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La Mara: su posible inicio en Argentina

Farina, Julián

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº36

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº36

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos Ganadores

Año VII, Vol. 36, Marzo 2011, Buenos Aires, Argentina | 100 páginas

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La Mara: su posible inicio en Argentina

El concepto que voy a investigar será la potencial expansión de las maras en nuestro país. Las maras son bandas que se conformaron por inmigrantes latinos –especialmente de El Salvador– en Los Ángeles, en los años 80’. Fue a través de la conformación de este clan que se defendieron de ataques discriminatorios y maltrato social por parte de otras pandillas, ya preestablecidas en la sociedad estadounidense. Con el paso del tiempo y con la incorporación de ex miembros de ejércitos elite que participaron de las guerras civiles como la de El Salvador, se han transformado en algo más que una simple pandilla de barrio siendo ya verdaderas organizaciones transnacionales con una estructura jerárquica piramidal y estrechamente ligado con el narcotráfico. Se pueden identificar claramente como parte de sus actividades y cotidianeidad altos niveles de violencia y mínimo valor por la vida ajena. Con el paso de los años han demostrado una expansión de tal magnitud que ya es una gran amenaza en materia de crimen organizado, estrechamente ligado con el narcomundo para muchos países de nuestro continente.

Para nosotros lo preocupante es esta expansión desmesurada; esto es un punto relevante a considerar si tenemos en cuenta la estructura socio-cultural de nuestro país, la cual sería ampliamente favorable para la inserción de este modelo de organización criminal.

El recorte de tema seleccionado será ¿es posible que el formato organizativo de las maras llegue a la Argentina teniendo en cuenta su expansión de los últimos años en América? Como fuentes comprobables de información: se realizará una revisión bibliográfica, incluyendo artículos, documentales, estudios de expertos en el tema, e información brindada por organismos internacionales. Una comparación y un contraste de diferentes enfoques y perspectivas acerca de este tema, permitirá lograr una apreciación personal en lo que respecta a las Maras centroamericanas, sus inicios, sus costumbres, y su rápida expansión transnacional. Además se analizará si es posible que este modo de organizaciones criminales llegue a la Argentina. Esta investigación será de tipo social, ya que se basará en el estudio de problemas que se engendran por las diferencias abismales e injustas entre distintos sectores sociales y las diferencias de calidad de vida de la población.

Tras la revisión y comprensión de las fuentes podré obtener una visión más clara y profunda al respecto para poder así responder a mi interrogante.

Escojo este tema porque se puede tornar preocupante si no se tiene en cuenta el avance transnacional en los países de América Central específicamente. Además, aunque éste no sea un fenómeno reciente, está empezando a repercutir en nuestra sociedad, y a ser cada vez más difundido por los medios de comunicación.

Conociendo este problema será más fácil identificar las características de estas “pandillas” para poder así reconocerlas en su estado de gestación antes de su expansión. Esto permitiría actuar preventivamente respecto a este tema para no permitir su penetración y desarrollo. Es preocupante que sumado al nivel de violencia y marginalidad que ya tenemos en nuestro país, además se pueda llegar a potenciar aún más con influencias de la Mara Salvatrucha (MS13), o por la MS18.

Éstas son las dos maras más grandes de América.

Objetivos de la investigación:

Preguntas básicas de la investigación: 1) ¿Qué son las maras? 2) ¿Cuál seria su equivalente en nuestro país? 3) ¿Qué actividades realizan, qué códigos tienen y qué costumbres tienen las maras? 4) ¿Qué diferencias hay en los problemas sociales de países como Honduras o El Salvador comparado con los problemas de Argentina? 5) ¿Cómo fue la expansión de las maras? ¿Hasta donde llegaron hoy en día? 6) ¿Cómo es la situación de violencia e inseguridad en nuestro país? Motivos de su crecimiento.

7) ¿Es posible que llegue a Argentina el formato organizativo de las maras? ¿Por qué? 8) ¿Quiénes son los grupos que más violencia generan?

Tema central: El inicio de la forma organizativa de las maras en Argentina.

Pandillas y grupos violentos.

Temas secundarios: • La mara. ¿Qué es? ¿De dónde viene? • Códigos, costumbres y actividades de la mara.

• Sujetos más representativos de la violencia de grupos en Argentina: Barras bravas - Pibes chorros.

