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El epílogo

Alejandra Gargiulo

Escritos en la Facultad Nº75

Escritos en la Facultad Nº75

ISSN: 1669-2306

Textos Dramáticos de estudiantes de Dirección Teatral de la Facultad de Diseño y Comunicación

Año VIII, Vol. 75, Abril 2012, Buenos Aires, Argentina | 73 páginas

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Escena I
Oscuridad. Respiraciones.
Duquesa: (off)
Sanguinario sos y sanguinario será tu fin. El oprobio que signa
tu vida acompaña tu muerte.
Luz trono. Entra Ricardo caminando lentamente. Los pasos de
su renguera marcan una cierta cadencia dentro del silencio y
la oscuridad. Se acerca al trono. Mira a público. Luego de
unos segundos, habla.
Ricardo:
No sé qué decir: el mundo se ha vuelto tan perverso.
¿Qué hora es? (pausa)
Yo, privado de la hermosa proporción,
traicionado en mi aspecto por la vil naturaleza,
deforme, incompleto, lanzado a este mundo
cuando sólo a medias estaba terminado…
y tan rengo y tan ajeno a las imágenes de moda
que hasta los perros ladran a mi paso.
¡Miren, miren cómo estoy embrujado!
¡Miren mi brazo seco cómo un vástago marchito!
Y fue esa esposa de Eduardo, esa bruja monstruosa,
que unida a esa ramera de Shore, a esa puta,
con sus malas artes así me marcaron.
¡Ah, las cosas son así, cuando los hombres
se dejan gobernar por las mujeres!…
...¡Dios acoja al rey Eduardo en su gracia!
Dejando al mundo en merced de mi energía. (risas)
Las maldades secretas que preparo
las cargo en las espaldas de los otros.
Entonces suspiro y recurriendo a la Escritura
sentencio que Dios nos manda devolver el bien por mal,
cubriendo mi desnuda villanía con retazos viejos
robados de la Santa Biblia,
y cuanto más diabólico es mi designio
más santo me consideran. (pausa)
Urdí conspiraciones, indicios peligrosos,
valiéndome de absurdas profecías.
para enfrentar a mi hermano Clarence
y al monarca, mi otro hermano, con un odio mortal.
Escena II
Música. Aparece Clarence iluminado en el lateral izquierdo.
Clarence:
El rey se deja guiar por sueños agoreros. (Por detrás aparece
Ricardo. Lo mira) Supone que yo soy aquel que lo amenaza,
puesto que mi nombre con “J” empieza y un brujo le ha
predicho que por “J” su estirpe será desheredada.
Ricardo:
No es el rey quien te manda a la torre, es su esposa quien lo
induce a tales desafueros.
Clarence:
Las cosas que ahora son prueba contra mi alma, las hice por
Eduardo, y mirá como me paga!
Ricardo:
No es tu culpa, somos súbditos de la reina y debemos obedecer.
Clarence:
¿Cuál es mi crimen? ¿Dónde está la evidencia que me acusa?
¿Qué jurado legal su veredicto ha dado ante el severo juez?
Ricardo:
(Conmovido falsamente)
Esta profunda desgracia fraternal me toca más hondo de lo
que suponés.
Clarence:
Nuestro noble padre York nos bendijo a sus tres hijos con
brazo victorioso y nos encomendó, desde el fondo del alma,
que el amor nos mantenga unidos.
Ricardo:
Voy a liberarte o quedarme en tu lugar.
(Sale)
Clarence:
Música .Se siente solo. Comienza a percibir la muerte
¡Tan llenas de terror están las horas!
¡Qué visiones en mis ojos de muerte horrible! (pausa)
¿Cuál es mi crimen?¿Quién pronunció la sentencia de muerte
del pobre Clarence?
Ricardo:
(A público. Relatos paralelos)
El infeliz de Clarence, murió por la primera sentencia,
Clarence:
En las desordenadas olas del abismo...
Ricardo:
que llevó un mensajero alado como Mercurio.
