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Leer debería ser un placer

Bruno, Adriana [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

ISSN: 1668-1673

XIX Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2011

Año XII, Vol. 15, Febrero 2011, Buenos Aires, Argentina | 215 páginas

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Resumen:

Una mirada sobre la temática de la falta de lectura en los estudiantes, tomando como punto de partida lo desapercibida que pasó la mudanza de la biblioteca. La lectura debe ser considerada prioritariamente como un indicador importante del desarrollo humano, que requiere de la habilidad para decodificar el texto, interpretar el significado de las palabras y estructuras gramaticales, así como construir el significado. También implica la habilidad para leer entre líneas y reflexionar sobre los propósitos y públicos a quien se dirigen los textos.

Palabras clave: educación – lectura – alumno – comprensión – habilidad – formación.

Los libros y el acto de leer constituyen los pilares de la educación y la difusión del conocimiento, la democratización de la cultura y la superación individual y colectiva de los seres humanos. Los libros y la lectura son y seguirán siendo con fundamentada razón, instrumentos indispensables para conservar y transmitir el tesoro cultural de la humanidad, pues al contribuir de tantas maneras al desarrollo, se convierten en agentes activos del progreso. Saber leer y escribir constituye una capacidad necesaria en si misma, y es la base de otras aptitudes vitales... UNESCO

Con un poco de inocencia y algo de esperanza, que seguramente me resisto a perder, me sigue llamando la atención que haya pasado desapercibo el hecho de la mudanza de la biblioteca a la sede de Mario Bravo, que no se comente como algo positivo y, más aún, que me siga cruzando por entre sus estanterías con los mismos alumnos de siempre.

Pero esto también es nuestra responsabilidad y nuestra misión como docentes... acercarlos a la lectura y que la vivencien como un placer y no como una mera obligación o hasta un castigo.

El cultivo de la lengua, el desarrollo de las competencias de los estudiantes como lectores y escritores, es decir, su formación como usuarios competentes de la lectura y la escritura, es responsabilidad de todos los involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Creo que es necesario abandonar la idea de que estos procesos deben ser abordados sólo por los profesores del área específica (lectura, escritura, redacción, gramática, sintaxis, técnicas de estudio, lenguaje y comunicación, entre otras). Todos los profesores, desde su propia disciplina, tenemos la posibilidad y la obligación de fomentar una actitud positiva hacia la lectura y la escritura y de contribuir a su desarrollo a través de la creación de situaciones de aprendizaje que sean significativas. Además de recurrir al discurso oral, se podrían leer los textos que sirven de base para la elaboración de dichos discursos, y a partir de éstos, analizar, comparar, reflexionar, discutir, debatir y confrontar las distintas comprensiones a las que hayan llegado. Porque si existe el temor de que los estudiantes no están preparados para leer textos de mucha profundidad, qué mejor oportunidad que ésta para acompañarlos en su formación.

Sin embargo, hay clases que se desarrollan, gracias al predominio de la exposición oral, como si los libros y las bibliotecas no existieran, como si los libros no fueran la base para que puedan afrontar y conformar su oralidad. Todo lo estudiado en clase no tiene por qué pasar por la transmisión oral. Hay que abrir la posibilidad de que los estudiantes fortalezcan su actitud hacia la lectura y la escritura y su competencia como usuarios de dichos procesos. Leer en y para las clases ofrece la posibilidad de que se desmitifique la imagen del profesor en el proceso de aprendizaje y que los estudiantes se reconozcan como responsables y copartícipes de su propio proceso de formación y así puedan tomar conciencia de que se puede aprender sin la presencia del profesor.

Paulo Freire, hablando sobre “la importancia de leer” en la apertura de un congreso en 1991, decía lo siguiente: “...Continuando en ese esfuerzo de “releer” momentos fundamentales de experiencias de mi infancia, de mi adolescencia, de mi juventud, en que la comprensión crítica de la importancia del acto de leer se fue constituyendo en mí a través de su práctica, retomo el tiempo en que, como alumno del llamado curso secundario, me ejercité en la percepción crítica de los textos que leía en clase, con la colaboración, que hasta hoy recuerdo, de mi entonces profesor de lengua portuguesa.

