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Escapémonos

Mancia, Diana

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2011

Año VIII, Vol. 43, Diciembre 2011, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Síntesis

Este trabajo cuenta la historia de mis abuelos que siendo jóvenes y empezando su noviazgo, decidieron fugarse para estar juntos y alejarse de todo lo que les robaba su tranquilidad.

Cuando finalmente los encontraron, mi abuelo fue llevado a prisión porque la fuga de menores se considera delito en El Salvador.

Introducción

El presente trabajo práctico final muestra una anécdota sobre la historia de mis abuelos. Narra la vez en que ellos se escaparon para poder estar juntos, huyendo de todo lo que les impedía tener tranquilidad. Sin embargo, olvidaron un detalle muy importante, mi abuela aún era menor de edad en ese entonces y la fuga de menores en mi país (El Salvador) se penaliza con prisión.

Esta historia, a su vez, está acompañada por una pequeña historieta que cuenta el relato visual de lo sucedido.

Investigación exploratoria

Los datos que fueron utilizados para la realización de esta historia fueron obtenidos mediante una entrevista.

Una serie de preguntas fueron enviadas a mi mamá por correo electrónico para que fuese ella quien contactara a mi abuela para hacérselas. Una vez mi abuela le respondió y le contó más detalles de cómo fueron las cosas, mi mamá me envió por correo electrónico sus respuestas y comentarios.

Algunos de estos datos se usaron fielmente en la historia, otros han sido reemplazados o modificados por ficción.

Escapémonos

Es increíble como la vida a veces obliga a crecer a temprana edad. Juana siempre tenía este pensamiento cuando pasaban cosas como las de la noche anterior, siempre que pensaba en sus hijas.

Ellas no se lo merecían, seguía pensando, no merecían vivir con miedo, con angustia. No merecían un papá que se pasara de tragos casi todos los días, un papá que en sus borracheras golpeara a Juana. Sus hijas huían a la casa de los vecinos, sino las golpeaba a ellas también. No, definitivamente Norita y Daysi no se merecían un papá así.

Pensarlo no cambiaba nada, Juana tenía que hacer algo para cambiar las cosas. Ya había intentado huir de ese hombre emigrando a la capital de San Salvador, pero El Salvador es un país tan pequeño (no por nada lleva el título de “El pulgarcito de América”) que no pasó demasiado tiempo para que de alguna manera y borracho las encontrara de vuelta.

Las cosas parecían ir de mal en peor, pero mejoraron cuando Norita conoció a su novio. Luis era alto, de tez morena y unos ojos cuyo color cambiaba con la luz, aunque generalmente se mantenían verdes. Luis tenía veinticuatro años y Norita quince, y aunque había cierta diferencia de edad, ellos parecían entenderse de maravilla. Él era muy respetuoso y atento con ella, pero sobre todo la hacía feliz y sentirse protegida. Se mantenía pendiente de las actividades de Norita, la iba a esperar a la escuela y a la salida de su trabajo siempre la iba a visitar. Cuando notó el desamor que existía en el hogar, temió que a ella pudiera pasarle algo, por lo que sus visitas se hicieron cada vez más frecuentes. Las cosas mejoraban cuando él estaba ahí y el papá de Norita y Daysi no se atrevía a hacer nada en su presencia.

En esa época las reuniones de novios se realizaban generalmente en sus casas, y aunque la presencia de Luis apaciguaba el ambiente del lugar, ella prefería las salidas a escondidas de sus papás, lejos de allí. Les encantaba aprovechar esos momentos para andar tranquilos tomados de la mano por las plazas, rasgo que en 1958 denotaba a una pareja como novios.

Norita era una jovencita muy lista y dulce, tenía una cabellera larga y rubia, ojos cafés y labios pequeños. Ser la hermana mayor la convirtió en una chica muy responsable y trabajadora desde pequeña que le ayudaba a su mamá en todo lo que podía. Habían pasado un par de meses juntos y Luis no se cansaba nunca de descubrir con cada día todas las virtudes que su novia poseía. A pesar de haber crecido en un hogar tan desunido, era una chica hermosa por dentro y por fuera.

Las despedidas solían dejar un rastro de anhelo, un deseo de que la otra persona no se fuera. En el caso de Norita y Luis esta situación era particularmente más difícil. Ella volvía a sentirse sola e insegura cada vez que Luis se iba y él tenía un regreso a casa tan intranquilo que a veces le robaba el sueño por no dejar de pensar en que ella estuviera bien.

