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Hollywood y Roma: imperios pragmáticos

Quintero, Gonzalo

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

ISSN: 1668-5229

Ensayos sobre la Imagen. Edición XIII Escritos de estudiantes. Primer Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 56, Octubre 2013, Buenos Aires, Argentina | 128 páginas

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Introducción

Estados Unidos se ha consolidado como el epicentro de la civilización actual. Las decisiones más importantes del mundo, tanto económicas como políticas, se toman ahí; de hecho, Nueva York alberga la sede de las Naciones Unidas (ONU) y además de ser conocida como la gran manzana también es llamada la capital de mundo. En el año 2010 el número de inmigrantes rondaba cerca de los 39 millones de personas según el censo realizado en ese año, convirtiéndolo en el país con mayor numero de extranjeros.

Una de sus industrias más importantes es la del espectáculo; Hollywood es la fábrica más grande del mundo de ilusiones y fantasías que se tornan indispensables en los grandes imperios.

Tal vez en la actualidad no exista otro imperio semejante a éste, pero en el año 300 de la presente era, apareció un imperio que sin lugar a dudas marco un antes y un después en la historia universal: Roma.

Este imperio conquistó casi toda Europa, Medio oriente y África. Se mantuvo durante más de 1000 años en los que sorprendió con su capacidad para crear monumentales obras de ingeniería que cumplían con un doble propósito; suplir las necesidades de sus ciudadanos y generar admiración y miedo a sus enemigos. Nada de esto hubiese sido posible sin su mentalidad despojada de paradigmas que les permitió integrar los conocimientos y tradiciones de los distintos pueblos que conquistaron. A estos dos imperios del ayer y del hoy los une una misma forma de pensar y de actuar: el pragmatismo.

Desarrollo

Cuando hablamos de practicidad o pragmatismo, hablamos de simplicidad pero eficacia, de ir al punto sin tantos merodeos.

Es seguir en muchos casos un conducto regular que ha demostrado que funciona. La etimología de la palabra indica que proviene del vocablo griego pragma que significa hecho o acto y es esto en esencia, la acción. Esta forma de pensar permite que lugares comunes se conviertan en grandes metrópolis capaces de poner al mundo entero a sus pies.

William James es conocido como el padre de la escuela pragmática en Norteamérica y sus teorías se basaban en que “lo verdadero es lo útil” y que los conocimientos servían para guiarse en la realidad y no para crear una realidad con ellos.

En efecto, los conocimientos sirven cuando al aplicarlos resultan exitosos y causan el efecto esperado; de lo contrario, se toman como meras especulaciones sin valor real.

Si la vida se tratara sólo de trabajar, comer y dormir, la gente no soportaría vivir. Esto lo tienen muy presentes los gobernantes de los grandes imperios, que se han encargado de darle al pueblo entretenimiento como un método de contención social contundente.

Los Estados Unidos son un referente de entretenimiento y diversión.

Anualmente gastan fortunas en la realización de películas que son disfrutadas por los espectadores en cualquier parte del mundo. Hollywood se encarga de ofrecer los medios de distracción necesarios para vivir. Estos films oscilan en sus costos de producción entre tres millones de dólares y trescientos millones de dólares como es el caso de Piratas del Caribe, pero casi siempre son rentables y dejan grandes ingresos para las productoras.

Pero la opulencia de la industria hollywoodense actual no se compara con lo que se vivía en los años ‘30, en la época dorada del cine. Las películas se hacían en serie, con un sistema fordiano de producción en línea. En 1939 la industria gastó en sus realizaciones dos mil millones de dólares, que representa mucho más de lo que se invierte en hacer films actualmente.

El sistema de estudios y de estrellas generaba seguridad de éxito para las películas y el monopolio de las mayors aseguraba una rentabilidad abundante.

En la actualidad se arriesga menos, ya que las productoras sólo realizan algunas cuantas producciones de gran costo para justificar económicamente todo el año. El alcance de estas mega producciones es global; siempre nos venderán prototipos de belleza y de un país idealizado, que siempre es la víctima de todo, pero que siempre sale triunfante. Gracias a esto en los países subdesarrollados tienden a anhelar vivir como lo ven en las películas. Las producciones americanas cumplen con estándares específicos de contenidos, duración y demás elementos conocidos como el Modo de representación institucional (MRI) que garantiza que el grueso de los espectadores las vea. A diferencia de éstas, el cine independiente tiene ciertas licencias y se enfoca hacia un público minoritario. (Tavernier, 1997, pp. 13-15) En Roma el entretenimiento era el eje fundamental de la sociedad.

