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El desencanto del mundo

Falkinhoff, Carolina

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº53

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº53

ISSN: 1668-5229

Ensayos Contemporáneos. Edición X Escritos de estudiantes. Segundo Cuatrimestre 2012

Año IX, Vol. 53, Mayo 2013, Buenos Aires, Argentina | 98 páginas

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Introducción

Según la cultural general, lo que llamamos Generación Y son las personas nacidas entre 1982 y 1995, es decir que yo soy parte de esa generación. Nacimos y vivimos en una época de muchos cambios, empezando desde lo más particular y minúsculo como la casa, en las que las familias abandonan su prototípica imagen de Coca-Cola (papá, mamá y dos hijos), dejando surgir otras formas: familias ensambladas, familias divididas, familias con dos mamás o dos papás, entre otras.

Otros cambios son mayores -y más generales- como la digitalización, el mundo del punto com, el cambio del cassette, el CD, el DVD, el Blue Ray, etc. Lo que quiero destacar con esto es que, a pesar de que soy parte y nací en este nuevo mundo, no deja de llamarme la atención y a la vez me cuesta entender y asimilar sus cambios (que por cierto cada vez suceden más rápidamente).

Es por ello que decido tomar este tema como caso de reflexión y estudio: lo que denomino el mundo virtual, el modo en que el mundo terrenal que hasta mi generación la gente estaba acostumbrada a vivir, cambió completamente por otro cada vez más digital y con menor contacto cara a cara.

Desarrollo

El siglo XXI ha sido denominado como la era de las comunicaciones y no podría haberse definido de mejor manera. La comunicación juega un papel de suma importancia en el mundo actual; podría plantearse incluso que la comunicación es el fin y las nuevas tecnologías son las herramientas creadas para poder facilitar este fin. Nunca había cambiado tanto la forma en que la gente se comunica como ahora.

Las nuevas generaciones usan herramientas que sus padres ni siquiera entienden, y consumen noticias tan fácilmente como las crean y publican ellos mismos. La realidad es que Internet dejó de ser sólo una herramienta para mantenerse actualizado y agilizar la comunicación. Hoy en día no basta sólo con estar conectado, sino que es necesario tener presencia constante en la red.

Cada vez hay más páginas y redes sociales para mantenerse en contacto, tales como las conocidas Facebook, Twitter, Foursquare, Behance, Flickr, LinkedIn, Myspace. Hay redes sociales para todo; trabajo, amistad, búsqueda de pareja, arte, música…todo lo que podamos imaginar.

Como mencioné anteriormente, la gente ya no usa Internet sólo para leer noticias o estar informado, sino que crea sus propias noticias, dando a conocer a los otros usuarios (sus amigos) lo que ven, lo que piensan, lo que hacen. Es por ello que hoy también es necesario para las empresas estar conectados e interactuar con estos usuarios (quienes a veces son sus seguidores) constantemente. Ya no es como antes que las marcas sólo hablaban hacia su target; ahora también se genera un feedback de parte de los consumidores.

Como postula la teoría de la información de Mattelart, Melvin de Fleur hace más complejo el esquema lineal de comunicación ideado por Shannon y resalta que existe una retroalimentación (feedback) en el sistema social. En efecto, sostiene que: “cada uno de los medios de comunicación es en sí mismo un sistema social independiente, pero todos están vinculados entre sí de forma sistemática”.

Así es como sucede todo en la era de la comunicación, todo recibe una retroalimentación, todo es discutible, todo es expuesto.

Esa es una tendencia que crece descontroladamente; siempre se está conectado, si no es por el celular, es por la computadora, o por la radio o por la televisión. Se genera así una creencia de que nunca se está solo, siempre se está escuchando a alguien o escribiéndose con alguien, en contacto, conectado. Pero…¿es realmente así? ¿Siempre estamos acompañados? Esto es lo que me cuesta tanto entender, y creo que tampoco hay respuestas definitivas a estas preguntas, porque depende de cada uno, de lo que cada uno interpreta como estar acompañado.

Es cierto que muchas veces está bueno poder mandar un mensaje a alguien en momentos de soledad (y no hablo de grandes momentos de soledad, sino cuando estás “haciendo tiempo”, o aburrido, o en un momento de ocio), pero también sucede que ese mundo virtual que está al alcance de un enter o un send o un click te abstrae de lo que es el ahora, del momento que estás viviendo en la realidad no digital/virtual.

¿A quién no le pasó de estar con un amigo tomando un café y que esa persona esté más pendiente del teléfono que de la charla que se está teniendo cara a cara? Incluso a título personal puedo decir que lo he hecho. Y esta situación es preocupante, ya que se desconoce cuál es el verdadero mundo, el que vale más la pena.

Hoy en día todo, o casi todo, se puede hacer a través de la computadora: pagar las cuentas, llamar a un delivery, anotarse en las materias de la facultad, hablar con gente, averiguar sobre viajes (incluso viajar), hacer las compras, ver películas, leer un libro, escuchar música, leer las noticias, quejarse sobre servicios, etc. Todo desde tu casa o donde quieras estar.