Clarence:
…comienza la tempestad de mi alma…
Ricardo:
Mientras que algún tullido…
Clarence:
…entrando en el reino de la noche perpetua.
Ricardo:
…llevo la contraorden,
Clarence:
Se acerca una sombra semejante a un ángel...
Ricardo:
que lenta en llegar…
Clarence:
…con su brillante cabellera tinta en sangre.
Ricardo:
…lo alcanzó enterrado.
Clarence:
(Miedo)
Una legión de demonios me rodea.
Ricardo:
¡Ay!... Clarence, Clarence… mi amor es tan grande
que envié tu alma al Cielo (risas)
Clarence:
(Derrumbado, gritando piedad.)
¡No tener compasión es de bestias salvajes y demonios!
(Se apaga su luz.)
Ricardo:
(Sentado en su trono. Sólo.)
Ah… El mundo se ha vuelto tan perverso.
¿Qué hora es?
Duquesa: (off)
La perfidia adopta formas tan gentiles y oculta el vicio bajo
la máscara de la virtud
Ricardo:
El rey está enfermo, melancólico y débil
se ha agotado en exceso su real persona.
Todos tenemos motivos
para llorar el eclipse de nuestra clara estrella,
mas nadie puede curar sus daños a fuerza de llorarlos.
El rey es tan leal y justo
como yo soy astuto y traicionero.
No se adular ni usar bellas palabras,
hacer reverencias a la francesa y educadas monerías
Ajeno por mi cuerpo a frívolos goces
o a cortejar la imagen de un espejo amante,
yo, a golpes acuñado,
carente de la gracia que exige el amor
para lucirme ante una ninfa fácil,
no encuentro más placer para matar el tiempo
que espiar mi sombra bajo el sol
o glosar (explicar) las variantes de mi deformidad.
Escena III
Música Aparece Lady Anne con el cortejo fúnebre. No ve
a Ricardo
Lady Anne:
(Maldice como una letanía.)
¡Maldita sea la mano que hizo estos agujeros! ¡Maldito el
corazón que tuvo corazón para así hacerlo! ¡Maldita sea la
sangre que dejó que esta sangre corriera! (repite)
Ricardo:
(Luego de escucharla. A público)
También, me casé con la hija menor de Warwick.
¿Qué importa que de su marido y su padre haya sido el
asesino?
La forma más rápida de calmar a la muchacha era volverme
su padre y su marido.
Lady Anne:
¡Maldita sea la mano que hizo estos agujeros! ¡Maldito el
corazón que tuvo corazón para así hacerlo! ¡Maldita sea la
sangre que dejó que esta sangre corriera! (repite)
Ricardo:
(Interrumpe el paso)
Santa y dulce mujer, no maldigas, por caridad.
Lady Anne:
¡Sucio demonio, vete!; por amor a Dios. No molestes. Ah..las
heridas de Enrique abren sus bocas congeladas y vuelven a
sangrar.¡Bulto de sucia deformidad, cubríte de vergüenza, tu
presencia esta sangre hace correr de las venas vacías donde
sangre no queda!
Ricardo:
No enseñes el desprecio a tus labios que fueron hechos para
besar, señora, no para el desdén.
Lady Anne:
¡Horrible ministro del infierno!
Convertiste en tu infierno a la tierra feliz,
llenándola de maldiciones y profundos clamores.
No conocés la ley de Dios ni la del hombre.
No hay bestia tan feroz que no conozca un toque de piedad.
Ricardo:
(Le habla al oído para seducirla.)
Divina perfección en forma de mujer, permite que explique
las supuestas maldades cometidas.
No maté a tu marido.
Lady Anne:
Entonces esta vivo!
Ricardo:
No, Muerto está por mano de Eduardo.
Lady Anne:
Siniestra infección en forma de hombre
miente tu boca inmunda.
El vapor de su sangre salió de tu daga,
cuya punta dirigiste hacia su propio pecho.
