1. Diseño y Comunicación >
  2. Publicaciones DC >
  3. Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII >
  4. El desafío de las cuestiones teóricas ¿Y ésto, para qué sirve?

El desafío de las cuestiones teóricas ¿Y ésto, para qué sirve?

Santachita, Daniel [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ISSN: 1668-1673

XIV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2006:"Experimentación, Innovación, Creación. Aportes en la enseñanza del Diseño y la Comunicación"

Año VII, Vol. 7, Febrero 2006, Buenos Aires, Argentina | 272 páginas

descargar PDF ver índice de la publicación

Ver todos los libros de la publicación

compartir en Facebook


Licencia Creative Commons Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional

“Aprendemos para la vida, no para la escuela”. Séneca

Así empieza el problema ¿Para la vida de quién?

En el Discurso del Método, en el que Descartes relata las “cosas de su vida”, narra el filósofo francés que habiendo advertido que los principios de todas la ciencias debían ser tomados de la filosofía y siendo ésta la cosa más importante del mundo y aquélla en que eran más de temer la precipitación y la prevención creyó que no debía intentar llevarla a cabo hasta que no hubiese alcanzado una edad madura como los veintitrés años y hasta que no hubiese empleado mucho tiempo en prepararse para ello, tanto desarraigando de su espíritu todas las malas opiniones que había recibido, como haciendo acopio de experiencias diversas, que suministrasen después la materia para sus razonamientos.

Era 1637. Había decidido esperar. No estaba presionado por una realidad compleja como la actual, donde el efecto suele ser el valor a tener en cuenta y donde detenerse a buscar las causas suele ser aburrido. ¿Cómo educar en este escenario? ¿Cuál es el perfil del egresado que se busca? ¿Qué lugar tiene la teoría, la reflexión, el análisis en un universo hiperinformado? Por supuesto que no hay una sola respuesta. Veamos algunas. Para el especialista inglés Robert Cowen, la escuela y la universidad están sufriendo una amenaza fuerte que pocos advierten, la de la lógica del mercado y el gran peligro que hoy corren los centros de estudios superiores, en focalizarse y producir datos útiles para el mercado o para el gobierno en lugar de ahondar en el conocimiento puro, teórico, que es a su juicio, la base de la actividad académica. Al referirse a la educación en Inglaterra a partir del gobierno de Margareth Thatcher, Cowen sostuvo que la política universitaria de producir cada vez menos conocimiento teórico trajo cambios para los estudiantes quienes al inicio de cada curso reciben del profesor una lista con objetivos muy precisos, con bibliografía, con una sinopsis de las clases. Es decir, todo está muy estructurado y detallado, lo cual facilita la tarea del estudiante y lo hace menos maduro y responsable. (La Nación, 23-10- 05)

En el mismo sentido se expresan los italianos Bettetini y Fumagalli en su libro Lo que queda de los medios cuando señalan que “aparte del hecho de que es totalmente discutible la subordinación de la formación de la persona a la adecuación de la función que ella debe asumir en el mercado del trabajo, en el límite también de una óptica tan frecuentemente reductora, la formación técnica aparece con todas las posibilidades de perder, porque después de un primer impacto coincidente con las exigencias del mercado, toda formación exclusivamente técnica se ve necesariamente superada a la brevedad por los mismos progresos de la ciencia y de la tecnología”.

Para el modelo conductista la enseñanza es considerada como una ciencia aplicada y el docente es visto, fundamentalmente, como ejecutor de las leyes y principios de la enseñanza eficaz. (Giroux, H y Aronowitz, S; 1987). Pero hay otras ideas.

En un artículo periodístico que tituló Ignorantes y Aburridos, Fernando Savater advierte que “la educación se está reduciendo simplemente al adiestramiento técnico para manejar algunos instrumentos que, por otra parte, pasan de moda muy pronto. Y si la educación se centra en aspectos técnicos, es una carrera de nunca acabar, ya que los instrumentos se sustituyen día a día unos por otros. Creo que hay que formar personas capaces de cambiar, no sólo capaces de hacer lo mismo siempre: Pienso que es esa la esencia de la educación: educar para cambiar. No educar para repetir.”

Para el rector de la Universidad de Buenos Aires “es necesario que los jóvenes tengan acceso a la herencia cultural del hombre. Detrás de las ideas atractivas que tan fácilmente nos colonizan –la modernidad, el cambio, la globalización, las nuevas competencias- estamos dejando de transmitir lo esencial, lo central, lo que resultó, resulta y resultará fundamental: Esas herramientas intelectuales que permiten interpretar una realidad compleja”. Guillermo Jaim Etcheverry sostiene que “en esa ingenuidad de recién llegados al mundo con que hoy parecen encarar su vida muchos jóvenes, reside el verdadero peligro de nuestra civilización. Enfrentar el futuro como desheredados, sin herramientas para pensarse. Enarbolando una desafiante ignorancia, no advierten que son hábilmente manipulados por un entorno que no está preocupado porque lleguen alguna vez a imaginarse, a construirse a sí mismos, sino que concibe su educación como el prólogo de una vida opaca regida por un materialismo desalmado.”