No eran, sin embargo, aquellos momentos puros ejercicios de los que resultase un simple darnos cuenta de la existencia de una página escrita delante de nosotros que debía ser cadenciada, mecánica y fastidiosamente “deletreada” en lugar de realmente leída. No eran aquellos momentos “lecciones de lectura” en el sentido tradicional de la expresión. Eran momentos en que los textos se ofrecían a nuestra búsqueda inquieta, incluyendo la del entonces joven profesor José Pessoa. Algún tiempo después, como profesor también de portugués, en mis veinte años, viví intensamente la importancia del acto de leer y de escribir, en el fondo imposibles de dicotomizar, con alumnos de los primeros años del entonces llamado curso secundario. La conjugación, la sintaxis de concordancia, el problema de la contradicción, la encíclisis pronominal, yo no reducía nada de eso a tabletas de conocimientos que los estudiantes debían engullir. Todo eso, por el contrario, se proponía a la curiosidad de los alumnos de manera dinámica y viva, en el cuerpo mismo de textos, ya de autores que estudiábamos, ya de ellos mismos, como objetos a develar y no como algo parado cuyo perfil yo describiese. Los alumnos no tenían que memorizar mecánicamente la descripción del objeto, sino aprender su significación profunda. Sólo aprendiéndola serían capaces de saber, por eso, de memorizarla, de fijarla. La memorización mecánica de la descripción del objeto no se constituye en conocimiento del objeto. Por eso es que la lectura de un texto, tomado como pura descripción de un objeto y hecha en el sentido de memorizarla, ni es real lectura ni resulta de ella, por lo tanto, el conocimiento de que habla el texto.

Creo que mucho de nuestra insistencia, en cuanto a profesores y profesoras, en que los estudiantes “lean”, en un semestre, un sinnúmero de capítulos de libros, reside en la comprensión errónea que a veces tenemos del acto de leer. En mis andanzas por el mundo, no fueron pocas las veces en que los jóvenes estudiantes me hablaron de su lucha con extensas bibliografías que eran mucho más para ser “devoradas” que para ser leídas o estudiadas. Verdaderas “lecciones de lectura” en el sentido más tradicional de esta expresión, a que se hallaban sometidos en nombre de su formación científica y de las que debían rendir cuenta a través del famoso control de lectura. En algunas ocasiones llegué incluso a ver, en relaciones bibliográficas, indicaciones sobre las páginas de este o aquel capítulo de tal o cual libro que debían leer: “De la página 15 a la 37”.

La insistencia en la cantidad de lecturas sin el adentramiento debido en los textos a ser comprendidos, y no mecánicamente memorizados, revela una visión mágica de la palabra escrita. Visión que es urgente superar. La misma, aunque encarnada desde otro ángulo, que se encuentra, por ejemplo, en quien escribe, cuando identifica la posible calidad o falta de calidad de su trabajo con la cantidad de páginas escritas. Parece importante, sin embargo, para evitar una comprensión errónea de lo que estoy afirmando, subrayar que mi crítica al hacer mágica la palabra no significa, de manera alguna, una posición poco responsable de mi parte con relación a la necesidad que tenemos educadores y educandos de leer, siempre y seriamente, de leer los clásicos en tal o cual campo del saber, de adentrarnos en los textos, de crear una disciplina intelectual, sin la cual es posible nuestra práctica en cuanto profesores o estudiantes.

Todavía dentro del momento bastante rico de mi experiencia como profesor de lengua portuguesa, recuerdo, tan vivamente como si fuese de ahora y no de un ayer ya remoto, las veces en que me demoraba en el análisis de un texto de Gilberto Freyre, de Lins do Rego, de Graciliano Ramos, de Jorge Amado. Textos que yo llevaba de mi casa y que iba leyendo con los estudiantes, subrayando aspectos de su sintaxis estrechamiento ligados, con el buen gusto de su lenguaje. A aquellos análisis añadía comentarios sobre las necesarias diferencias entre el portugués de Portugal y el portugués de Brasil.

