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El jardín eterno

Fernández, María Leticia

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

ISSN: 1668-5229

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Año VI, Vol. 28, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 122 páginas

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Josefa estaba callada, el alboroto a su alrededor la dejo en silencio.

Si bien era claro para ella, porque su madre Daniela le había contando, la pequeña niña José no podía entender el porque de tanto despliegue y alboroto.

Por la mañana ya todo estaba listo, las maletas llenas de recuerdos alistadas en la puerta de su casa, marcarían para siempre el recuerdo de su pasado y futuro.

Josefa se vistió con ropa que su madre designó, lavó su cara y dientes y con mucho apuro partieron hacia el puerto de Barcelona donde tomarían el barco que cambiaria su destino para siempre.

Luego de esperar varias horas sentada en un banco de madera, ya era hora para que Daniela, Paco y Josefa embarcaran su rumbo.

Al igual que otros niños José encontraba la idea de un barca, un viaje y el gran océano como escenario, algo deslumbrante y divertido. Parecía una película de piratas de la cual ellos eran protagonistas.

De repente una especie de sirena comenzó a sonar y allí lo supieron todos era tiempo de parir.

Una vez situados dentro al barco, la gente comenzó a aglomerarse, no todos accedían a los camarotes y beneficios de un buen viaje en alta mar, es por ello que José y su madre se acomodaron velozmente en uno de los bancos de madera donde pasarían el resto del viaje.

Pasaron los días y el barco seguía su rumbo tan lentamente que José pensaba que siempre estaban en el mismo lugar.

Al cabo de veinte días, el frío de las noches y el calor insoportable de las mañanas no resultaban divertidas a los niños. Los grandes sin embargo mantenían desde el inicio las mismas caras tristes y contracturadas.

Pasado un mes completo, finalmente pudieron divisar el lugar de llegada. En el puerto de Buenos Aires –Argentina la familia Corbalán comenzaba a escribir su mueva historia.

José ya no era una niña, parecía que el viaje en barco había durado al menos 15 años para ella y la pequeña que partió era ya una persona grande de cara seria y unos ojos azules como el agua de los océanos que la hizo crecer en menos de un mes.

La casa de Papa Rafael (abuelo de Josefa) era una habitación alquilada. La vida en América era tan dura como en Europa con la diferencia que el aire era propio y se podía respirar sin que nadie te juzgue.

Pasaron las semanas y Josefita no lograba entender la situación, Daniela era distante porque entendía que todo requería de tiempo y adaptación. Pasaron los meses de verano y el primero del mes de marzo la pequeña niña comenzó el jardín infantil.

Alistada para conocer su nuevo mundo José, estaba exaltada y ansiosa. Por encontrarse con el gran temido jardín.

Por la mañana, tomaron una bicicleta, un cuaderno y comenzaron el viaje a la institución. Al llegar al establecimiento nadie los esperaba y el edificio antiguo y sucio no era con la pequeña había imaginado.

Ingresaron al aula numero tres, era la sala de niños de 5 años de edad.

Josefa divisó por una pequeña ventanilla las caras de los niños que se encontraban dentro, la mayoría tenían el mismo pánico y entusiasmo que ella. Pasados unos segundo, tomó fuerte de la mano a Paco y se aferro a mas no poder, pero era inevitable debía ingresar a ese cuarto de colores gastados por el tiempo y la mugre.

José, mi mamá, siempre cuenta que tardo cinco minutos en desprenderse de mi abuelo Paco para poder ingresar al aula del jardín.

Una vez adentro la maestra la saludo y le dijo con vos dulce que se podía ubicar donde ella más quisiera .José se detuvo, observo a los niños y casi por instinto se sentó al lado de un pequeño de ojos grandes y oscuros con la cabeza llena infinitos rulos marrones.

El pequeño, la miro y le dijo sonriendo que se llamaba Juan y que su papa era el director de la escuela.

Josefita se sintió seguro y comenzó a distenderse.

Ya pasaron 38 años que Josefa y Juan, mis padres, están casados.

Se conocieron en 1957 en el primer día de jardín en la escuela de mí abuelo Domingo Fernández.


El jardín eterno fue publicado de la página 29 a página30 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº28

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