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Una sociedad fuertemente comunicativa, pero débil en sus encuentros.

Sáenz Valiente, Adela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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El elemento esencial del nuevo individualismo, que provoca el recurso sistemático a los medios de comunicación, es la manera en que éstos privilegian la comunicación indirecta, abstracta, sin verdadero encuentro con el otro. La concepción “utópica” de la comunicación la transforma en un intercambio de mensajes cada vez más abstractos e irreales, cada vez más manipulados por intermediarios de todo tipo. El riesgo que corremos es el de una sociedad fuertemente comunicativa pero débil en sus encuentros.

El ideal del mediador parecería ser que el hombre de mañana minimice al máximo sus desplazamientos físicos para privilegiar la circulación de los mensajes por redes. Sentado frente a su terminal, conectado con todo el mundo, podrá abstenerse de moverse. ¿ No nos presentan como lo mejor del mundo poder quedarse en casa a trabajar, poder hacer las compras en el supermercado “virtual”, disponer en la pantalla de todos los placeres del mundo, entregarse al “sexo virtual”? Este hombre moderno, en todos los sentidos del término, no necesita un compañero físico a su lado. Se trata de la familia soltera por excelencia. Se acostumbra a una relación de curiosidad con el otro, relación que se vuelve fóbica ante la presencia física del otro y estrechamente dependiente de la presencia virtual. Como señala el psicólogo Sherry Turkle, a propó- sito de la relación que mantenían algunos pacientes con la computadora, ésta “ofrece una compañía desprovista del carácter amenazador de la intimidad del otro”.

Este neoindividualismo se vive como extraordinariamente comunicativo, pero al precio de vaciar la comunicación de su sustancia: el encuentro con el otro, el encuentro con un universo que uno no eligió, la confrontación con lo que podríamos denominar en sentido fuerte: la sorpresa.

La nueva comunicación promueve más la soledad y el autismo que las relaciones con el otro.

El efecto perverso que concentra más peligro es el verdadero asalto a mano armada al futuro al que los adulones de las comunicaciones dedican ¿Qué representación tenemos actualmente del futuro? La única imagen del futuro que todavía disponemos es, justamente, la de una sociedad de comunicación hipertecnológica, con nuevos medios de comunicación y nuevas autopistas de comunicación. Nos llenan los oí- dos con los cambios revolucionarios que provocarán la televisión de alta definición, los teléfonos portátiles, los nuevos multimedia, los “universos virtuales”. Estos temas absorben todas las representaciones del futuro que nos proponen los especialistas.

Pero la cuestión no es ésta. El verdadero peligro, es que, en términos comunicativos, este futuro es el único disponible en el mercado de las ideas. ¿Quién puede realmente dar crédito a la idea de que las nuevas tecnologías van a transformar de manera fundamental nuestras vidas?. Por supuesto que hacemos como si realmente lo creyéramos, pero no es así, se trata de un entusiasmo predeterminado. Ahora bien, una sociedad que no tiene futuro que llevarse a la boca no puede hacer otra cosa que devorarse a sí misma. Lamentablemente, este proceso ya ha comenzado.

A modo de conclusión, podemos afirmar que la comunicación se convirtió en gran parte en una utopía. Más aún, de alguna manera absorbió parte del servicio utópico del que son capaces nuestras sociedades. En tanto, el sistema de valores que se construyó en torno a la comunicación se afirmó como una alternativa posible a las ideologías “clásicas” del hombre. Pero no es seguro que esta utopía tenga un verdadero futuro y que los medios de comunicación sigan siendo durante mucho tiempo el polo de atracción creíble que son hoy.

La comunicación y sus técnicas son, sin duda, constitutivas de la humanidad y, por primitivo que haya sido, el hombre de la prehistoria dedicaba una parte importante de su energía, no sólo a comunicarse sino a reflexionar sobre la puesta en práctica de esta comunicación. Desde este punto de vista, el hombre es un ser que se comunica, en parte por la pulsión de “salir de sí mismo” que lo anima sin cesar. Si aceptamos esto, la comunicación no es todo (salvo en esta visión utópica que acabamos de describir) y no es siempre una preocupación central de los hombres.


Una sociedad fuertemente comunicativa, pero débil en sus encuentros. fue publicado de la página 172 a página173 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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