• La expansión trasnacional.

• Bandas criminales organizadas.

• Las condiciones sociales en Argentina para que se inserte la cultura de la violencia organizada de las maras.

• Medidas aplicadas por gobiernos para luchar contra las maras.

• Violencia juvenil.

• El miedo de la sociedad.

• Pandillas en Argentina.

Temas periféricos: • La búsqueda de identidad de los jóvenes.

• El mal direccionamiento de la vida: drogas, actividades ilícitas y pandillerismo.

• ¿Cómo lograr que el joven se aleje de la “vida loca” y se reinserte en la sociedad? • Relación de pandillas con el narcotráfico.

Las maras: su origen

En los últimos años se escucha cada vez con más frecuencia en los medios de comunicación hablar sobre un preocupante fenómeno social: las maras. Estas son pandillas que se iniciaron en la década del 80’ cuando en algunos países de Centroamérica se vivían situaciones de gran conflictividad social, como por ejemplo la que sobrevino a la guerra civil de El Salvador. Esta guerra generó en muchos jóvenes el deseo de ir en busca de una promesa de un futuro mejor, migrando a los Estados Unidos. Cuando estos salvadoreños llegaron a lugares como Los Ángeles o California se percataron del gran número de pandillas que había allí. Muchos se introdujeron en pandillas formadas por inmigrantes salvadoreños y de otros países centroamericanos, como una respuesta a la necesidad de protección de los hostigamientos y discriminación de las otras pandillas juveniles. Con el tiempo el FBI comenzó a perseguirlos y ponerlos tras las rejas.

En 1996 el Congreso estadounidense aprobó una ley por la que cualquier inmigrante ilegal que pasara más de un año en la cárcel sería deportado a su país. Pero cuando los devolvían a sus países eran dejados en libertad porque no se contaba con los antecedentes penales que acarreaban los deportados.

Cuando éstos volvieron a su país pusieron en práctica la “cultura” pandilleril aprendida en Estados Unidos generando así nuevas pandillas pero combinando el nivel de organización y violencia de las pandillas de los Estados Unidos con la desigualdad y la falta de oportunidades en su país de origen.

Esta combinación de influencias se ve reflejada actualmente en las costumbres y actividades que realizan los miembros de las Maras. Además de altos niveles de violencia en sus actividades, otra característica que tienen es la utilización de códigos propios, como lo son los tatuajes, que cumplen una función de identificar a qué mara se pertenece. La Mara más grande se llama MS13 (Mara Salvatrucha 13); se cree que hoy en día esta organización criminal cuenta en todo el mundo con entre 30 y 50 mil miembros. De los cuales unos 10 mil viven en Estados Unidos.

A estas pandillas se les llama “maras” haciendo referencia a un tipo de hormiga conocida como hormiga marabunta que se alimentan y arrasan con todo lo que tienen a su paso.

Grupos violentos en Argentina

Hasta el día de hoy, en nuestro país no existen indicios suficientes para demostrar la existencia de miembros de la mara MS13 ni M18, ni tampoco pandillas o grupos de jóvenes de tal magnitud y con tanto control de territorio y actividades ilícitas. Pero tenemos exponentes de violencia, que aunque no llegan al nivel de violencia de las maras son grupos identificables como peligrosos y violentos. Se trata de los barras bravas y los pibes chorros.

Barras Bravas

La violencia en el fútbol, es un fenómeno social que afecta a la Argentina desde 1920. Desde el primer asesinato (ocurrido en 1924) hasta 2010, este fenómeno se ha cobrado ya 249 víctimas fatales y gran cantidad de heridos. En ese período, sólo 16 casos terminaron en condena, involucrando a 33 personas.

Pibes Chorros

Se llama así a aquellos adolescentes y jóvenes que roban y arrebatan en la vía pública. Pueden llegar a portar armas, y por lo tanto matar en algún robo. Estos chicos desde que nacen viven en condiciones precarias, donde viven con varios hermanos y en algunos casos ni siquiera poseen un hogar y duermen en la calle. Se dan por lo general en familias desmembradas y tarde o temprano ocurre una separación de las instituciones educativas que los podrían contener.