Ricardo:
¡Ah!... Qué mejor para el Rey del cielo,
que a su lado lo tiene.
Sitio más apropiado para él que la tierra.
Lady Anne:
Y el sitio más apropiado para vos es el infierno.
Ricardo:
Hay otro aún mejor, si me dejás nombrarlo.
Lady Anne:
¿Algún calabozo?
Ricardo:
Tu alcoba y su lecho.
Lady Anne:
¡Qué cunda el mal sueño en la alcoba donde duermas!
Ricardo:
Así será, señora, hasta que con vos me acueste.
Lady Anne:
¡Así lo espero!
Ricardo:
Ah mujer… más bella de lo que la lengua expresa.
Yo maté al rey Enrique…
Pero fue tu belleza la causa de ese efecto:
que en sueños me incitaba
a darle muerte al mundo entero
con tal de pasar una hora en tus brazos.
Lady Anne:
Si te creyera, estas uñas arrancarían la belleza de mis mejillas.
Ricardo:
Mis ojos no podrían soportar semejante atentado. Como el
mundo se ilumina con el sol, tu belleza mi vida ilumina.
Lady Anne:
Que la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida.
Ricardo:
No digas blasfemias contra vos, criatura bella, sos la vida y
el día para mí.
Lady Anne:
Podrías excusarte cumpliendo en tu carne la justa venganza
por la injusta muerte que a otros inferiste
Ricardo:
Vive quien te ama mejor que tu esposo.
(Lady Anne lo escupe)
Ricardo:
¿Por qué me ofendés?
Lady Anne:
Ojala fuera veneno para vos.
Ricardo:
Jamás salió veneno de un sitio tal dulce.
Lady Anne:
¡Fuera de mi vista! ¡Me contagiás los ojos!
Ricardo:
Tus ojos contagiaron los míos. Me matan con muerte en vida.
Tus ojos sacaron de los míos lágrimas saladas,
causando su vergüenza con mil gotas pueriles.
Estos ojos nunca derramaron lágrimas de piedad;
lo que el dolor no pudo hacer brotar de ellos,
lo pudo tu belleza cegándolos de llanto. (Pausa)
Jamás supliqué,
mi lengua jamás pudo aprender
las dulces palabras que apaciguan,
pero hoy que tu hermosura es el único premio
suplica mi orgulloso corazón y me conmina a hablar.
(Lady Anne comienza a ceder)
Si tu vengativo corazón no puede perdonar,
pedí entonces que me mate y lo haré.
A tu sola palabra esta mano, que por tu amor mató a tu amor,
matará por tu amor a un amor más verdadero.
Lady Anne:
(Evitando que se mate)
No seré yo tu verdugo
Ricardo :
Decime que hiciste las paces conmigo
Lady Anne:
Ojalá conociera tu corazón…
Ricardo:
En mi lengua está representado.
Lady Anne:
Temo que los dos sean falsos.
Ricardo:
Te ruego que aceptes este anillo.
Lady Anne:
Aceptar no es conceder.
Ricardo:
Mirá como tu dedo envuelve. ¡Si así tu pecho rodeara mi
pobre corazón!
Usalos a los dos, que ambos son tuyos.
Lady Anne:
Me alegra verte a tal punto arrepentido.
(La besa. Lady Anne Sale)
Escena IV
Ricardo:
(Vuelve al sector del trono. a público)
¿Alguna vez se ha cortejado de esta forma a una mujer?
¿Alguna vez se ha conquistado de esta forma a una mujer?
Rebaja ella sus ojos hacia mí,
que he segado la primavera en flor
de ese príncipe impecable,
transformándola en viuda de lecho nupcial.
¿Hacia mí, que en entero no alcanzo la mitad de Eduardo?
¿Hacia mí, que a tal punto soy deforme y rengo?
A sus ojos yo me he vuelto un hombre apuesto y extraordinario.
