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La búsqueda de la belleza real en la posmodernidad

Figueras, Martina; Nohara, Sofía

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº29

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº29

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en las asignaturas Comunicación Oral y Escrita e Introducción a la Investigación Segundo Cuatrimestre 2009.

Año VI, Vol. 29, Junio 2010, Buenos Aires, Argentina | 105 páginas

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Síntesis
Si eres mujer, seguramente alguna vez has mirado una propaganda o un afiche publicitario y te has dicho: “¡Qué envidia!, cómo me gustaría tener ese cuerpo” o, en su defecto, si eres hombre, probablemente hayas pensado: “esa chica es perfecta”.
Todas, aunque sea una vez en la vida, nos hemos sentido “poca cosa” al ver cientos y cientos de imágenes con mujeres
súper delgadas, lo cual supone cuerpos perfectos. Pero ¿quiénes son las voces autorizadas para juzgar la perfección de estas siluetas?: sencillamente, la industria de la moda y la publicidad.
Es a partir de estos estereotipos impuestos por los medios de comunicación que la sociedad de consumo occidental posmoderna sufre de una falta de seguridad y personalidad. Esta carencia de originalidad e individualidad es conocida como fenómeno de “cultura de masas”. En este modelo, las personas siguen una moda y harían lo imposible por encajar en ella, sin importarles los principios en los cuales se basa. El patrón primordial de esta moda es la delgadez extrema.
Pero nada es lo que parece; las fotografías publicitarias que cubren las calles pasaron por una sofisticada etapa de retoque
con el famosísimo PhotoShop, el “dios de los milagros”.
El gran mercado de la moda y de la comunicación nos quiere hacer creer que lo que vemos es real y, sobre todo, la publicidad nos transmite el mensaje de “si consumes este producto, serás como esta modelo escuálida”. Lo más grave son los daños físicos y emocionales que causa esta cultura de la delgadez, afectando principalmente a las mujeres más jóvenes.
Por suerte, en esta sociedad posmoderna enferma y superficial, podemos encontrar mujeres que promueven un cambio
desde sus lugares. Este cambio no discrimina ni clasifica a las personas en lindas o feas, sino que quiere que se modifique
la percepción que tenemos sobre la belleza. Un nuevo concepto ha surgido en la actualidad: la belleza real.


Conclusión
Lo primero que se nos cruza por la cabeza cuando hablamos de belleza son modelos, delgadez, cuerpos y medidas perfectas.
Pero, desde hace algún tiempo, estamos escuchando un nuevo concepto en relación a belleza: la “Belleza Real”, es decir la belleza que todo el mundo tiene y de la que cada uno es portador; aunque todavía la mayor parte de la gente está muy lejos de asimilar y aceptar esta afirmación. Y, de alguna manera, este nuevo concepto de “belleza real” nació para hacerle frente a todo el resto de mensajes que los medios de comunicación y las campañas de marketing y publicidad nos transmiten todos los días.
Consideramos que estamos muy lejos de sentirnos orgullosos de nuestra “belleza real” y que, aunque intentemos aceptarla,
en el fondo todos queremos ser flacos, altos, rubios y espléndidos o por lo menos más lindos de lo que creemos que no somos; y esto se debe a la presión que la sociedad occidental posmoderna nos hace, imponiéndonos un modelo de belleza a seguir, como diciendo “tenés que ser así”.
Podemos afirmar que “La Campaña por la Belleza Real” tiene un objetivo estratégico, que es el de vender sus productos,
ya que la industria de la publicidad se adentró en el estudio de la belleza y su atractivo universal con el objetivo de provocar y promover, como respuesta, el consumo. Pero también, como bien dice Belén López en su libro La publicidad emocional:
“Numerosas investigaciones demuestran que la satisfacción por un producto o servicio no garantiza la fidelidad del cliente.
Es necesario algo más: los clientes deben sentirse valorados y bien cuidados. Y aquí es donde entra en juego el marketing
emocional”. Y es por esto que podemos afirmar que Dove utilizó la herramienta de la emoción en el marketing, recurriendo
a emociones poco utilizadas en un momento donde la belleza es preocupación de todos, para intentar posicionarse como marca.
La crítica que realiza Dove en sus campañas es que las mujeres de la publicidad no existen y ése no es el mejor ejemplo a seguir porque genera frustración en la mujer de la calle. La apuesta como marca gira en torno a conseguir que la mujer se “quiera como es” porque han hecho estudios donde las mujeres confiesan, en su inmensa mayoría, que no se sienten lindas y eso viene condicionado por los modelos que utiliza la publicidad, que sirven como comparación negativa, en este caso.
Igualmente, a nuestro modo de ver, la Campaña por la Belleza Real, resulta en general bien pensada, con una doble causa:
la venta y el posicionamiento en el mercado, por un lado, y la ayuda a las mujeres a mejorar su autoestima, por otro.
Como bien dijimos en el capítulo IV, era hora de que alguien se hiciera cargo de los destrozos que la publicidad estaba haciendo, mostrando modelos irreales.
Creemos que, para que la belleza sea real, primero deben existir muchas otras cosas reales; el hecho de que algo sea real
es plenamente bello. Cuando vemos el océano o un atardecer que nos estremece, o nos sentimos verdaderamente amados
y contenidos por alguien, o nos gusta una remera, el común denominador de todo aquéllo es que es de verdad; se puede
tocar y sentir; no hay duda de que es. Por ejemplo, los mayas creían que todo lo que es, es perfecto. Si no, no sería. El universo, en su eterna expansión necesita multiplicarse en todas las opciones posibles para no repetirse, de lo contrario, se agotaría.
No todo lo que nos rodea es. Pero lo real existe tan innegablemente como nosotros mismos. Y eso nos hace hermosos.


La búsqueda de la belleza real en la posmodernidad fue publicado de la página 82 a página83 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº29

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