Los pibes chorros son una consecuencia de la sociedad argentina actual. La gran brecha entre las clases bajas y las clases altas generan desigualdades e injusticia. La pobreza y la injusticia no desencadenan necesariamente la violencia, pero la favorece en ciertas circunstancias. La pobreza sumada a la desigualdad generan un proceso grave de marginación y exclusión social, que producen conflictos entre individuos y grupos sociales en el escenario de la ciudad.

Frecuentemente acceden a alcohol y a distintos tipo de drogas desde temprana edad. Las drogas más económicas como el pegamento o el paco son las que terminan por aniquilarlos. Estas drogas son altamente adictivas y generan en los individuos un nivel de dependencia tal que los lleva a robar para poder conseguirlas. Las adicciones a cualquier cosa, tienen el poder único de quitar la voluntad: la voluntad de estudiar, de querer progresar, hasta de vivir, lo cual empeora aún más la situación.

El paco es una droga compuesta por los restos de la cocaína y con un agregado de químicos tales como veneno para rata y el polvo con el que vienen rellenos los tubos de luz. Es una droga que otorga instantes de “placer”; pero luego de ese lapso lleva al adicto a necesitar en poco tiempo la siguiente dosis. Se sabe que un adicto al paco puede consumir 200 pesos de esta droga por día, teniendo en cuenta que la dosis es extremadamente barata entre 2 y 5 pesos. Los paqueros –como se los conoce por su adicción a la droga– por lo general roban cuando no tienen más dosis ni plata en el afán de conseguir una nueva dosis. Llegado un punto estos chicos no tienen nada que perder, pues sienten que sus vidas no tienen valor, entonces la de los otros tampoco, lo que los puede llevar a delitos mayores.

Códigos, costumbres y actividades de la mara y de los grupos violentos de la Argentina Las maras tienen códigos muy propios y casi tribales. Por un lado podemos identificar a los tatuajes. Las maras sugieren que los tatuajes deben ser ganados a través de actos que se realizan en beneficio de las pandillas. En este sentido, los tatuajes pueden considerarse biografía de los mareros y pandilleros, como cicatrices o marcas de los eventos realizados en los cuales se expuso la vida del individuo en nombre del colectivo.

Otros tatuajes se refieren a las experiencias personales de cada individuo: la vida en prisión, las penas y alegrías vividas, la muerte de seres queridos, la dificultad para abandonar la vida de marero y lo que conlleva ser marero.

Hoy en día, resulta más común que las nuevas generaciones de mareros eviten tatuarse ya que la policía puede meterlos presos sin explicación por portación de tatuajes de maras.

Por otro lado en Argentina también los tatuajes responden a intereses, gustos y experiencias personales. En cuanto a los tatuajes asociados a grupos delictivos se pueden ver en su gran mayoría en los tatuajes realizados en la cárcel conocidos como tatuajes tumberos. Alguno de ellos pueden representar por ejemplo muchos años en prisión, o bien haber matado a un policía, entre otros significados.

Otros elementos característicos son las pintadas y los graffitis, las cuales sirven para identificar la zona que está controlada por esa mara. Por ejemplo, si hay un asentamiento de mareros, por todos sus alrededores y esquinas habrá pintadas para que todos sepan que allí ellos mandan. Utilizan letras y símbolos que han adoptado como propios al igual que lo hacen con los tatuajes. Y si un miembro de la mara rival pasa por ahí, es sabido que será asesinado sin aviso.

En la Argentina muchas bandas barriales también utilizan los graffitis para identificar zonas; pero nunca la defensa del “territorio” es tan extrema como en el caso de los mareros. Muchas de estas pandillas barriales de adolescentes se identifican también con un club de barrio. Sin llegar a ser barras bravas, muchas veces tienen rivalidad con miembros de otros clubes.

Cada mara tiene sus reglas de funcionamiento. Aunque siempre se refieren a la igualdad en el grupo, pueden ser más o menos jerárquicas. Así, los jefes son reconocidos mientras demuestran las cualidades que favorecen al grupo y negocian a favor de toda la pandilla.

El ritual de admisión posibilita reconocer si el miembro es capaz de cumplir lo que el grupo requiere. Para una mara es importante tener fuerza corporal, habilidad, rapidez de reacción y estar siempre listos para confrontar problemas contra miembros de otra banda.