( risas)
¡Conquistarla cuando su corazón me detestaba,
con maldiciones en la boca, lagrimas en los ojos,
en presencia del sangriento testigo de su odio,
con Dios, su conciencia y mil barreras contra mí!
¡El mundo entero contra nada! (ríe)
Se escucha un viento y un sonido profundo.
Duquesa: (off)
¿Por qué esta tan llena de palabras la calamidad?
Ricardo:
¿Quién se interpone en mi camino?
Duquesa: (off)
Vida muerta, ojos ciegos, pobre espectro de viva mortalidad
Ricardo:
¿Quién se…?
Duquesa: (off)
¿Sos mi hijo?
Ricardo:
Si,…gracias a Dios, mi padre y a vos misma.
Duquesa: (off)
Entonces con paciencia escucha mis palabras impacientes.
Ricardo:
Tengo un carácter similar al tuyo
que no soporta el tono de reprimenda.
Duquesa: (off)
(Interrumpiendo)
Dejame hablar.
Ricardo:
Estoy apurado.
Duquesa: (off)
¿Tanto apuro tenés? Yo te esperé entre tormentos y agonías.
Ricardo:
¿Y no vine al mundo para consolarte?
Duquesa: (off)
Viniste a la tierra a convertirla en tu infierno.
Ricardo:
Si soy tan desagradable a tus ojos,
Dejame seguir mi marcha
Duquesa: (off)
Dejame decir una palabra,
Pues nunca más la palabra te voy a dirigir.
Ricardo:
Hablás con demasiada acritud.
Duquesa: (off)
Llevate con vos mi mas abrumadora maldición.
¡Sanguinario sos y sanguinario será tu fin.!
El oprobio que signa tu vida,
acompaña tu muerte. (La voz se esfuma en eco.)
Escena V
Aparece Buckingham parado debajo de una luz en el sector
derecho de la escena. Irrumpe con la palabra sin mirar a
Ricardo.
Buckingham:
El reino está verde y aún sin gobernar.
Ricardo:
(Toma un libro y comienza a actuar cierta bondad y
religiosidad.)
Sospecho que cometí alguna falta deshonrosa a los ojos de la
ciudad y que venís a reprender la ignorancia
Buckingham:
(Clarence y Lady Anne recrean gente del pueblo)
Venimos a rogar a vuestra Señoría,
que en sus hombros asuma
la carga del gobierno real de nuestra patria,
como heredero por legítima sangre
de un reino que es el vuestro por derecho de cuna.
Ricardo:
Es tal mi pobreza de espíritu
y tantos y tan grandes mis defectos
que preferiría sustraerme a mi grandeza
antes que buscar refugio en ella
y ahogarme en los vapores de mi gloria.
Buckingham:
No te rehúses, poderoso señor
al amor que te entregamos
Ricardo:
Soy indigno del rango y la majestad
pero no estoy hecho de piedra, sino de un material que a las
suplicas cede, aunque sea contra mi alma y mi conciencia.
Buckingham:
(Lo acompaña hasta el trono amablemente)
¡Mi ilustre soberano! (respiraciones)
Ricardo:
¿Soy rey?
Buckingham:
¡Viva el rey Ricardo, ilustre soberano de Inglaterra!
Ricardo:
Buckingham…( Le pide con señas que se acerque. Le habla
en voz baja)
¿Podés temblar y cambiar de color,
cortar el aliento en mitad de una palabra,
y luego volver a empezar y otra vez detenerte
como si estuvieras alterado y loco de terror?
Buckingham:
Puedo imitar al trágico avezado,
hablar, mirar atrás y espiar en todas direcciones,
temblar y estremecerme ante un mínimo ruido
aparentando gran temor.
Tengo a mi servicio miradas espectrales
y sonrisas forzadas por igual,
y ambas están dispuestas en todo momento
a cumplir su trabajo y apoyar mis ardides.
Ricardo:
Dos mortales enemigos impiden mi reposo
y perturban mis dulces sueños.
Buckingham:
Señor…
Ricardo:
¡Quiero muertos a los bastardos!