La frase “Pan y circo”, señalada por el poeta Romano Juvenal, refiere claramente a la práctica de los emperadores romanos de regalar trigo y entradas a los espectáculos con el fin de mantener en un estado de distracción al pueblo frente a los problemas coyunturales del imperio.

El Coliseo romano, cuya construcción se inició en el año ‘70 D.C bajo el mandato del emperador Vespaciano, es el más representativo escenario de entretenimiento del mundo de todos los tiempos. Esta colosal construcción tenía capacidad para albergar 50.000 espectadores que disfrutaban de distintos espectáculos llamados munera, que iban desde luchas sangrientas entre gladiadores y bestias traídas del África, hasta batallas navales. Estos eventos eran costeados por la ciudadanía. El coliseo era lo más parecido al Broadway o el Hollywood de aquellos tiempos. La sociedad en general se reunía en el coliseo. La plebe, la clase más baja de la sociedad romana era una de las que mas disfrutaba de estos espectáculos.

Por esta razón el emperador gozaba de la aprobación del pueblo para gobernar aunque hubiese problemas. (Gombrich, 1950, pp. 120-122) Es normal creer que el cine se inició en Francia a manos de los Lumiere y posteriormente fue potenciado por Georges Meliés. Esto es correcto, pero cabe acotar que los sistemas tecnológicos que permitían captar imágenes en movimiento vieron la luz en suelo norteamericano. Edweard Muybridge era un fotógrafo inglés que se trasladó a los Estados Unidos en 1860, al que le fue encomendado un experimento sin precedentes; demostrar fotográficamente que en el trote de un caballo en ciertos momentos ninguno de los cascos de las patas tocaba el suelo. El experimento duró varios años hasta que en 1878 Muybridge logró captar doce fotogramas que tenían una duración de medio segundo en movimiento.

Pero este experimento no sólo resolvió esta intriga, sino que abrió la posibilidad de obtener imágenes en movimiento. Thomas Alba Edison, el gran inventor americano, famoso por la invención de la bombilla de luz eléctrica, también tuvo que ver con la invención del quinemátografo, el precursor de las modernas cámaras de cine. Edison le encomendó a William Dickson la creación de un aparato capaz de capturar el movimiento teniendo como base los avances de Muybridge.

El quinemátografo permitía plasmar las imágenes captadas por la lente en una cinta que se conoce como celuloide. Si bien Edison no inventó el celuloide, sí hizo un negocio de ellas. En 1889 comercializó el celuloide de 25 mm. y patentó las ranuras laterales clásicas. Antoine Lumiere, dueño de un taller fotográfico en Lyon (Francia) viajó a París y trajo consigo un quinemátografo de Edison. Asombrado por este artefacto encomendó a sus hijos Auguste y Louis que con base en esta máquina, crearan su propia versión. Es así como en 1895 aparece ante el público el cinematógrafo, un artefacto que posibilitaba grabar y proyectar imágenes. Los hermanos Lumiere no vieron en este invento ningún futuro hasta que George Meliés lo conoció y con un artilugio similar, comenzó a grabar sus films con sentido estético. Con esto queda una vez más demostrada la gran capacidad técnica que poseen los americanos.

De la misma forma en que en los Estados Unidos se innovó en la técnica cinematográfica, en Roma gracias a un descubrimiento, la arquitectura y la ingeniería civil tomaron otro rumbo; se trata del arco de medio punto. Este arco les permitía a los arquitectos romanos realizar construcciones más altas y con mucho más peso, ya que debido a la forma de las estructuras, el peso se distribuía de forma equitativa. Este arco fue heredado de los antiguos pueblos etruscos. Los romanos se destacaron en la arquitectura civil. Es común vincular a los romanos con las carreteras, los acueductos y los baños públicos. Su obra más célebre es el Coliseo, que no implicó más que tomar los hemiciclos griegos y dotarlos de una dimensión colosal.