La mara Salvatrucha, por ejemplo, elige un número de compañeros que agreden al nuevo durante trece segundos esperando que éste se sepa defender. En la Mara Dieciocho son 18 segundos. En el caso de las mujeres, el ritual de admisión tiene variaciones. Se les exige que lleven a cabo peleas, pero también existe la práctica de “el trencito”, es decir tienen que brindar servicios sexuales a los miembros masculinos de la banda. Después de un ritual así la chica es admitida y tiene que contar con más ataques parecidos.

Los mareros han creado además, un lenguaje gestual con las manos, por lo general para representar las letras o iniciales del clan al que están ligados. Son identificables estos gestos manuales porque separan mucho sus dedos.

Actividades que realizan las maras

La pandilla suele amplificar y favorecer hacia una participación más activa en la delincuencia de los jóvenes que se incorporan a las mismas. Suelen atraer a jóvenes con una predisposición para cometer actos delictivos más graves; y al mismo tiempo la dinámica que se establece en la pandilla favorece y potencia estas tendencias criminales. Los pandilleros realizan diversas actividades delictivas, no se especializan solo en una. Estas actividades pueden ser: hurtos, robos, vandalismo, extorsión, asesinatos, secuestros, trata de personas, venta de armas y drogas. Uno de los aspectos que se ha tornado un verdadero problema en los últimos tiempos ha sido la modalidad de cobrar “impuestos”: extorsión a las redes de transporte público y a los mismos vecinos en algunos casos.

Esta cuota la cobra la mara ofreciendo “seguridad”, algo contradictorio ya que ellos son los que causan esa inseguridad.

Ya van numerosas muertes de conductores de autobuses en El Salvador, que han sido asesinados con armas de fuego por negarse a pagar esta cuota.

Tanto en las maras como en las pandillas juveniles si bien realizan numerosas actividades delictivas, no dedican la mayor parte de su tiempo a esto sino que comparten actividades con gente de su edad: “pasando el rato”.

Como la mayoría de los adolescentes y jóvenes adultos, los pandilleros (…) pasan mucho tiempo simplemente estando con sus amigos –viendo la tele, bebiendo cerveza, sentados y hablando, jugando, fumando marihuana, buscando chicas.

Los pandilleros pasan sus vidas (y generalmente cometen sus delitos) en grupos y generalmente lo que estos grupos hacen no es otra cosa mas que matar el tiempo. (Decker y Van Winkle 1996: 117).

La expansión transnacional de las maras

El fenómeno de las maras –que tanto preocupa en especial a las autoridades de Estados Unidos y México– bien puede extenderse a otras juventudes suramericanas como Perú, Ecuador y porqué no a Argentina mismo. Muestran preferencias por algunos ritos no tradicionales a las que dan carácter de sectas religiosas. Y como las creencias son constitucional mente libres, se pueden copiar modelos extranjeros o crear sus propias creencias.

Naciones Unidas considera a América Latina como «la región más desigual del mundo» (UNDP, 2003: 69) y dado que la población juvenil es muy elevada (entre el 36% y el 47% de la población en estos países es menor de 14 años) tenemos todos los elementos para que se desarrolle y consolide el fenómeno de las maras y pandillas.

Condiciones sociales en Argentina

En Argentina tenemos un panorama social propicio para un fenómeno como el de las maras. Hasta el momento no es común la actividad criminal de grandes grupos, siempre son de pocas personas. Pero tenemos alta incidencia de menores en delitos o ilícitos, y cada vez más con armas de fuego.

Menores que están acostumbrados a que los capturen y los liberen por su situación de inimputabilidad por ser menores.

La marginalidad, la pobreza, las drogas, la desigualdad, la falta de educación, la falta de trabajo, son aspectos que en conjunto desencadenan en la desesperación de algunos en salir a robar para conseguir dinero. Ni siquiera la mitad de los delitos se realizan para comprar comida. El principal factor que lleva a conseguir dinero “rápido” es comprar drogas, y esto crea un círculo vicioso, que tal como se viene presentando cada vez con más índice de criminalidad en nuestro país, parece no tener una fácil solución.

Son urgentes las políticas para solucionar la desocupación, pobreza, salud y educación para los jóvenes, que hoy están más lejos de la inocente niñez que gozaron las generaciones anteriores. Algunos pueden ver la oportunidad de expresar sus broncas participando en hechos de violencia callejera. Esa forma de rebeldía comienza también a atraer a adolescentes y jóvenes de clases sociales no precisamente carenciadas.

