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¿El nacimiento de un monstruo? El crecimiento del cine de terror desde la inserción del sonido

Ferrero, Mercedes

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XIII Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 56, Octubre 2013, Buenos Aires, Argentina | 128 páginas

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Introducción

El hombre solo, encerrado en una habitación oscura y en completo silencio sucumbe ante el miedo, el miedo a lo desconocido; ese mismo hombre, en esa misma habitación pero con ruidos extraños, entra definitivamente en pánico. En este trabajo se buscará demostrar cómo la incorporación del sonido óptico proporciona la atmósfera ideal para la creación del hoy masivo género del terror.

Desarrollo

Los orígenes del cine sonoro

Se podría determinar como origen del cine sonoro a los intentos de Muybridge con su zoopraxiscopio y Edison con su tecnología de sonido grabado, en combinación para crear la primera película sonora. Este último, al no llegar a un acuerdo con Muybridge decidió concentrarse en su quinetoscopio, y en 1895 creó el Quinetófono. Pero como todo, pasó de moda.

Así pues, en 1899 surgió el cinemacrofonógrafo, basado en el trabajo del inventor suizo François Dussaud, similar al Quinetófono, cuyo sistema requería el uso individual de auriculares. (Cosadey, 1996) Pero todos estos intentos, hasta la invención del sonido óptico, iban a presentar dos grandes problemas; el primero es la sincronización ya que las imágenes y el sonido se grababan y reproducían por aparatos separados, que eran difíciles de comenzar y mantener en sincronización. En segundo lugar la fidelidad de la grabación, los sistemas primitivos de la era, producían sonido de muy baja calidad, imponiendo serios límites en el tipo de películas que podían crearse con sonido grabado en directo. (Ulano, s/f) En 1907, al francés Eugene Lauste, quien había trabajado en el laboratorio de Edison se le otorgó la primera patente de tecnología de sonido óptico. Este consistía en el tratamiento de zonas de oscuridad y luz en uno o dos lados de la cinta del film, con distintas intensidades de luz que se convierten en impulsos eléctricos creando el conjunto de la banda sonora.

El primer intento parcial se aprecia en Don Juan en 1926, y el segundo y más importante, en El cantor de jazz en 1927, ambas dirigidas por Alan Crosland.

El nuevo sonido óptico impulsó el llamado sistema de productoras y sistema de estrellas, los diversos estudios de Hollywood comenzaron a producir películas en diversos idiomas con el fin de comercializar cada una en su correspondiente país, sobre todo cuando la versión original con subtítulos fue rechazada en la mayoría de los países. El sistema de productoras y estrellas busca complacer al espectador y no provocarlo.

Esta complacencia surge de un modelo industrial que precisa de capitales para adecuarse a las nuevas tecnologías, el sonido, y modelar a un espectador con poder adquisitivo y apetencias de diversión sin ningún tipo de estructuras.

El musical, el terror y el cine de gángsters fueron los géneros que rápidamente satisficieron el deseo de escuchar antes que ver filmes a partir de 1927. (Marino, 2013)

Terror, silencio y sonido

El terror es el sentimiento de miedo en su escala máxima.

Si el miedo se define como esquema de supervivencia, se puede asumir que el terror sobreviene cuando el miedo ha superado los controles del cerebro y ya no puede pensarse racionalmente; el miedo puede surgir por temor a demonios, fantasmas, por creencias populares, por apariciones, sugestiones o diversos tipos de cosas que suceden alrededor de las personas que sienten este tipo de estado emocional.

En casos graves puede llegar a inducir una parálisis completa del cuerpo, sudoración fría o regresión a miedos de la infancia, y en casos mucho producirse incluso la muerte por paro cardíaco. El autocontrol sobre los pensamientos, miedos y remordimientos es esencial para no sentir terror, que puede desembocar en pánico. Se llama también terror a los géneros literario, cinematográfico o historietístico que tienen como objetivo provocar sensación de miedo extremo en el lector o el espectador.

En esta misma línea, el silencio genera en el ser humano una sensación de inquietud puesto que esta es la ausencia de sonido, y siempre la ausencia de algo genera incertidumbre. Las películas de terror durante mucho tiempo atrajeron al espectador ya sea desde el cine mudo con los pianos generando tensiones por medio de excesivas octavas hasta la incorporación del sonido óptico; la intriga es lo que lleva al espectador a ver estas películas, lo desconocido y lo súbito del espanto ante el conocimiento de algo fuera de este mundo.

La primera película previa al cine sonoro fue realizada en 1910 por J. Searle Dawley, para los Edison Studios. Se trató de la primera adaptación del mito de Frankenstein, y también surgieron los hoy llamados clásicos, como El Golem de Paul Wegener (1915), Häxan de Benjamin Christensen (1922); El jorobado de Notre-Dame de Wallace Worsley (1923) o El fantasma de la ópera de Rupert Julian (1925).