Ellos no inventaron las graderías para el público, ni la forma de generar acústica, pero sí la perfeccionaron y las hicieron indispensables a las laderas de los montes, creando ellos mismos los soportes para las graderías. Todo esto se pudo hacer gracias al descubrimiento del arco como principal innovación arquitectónica romana. (Gombrich, 1950, pp. 117-119) Roma como el gran imperio que fue tenía el propósito de forjase una figura imponente ante su pueblo y sus enemigos, volviéndose eterna y trascendiendo la historia, valiéndose para ello de monumentos, tales como sus famosos arcos del triunfo, de los cuales el más famoso es el que mandó a construir Constantino cuando salió victorioso de la batalla del puente Milvio. La dimensión en comparación con un humano es abrupta y más en aquel tiempo, cuando debía generar un respeto atemorizador en la sociedad. Para los emperadores romanos la autoridad era todo, y no escatimaban en esfuerzos para conseguir que se les respetara. Otro ejemplo claro de la obsesión de los romanos por la monumentalidad es el panteón.

Al entrar en el Templo de todos los dioses, cualquier ciudadano local o foráneo quedaría perplejo ante las dimensiones del lugar, además de su impresionante cúpula que lo revestía de sobrenaturalidad. La abertura en el centro de la cúpula que permitía la entrada del sol para que iluminara a los distintos dioses, generaba en la población un reconocimiento de soberanía del emperador sobre las deidades. (Gombrich, 1950, p. 119) En Hollywood también se apeló a la monumentalidad para sorprender a la sociedad en general y lograr que se volcara hacia el consumo del nuevo entretenimiento de masas. Hacia finales de la década de los ‘30, Hollywood atravesaba su época dorada, los presupuestos era altísimos y no se escatimaba en gastos. Gone with the wind (Lo que el viento se llevó) tuvo un presupuesto de 4,2 millones de dólares, lo que para la fecha era una cantidad muy por encima de la media, que era de cien mil dólares. Al mostrar esta opulencia en una sociedad que estaba entrando en una gran depresión económica, lograban crear una cortina de humo, una falsa realidad que generaba tranquilidad en la gente.

En esta misma línea, también es un ejemplo de monumentalidad el sistema de estudios, esto es, la estructura sistematizada en la que se realizaban las películas. La industria se la dividían entre ocho estudios, entre los que habían cinco grandes conocidas como las mayors (MGM, Fox, Warner, Paramount y RKO) que monopolizaban la producción, distribución y realización de las películas; las restantes tres, que eran llamadas minors, se encargaban de realizar películas de tipo B, que por lo general eran más económicas y se exhibían a través de las salas que eran propiedad de las mayors. Los estudios eran enormes y para 1939 daban empleo a 200.000 personas. (Tavernier, 1997, pp. 13-15) Se podría decir que al igual que los griegos continuaron el legado artístico egipcio, los romanos continuaron lo realizado por los griegos. Sus esculturas y templos son adaptaciones de las realizadas por los griegos, pero más funcionales. Se podría decir, entonces, que los romanos tomaron la belleza griega y la mezclaron con características utilitarias. Por doquier en Roma pueden observarse obras de ingeniería que sorprenden que fueran hechas por aquel tiempo. El acueductos romano, por ejemplo, es una construcción completamente utilitaria basada en el arco de medio punto cumple con su función de saciar las necesidades del pueblo pero no fue concebida para ser admirada por su belleza.

No obstante, los romanos tenían presente que todo entra por los ojos, por lo que decidieron hacer el acto más pragmático posible; utilizar el arte griego para dotar de estéticas sus funcionales pero desabridas construcciones. El ejemplo tal vez más claro del pragmatismo en acción se puede encontrar nuevamente en el panteón; su construcción interior y estructural es mucho más funcional que el Partenón de los griegos, ya que el templo de Palas Atenea, estaba repleto de columnas que permitían sólo la permanencia de la estatua de la deidad, pero no el ingreso de sus adoradores. En el panteón se juntó a todos los dioses para ser adorados, mucho más práctico y económico que tener un templo para cada dios, además de que este lugar contaba con un sencillo pero eficiente sistema de evacuación de las aguas que ingresaban por el agujero en la cúpula. La fachada del templo romano se construyó casi idéntica al de Palas Atenea, con sus representativas columnas jónicas con triglifos y metopas. Es innegable que el nivel de exquisitez de los griegos era admirable.