Es importante ser conscientes de este grave peligro. Sobre todo cuando vemos las pandillas conformadas en su mayoría por menores no imputables, que son partícipes de brutales escenas de violencia. Los ejemplos que provienen del exterior se transforman fácilmente en modas tentadoras y de rápida imitación. Ninguna solución a este problema vendrá con la represión sino con respuestas concretas a necesidades sociales también concretas.

Varias encuestas comparativas muestran que la Argentina es el país de América Latina con los índices más altos de desconfianza en las instituciones públicas, y donde la población se percibe más frecuentemente como víctima de la corrupción de funcionarios estatales. En la percepción ciudadana las agencias de seguridad y control social aparecen entre los protagonistas de esa corrupción y consecuente desconfianza.

A su vez, la inequidad e ineficiencia del sistema de justicia, los niveles de violencia institucional y reincidencia de los egresados del sistema penal muestran importantes déficits en el funcionamiento de estas organizaciones. Comprender las razones de este estado de cosas, así como idear adecuados mecanismos de reconversión del sistema, requiere tanto entender los procesos históricos que llevaron a él, como las complejas articulaciones entre el diseño y la cultura institucionales.

Si bien en la Argentina existen algunos trabajos que abordan la cuestión en términos preeminentemente teórico - ensayístico, falta un tratamiento empíricamente riguroso, tanto desde abordajes cuantitativos como cualitativos que permitan idear en términos concretos una reconversión adecuada de las instituciones. Se deberá poner especial énfasis en el tema policial y su vinculación con los demás elementos de ingerencia, tales como las cárceles o el sistema judicial. Es importante el análisis de las instituciones arriba mencionadas, con sus interrelaciones e ingerencias entre sí, y con grupos específicos de la sociedad nacional.

Gobiernos en la lucha contra las maras

Los gobiernos de los tres países más comprometidos respecto a este tema, tienden a la implementación de estrategias nuevas para responder a la violencia juvenil y frenar la expansión de las maras y pandillas. Estas medidas incluyen, entre otras, las detenciones masivas de jóvenes, porque se presume que pertenecen a maras y pandillas, y la imposición de sentencias en prisión. En algunos otros países, se realizan ejecuciones extrajudiciales de niños y jóvenes y se observan prácticas de “limpieza social” por parte de grupos ligados a las fuerzas de seguridad del Estado. En términos generales, las políticas oficiales para combatir la delincuencia juvenil son reactivas, sin embargo se les da poca o nula atención a la compresión y solución de las causas del problema y a promover acciones preventivas. Estas prácticas represivas demuestran ser ineficientes para detener la delincuencia juvenil y violentan los derechos humanos, poniendo en riesgo la construcción del estado democrático de derecho en la región.

La Ley Antimaras de El Salvador ,aprobada por la Asamblea Legislativa el 1 de octubre del 2003, define a las maras como: Aquellas agrupaciones de personas que actúan para alterar el orden público o atentar contra el decoro y las buenas costumbres y que cumplan varios o todos los criterios siguientes: se reúnan habitualmente, que señalen segmentos de territorio como propio, que tengan señas o símbolos como medios de identificación, que se marquen el cuerpo con cicatrices o tatuajes.

Este tipo de leyes antimaras son foco de críticas porque en muchos casos es contraproducente meter preso a un marero, ya que una vez en la cárcel hay tal cantidad de miembros de su misma pandilla que la función que están cumpliendo las cárceles hoy en día parece ser la de un centro de mandos y operativo de las maras. Realizan el planeamiento de actividades desde dentro para afuera. Además, es realmente una minoría remota la que se rehabilita en la cárcel y no vuelve a reincidir en la delincuencia. Mientras que la mayoría solo se arraigan aún más a los códigos de la mara dentro de prisión.