Buckingham:
Dame un pequeño respiro mi señor;
una pausa antes de que me pronuncie sobre esto.
Ricardo:
¿Cómo? ¿Tanto tiempo me seguiste sin cansarte
y ahora te detenés a respirar?
Se enfría tu cariño.
Buckingham:
Lamento que mi noble primo sospeche
de mis buenas intenciones hacia él.
Ricardo:
(Se decepciona)
¡El calculador, astuto y ambicioso Buckingham se vuelve
circunspecto!
Buckingham:
Dame un pequeño respiro mi señor.
Ricardo:
(Lo apura)
Mi otro yo, consistorio de mis asesores,
mi amado primo, mi oráculo, mi profeta:
¡Cómo un niño por vos me dejé guiar!
¡No vas a ser más participe de mis designios!
Buckingham:
Cada caballo maneja su propio freno
y puede encaminarse donde se le ocurra.
Ricardo:
¡Me importunás!
Buckingham:
(Lo agarra y lo sienta brutalmente en la silla)
¡¿Y para esto te hice rey?!
¿Con semejante desprecio
me pagas mis grandes servicios?
(Buckingham vuelve a la penumbra. Ricardo solo en el trono)
Escena VI
Ricardo:
Tanto quise a ese hombre que debo llorar.
Lo tomé por la criatura más franca e inofensiva
que hubo entre los cristianos de la tierra.
Era para mí un libro donde mi alma anotaba
la historia más secreta de sus pensamientos.
Estoy tan cubierto de sangre
que un crimen lava al otro.
Las lágrimas de piedad no moran por mis ojos.
Puedo reír y matar mientras rio. (Ríe)
Clarence:
(Música Luz. Mira hacia adelante y sentencia su propia
muerte. Se acerca hasta Ricardo)
¿Cuál fue mi crimen? El amor por mi hermano, mi demonio
y mi furia.
Ricardo:
Lo que está hecho no puede remediarse…
Lady Anne:
(Luz. Mira hacia delante y sentencia su propia muerte.
Se acerca hasta Ricardo)
Mi torpe corazón de mujer se dejó cautivar por la miel de sus
palabras y me convirtió en objeto de mi propia maldición.
Ricardo:
…los hombres actúan a veces sin prudencia.
Buckingham:
(Luz. Mira hacia delante y sentencia su propia muerte.)
El día de difuntos, para espanto de mi alma, es el término
asignado a mis maldades.
Ricardo:
Es designio del destino todo lo inevitable.
Clarence:
No tener compasión es de bestias salvajes y demonios
Lady Anne:
Aceptar no es conceder.
Buckingham:
Cada caballo maneja su propio freno
y puede encaminarse donde se le ocurra.
Ricardo:
¿Qué hora es?
Clarence:
En las desordenadas olas del abismo…
Clarence /Lady Anne:
comienza la tempestad de mi alma
Clarence/ Lady Anne/ Buckingham:
…entrando en el reino de la noche perpetua.
Una legión de demonios me rodea.
Ricardo:
No hay nadie aquí .
Clarence:
Espía tenebroso del infierno,
Ricardo:
Yo soy yo.
Lady Anne:
Los santos rezan
Ricardo:
¿Quién ha contado el número de los traidores?
Buckingham:
Rugen los demonios,
Ricardo:
He aprendido que comentar el miedo
es la pesada rémora de la tardanza
la tardanza es impotente y su paso de tortuga
conduce a la indigencia
Lady Anne:
(Apareciendo por detrás, se agarra la corona)
Quisiera que el borde redondo
de metal dorado que ha de ceñir mi frente
fuera acero al rojo vivo
para quemarme hasta los sesos
Ricardo
(Habla con ironía.)
Ana, la reina,
está enferma y a punto de morir.
Lady Anne:
(Lo agarra por detrás y le tapa la boca.)
Que la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida.
(Repite. Clarence ayuda a sujetarlo.)
Buckingham:
(En paralelo a la maldición de Lady Anne.)