Este pensamiento le inundaba su ser, sentía que no podía seguir viviendo con la preocupación de que algo fuera a pasarle.

Luis ideó un plan y decidió comentárselo tan pronto tuviera la oportunidad.

Al día siguiente luego de ir a buscarla a la escuela, Luis la invitó a tomar una gaseosa para que el camino de regreso fuera más largo y poder contarle lo que tenía en mente más tranquilamente. Necesitaba el tiempo, sabía que no era una proposición cualquiera.

“Muchas gracias por invitarme, me moría de la sed” le dijo ella con una sonrisa en su rostro, luego de que él le destapara la botella.

Luis le respondió con un nervioso “No hay de qué” y enseguida bajó la mirada a sus pies. No estaba seguro cómo reaccionaría Norita luego de oír lo que tenía para decirle, pero sí estaba seguro que tenía que intentar hacer algo para que las cosas cambiaran.

Norita, perdón si estuve un poco callado en el camino, pero he estado pensando mucho en nosotros y toda esta situación con tu papá. La verdad es que ya no soporto más dejarte sola en esa casa sabiendo el peligro que corrés cada vez que él se emborracha. Quiero estar con vos y protegerte siempre. Esto no es saludable para ninguno de los dos.

La sonrisa de ella había desaparecido y un gesto de preocupación apareció en su rostro. “No quiero obligarte a nada, solo busco ayudarte y sacarte de esto, por lo que se me ocurrió tal vez la locura más brillante”, Luís siguió determinado, “¿estarías dispuesta a escaparte conmigo?, ¿irnos lejos y estar solos pero juntos?” Luís estaba seguro que la propuesta no sería aceptada inmediatamente, que Norita se tomaría su tiempo para pensar las cosas, así como el que se lo tomó para aceptar ser su novia.

Pero de repente notó que un brillo especial se había formado en sus ojos, tal vez… “Escapémonos” respondió Norita sin rodeos y la sonrisa más hermosa iluminó su rostro y contagió el de Luís. Éste sorprendido la tomó en sus brazos y la levantó, ambos irradiaban de felicidad.

El resto del camino se dedicaron a planear con detalle cómo se fugarían y aunque se morían de ganas porque fuera ese mismo día en ese mismo momento, decidieron que lo más prudente sería hacerlo al día siguiente para poder empacar algunas cosas que necesitarían.

Ella nunca había sentido el tiempo pasar tan lento, la mañana siguiente tenía que haber sido la más larga de su vida; sentía una mezcla de emociones, estaba nerviosa pero ilusionada, estaba ansiosa e impaciente. No hacía otra cosa más que pensar en lo que vendría en tan solo un par de horas. Ni siquiera hizo el intento de poner atención en clases, ese día nada era importante. Su mochila estaba muy pesada, pero no por sus cuadernos y útiles habituales, este día la ocupaban algunas de sus ropas, víveres y su diario íntimo, que seguramente llenaría muy rápido con todas las aventuras que le esperaban, pensó. Por fin sus páginas no mencionarían más de “ese hombre”, como se refería al escribir sobre su papá.

A ella siempre le había gustado ir a la escuela pero hoy lo único que quería era que llegara la hora de la salida cuanto antes.

Los últimos minutos de clase los pasó pensando en que Luís olvidó mencionarle cómo se irían de ahí: ¿tomarían el tren?.

No, quizás no. Quizás no necesitarían irse tan lejos. Se había quedado pensando en esto cuando sonó la campana que anunciaba la salida, “y nuestra partida” se dijo a sí misma.

Este día Luís no la esperaría en la puerta de la escuela. Se encontraron minutos después en la esquina, tal como habían acordado. “No debemos llamar mucho la atención” fue todo lo que le había explicado cuando ella preguntó por qué no podía esperarla en frente como siempre. Ella no había entendido a qué se refería hasta ese momento, Luis no estaba solo, un hermoso caballo blanco amarrado al tronco del árbol más cercano lo acompañaba.

“¡Es muy lindo!, ¿de dónde lo sacaste?” preguntó Norita.

“Es de mi tío, ayer mismo mi mamá habló con él para que me lo prestara, hoy no fui a trabajar, fui a buscarlo. Mi familia nos apoya y yo quería que fuera algo especial” le respondió él con una sonrisa muy animada que mostraba lo orgulloso que estaba de sí mismo al ver que había logrado sorprender a Norita.

Ella lo besó muy tiernamente en los labios y al separarse él enseguida le ayudó a montarlo.