Las políticas de prevención hasta ahora implementadas en Centroamérica han sido predominantemente represivas. Estas medidas son contraproducentes. Vecinos y familiares de los mareros desearían participar en las tareas de apoyo para la reinserción. Las medidas de apoyo comunitario son las que mejor funcionan. Con las políticas hasta ahora implementadas, se ha recurrido casi exclusivamente a la policía para solucionar el problema de las maras. La propia policía reconoce las limitaciones de este enfoque, tanto por la naturaleza puramente represiva de las políticas como por la corrupción existente entre algunos de sus miembros. La propia policía se podría beneficiar de su participación en otras políticas de prevención.

Así por ejemplo, al trabajar en colaboración con líderes comunitarios su rol sería percibido más como instrumento de apoyo a la comunidad que como elemento represivo.

Medidas anticorrupción ayudarían a limpiar a la policía de elementos corruptos, mejorando así su profesionalización y la vista del público para con su trabajo y facilitaría la labor policial al contar con la colaboración de la comunidad en su tarea de prevención del crimen y persecución de aquellos que lo comenten.

Los jóvenes y la violencia

Es importante examinar las circunstancias que llevan a la niñez, la adolescencia y la juventud a actuar de manera violenta.

En este sentido, se deben tomar en cuenta los antecedentes de la violencia. Los países de Centroamérica tienen una historia de violencia: los tiempos de la colonización, la fundación del Estado-nación y, más recientemente, los enfrentamientos armados en los años setenta y ochenta. Estos períodos históricos se caracterizan por sus intensos conflictos de poder, lucha de recursos, control, desigualdad, discriminación, diferencias ideológicas y otros conflictos donde los Estados y los grupos en pugna utilizaron la violencia. Este contexto tiene un impacto acumulado y negativo sobre la niñez, la adolescencia y la juventud, que en los grupos tradicionalmente marginados y excluidos socialmente es el sector más vulnerable para ser sumado al delito.

La violencia juvenil es la más visible para la sociedad de la mayoría de los países del mundo. Además, los medios de comunicación nos muestran cada día más casos de violencia en jóvenes, lo cual genera una preocupación social.

La violencia juvenil perjudica no solo a las víctimas sino que también daña a sus familias, amigos y comunidades enteras.

Sus consecuencias no solo se ven en los casos de muerte o heridos en actos delictivos, sino también en forma generalizada en el nivel de la calidad de vida. La violencia que afecta a los jóvenes incrementa enormemente los costos de los servicios de salud y asistencia social, disminuye el valor de la propiedad, desorganiza una serie de servicios esenciales, reduce la productividad y en general socava la estructura de la sociedad.

El antropólogo Dennis Rodgers, afirma que

las pandillas juveniles son un fenómeno social muy común que puede encontrarse con frecuencia en casi todas las sociedades del mundo, aunque mayoritariamente son grupos efímeros de jóvenes que se juntan en las esquinas de las calles de sus barrios para expresarse con comportamientos etiquetables como “antisociales” que hacen parte de su proceso de crecer y desarrollarse.

Las pandillas juveniles son una consecuencia de la desorganización de las zonas urbanas y, en determinados casos, son una estructura que reemplaza en cierta medida a instituciones sociales, como la familia. Se puede tildar a las pandillas juveniles como una subcultura que surge de las clases pobres urbanas. Las concepciones económicas las identifican como negocios informales vinculados al narcotráfico y el crimen organizado.

Las concepciones psicológicas, por su parte, señalan que niños y jóvenes se integran a las pandillas como parte de un proceso de maduración y formación de su identidad.

Un aspecto importante para la formación de la identidad es el proceso de identificación y de imitación de modelos adultos y de pares. La identificación constituye un proceso mental por el cual el individuo, desde la temprana edad, adopta en él características de personas en uno o varios aspectos. En muchos casos los padres están físicamente presentes pero no constituyen modelos positivos por ser personas violentas, alcohólicas, prostituidas, o con otro tipo de comportamientos que hace que se transformen en familias disfuncionales.

La falta de modelos positivos para seguir durante la infancia puede generar dificultades en el proceso de identificación o interiorización de las personas y, consecuentemente, en la conformación de la identidad.

Pánico social

Es un claro punto crítico el de la inseguridad ya tanto en nuestro país como en Centroamérica. La sociedad ya sabe de la existencia de casos de violencia y criminalidad día a día. Para plasmar cualitativamente algunos datos de la violencia que azota Centroamérica tomaré el caso de El Salvador, que es uno de los más alarmantes: El Salvador registró durante 2009 un total de 4.365 homicidios, una cifra histórica que refleja un promedio de 12 casos diarios, según cifras policiales.