Probablemente el director más importante de esta primera época sea el alemán Friedrich Wilhelm Murnau, creador de la célebre cinta Nosferatu, el vampiro (1922), película basada en el Drácula de Bram Stoker.

Como ya se mencionó, el silencio genera incertidumbre, pero el sonido genera expectativa y curiosidad y predispone a futuros sucesos; todo esto hace que la inserción del sonido en el cine de terror represente el nacimiento de un nuevo monstruo, dispuesto a espantar hasta la persona más valiente.

El sistema de productoras funcionó como disparados para este género puesto que Carl Jr. Laemmle, heredero de los estudios Universal impuso el terror como centro de sus filmaciones; motivo por el cual los estudios Universal durante los años treinta fue llamado Universal Horror, creando grandes películas como Frankenstein (1931) de James Whale; Drácula (1931) de Tod Browning; El hombre invisible (1933) y La novia de Frankenstein ambas de James Whale.

El director del departamento del sonido de la Universal, Gilbert Kurland, fue nominado en los Oscar por La novia de Frankestein. También se pueden mencionar películas como La momia de K. Freund de 1932, La parada de los monstruos de Tod Browning del mismo año, y la muy alabada King Kong de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack (1933). Obtuvieron asimismo un éxito espectacular el director Rouben Mamoulian con Dr. Jekyll y Mr. Hyde de 1931, y Michael Curtiz con Los crímenes del museo en 1933.

Resulta interesante analizar, en este contexto, la escena de la creación del monstruo en la película Frankenstein (1931) de James Whale. Al inicio de esta escena se observa un trueno que dirige las acciones de los personajes, hasta que se hace un breve silencio mientras el Dr. Frankestein juzga a sus invitados.

Nuevamente la escena es interrumpida por un fuerte trueno que da comienzo al mayor momento de tensión, inundada por los ruidos de truenos y estrepitosos ruidos de las máquinas.

Estos sonidos pautan la intencionalidad de los personajes, el miedo en los espectadores, el asombro en Igor y por último la locura del doctor; más adelante en la escena se observa que mientras el monstruo cobra vida, el doctor a viva voz dice “I’m the same as God. Now I know what it feels to be God”, que traducido sería “Soy igual a Dios. Ahora se lo que se siente ser Dios” mientras es sostenido por dos de los invitados.

Hammer Productions fue el principal rival de Universal desde la década del ‘50 hasta la década del ‘70, período en el que generaron junto a Terence Fisher –su director estrella– una plaga de películas de genero; comenzó con su film The Curse of Frankenstein (1956), y dos años más tarde se inició la importante saga de Drácula con la participación de Christopher Lee como Drácula y Peter Cushing como Van Helsing. El éxito de estos filmes fue tan abrumador que la compañía se dedicó casi exclusivamente a producir películas y sagas de terror gótico, continuando con The revenge of Frankenstein (1958), The mummy (1959) y The two faces of Doctor Jekyll (1960).

Otra saga vampírica encarada por la productora fue la de Carmilla Karstein, la vampira de la obra homónima escrita por Sheridan Le Fanu y compuesta por tres partes: The Vampire Lovers (1970), Lust for a Vampire (1970) y Twins of Evil (1971). Asimismo, cabe destacar al director Roger William Corman, quien dedicó su trabajo hasta la década del ‘90 a realizar películas de terror. Otros exponentes del género a nivel actoral son Béla Lugosi reconocido por su papel de Drácula (1882-1956), Boris Karloff como Frankestein (1887-1969), Lon Chaney Jr. como El hombre Lobo (1906-1973), Peter Cushing como Van Helsing (1913-1994) y Christopher Lee (1922) como Drácula en la saga de T. Fisher.

En estas décadas surge el suspenso como rama del género del terror, cuyo mayor exponente fue Alfred Hitchcock, quien impulsó dos nuevos tipos de terror: el psicológico y el naturalista.

El nuevo terror psicológico se basó en el miedo que afecta la mente y la emotividad del lector o espectador, mientras que en el terror naturalista, la naturaleza aterroriza a las personas; este último fue impactante en la sociedad puesto que nunca se había planteado que la naturaleza se volviese en contra de la humanidad.

A este estudio se le puede añadir la exploración de la escena de la película de Alfred Hitchcock, Psicosis (1960), que comienza con un ruido ambiente que acompaña cada movimiento de la protagonista, y a pesar de que se ve una sombra acercándose a ella, no hay sonido alguno más que el de la ducha; en el momento en que el asesino corre la cortina, se dispara la música cuyo clímax coincide con la muerte de la joven.