La gente alrededor los observaban con curiosidad. Él sabía que era momento de partir antes que alguien intentara detenerlos.

Se apresuró a montar al caballo y tomar asiento delante de Norita. Le pidió que lo sujetara por la cintura para no caerse, tomó las riendas y sin perder más tiempo escaparon de ese lugar.

Se dirigieron hacia uno de los hostel de la ciudad, era sencillo pero todo lo que necesitaban era un lugar donde dormir los siguientes días. No estaba muy lejos de casa pero les parecía que era lo suficiente para no ser encontrados. Tenían alimentos como para una semana pero no tenían mucho dinero, por lo que reservaron únicamente para dos noches, luego buscarían otro lugar.

A pesar de todo Norita estaba feliz, se sentía plena, no podía pedir más. Al llegar al hostel se dedicó a acomodar sus cosas, eran muy pocas por lo que no le tomó mucho tiempo. El resto del día pasó imaginando la vida que le esperaba ahora, mientras Luis iba a devolverle el caballo a su tío.

A la noche, cuando Luis volvió, pasaron charlando y riendo por horas en la cama. Sabían que con tanto ruido probablemente los harían callar pero nada les arruinaría ese momento.

Seguramente así se sentía estar casados, pensó Norita. Esa noche finalmente, ambos pudieron dormir con tranquilidad y sin preocupaciones.

A la mañana siguiente Luis salió temprano a trabajar como de costumbre. No quería levantar sospechas y necesitaba el dinero (no solo para ellos, también le ayudaba con los gastos a su mamá).

Llegó la tarde y se reunieron para almorzar juntos con un picnic en un parque. Mientras disfrutaban de una suave brisa que movía levemente el flequillo de Norita, Luis le dijo los planes que tenía para cuando tuvieran que irse del hostel.

“Mi mamá está muy contenta de que no estés más cerca de tu papá” empezó a contarle con un tono entusiasmado. “Pero a ambos nos preocupa mucho que te quedés sola mientras yo estoy en el trabajo. Le propuse que vengas a vivir con nosotros y me dijo que ella no tenía problema, al contrario, ¡le encantó la idea!” A Norita esta noticia la emocionó mucho, la verdad es que no le gustaba quedarse sola, en casa de su suegra tendría compañía y ya no tendrían que preocuparse por la comida. No podía creer lo bien que marchaban las cosas.

El día siguiente, luego de dormir su última noche en el hostel, Luis acompañó a Norita a su casa antes de irse al trabajo. La señora Toña era una mujer muy amable y dulce, adoraba a su hijo con el alma y a Norita la quería como a su propia hija también.

Pasaron un par de días, Norita se sentía muy cómoda en ese lugar, estaba muy agradecida por todo el apoyo que recibía de esta familia, su nueva familia, por lo que trataba de ayudar en todo lo que pudiera en el hogar.

Estaba muy contenta. Pensaba que las cosas estaban muy bien ahora, aunque por otro lado, a veces sentía que quizás estaban demasiado bien. Había momentos en que no podía dejar de sentirse egoísta por haber dejado solas a su mamá y a su hermana Daysi. No podía negar que las extrañaba mucho y no saber nada de ellas por tanto tiempo le preocupaba: ¿Estarían bien? ¿La estarían buscando? Esa tarde acompañó al mercado a la señora Toña, no había vuelto a salir desde el día en que llegó a esa casa y tenía muchas ganas de hacerlo. La señora Toña seguía tratándola como un huésped y no la había dejado acompañarla a sus quehaceres. Si no hubiese sido porque intuía que esta vez necesitaría una mano con las bolsas, seguramente tampoco se lo hubiese permitido. El día estaba hermoso, soleado, cálido y radiante. Reflejaba perfectamente cómo se sentía Norita en ese momento. Nunca había disfrutado tanto ir por las compras para la casa, y mucho menos había regresado con tantas cosas como aquel día; generalmente su papá habría gastado el dinero en cerveza.

Mientras volvían a casa Norita notó que una señora en la esquina la observaba fijamente. Se parecía mucho a…”No, no se parece, ¡es ella!”, se dijo exaltada a sí misma una vez se acercaron un poco más.

Señora Toña, disculpe pero tengo que tomar otro camino para volver, en la esquina está mi profesora de matemáticas y estoy segura que ya me ha visto, tengo que esconderme antes que me pregunte por qué no he ido más y vea hacia dónde voy.