El Salvador en 2003 alcanzó un monto aproximado de unos U$S 1,717 millones, equivalente a 11.5% del PIB. Esto equivale al doble de los presupuestos de los Ministerios de Salud y Educación o al total de la recaudación tributaria para ese año. No hay que olvidar que los medios de comunicación masivos son persuasores según sus propios intereses. A ellos les sirve hacer eco de innumerables hechos de violencia y delictivos, esto aumenta aun más el miedo colectivo. Por un lado, la gente consume las noticias ávidamente y por el otro funciona como una cortina de humo para los grandes narcos ya que apunta la mirada de la inseguridad en los pequeños delincuentes descuidando y desatendiendo la base, los que manejan toneladas de cocaína y no solo un kilogramo.

Tabla 1: América Latina y el caribe, países seleccionados: Tasa de Homicidios dolosos cada 100.000 hab. (2005) País Cantidad de homicidios dolosos registrados (absolutos) Tasa de Homicidios dolosos Chile 301 1,98 Uruguay 188 5,63 Argentina 2.115 5,71 Costa Rica 300 7,46 Nicaragua 729 14,38 Paraguay 887 16,14 Ecuador1 2121 16,77 Brasil 40.845 23,97 República Dominicana 2.403 28,70 Honduras 2.417 37,67 Venezuela 9.964 41,22 Colombia 18.111 43,01 Guatemala 5.338 45,10 El Salvador 3.761 59,91 Datos extraídos de fuentes oficiales - Elaboración ILSED 1. La fuente no aclara si se trata de homicidios dolosos o incluye asimismo homicidios culposos. Por esta razón no está incluido en el gráfico.

Estudios recientes indican que en los últimos años está disminuyendo la cantidad de homicidios por año en Buenos Aires.

Particularmente, después de la crisis del 2001 sobrevino un periodo con los máximos índices de criminalidad, violencia y homicidios. Esta tendencia comenzó a revertirse a partir del año 2003-2004 y continúa en forma persistente hasta el presente. Existe una relación inversa entre los índices de economía global y los índices de criminalidad, cuanto mejor la economía, menor tasa de homicidios.

Tabla 2: Muertes por homicidios y tasa (por 100.000 Habitantes). Partidos del Gran Buenos Aires, 1996-2006. (Extracto de tabla en Spinelli et al. 2008) Año Muertes por homicidios Tasa 1996 400 4,8 1997 409 4,8 1998 484 5,7 1999 617 7,2 2000 653 7,5 2001 937 10,7 2002 985 11,1 2003 958 10,8 2004 709 7,9 2005 511 5,6 2006 466 5,1

Fuente: Elaboración propia en base a datos de la Dirección de Estadística e Información en Salud, Ministerio de Salud de la Nación (DEISMSN): Dirección Provincial de Estadísticas de la Provincia de Buenos Aires (DPE-PBA) e Instituo Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

La reinserción de ex mareros/pandilleros en la sociedad Lo que sucede con las maras es que tienen una serie de códigos; uno que realmente dificulta la situación de un marero que quiera dejar la banda es que ellos saben que el que abandona la mara, debe ser asesinado. Últimamente comenzaron a haber replanteamientos acerca de las medidas tomadas y se llegó a la conclusión de que este fenómeno no se iba a detener solo con la ley de la mano dura sino con la complementación de campañas preventivas y de centros de reinserción para ex pandilleros.

Ahora bien, existe otro dilema bastante mas complejo. El hecho de que los mareros utilicen tantos tatuajes hace que cuando una persona ve a alguien tatuado automáticamente lo relaciona con un pandillero, cuando en realidad podría no serlo.

Es un tema complicado porque nadie desea darle trabajo a alguien con tatuajes.

Cómo se resuelve el problema de la violencia

El crecimiento acelerado y desordenado de las ciudades contribuye a la inseguridad ya que se crean barrios “improvisados”, y no existen espacios públicos de recreación. Para eliminar la pobreza y la delincuencia hay que crear igualdad de condiciones para todos. La pena de muerte no es la solución, bajar la edad de inimputabilidad no es la solución absoluta.