Vengo tratando de dejar claro, en este trabajo en torno a la importancia del acto de leer –y no es demasiado repetirlo ahora –, que mi esfuerzo fundamental viene siendo el de explicar cómo, en mí, se ha venido destacando esa importancia. Es como si estuviera haciendo la “arqueología” de mi comprensión del complejo acto de leer, a lo largo de mi experiencia existencial. De ahí que haya hablado de momentos de mi infancia, de mi adolescencia, de los comienzos de mi juventud, y termine ahora reviendo, en rasgos generales, algunos de los aspectos centrales de la proposición que hice, hace algunos años en el campo de la alfabetización de adultos.

Inicialmente me parece interesante reafirmar que siempre vi la alfabetización de adultos como un acto político y como un acto de conocimiento, y por eso mismo un acto creador. Para mí sería imposible de comprometerme en un trabajo de memorización mecánica de ba-be-bi-bobu, de la-le-li-lo-lu. De ahí que tampoco pudiera reducir la alfabetización a la pura enseñanza de la palabra, de las sílabas o de las letras. Enseñanza en cuyo proceso el alfabetizador iría “llenando” con sus palabras las cabezas supuestamente “vacías” de los alfabetizandos. Por el contrario, en cuanto acto de conocimiento y acto creador, el proceso de la alfabetización tiene, en el alfabetizando, su sujeto. El hecho de que éste necesite de la ayuda del educador, como ocurre en cualquier acción pedagógica, no significa que la ayuda del educador deba anular su creatividad y su responsabilidad en la creación de su lenguaje escrito y en la lectura de su lenguaje. En realidad, tanto el alfabetizador como el alfabetizando, al tomar, por ejemplo, un objeto, como lo hago ahora con el que tengo entre los dedos, sienten el objeto, perciben el objeto sentido y son capaces de expresar verbalmente el objeto sentido y percibido. Como yo, el analfabeto es capaz de sentir la pluma, de percibir la pluma, de decir la pluma. Yo, sin embargo, soy capaz de no sólo sentir la pluma, sino además de escribir pluma y, en consecuencia, leer pluma. La alfabetización es la creación o el montaje de la expresión escrita de la expresión oral. Ese montaje no lo puede hacer el educador para los educandos, o sobre ellos. Ahí tiene él un momento de su tarea creadora...”

Por otro lado, la lectura es un proceso de construcción de significados y no de obtención de información, porque leemos, sin lugar a dudas, utilizando lo que sabemos: de la lengua, de la lectura, del mundo y del tema. A partir de toda esta información, comprendemos, construimos significados, le damos sentido al texto y, en consecuencia, aprendemos, porque es a través de la confrontación de comprensiones, la discusión, el análisis y la reflexión, como se puede llegar a interpretaciones más objetivas. Entonces, me parece fundamental, que les trasmitimos lo que para nosotros fue parte de nuestra propio crecimiento, de nuestra propia formación, es decir, que se puede leer para disfrutar, investigar, descubrir, informar, explicarse la realidad, confrontar interpretaciones, desarrollar el pensamiento, aprender sobre la lengua y sobre la lectura misma, y muy especialmente, para escribir y para formarse como profesionales autónomos, entes críticos, activos y responsables de su formación.