Y cómo olvidar el nuevo código QR, que sólo con captar la imagen del código con un smart phone (teléfono inteligente) permite el acceso a cualquier cosa; si está en la puerta de un negocio, a la página del negocio, o si está en la puerta de un restaurante, tal vez a su menú.

Se dice que todas estas nuevas tecnologías nos hacen estar más conectados, aunque resulta dudoso si esto es así o es otra fantasía de este mundo virtual en que nos vamos acostumbrando a vivir. El contacto cara a cara de a poco se pierde, el escribir en una hoja con un lápiz también. ¿En el futuro serán artesanos los que siguen utilizando el arte de la escritura con un lápiz o lapicera, y no con un teclado? Tantos cambios generan una gran confusión; todo cambia tan rápido que no llegamos a estar a la par de lo nuevo, de lo actual, de lo que está de moda. ¿Será por ello que surgen los no lugares? En el texto Los No lugares, espacios del anonimato, Auge (1996) sostiene que “si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definiría un no lugar”. También apunta que estos no lugares crean la contractualidad solitaria, pero en mi opinión no creo que sean los lugares, sino nosotros mismos los que consciente o inconscientemente llegamos a generar esta soledad, que es incluso más que eso; es el pasaje a otra realidad, al mundo virtual. De tal manera que ya no importa tanto dónde estás, o con quién, o cuándo; sólo importa que estés conectado en el mundo virtual y que ahí sí estés presente, porque sino no existís.

Este estilo de vida característico del siglo XXI viene acompañado de un gran cambio socio-económico llamado la sociedad de consumo. La cabeza está puesta en comprar y adquirir bienes propios sin límite y se perdió -o se está perdiendo- la importancia de otras cosas que tal vez son más valiosas y no están a la venta.

Lo antedicho no presenta una crítica de la actualidad, pero se han perdido muchas cosas (entre ellas, los valores) que, en la vorágine de la actualización constante pierden su importancia.

No estoy en contra del mundo virtual; yo también participo de él como todos, pero creo que debe encontrarse un punto medio, intentar volver un poco a los orígenes, a lo que nos hace humanos, a nuestra esencia.

Esta situación apunta a lo que Marc Augé llamó la sobremodernidad, un tiempo que abarca tanto la modernidad como la postmodernidad, caracterizado a partir de tres movimientos complementarios: el paso de la modernidad a la sobremodernidad, el paso de los lugares a los no lugares, y el paso de lo real a lo virtual (1996). Claramente estos tres aspectos sintetizan el mundo en el cual vivimos.

Pero hay también otros tres aspectos que me parece importante destacar; los excesos de tiempo, espacio y ego. El exceso de tiempo se produce porque se generan espacios donde se pierde la noción del tiempo y de la sucesión de los hechos. Pero esto no sólo sucede en espacios físicos (los nolugares) sino que también sucede, y cada vez más frecuentemente, en el mundo virtual. Allí pasan muchísimas cosas a la vez, ventanas que se abren y se cierran, información que se comparte y adquiere constantemente, y todo al alcance de un click.

El mundo en el que vivimos es instantáneo; en él domina la inmediatez. Cada vez resulta más difícil soportar la espera en la cola de un negocio; a esto responde la creación de locales como Farmacity, que parece un supermercado y se venden hasta cosas para comer. Así es todo, y es por ello que ni siquiera se pueden pasar unas horas hablando con una sola persona cara a cara, porque mientras se está tomando el café, se está hablando con otra gente por el teléfono.

El segundo de los excesos, el del espacio, remite a la constante generación de lugares de tránsito, de consumo, en donde las personas circulan como si fuesen máquinas caminando indefinidamente, sin hablar entre sí, sólo caminando con sus cabezas en sus pequeños mundos privados (que por cierto no son tan privados, porque con esta democratización de la información, se sabe todo de todos).

El último de los excesos, y el que se relaciona mayormente con la pérdida de valores, es el exceso del ego; ya no hay creencias, códigos y valores colectivos que nos permitan comprender la vida y tomar decisiones, hoy en día cada uno lo hace por sí solo, y cada uno tiene su punto de vista y su idea de cada cosa. Todo comentario o hecho genera un abanico de opiniones, todo puede ser refutable y así es como se pierde un hilo que realmente unifique a todos. Así en el mundo virtual como en el real.

Conclusiones

Como se mencionó a lo largo de este ensayo, y vale la pena repetir, deberíamos tratar de retomar lo que nos hacía humanos, no sólo creadores de máquinas y lugares sin sentido; retomar un hilo y dejar de estar tan confundidos, porque esta libre expresión, esta gran red de comunicación e interacción que resultan ser hallazgos increíbles para las nuevas tecnologías y el crecimiento de la raza humana (porque somos una raza más en el mundo), no vale nada sin el mundo real.

Bibliografía

Auge, M. (1996). Los No lugares, espacios del anonimato: una antropología de la sobremodernidad. Buenos Aires: Gedisa.


El desencanto del mundo fue publicado de la página 21 a página22 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº53

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