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Acerca de la escritura de guiones.

Ferrari, Laura [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºII

IX Jornadas de Reflexión Académica: "Producción, creación e investigación en Diseño y Comunicación"

Año II, Vol. 2, Febrero 2001, Buenos Aires, Argentina | 72 páginas

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Trabajar con la imagen y con la acción, con personajes que se enfrentan permanentemente a conflictos tanto con uno mismo como con el otro o el entorno es, por una parte, algo cotidiano y, por la otra, todo un desafío. 

Digo cotidiano ya que de alguna manera todos andamos por la vida con un personaje a cuestas (nosotros mismos), que “hace” permanentemente cosas para superar sus conflictos. Desde este punto de vista tendríamos que poder observarnos o desdoblarnos en otro, o en muchos otros, y simplemente describir eso que vemos. 

Pero esto que parece sencillo representa todo un desafío, ya que es un tipo de escritura para la que la escuela y la vida en general no nos ha preparado. Quien más, quien menos, todos hemos escrito alguna redacción (narrativa) o algún poema (lírica) en algún momento, o hemos inventado un cuento para algún chiquito. Pero no nos han enseñado las leyes de la dramaturgia; no nos han enseñado a “encarnar” en personajes que viven, sienten, luchan desde su yo (primera persona), con sus tipologías y psicologías. 

Por eso, lo primero que intento con los alumnos que por primera vez se enfrentan a escribir guiones es desarmar el “yo narrativo y omnisciente” que como improvisados narradores traen consigo. Desarmar la idea de que como autores “saben todo” acerca de sus personajes, hasta lo que secretamente piensan, y nos lo cuentan. 

Y aquí está el primer problema: un autor de guiones no debe contar nada. Deben ser los personajes los que hablen, los que muestren, los que develen el mundo de contradicciones o de convicciones que los habita. De manera tal que el espectador pueda reconstruir la historia de estos personajes, a través de sus acciones, de sus gestos, de sus maneras de hablar; a través de esas pequeñas “partes” que develan el “todo” (fenómeno de la metonimia). Dicho en otras palabras, sería de esperar que el guionista no le cuente nada al espectador sino que el espectador descubra todo lo que el guionista quiere decir (y más aún) a partir de lo que hagan o “representen” (es decir, vuelvan presente) los personajes. Y esto es lo difícil: no tratar de imponerle al personaje nuestras convicciones o ideologías. Dejarlos ser lo que son, descubrirlos también nosotros (los guionistas); entender que desde el momento en que les damos vida, tienen vida propia, ni más ni menos que un hijo. Salieron de nosotros pero no son nuestros y seguramente tienen un conejo dentro de la galera con el que nos van a sorprender. 

A menudo escuchamos decir a los guionistas que “el personaje habla por sí mismo” o “el personaje hace lo que quiere”. Y es fantástico que esto suceda. El momento mágico en que como guionista querría que mi personaje dijera tal cosa y sin embargo dice otra. El momento mágico en que el personaje empieza a escribirse a sí mismo, a rebelarse contra el guionista, a ir hacia la izquierda cuando el autor quiere que vaya a la derecha, a tener su propia personalidad. 

Y es uno de los momentos más peligrosos de la escritura ya que muchos guionistas, ante el riesgo que significa que los personajes “se” escriban y actúen por sí mismos, sienten un vértigo tal que los lleva a traicionar al personaje. Es decir, a maniatarlo, a tratar de que haga lo que el autor quiere y no lo que quiere el personaje. 

Como docente de guión soy profundamente feliz cuando observo el momento en que los alumnos abren la mano y sueltan al personaje. Porque aquí empieza la emoción de la escritura; aquí es cuando el alumno deja de cumplir con la tarea propuesta y empieza a gozarla. Cuando vienen a clase con hojas y hojas escritas y ojeras por no dormir y ansiedad por contarme las cosas que están haciendo y diciendo sus personajes. 

Como docente de guión me manejo con la idea de que enseñar es lo de menos: qué es una imagen, qué es una acción, qué es un conflicto, que es un story line o un story board, qué es una sábana, una sinopsis, la diferencia entre tema y argumento, los tres actos, los cinco bolques, los ganchos, etc., es lo menos importante, ya que lo pueden encontrar en cualquier libro. 

Lo que me interesa es contagiar pasión; contagiar el deseo de encarnarse en otro, en muchos otros, buceando en nuestras propias emociones y adentrándonos en los laberintos que cada personaje propone. 

Lo que me propongo en mi materia es que cada alumno sienta al menos una vez la alegría de ser un caminante; de empezar a transitar un camino inseguro, sin brújula. Un camino que no sabemos adónde nos lleva pero que seguramente estará lleno de sorpresas. Un camino en en el que, si nos perdemos, podremos hallar tesoros ocultos, peripecias, aventuras jamás soñadas a priori por el guionista.


Acerca de la escritura de guiones. fue publicado de la página 34 a página35 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación NºII

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