“Una de las mayores dificultades que enfrenta la educación en la sociedad actual es la de convencer a los jóvenes acerca de la imperiosa necesidad de incorporar conocimientos muy variados para poder formular juicios de valor sobre la realidad y sobre todo, para poder comprenderla y modificarla. Privilegiamos la hegemonía del conocimiento instrumental la que justifica la habitual pregunta ¿Para qué sirve lo que aprendemos? Perdiendo de vista la importancia de la síntesis de los conocimientos adquiridos para encarar situaciones nuevas, para dar respuestas a interrogantes inesperados.” (Fuente: Revista La nación. La antigua ignorancia, Preguntas y respuestas y La llave escondida)

De los preceptos de que la lógica está compuesta, Descartes en su libro citado, destaca algunos. El primero es no aceptar nunca cosa alguna como verdadera que no tuviese ocasión alguna de ponerla en duda. Y la duda –creemos- es el primer paso hacia el conocimiento. En su célebre Diario de viaje de un naturalista, Charles Darwin decía que cuando los hombres no saben explicar algo, de inmediato inventan una teoría. (Cfr. J.Orione “Para qué sirve teorizar tanto” – Clarín) En síntesis: construyen desde la duda.

Pero ¿Qué significa teoría? Este término griego que etimológicamente significa visión, alude a esa actividad especulativa por la cual se pasa de las consecuencias a la captación intelectual de los principios (Cfr. Fumagalli y Bettetini, 2001).

Entendemos a la teoría como una construcción elevada desde el estudio y el esfuerzo reflexivo, recursos complementarios e indispensables para forjar una opinión fundamentada, que permite la comprensión. Y entendamos que enterarse de lo que pasa no es lo mismo que comprender qué sucede (Cfr. S.Kovadloff, Revista La Nación, La siembra de la ignorancia). Al sociólogo catalán Manuel Castells le preguntaron ¿Qué tipo de individuo necesitamos? A lo que respondió “Quien quiera vivir bien tendrá que reunir dos condiciones: un alto nivel de educación y una gran adaptabilidad personal. Una educación no tanto técnica como general, que es la que puede reprogramar, y que se basa en la capacidad de combinación simbólica: Filosofía, Matemática, Historia, Geografía, Lengua y Literatura, es decir lo tradicional. Deberán aprender que las computadoras cambian.”

Graham Orpwood es especialista en didáctica de la ciencia, con experiencia en la implementación de sistemas de evaluación. El diario La Nación lo consultó sobre nuevos métodos educativos aplicados en Canadá. Cuando se le preguntó en qué consistían, respondió: “Un docente tradicional de ciencia trata de llenar la cabeza de sus estudiantes con información científica. Cuanta más información tienen mejor evaluación reciben. Para evaluar ciencia hay que dar un problema científico que resolver, no una serie de preguntas.” La evaluación según el nuevo método canadiense privilegia la capacidad de abstracción del estudiante.

La combinación simbólica a la que alude Castells es el recurso para enfrentar lo que Kovadloff llama “La peligrosa idolatría de lo fragmentario”; El filósofo en un artículo que tituló justamente así, sostiene que “de todas las facultades egresan año tras año profesores, licenciados y doctores. Pero de ellas no egresan, en sentido estricto, universitarios. La palabra universitario, en su acepción eminente, connota, como se sabe, la idea de universalidad, de una comunidad de valores vivos y discernibles en cada expresión singular del conocimiento y del quehacer cotidiano del cuerpo social. Es indispensable que la educación lúcidamente universitaria recupere su protagonismo”

En el siglo XVIII Georg Lichtenberg, profesor alemán de ciencias naturales, dio a conocer un aforismo que hizo historia: “Hoy se habla permanentemente del saber. Posiblemente, un día nos veremos impulsados a crear universidades para recuperar la antigua ignorancia”. El rector de la UBA, quien es quien lo cita, agrega “Es un pensamiento provocativo que no ha perdido actualidad. Hoy hablamos del saber; aunque proclamamos vivir en la sociedad del conocimiento, al que proponemos como un valor fundamental, dejamos a nuestros niños y jóvenes en una ignorancia absoluta de las claves del mundo, desprovistos de las herramientas esenciales para develarlas”.

Entonces, para qué sirven las teorías. La respuesta es una sola: Saber más es un deseo de los seres humanos. Y si no se sabe con seguridad, sí es seguro que aparecerá una teoría aproximada y servirá para satisfacer a muchos. Por supuesto siempre quedarán muchos disconformes” (Cfr. J. Orione, Clarín, “Para qué sirve teorizar tanto”). Y si saber más no es un deseo de algunos de los seres humanos, deberán entender que es una necesidad. Como dijo el ensayista Alberto Manuel al presentar su libro El Regreso “Para ser profundamente humano necesitamos ser pensantes y lectores”. Para esto sirve la teoría. Para la vida de quien quiera adquirir conocimiento. “Si no lo hacemos por placer, que sea por miedo”. (Sarmiento)


El desafío de las cuestiones teóricas ¿Y ésto, para qué sirve? fue publicado de la página 218 a página219 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VII

ver detalle e índice del libro