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Juego de niños, sueños de grandes

Maluf, Natalia

Eje 3. Opinión y medios

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº46

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº46

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición VIII Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2011 Eje 1. Cine y sociedad. Matías Bettini | Agostina Bulacio | Camila Ruíz Diaz | Beatriz Sáenz | Lara Zapata Fiedler. Eje 2. Comunicación interactiva. Diana Reb

Año VIII, Vol. 46, Mayo 2012, Buenos Aires, Argentina | 99 páginas

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Mucho se dice de la televisión actual y las influencias de su contenido. También se cuestiona la aprobación de estos por parte del receptor. Un receptor que, de alguna forma crea un vinculo con los mismos, ya sea desde la empatía o desde la critica.

Pero que al fin y al cabo, parece necesitarlos. Un vínculo que dificulta concluir si esta relación empieza en el emisor que ofrece dichos contenidos o en un receptor que los demanda.

Se habla de una televisión actual que ofrece prototipos, que exalta cánones de belleza y riqueza preestablecidos, y valora el éxito (entendido éste como fama). Un contenido televisivo colmado de personas que el único valor que demuestran tener es la belleza física, o de mujeres que saltan a la fama por sus relaciones sentimentales con hombres famosos (que no siempre obtuvieron su fama precisamente por virtudes intelectuales).

Prototipos de hombres cuyo único valor son sus bienes materiales.

Si se habla de la televisión actual se puede continuar citando varios ejemplos de personajes que logran llegar a la fama, es decir que obtienen la capacidad de ser mediáticos. Y en la mayoría de estos casos se vincula la fama con culto al cuerpo, con el dinero, etc.

Se podrían formular muchas preguntas que ayudasen a comprender el por qué del auge de estos cánones y sobre todo el por qué de la elección por parte de los televidentes de estos contenidos. Y así tratar de entender el motivo por el que resulta atractiva la realidad sentimental de muchas personas (aún sin que formen parte de nuestro circulo afectivo) o la razón por la que es interesante husmear en la vida de personajes cuyo único valor es ser millonarios, o el por qué el culto al cuerpo perfecto pareciera haber anulado cualquier otra condición.

Según la teoría de Usos y Gratificaciones de la Comunicación de Masas, que analiza la forma en que los seres humanos crean y gratifican necesidades, el televidente es usuario activo del contenido de los medios y no está influido pasivamente por ellos sino que es él quien demanda.

Buena parte del consumo masivo puede ser considerada como una respuesta a las necesidades sentidas por el miembro de la audiencia, ya que, dadas las disposiciones psicológicas y los papeles sociales, el espectador, oyente o lector individual, experimenta o confía experimentar alguna forma de satisfacción de necesidades mediante sus conductas en el uso de los medios” (Katz, E., Blumbler, J. y Gurevitch, M. - 1986).

A partir de este análisis podemos comenzar a vislumbrar el por qué del éxito de dicho contenido televisivo. Encontramos así, una sociedad que demanda satisfacer sus necesidades.

Pero se podría ir un poco mas allá de la relación entre la televisión actual y el televidente con sus necesidades y analizar desde cuando los seres humanos aprenden a valorar estos cánones de belleza, éxito y fama. ¿Por qué millones de personas sonríen y hasta sueñan cuando se les presenta ante sus ojos estos modelos? ¿Por qué estos personajes mediáticos que se muestran indiferentes ante lo que los rodea pueden cumplir sus caprichos a su antojo, hasta el capricho de ser famosos como si fuera un juego de niños? Y del otro lado de la pantalla un televidente que se los permite, que mira, que observa, que se indigna y que, aunque le cueste reconocerlo, muchas veces admira. Como un niño que sueña con su héroe, el televidente aprendió a valorar estas cosas.

¿Es posible entonces plantear un paralelismo entre la televisión actual y los dibujos animados infantiles? ¿Es simplemente una mera casualidad que muchos de aquellos niños que se entretenían mirando dibujos animados –con mensajes de heroínas sumisas, con siluetas de sirena, amas de casa perfectas en espera de su príncipe valiente y adinerado, con pocos atributos personales pero herederos de grandes reinados o principados- sean los adultos que consumen los contenidos de la televisión contemporánea? ¿Son los personajes de los dibujos animados mas populares de todos los tiempos quienes pueden brindar las respuestas a estas inquietudes? Blanca Nieves y los siete enanitos es uno de los ejemplos.