Estos nuevos temas encontraban su explicación en la propia sociedad norteamericana; durante los ‘50, ‘60 y ‘70 (e incluso durante los ‘80) van a aparecer los peores psicópatas asesinos de toda la historia reciente, acaparando la atención de los medios de comunicación y convirtiéndose en uno de los principales motivos por los que la gente desarrolló una actitud morbosa hacia las películas de hombres asesinos. En efecto, la repercusión de los medios fue tan grande, que muchos de estos asesinos gozaban de una fama como las estrellas de rock. Charles Manson o Gacy, que vendía sus pinturas desde la cárcel, gozaron de una enorme fama.

No es que antes no hubiese asesinos en serie, pero durante estos años, los medios masivos de comunicación, especialmente la televisión, les dieron una cobertura nunca antes vista, otorgándoles pseudónimos que rara vez usaban, y publicando en portada todo suceso relacionado con estos individuos.

(Losilla Paidós, 1993) Es así como se consolida la serie B, las películas basadas en escritores más modernos como Stephen King, los alienígenas gracias a Alien, se consagran las películas de demonios debido al Exorcista. La censura es casi inexistente, las películas muestran sin ningún pudor sangre, tripas, muertes violentas, etc. Se marcan sólo como EV (Extreme Violence) o X (que en el Reino Unido sirve tanto para sexo, como para violencia); en 1974 aparece La matanza de Texas, prohibida en numerosos países, censurada y prohibida. Supuso un antes y un después en el cine de terror, y fue el inicio de un nuevo género. El Slasher.

Todos los slasher funcionan más o menos igual. Grupo de jóvenes alegres, misteriosos y enigmáticos que van muriendo uno a uno, a excepción de la figura de scream queen que es la reina de los gritos y que por algún extraño patrón, mientras más grita más oportunidades tiene de salvarse. Halloween (1978) y Viernes 13 (1980) fueron el manual para todos los slasher hasta la actualidad. Por aquellos años se creó un organismo de censura/calificación por edades, recortando escenas que nunca se pudo ver. La aparición de un nuevo sub género trajo consigo una consecuencia algo nefasta de la que aun hoy no nos hemos recuperado, la masificación de cine de terror adolescente. Algo de sexo y sangre, roles exagerados hasta lo grotesco; esta es la receta para el éxito seguro.

Esto ha llevado a pensar en múltiples ocasiones que el cine de terror no se ha quedado sin ideas originales para la producción de nuevas películas, sino que a las productoras les ha sido más cómodo buscar en sus archivos y desenterrar películas que resultaron un éxito en su tiempo para un público adolescente que aún hoy sigue vigente, y adquirir así grandes recaudaciones en taquilla.

Si bien, por otra parte, se ha tratado de modernizar el terror característico de los años ‘70 y ‘80 para llegar a la juventud actual, tratando de hacer experimentar al público el mismo terror que sus padres disfrutaban, mediante la aplicación de nuevas tecnologías en las iluminaciones, los efectos especiales y las bandas sonoras, esto ha requerido aumentar la violencia de las escenas o incluso alterar el argumento original para mayor angustia o temor. (Pedrero Santos, 2008)

Conclusiones

A lo largo del presente ensayo se pudo observar cómo el cine sonoro permitió el surgimiento del género de terror, ya que sin el sonido incorporado todas estas grandes obras del género no serían lo que son hoy. Puesto que un monstruo o asesino sin voz o sin sonido no produce ni el más mínimo miedo.

Bibliografía

Cosandey, R. (1996). François (or Franz) Dussaud (1870-1953). En Who’s Who of Victorian Cinema: A Worldwide Survey. Ed. Stephen Herbert and Luke McKernan.

Hitchcock, A. (1960). Psicosis. Recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=0WtDmbr9xyY

Lardin, R. (1996). Las 10 caras del miedo. Midons Colleción Serie B.

Llopis, J. G. (2000), La imagen del miedo. 100 años de cine de terror. Ediciones Tro.

Losilla Paidós, C. (1993). El cine de terror. Studio.

Marino, A. (2013). Panorama del Arte. Recuperado de: http://www.panoramadelarte.com.ar/

Memba, J. (2004). El cine de terror de la Universal (En Papel). T & E Editores.

Pedrero Santos, J. A. (2008). Terror Cinema (En Papel). Calamar Ediciones.

Robinson, D. (1997).From Peepshow to Palace: The Birth of American Film. New York: Columbia University Press.

Whale, J. (1931). Frankestein. Recuperado de: http://www.youtube.com/watch?v=1qNeGSJaQ9Q


¿El nacimiento de un monstruo? El crecimiento del cine de terror desde la inserción del sonido fue publicado de la página 63 a página65 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

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