Se tiene que invertir en la educación, la salubridad y proveer de viviendas dignas. Si un joven de la villa no puede terminar el secundario, menos va a conseguir trabajo decente, y va a caer en tener que hacer cualquier cosa para escapar de la realidad tan dura e injusta que le tocó vivir.

Hay un tema que es clave en nuestro país con respecto a la inseguridad a tener en cuenta y es la inimputabilidad a los menores de 18 años. Si un menor roba o mata, no puede ir a la cárcel y son llevados a institutos de menores donde bien no son reeducados o simplemente se escapan. Los jóvenes tienden a reincidir sin consecuencias agravantes, por lo menos hasta los 18 años de edad. Ahora bien, teniendo en cuenta el alto número de menores de edad que realizan ilícitos utilizando armas de fuego el presente tema debería ser tenido en cuenta. Muchos robos recientes denotan altos niveles de violencia utilizados contra las víctimas; tal es el caso de robos en viviendas de jubilados, hechos que han mostrado inusitada violencia. Teniendo en cuenta esto, yo creo que en vez de seguir pensando en como eliminar la inseguridad, debemos tratar de resolverlo desde la raíz del problema y no en lo superficial exclusivamente. Para esto no creo que sea necesaria la creación de una nueva policía como el caso de la Policía Metropolitana, porque esto es una cortina de humo que no ataca a la base del problema, sino a las consecuencias.

Se deberían plantear campañas de bien público más y mejor pensadas, mejores leyes de distribución del ingreso y de educación, así como de salud y la posibilidad de brindar cursos de capacitación para zonas carenciadas. Por ejemplo, cursos de plomería, carpintería y artes, entre otras. También hay que abordar mejor el tema de realización de campañas de conciencia pública y prevención acerca del consumo nocivo de drogas y de alcohol.

Existen políticas públicas que desvían la atención hacia la culpabilización del delincuente como sujeto y olvida todo lo que hay detrás en cuanto a pobreza, exclusión, falta de oportunidades.

Es crucial para desarrollar políticas efectivas ponderar el peso relativo de la situación de privación material como factor determinante en la producción de la transgresión y su posible complementación con la intervención de factores de índole subjetivo, cultural o relacional como la interrupción temprana del ciclo escolar, la falta de inserción laboral, la desestructuración familiar, la falta de controles sociales en lo público, las crisis en formas tradicionales de sociabilidad y vecinalismo. Se deberán también considerar otros factores asociados con la criminalidad tales como inequidades, consumo de drogas, presencia del mercado de armas, violencia intrafamiliar y juvenil.

Conclusión

Amigos de lo ajeno, en búsqueda del dinero que les permita comprar droga o alcohol, estos personajes son en su gran mayoría hijos de la marginalidad, aunque no es extraño detectar a chicos de mejor posición económica que se mezclan en un ambiente de adicciones y violencia. El quiebre de las instituciones sociales, la ausencia del estado en la seguridad, en la aplicación de las leyes o en la asistencia de los adictos, hace crecer la sensación de la gente de que estamos ante un futuro inquietante. Hay sociólogos que ya están hablando de un estado embrionario de maras en Argentina. Pero hasta el día de hoy si bien se tienen datos puntuales que se relacionan con el accionar de maras en Argentina, no se puede decir que son un problema ya instalado. De modo que estamos a tiempo de adoptar una actitud de cambio. No solo de cambio, sino también de no exclusión. El imaginario social de la clase media, ya tiene miedo del pibe de la calle, tenemos que cambiar esto, porque si se sigue con este miedo y exclusión de ciertos sectores, se profundizarán las condiciones propicias.

Otro dato fundamental es que los entes oficiales involucrados en el tema ya deben ir pensando en estrategias preventivas.

Por otra parte, también los medios de comunicación al mostrar este fenómeno constantemente colaboran a crear este sentimiento de inseguridad en la población e instan a la juventud a seguir los ejemplos que se ven en la televisión. Estos jóvenes que hoy se sientan marginados, se verán identificados con el perfil de los mareros, pudiendo así imitar en un principio su aspecto físico, pero más adelante y en un esfuerzo por imitar un modelo se seguirá por su accionar y estructura organizativa y esto no es lo que estamos necesitando.

Bibliografía

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La Mara: su posible inicio en Argentina fue publicado de la página 27 a página33 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº36

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