Blanca Nieves presenta un mensaje muy fuerte sobre el rol de género, apoyado en el personaje de la malvada madrastra, que envidiosa de su belleza, la hace vestir mal y limpiar sin parar. Cuando se topa con una casa sucia donde viven siete enanitos, la protagonista siente constantemente la necesidad de limpiar sin que nadie se lo pida, solo por propio placer.

Tiempo después, conoce a un apuesto hombre del cual se enamora para finalmente casarse.

En La Cenicienta, una vez más, la protagonista está obligada a cocinar y limpiar para su madrastra y sus hermanastras. En el relato existe otro lugar común: el amor a primera vista que ella siente por el príncipe azul. Aquí se está diciendo que la búsqueda del amor de la vida es tan fácil como ponerse un vestido de fiesta y bailar. Y el prototipo de príncipe azul está circunscrito a un hombre bello y rico pero que carece de actividades productivas, o por lo menos no se las conoce. Lo importante es su imagen y su nivel de vida, que compartirá con la pobre cenicienta. Un hombre que vino a salvarla de su vida desgraciada.

En La Bella Durmiente, el verdadero mensaje está en la espera de un príncipe. Para salir de su estado de sueño, ella necesita recibir un beso de amor verdadero. Un príncipe que viene a salvarla de la maldición que se apoderó de ella. A los ojos de las niñas que ven La Bella Durmiente la solución para arreglar los problemas de la vida pasa a ser la esperar a un príncipe.

Al analizar los contenidos de estos dibujos animados, se encuentran paralelismos entre aquellos soñados personajes infantiles con los personajes adultos de la televisión actual. Resaltan las mismas cualidades de personajes bellos, mujeres sin capacidades intelectuales y hombres ricos sin aptitudes destacables.

Se puede entonces pensar que existe una marcada influencia en el contenido de los dibujos infantiles que marcan y enseñan el valor en los niños dejando así su huella para luego en la adultez manifestarse estos cánones en deseos, en necesidades.

Pero, ¿cuál sería el objetivo de dichos mensajes? La teoría critica analiza la Industria Cultural como herramienta ideológica del capitalismo. Con propuestas de estereotipos como herramienta de dominio, los cuales nunca podrán ni deberán ser alcanzados, otorgando de esta manera un ‘pagare del placer’: “El pagare sobre el placer emitido por la acción y la presentación es prorrogado indefinidamente” (Horkheimer, M., Adorno, W. (1997).

Príncipes, dinero, belleza se muestran al alcance de la mano pero esto en realidad no es más que una ilusión. Es una enseñanza que se otorga con un claro fin de crear una sociedad llena de frustraciones: “La Ley suprema es que sus súbditos no alcancen jamás aquello que desean, y justamente con ello deben reír y contentarse. La frustración permanente impuesta por la civilización es enseñada”. (Horkheimer, M., Adorno, W. (1997).

Pero quizás esto no termine ahí. ¿Se puede decir que los guionistas de los dibujos animados de los años 30 hasta estos días son los responsables de haber signado un camino de valores en los niños? Si bien, según la teoría critica y su estudio de la industria cultural el mensaje dado tiene un concreto objetivo de dominio, se puede plantear un punto de vista aún más profundo donde, como contrapartida, se puede visualizar otro fondo, separado de la intención de quien emite el mensaje.

Stuart Hall en Codificación y descodificación en el discurso televisivo va mas allá del análisis del mensaje televisivo. Relaciona la función del mensaje con el proceso de la recepción del mismo. La producción y la recepción del mensaje televisivo no son por tanto idénticos, pero están relacionados: “son momentos diferenciados dentro de la totalidad constituida por el proceso comunicativo global”. ( Hall, S. - 2004) Si bien la teoría critica se centra en la intención del mensaje, resta analizar que sucede con ese receptor.

Aunque las estructuras productoras de televisión originan el mensaje televisivo, no son un sistema cerrado. Ellas configuran los temas, tratamientos, agendas, acontecimientos, personal, imágenes de la audiencia o definiciones de la situación a partir del sistema sociocultural y político mas amplio. (Hall, S.-2004)

Entonces, si bien se puede tomar como real la intención de dominio de los medios y la utilización de sus mensajes estereotipados para lograr sus objetivos, también se puede detener la atención en observar a un telespectador que asimila esta información. Pero para asimilarla es indefectiblemente necesaria una descodificación de dicho mensaje: “los momentos de codificación y descodificación, aunque ‘relativamente autónomos’ en relación con el proceso en su totalidad, son instantes determinantes” (Hall, S. - 2004). El autor marca en este párrafo la importancia que tiene, tanto el mensaje como la correcta descodificación del mismo.