Aquel que todo lo ve, de quien me he burlado,
obliga a las espadas de los hombres malvados
a volver sus propias puntas contra el pecho de sus amos.
Ricardo:
(Logra soltarse, los espectros se desmoronan y se arrastran
por el piso.)
¡Me agraviaron y no lo voy a tolerar! (textos paralelos)
¡Ahh…! Sin amigos que apoyen mis intentos,
salvo el propio demonio y mi rostro embustero…
¡¿Qué un hombre franco sea calumniado por rufianes
insinuantes de sedosa malicia?!
Espectros:
(Textos paralelos en canon)
La tierra se abre
arde el infierno
fin lamentable que nadie lamenta
Ricardo:
Estos son los frutos de la precipitación.
Clarence:
(Al oído.)
Lloraste ante mi desgracia
jurando entre sollozos que te esforzarías por liberarme.
Ricardo:
(Escucha a Clarence. miedo)
¿Quién se interpone en mi camino?
Buckingham:
El día de difuntos será para mi cuerpo el día del juicio.
Ricardo se asusta de poder escucharlo. Todos le caminan en
circulo repitiendo el texto sin parar
Lady Anne:
Que la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida.
Buckingham:
El mal sólo merece el mal.
Clarence:
Caiga mi peso sobre tu alma.
Ricardo:
¡No son para mi
quienes me miran con ojos prudentes!
Lady Anne:
Que la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida.
Buckingham:
El mal sólo merece el mal.
Clarence:
Caiga mi peso sobre tu alma.
Ricardo:
¡Fuera de mi vista búhos!
Lady Anne:
Que la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida.
Buckingham:
El mal sólo merece el mal.
Clarence:
Caiga mi peso sobre tu alma.
Ricardo:
(Se levanta enojado. Los espectros caen al piso
y tratan de volver, continúan murmurando.)
¡No puedo ni quiero ceder ante ustedes!
Lady Anne:
Llena tu sueño de perturbaciones.
( Todos los espectros murmuran y respiran)
Ricardo:
¿Qué merecen aquellos
que mi muerte traman con diabólicos ardides
de hechicería maldita y que de mi cuerpo
se apoderaron con infernal maleficio?
¿Acaso está vacante el trono?
Clarence:
¡Caiga mi peso sobre tu alma!
Ricardo:
¿Nadie empuña la espada?
Buckingham:
El mal solo merece el mal.
Ricardo:
¿Ha muerto el rey? ¿El imperio no tiene dueño?
Todos:
¡¡Desespera!!!
(Música. Pausa.)
Ricardo:
(Comienza a desmoronarse. Tiene miedo. Se sienta en el trono.
Los espectros susurran, respiran y se amalgaman alrededor
de su trono.)
Esta noche no voy a cenar.
El cielo frunce el ceño
y cubre de neblina mis fuerzas.
No tengo el espíritu vivaz ni el ánimo alegre que tenía.
¿Qué hora es?
Frías gotas de miedo corren por mi carne temerosa.
y mi conciencia tiene mil lenguas distintas.
Lady Anne:
Llena tu sueño de perturbaciones.
Desespera y muere.
Ricardo:
Y cada lengua cuenta una historia diferente.
Clarence:
Yo, que entre a la muerte sucio de vino repugnante,
entregado a la muerte por tu culpa…
Ricardo:
No hay una criatura que me ame. Y si muero…
Clarence:
Caiga mi peso sobre tu alma.
Ricardo:
…Ni un alma tendrá piedad de mi.
Buckingham:
El mal sólo merece el mal.
Y la culpa paga su deuda de culpa.
Ricardo:
( A publico buscando clemencia)
Si alguno en esta noble asamblea,
por informes errados o sospechas injustas
me considera su enemigo.
si involuntariamente
he cometido alguna acción que ofendiera
quisiera reconciliarme en paz:
aspiro al cariño
de todos los hombres de buen corazón.