Además, en los nuevos escenarios mundiales dominados por la globalización, la competitividad, la alta tecnología y la información, la educación y la lectura se constituyen en los pilares estratégicos del desarrollo y por consiguiente, en una mejor posibilidad de aspirar a una vida mejor. La lectura debe ser considerada prioritariamente como un indicador importante del desarrollo humano, que requiere de la habilidad para decodificar el texto, interpretar el significado de las palabras y estructuras gramaticales, así como construir el significado. También implica la habilidad para leer entre líneas y reflexionar sobre los propósitos y públicos a quien se dirigen los textos. La capacidad lectora involucra por tanto, la habilidad de comprender e interpretar una amplia variedad de tipos de texto y así dar sentido a lo leído al relacionarlo con los contextos en que aparecen. En síntesis, que la capacidad lectora consiste en la comprensión, el empleo y la reflexión a partir de textos escritos y virtuales, con el fin de que puedan alcanzar sus propias metas, desarrollen el conocimiento y el potencial personal y participen de la sociedad en la que se encuentran inmersos.

La crisis de lectores que vive hoy la sociedad, amenaza seriamente nuestro proceso educativo y cultural, muy específicamente el desarrollo de los estudiantes, que al carecer de las capacidades lectoras no se benefician suficientemente de las oportunidades educativas y no están adquiriendo los conocimientos y habilidades necesarias para tener éxito en sus futuras carreras. Sin una capacidad lectora plenamente desarrollada, los alumnos no alcanzan un nivel básico de eficiencia y fallan en demostrar cotidianamente habilidades y conocimientos que les permitan afrontar retos a futuro, así como en analizar, razonar y comunicar ideas de manera efectiva y en su capacidad para seguir aprendiendo a lo largo de su vida. Vemos de manera habitual como los estudiantes universitarios carecen de las capacidades lectoras necesarias para mejorar la calidad de sus aprendizajes y debido a estas deficiencias, presentan diversos problemas académicos que se traducen en: bajos índices de participación en clases, deficiencias en el desarrollo de sus investigaciones, adquisición de un escaso vocabulario, menor dominio de la expresión oral y escrita, poca información sobre el acontecer mundial, nacional y estatal, escaso aprovechamiento de los beneficios que les proporciona el sistema bibliotecario, desmotivación al considerar el acto de leer como una valoración negativa de obligatoriedad, además de estar inmersos en una cultura de la fotocopia en forma de antologías y compilaciones de lecturas fragmentadas (que muchas veces no llevan mayores referencias bibliográfica sobre las fuentes originales de las que fueron fotocopiadas) obstaculizando esto la consulta de los textos originales en las biblioteca.

Pero que sentido tiene seguir teorizando sobre una realidad que nos pasa por delante día a día. Démosle a los libros el lugar que les corresponde. Que no quede en la mente de nuestros alumnos que enterremos a la biblioteca en el subsuelo, sino que son los cimientos que sostienen y sobre la que se forja nuestra facultad y su futuro.

Abstract: The article approaches the student’s lack of reading, taking as departure point the unnoticed move of the University library. Reading must be considered primarily like a main indicator of human development, that requires the ability to decode the text, to interpret the meaning of the words and grammar structures, as well as to construct the meaning itself. Also it implies the ability to read between lines and to reflect on the intentions of those who receive the texts.

Key words: education - reading - student - understanding - ability - formation.

Resumo: Um olhar sobre a questão da falta de leitura nos alunos, tendo como ponto de partida, passou despercebido que a mudança da biblioteca. A leitura deve ser considerada fundamentalmente como um importante indicador de desenvolvimento humano, que requer a capacidade de decodificar o texto, interpretar o significado das palavras e estruturas gramaticais e constroem significados. Implica também a capacidade de ler nas entrelinhas e pensar sobre os propósitos e as audiências a quem são dirigidas os textos.

Palavras chave: educação – leitura – aluno – compreensão – habilidade – formação.

(*) Adriana Bruno es Licenciada en Relaciones Públicas (UADE). Técnica Superior en Producción Gráfica (Fundación Gutenberg). Profesora de la Universidad de Palermo en el Departamento de Comunicación Corporativa - Empresa en la Facultad de Diseño y Comunicación.

Vocabulario relacionado al artículo:

educación . lectura . libro .

Leer debería ser un placer fue publicado de la página 16 a página18 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºXV

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