Ahora pensando en la teoría de Stuart Hall y el proceso de codificación y descodificación queda preguntarse de dónde un niño, con su corta experiencia como ser social, consigue las herramientas necesarias para realizar la descodificación del mensaje otorgado por los dibujos animados. Será necesario entonces analizar su entorno. Y este entorno es una sociedad que ya está provista de estereotipos, de modelos a seguir, de cánones establecidos. ¿Se puede inferir entonces la existencia de un entorno que le impone su cultura? Hall, hace referencia a un orden cultural dominante y la influencia del mismo en la lectura que hace el receptor de la información:

Toda sociedad o cultura tiende a imponer a sus miembros sus propias segmentaciones, sus clasificaciones del mundo social, cultural y publico, con diferentes grados de clausura. Este se convierte en el orden cultural dominante, lo que no quiere decir unívoco o incuestionable (Hall, S. - 2004).

Esta reflexión si bien en principio no hace más que confirmar que indefectiblemente la cultura arraigada en una sociedad es impuesta a todas las personas del mismo entorno al ser una cultura dominante, también relativiza la fuerza de esta cultura en sentido de no considerarla inapelable. Se refiere a una cultura dotada de valores que no resultan inamovibles.

Entonces, la cultura dominante puede cambiar según el punto de vista tomado: “Decimos dominante y no determinado porque siempre es posible ordenar, clasificar, asignar y descodificar un hecho dentro de mas de un ‘mapa’. Utilizamos dominante porque existe un patrón de lecturas preferentes” (Hall, S. - 2004). Pero esta cultura que hoy domina, donde el receptor coincide con la información recibida, no posee los mismos estereotipos, ni las mismas ideologías que tiempo atrás. A partir de esta realidad, es posible inferir que tampoco tendrá la misma información ideológica en un futuro. Hoy existen nuevos roles de mujeres luchadoras y triunfadoras que, se ven reflejados en nuevas heroínas de dibujos infantiles.

Heroínas fuertes y vencedoras, lo cual nos lleva a pensar en futuros nuevos sueños, en futuras nuevas necesidades insatisfechas, puesto que nadie dijo que ser heroína es mas sencillo que ser princesa.

En conclusión, si bien existe una clara influencia de la televisión con su mensaje ante el espectador se puede deducir que esta incidencia nace de las necesidades del televidente, quizás, cómo se ha considerado en el presente ensayo, a raíz de cánones aprendidos en la infancia. De mensajes dados con una clara intencionalidad de dominio, mensajes que repercuten en las personas debido a que estas decodifican dicha información según el entorno y el contexto social que los envuelve y las enseñanzas recibidas. Estereotipos aprendidos en la infancia que, al convertirse estos niños en personas adultas y habiendo acumulado necesidades con su ‘pagare del placer’ a cuestas, muy probablemente los busquen en los medios actuales y vuelvan a sentir la misma satisfacción que de niños, aunque la gratificación nunca llegue. Y, aunque el concepto de cultura dominante cambie en un futuro no muy lejano, siempre seguirán existiendo sueños, quizás no de princesas sino de heroínas, quizás no de sumisión sino de fortaleza. Quizás ya no le interese convertirse en una sirena y encontrar un príncipe azul. Pero no será menos complicado ser una Pocahontas invencible. Y justamente, por si no resultara fácil, siempre existirá una televisión que colabore a soñar, a realizar castillos de arena con los deseos de las personas.

Deseos propios, deseos ajenos, deseos al fin. Una televisión siempre lista para brindar versiones ficticias de nuevos sueños incumplidos.

Bibliografía

Hall, S. (2004). Codificación y descodificación en el discurso televisivo: Madrid: SIC.

Horkheimer, M. y Adorno, W. (1997). Dialéctica del Iluminismo. Buenos Aires: Sur Katz,E. , Blumbler, J. y Gurevitch, M. (1986). Usos y gratificaciones de la comunicación de masas. Barcelona: Gustavo Gilli.


Juego de niños, sueños de grandes fue publicado de la página 39 a página41 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº46

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