Otro ejemplo de esta importación de estética se observa en el Coliseo romano. Es un escenario que era tan práctico que permitía que su arena se inundara completamente para las batallas navales y luego por el excelente drenaje volviera a ser tan árida como antes. Además de que contaba con adelantos como los elevadores que llevaban a las bestias de las jaulas por debajo de la arena hacia ella. Las paredes del Coliseo fueron levantados por el ya conocido arco de media punta que les permitió alcanzar una gran altura. Pero esto no le restó belleza al exterior, sino que fue complementada con los tres estilos arquitectónicos: griego, dórico, jónico y corinto. (Gombrich, 1950, pp. 117-118) En Hollywood ocurrió exactamente lo mismo; primero se estableció el andamiaje sobre el cual montarían la estética.

Como dijo alguna vez el director de cine alemán, Douglas Sirk “no hay mejores técnicos que los americanos”. La capacidad de ejecución de los estadounidenses era sorprendente. Este director sería uno de los muchos directores alemanes que antes y después de la Primera y Segunda Guerra Mundial llegarían a los Estados Unidos para aportar su conocimiento en iluminación adquirido en el expresionismo alemán.

Directores de la talla de Fritz Lang, el director austríaco que desempeñó un papel importante dentro del impresionismo alemán llegó a América a mediados de los años treinta huyendo del nazismo que dominaba a Alemania. Lang rechazó la propuesta del ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, de tomar las riendas de la UFA, los estudios alemanes que eran dominados por el nazismo. Lang huyó de Alemania dejando todo atrás, incluso a su mujer que era afín a las doctrinas nazis. En 1934 llegó a Hollywood contratado por la Metro Goldwyn Mayer. Lang fue uno de los que más aportó en la estética del género del cine negro. Otro director de renombre que aportó sus conocimientos a la industria cinematografía estadounidense, fue el británico Alfred Hitchcock.

David O. Selznick, productor de la laureada película Lo que el viento se llevó, contrató a Hitchcock el 14 de julio de 1938. Hitchcock es conocido como el padre del suspenso y realizó una carrera muy productiva que dejó sus talentos a las nuevas generaciones de directores estadounidenses.

Para lograr contener y gobernar a distintos pueblos, con sus distintas costumbres y creencias, se tienen que hacer ciertas concesiones. Esto lo entendió muy bien Roma, que se amoldó a las creencias de sus ciudadanos. Sincretizar al imperio era mucho más práctico que adoctrinar a gente de distintas creencias; por esta razón Roma tomó a las mismas deidades griegas y sólo les cambió los nombre por otros en latín. Este es otro acto más de pragmatismo. Junto a las hordas bárbaras, Roma tenía otra amenaza latente; los cristianos. Este grupo religioso se regó por todo el imperio, evangelizando a gran cantidad de los ciudadanos romanos.

En Hollywood aplicaron el mismo método pragmático para generalizar sus películas y alcanzar a todo el mundo. Esto se conoce como la industria cultural, que hace referencia a la estandarización, homogenización y sincronización de los contenidos tratados en los films con el fin de alcanzar a públicos de todas las edades, sexos, clases sociales y razas. Para esto se tiene en cuenta al hombre medio, es decir, al hombre que se adentra en las distintas culturas sin salir de su espacio de comodidad, para el que es más fácil observar cómo convive una cultura lejana entre sí, que convivir con esa cultura que resulta extraña para él. Este hombre medio está enfocado específicamente en el típico americano que tiene como exótico cualquier otro tipo de civilización fuera de su territorio y sólo conoce a grandes rasgos otras regiones del mundo. (Morin, 1967, pp. 13-14)

Conclusiones

Sin lugar a dudas los grandes imperios se han creado con las bases puestas en el pragmatismo, ya que pensar de esta forma les ahorró tiempo y energías y supieron utilizar la técnica para levantar comunidades que, en un caso, aún hoy se recuerdan y estudian con gran admiración, mientras que en el otro, a pesar de las dificultades que ha sorteado a lo largo de su historia, ha logrado mantenerse como la máxima potencia mundial contemporánea.

Bibliografía

Bertrand Tavernier, J. P. (1997). 50 años de cine Norteamericano. Madrid: Akal.

Gombrich, E. (1950). Conquistadores del mundo. Londres: Pheiton Press.

Morin, E. (1967). La industria cultural. Buenos Aires: Galerna.


Hollywood y Roma: imperios pragmáticos fue publicado de la página 67 a página69 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº56

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