Norita no esperó a que la señora Toña le respondiera, inmediatamente se desvió por otra cuadra mientras su corazón palpitaba a una velocidad que sólo se igualaba con la rapidez con que sus pies se movían para alejarse de ahí.

Norita tomó un camino más largo para volver a la casa de Luis, se la pasó tirando miradas hacia atrás durante todo el camino para asegurarse que nadie la venía siguiendo. Cuando llegó, la señora Toña estaba esperándola ansiosa y preocupada.

“Mi niña, lo siento mucho, no debí haberte dejado acompañarme, esa mujer que decís es tu profesora vive a siete casas de aquí, me conoce, ¡sabe dónde estás!”. Se dijo mientras la abrazaba muy fuerte y temblaba de nervios.

Norita no sabía qué hacer. Sentía que algo podría salir mal, tenía miedo, no quería que los descubrieran. Sólo quería que Luis regresara a casa, lo necesitaba, necesitaba sentirse contenida, sentir que todo iba a estar bien.

Al cabo de un par de horas alguien llamaba a la puerta. Norita salió corriendo a recibir a Luis. Lo estaba esperando tanto que no reparó en que era muy temprano para que él volviera a casa aún. Abrió la puerta con la señora Toña detrás suyo, pero el hombre que estaba parado ahí no era Luis.

Norita sintió que todo su cuerpo se paralizaba en ese mismo momento. Era la policía, habían venido por ella, el plan había fallado. “¡Hija! Por fin te encuentro linda, estaba muy preocupada”, le decía Juana mientras sollozaba al abrazarla.

Norita estaba confundida. ¿Qué estaba pasando? ¿Realmente había venido la policía y su mamá a buscarla? ¿Qué sucedería ahora? Norita estaba feliz de ver y abrazar a su mamá nuevamente, pero ¿y Luis? “Mamá todo está bien, estoy bien–“ “No puedo creer que Luis haya sido capaz, tu profesora tenía razón, ¡estabas acá!, la policía se encargará de él mi amor, todo va a estar bien” le decía Juana abrazándola más fuerte aún, sin prestar atención a lo que Norita intentaba explicarle.

Juana no podía creer que el chico que ella había tomado por caballero hubiese resultado ser el secuestrador de su hijita.

Un policía acompañó a las dos a su casa, donde estaban Daysi y su papá esperándolas. Su hermana muy contenta de verla y su padre fingiéndolo estar, mientras los demás policías se dirigían al trabajo de Luis para retenerlo.

Norita seguía paralizada, no podía asimilar lo que estaba pasando; su mamá no la escuchaba, no paraba de decir lo mucho que Luis la había decepcionado.

Esa noche Norita no podía dormir por más que Juana insistiera en que debía descansar. Sabía que Luis estaría en esos mismos instantes encerrado tras las rejas y lo peor era que no era su culpa. Él no tenía por qué estar en ese lugar.

Al día siguiente Norita decidió explicarle las cosas a su mamá, no pararía hasta que la escuchara y le creyera. Le contó cómo fueron las cosas, le dijo que ella también quería irse con Luís, que no había sido un secuestro. “Él sólo quería protegerme” le explicaba y aunque al principio Juana no parecía convencida, Norita estaba muy determinada e insistió tanto que su mamá simplemente no puedo dudar de que su hija estaba diciéndole la verdad.

Gracias a esto, Luís fue liberado no sin antes dar su promesa de matrimonio. Para Norita esa condición sonaba más bien a la promesa de hacer un sueño realidad. Juana le pidió perdón a Luis. Le agradeció que se preocupara por su hija, comprendió que no hubo malas intenciones y aunque no dejó de insistir en que no había sido la mejor manera, acabó por darle su bendición.

Norita y Luis se casaron por civil. Fue uno de los mejores días de sus vidas. Grandes cambios se avecinaban. Pero el mejor de todos fue que esta vez no estaban solos. Ya viviendo como esposos en el apartamento que la señora Toña les alquiló cerca de su casa, Luis le ofreció a Juana y Daysi vivir con ellos.

Nadie las maltrataría más, en ese nuevo hogar el hombre de la casa era él.

Conclusiones

Considero que la realización de este trabajo no solo me permitió escarbar y conocer un poco más sobre mi familia y la cultura de mi país, sino que también me permitió poner en práctica la teoría que hemos visto en clase. A mi parecer la práctica es la mejor forma de aprender y entender por completo un concepto. Este trabajo también significó una oportunidad para profundizar y reforzar todo lo aprendido en la cursada.


Escapémonos fue publicado de la página 37 a página39 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº43

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