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Aristóteles, el moderno. La deuda eterna que los guionistas tenemos hacia Aristóteles.

Ferrari, Laura [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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Como profesora de Guión hay un libro que elijo siempre como bibliografía obligatoria para mis alumnos. Un libro que suscita tantos prejuicios, bostezos, quejas, desganos, alaridos de furia, llantos de súplica, como ninguno. Un libro que, vencidas estas vallas, se transforma en una herramienta formidable a la hora de escribir e interpretar guiones. Un libro muy moderno que tiene unos 2.500 años. 

Me refiero al Arte Poética, de Aristóteles. Para entender de qué estamos hablando, recordemos que –entre otras varias cosas- en griego «poiesis» significa «creación». Por lo tanto, este texto, llamado popularmente La Poética, trata acerca de la creación (y qué necesario se vuelve en el ambiente de los guionistas hablar de «creación», cuando vemos que casi todos los manuales del guionista se transforman en recetarios de cocina que nada tienen que envidiar a doña Petrona o, para ser más modernos, al Gato Dumas). 

Un rato antes que Aristóteles, Platón ya había comparado en su obra Fedón a la medicina con la obra de un escritor. Decía más o menos esto: así como no se puede tratar un órgano sin tener en cuenta la totalidad del cuerpo y el alma, un escritor (un artista) debe tener en cuenta la armonía del conjunto y debe conocer en sus mínimos y en sus máximos detalles el alma humana. Un escritor debe organizar su material antes de sentarse a escribir. 

Pero la primera vez que en Occidente se realizó y se ofreció un estudio sobre el arte y sobre la manera de componer fue con Aristóteles. El Arte Poética (como ya sabemos si hemos visto El nombre de la rosa, dirigida por Jean Jacques Annaud y basada en la novela homónima de Humberto Eco, interpretada por el buenmozo Sean Connery) no sólo ha llegado a nosotros incompleta sino que ha sido objeto de todo tipo de endiosamientos y repudios conforme los usos y costumbres de cada época. En muchos momentos de la historia, los dichos de Aristóteles fueron considerados normativos, hacia el Siglo XIX se puso en duda su vigencia ya que el arte de escribir había sufrido cambios sustanciales, formas nuevas como el periodismo, cambios sociales importantes y nuestro autor parecía antiguo y pasado de moda ante tanto hervidero social. Los críticos le dieron la espalda (lo que tantas veces resulta bueno). Y en los últimos años del siglo XX los autodenominados «neo críticos» sintieron la necesidad de adaptar la Poética a los tiempos modernos: son los neo-aristotélicos. 

Pero revisemos, nosotros los que enseñamos a escribir guiones, algunos conceptos establecidos y definidos por Aristóteles.

• Idea: El tema del cual un autor quiere hablar. El mismo significado le damos hoy a 2.500 años. En las clases de guión pongo especial énfasis en una pregunta que, por lo reiterada, se vuelve como un tatuaje para los alumnos: qué querés contar, de qué querés hablar. 

• Acción: Cada cosa que hace un personaje, física, mental o emocionalmente. Es lo que impulsa la trama, la que nos define a los personajes, la que nos deja ver de qué estamos hablando. Por ejemplo, en una sit-com, el caso: la niñera. Un espectador que encienda por primera vez el televisor y ve un entierro, la particular madre de la niñera vestida de manera llamativa y colorinche, metiendo disimuladamente al principio y no tanto luego el mano en su bolsillo y comiendo bocados de un sandwich: esta acciòn no sólo nos habla de cómo es el personaje sino que lo pinta en su totalidad: desde su sistema de valores, hasta sus hábitos. En mis clases de guión insisto hasta el hartazgo en que encuentren la mejor acción que permita, metonímicamente hablando (esto es, que mostrando una parte pueda ver el todo), caracterizar al personaje de la manera más completa posible. 

• Carácter: Nuestro autor lo define como todo lo mental, físico y espiritual que hace un personaje y que permite individualizarlo como alguien único, percibirlo en su interioridad. Es lo que se impone aunque el personaje no realice una acción determinada. Es lo que nos muestra si alguien es entusiasta, activo, pasivo, depresivo, etc. Por ejemplo, el personaje de la esposa del militar del film Belleza Americana, es un personaje de carácter: el mundo se le derrumba sobre su cabeza pero ella sigue con su inacción (verdadera acción). Por lo que no hace, por lo que no habla, por el silencio en el que se desplaza, por su rostro inalterable, por su carácter que se impone más allá que cualquier acción, en suma, podemos deducir su alma y su conflicto

Para Aristóteles los caracteres pueden ser: 

Aristóteles nos habla de ocho partes en una obra dramática: 

1. Exposición: Nos ubica en tiempo y lugar, presenta a los protagonistas, sus caracteres y relaciones, informa lo necesario para entender «de dónde vienen y adónde van» (para decirlo en términos teatrales). En televisión, es lo que los guionistas mostramos en el primer bloque. En cine, es parte del primer acto (en la estructura tradicional). 

2. Problema: es algo que rompe el equilibrio, aunque sea un equilibrio precario e inestable. Es lo que configuraría el primer plot-point en el guión de una película y lo que está cerca del primer corte comercial (el gancho) en un programa de TV. 

3. Punto de ataque. Es una de las decisiones más importantes para un autor. Tenemos nuestra historia, nuestro «cuento», nuestra síntesis argumental. Sabemos qué queremos contar, qué va a pasar. Pero según Aristóteles debemos tomar una importante decisión: por dónde vamos a empezar a contar la historia. Cuál va a ser el comienzo. El ejemplo más claro que podemos citar es el de Edipo. Cuando Sófocles decide escribir Edipo Rey, toma como punto de ataque la peste en Tebas por no haber vengado la muerte de Layo. Es decir, toma a Edipo ya rey, casado felizmente con Yocasta, ya padre de 4 hijos, amado por el pueblo. A cualquiera que haya leído la obra y que le preguntemos de qué trata, nos contará seguramente que Edipo mató a su padre y se casó con su madre. Sin embargo, el conflicto con el que estructura la historia Sófocles, su punto de ataque, es el anteriormente dicho. En su adaptación cinematográfica, Pier Paolo Pasolini decide otro punto de ataque para contar la misma historia: en época actual, un hombre celoso de su hijo decide mandarlo a matar. Desde este puente con la actualidad, va al momento del mito cuando Edipo es llevado por el pastor al medio del campo, y desde ahí, cronológicamente, cuenta la historia. El punto de ataque es una de las decisiones más importantes de un guionista. Aristóteles lo sabía. 

4. Señales. Indicios, pistas que el autor va poniendo a lo largo de toda la obra y que permitirán luego arribar al desenlace. Por ejemplo, en un film como Sexto Sentido: el hecho de que el protagonista no tenga consultorio, que nunca se lo vea en relación con otras personas, con excepción del nene, que siempre esté con la misma ropa: todos indicios que el espectador resignificará una vez que se dé cuenta de que en verdad es un muerto convocado por el nene. 

5. Complicación. Cuando se ha superado el primer problema y todo parece volver a ser normal, aparece un nuevo problema que vuelve a complicar (valga la redundancia) la cosa. Sólo la suma de complicaciones explica que un programa de TV pueda durar dos años o más. En cine, es equiparable a otro punto de giro. Aristóteles, que nunca vio cine ni televisión, lo decía y recomendaba la importancia de complicar las líneas argumentales.