre el escritorio. Estimados lectores, no hay un estilo para la comunicación, quien intente copiar o duplicar a un comunicador, lamentablemente no será más que una copia.

- La oratoria no es simplemente el arte de hablar en público. Aristóteles decía “el aprendizaje es más fuerte que la enseñanza”, porque hasta quien habla aprende. Ser buen orador no significa ser buen recitador. Las clases o discursos magistrales sólo son efectivos en determinadas esferas. El orador tiene un gran abanico de recursos para lograr comunicaciones más persuasivas. Observemos: Una importante investigación determinó que una persona promedio recuerda el 10% de lo que escucha, el 30% de lo que ve y escucha, un 60 % de lo que ve, escucha y participa y un 90% de lo que ve, escucha, participa y acciona. Si sabemos que “hacer aprender” es 9 veces más efectivo que “hacer escuchar”, por qué seguimos utilizando el obsoleto método de hablarles simplemente a nuestros interlocutores. La respuesta es obvia: Es más fácil y cómodo, pero también menos efectivo. Para comprender mejor esto, recordemos cuál era el método de aprendizaje en el jardín de infantes: El juego.

- Planificación, palabra grave para los argentinos. Hace algunos años un hit musical rompió los rankings de las FM locales, decía algo así: “lo atamo con alambre lo atamo…”. La falta de planificación es una endemia argentina y la oratoria de nuestros líderes (públicos y corporativos) no es la excepción. Uno de los grandes héroes en la historia de la humanidad, permaneció 40 días y 40 noches en el desierto, sólo, con escasos o nulos recursos, y con sólo una intención: “planificar”, preparar sus sentimientos y pensamientos, pasión y razón para un solo objetivo, “persuadir”.

Dos mil años después, un cuarto de la población mundial lo recuerda diariamente, no hay más claro ejemplo de planificación.

- Control sobre el miedo oratorio. Los grandes oradores de la historia, aquellos que son recordados por los esfuerzos realizados para convertirse en comunicadores de alta talla más que por sus palabras, dan fe que casi todos los mortales podemos ser buenos comunicadores, el escollo inicial y principal es el temor, el miedo y el pánico oratorio, sentimientos similares al que nos atacó el primer día de escuela. No existen recetas mágicas pero si algunas técnicas para minimizarlo, y controlarlo;

1. Entender que la timidez o el miedo oratorio son estados de ánimo dominables, transitorios y estimulantes.

2. Organizar el tema y jerarquizar las ideas.

3. Conocer y respetar al auditorio, hablar con la audiencia y no a la audiencia.

4. Utilizar un vocabulario sencillo para que se decodifique con acierto, los floreos generan confusión y barreras en la comunicación.

5. Hablar siempre de lo conocido.

6. Prepararse para afrontar argumentos que no son esperados.

7. Apoyarse en los medios audio visuales sin reemplazarse y…

8. Practicar, practicar y practicar más….

Muchos vendedores son diamantes de la comunicación (algunos pulidos y otros en bruto), ellos saben de este refrán: “No compro porque no quiero, no quiero porque no entiendo.”

Si no es posible comunicar, la persuasión nunca arribará.

Vocabulario relacionado al artículo:

comunicación . discurso . empresa . persuasión .

Oratoria en el ámbito corporativo fue publicado de la página 93 a página94 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXIII

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