(Repiten simultáneamente. Cada uno su texto y todos a la
vez murmurando)
Clarence:
¿Cuál es mi crimen? ¿Dónde está la evidencia que me acusa?
¿Qué jurado legal su veredicto ha dado ante el severo juez?
Lady Anne:
¡Maldita sea la mano que hizo estos agujeros! ¡Maldito el
corazón que tuvo corazón para así hacerlo! ¡Maldita sea la
sangre que dejó que esta sangre corriera!
Buckingham:
Tengo a mi servicio miradas espectrales
y sonrisas forzadas por igual,
y ambas están dispuestas en todo momento
a cumplir su trabajo y apoyar mis ardides.
Clarence:
Si el Cielo se reserva alguna atroz calamidad
que sobrepase a las que imploro para vos,
Lady Anne:
que las guarde hasta que tus pecados estén maduros
y entonces arroje sobre vos su indignación,
Buckingham:
Que el gusano de la conciencia el alma te devore,
Clarence:
Que a tus amigos sospeches de traidores
Y tomes por amigos a los pérfidos traidores;
Lady Anne:
Que el sueño no cierre tus mortiferos ojos
Si no es por medio de un sueño torturado
que te espante con su infierno de demonios horribles
Buckingham:
Llevas desde el propio nacimiento
el sello de esclavo de la naturaleza…
Todos:
¡de hijo del infierno.!
Ricardo:
(Música)
Perjurio, perjurio, en el más alto grado,
crimen, grave crimen en el grado más atroz,
todos los múltiples pecados en sus grados infinitos
se agolpan ante el tribunal y gritan…cul…
Lady Anne:
¡Culpable!
Clarence:
¡Culpable!
Buckingham:
¡Culpable!
Ricardo:
¡La conciencia es sólo una palabra que utilizan los cobardes!
Lady Anne:
Llena tu sueño de perturbaciones.
Ricardo:
(Desesperado)
Pero. ¿Acaso está vacante el trono?
Clarence:
¡Caiga mi peso sobre tu alma!
Ricardo:
¿Nadie empuña la espada?
Buckingham:
¡El mal sólo merece el mal!
Ricardo:
¿Ha muerto el rey? ¿El imperio no tiene dueño?
Todos:
(Le quitan el trono.)
¡Desespera!
Ricardo:
(Comienzan a tirarle de la ropa.)
Laten mil corazones en el centro de mi pecho.
Lady Anne:
Llena tu sueño de perturbaciones.
Buckingham:
(Lo toma de la solapa y lo tira al suelo.)
Fui el primero que te ayudó a obtener la corona.
Y el último en sentir tu tiranía.
(Todos se tiran sobre él, comienzan
a arrastrarlo hacia el oscuro de la escena.)
Ricardo:
¡Un caballo!
Clarence:
¡Caiga mi peso sobre tu alma!
Ricardo:
¡Un caballo, un caballo!
Lady Anne:
¡Qué la negra noche oculte tu día y la muerte tu vida!
Ricardo:
¡El rey que puede ordenar, suplica.!
Buckingham:
¡La culpa paga su deuda de culpa!
Ricardo:
(Deja su corona en el lugar del trono mientras lo arrastran.)
¡Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo!
Duquesa: (off)
...el oprobio que signa tu vida acompaña tu muerte…
Lady Anne:
¡Llena tu sueño de perturbaciones!
Clarence:
¡Caiga mi peso sobre tu alma!
Buckingham:
¡El mal sólo merece el mal!
Comienzan a comerlo, se amalgaman. Ricardo desaparece.
Silencio. Luego, respiraciones profundas.
Oscuridad.
(*) El texto dramático fue realizado en la Cátedra Gustavo Schraier.
Proyecto Escénico 1. Cuarto Año de la Carrera de Dirección Teatral
de la Facultad de Diseño y Comunicación de la Universidad de
Palermo. Año 2009


El epílogo fue publicado de la página 65 a página72 en Escritos en la Facultad Nº75

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