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Docente: Andrea De Felice

De Felice, Andrea [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

ISSN: 1668-5229

Proyectos Jóvenes de Investigación y Comunicación Proyectos de estudiantes desarrollados en la asignatura Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2013 Proyectos Ganadores Comunicación Oral y Escrita Primer Cuatrimestre 2013

Año X, Vol. 57, Noviembre 2013, Buenos Aires, Argentina | 134 páginas

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Abstract del docente

El Trabajo Práctico Final de COE aborda un relato familiar, una historia que sea publicable, interesante para contar y que, desde el punto de vista de la investigación, genere motivación en el alumno para narrar esa historia de familia, donde la elección del tema será clave para promover la reflexión personal.

Se pretende así que el alumno logre su perfil, su estilo de escritura, que es uno de los objetivos de la materia.

En este sentido, se pretende recuperar la memoria, indagar sobre el pasado y las raíces y conectarse con la familia para profundizar sobre un hecho o personaje significativo para el estudiante.

Estos textos, que estimulan la construcción discursiva de historias familiares, simulan un viaje a otros tiempos y son una invitación a conectarse con el pasado más o menos cercano.

Es una mirada comprometida con la propia historia y con la de sus antepasados, para encontrar quizás, algún tesoro familiar escondido o recuperar algún acontecimiento memorable.

Es una manera también de indagar sobre determinados vínculos, de tomar conciencia de su historia como individuos, de la cadena de vínculos que transitaron ese andar antropológico tan particular, donde intervienen prácticas, formas de actuar y de comunicarse, experiencias, costumbres, valores, elecciones de vida, en fin, trayectorias muy ligadas a la identidad.

Este trabajo permite revalorizar las voces de la vejez, darles “voz” y participación, escuchar al otro, y capitalizar las experiencias de las generaciones pasadas que han repercutido de alguna manera en su ser de hoy, en la construcción de la subjetividad.

Así es como este Trabajo Práctico Final propone (re)descubrir un relato familiar que, de este modo, pueda transformarse en “viaje de descubrimiento” individual. Es en la construcción de un relato familiar que se inicia una búsqueda, no solo para reconstruir la identidad personal, sino para indagar en el origen de uno mismo y hasta en la propia vocación.

Producción de los estudiantes

Moño Azul

Christian Enriquez Bergquis

Mi abuelo, Honorio Enriquez, trabajaba en Neuquén con los productores de manzanas. Un día se reunió con un exportador de fruta en Buenos Aires y decidieron los dos unirse para crear una sola empresa. Ésta se llamaría Moño Azul.

Esta unión les sirvió a ambas partes ya que ahora podían concentrarse en producción y venta, en vez de ver quién podía sacarle mejor provecho al otro. Pero a Honorio se le ocurrió una idea brillante. Él dijo que se debería poner una etiqueta a cada manzana que vendieran. Una simple acción, pero extremadamente costosa. Después de todo, Moño Azul vendía millones de manzanas y esto significaba que se deberían pegar millones de etiquetas. Pero aunque los resultados no eran inmediatos, se empezó a ver más y más seguido ese distintivo moñito que tenían esas manzanas. Esto fue fantástico para la empresa. Todo aquel que compraba estas manzanas podía ver este logo, y reconocían a Moño Azul como la empresa de las manzanas. De hecho, fue tan buena maniobra que ahora todas las frutas que se venden en el país tienen estas etiquetas.

Milagro de amor

Camila Anabella Centeno

La historia elegida es sobre Pablo Agustín Fernández Díaz, el hermano menor de una gran amiga. Este niño de tan solo siete años, pasó por muchas cosas en su corta vida. Su madre biológica era drogodependiente y su hogar era la calle, por lo que Pablo nació prematuro y con problemas de corazón y pulmones.

En 2006, el año en que Pablo nació, la familia Fernández Díaz accedió a cuidarlo temporalmente. Luego de este período, Pablo iba a ser dado en adopción, pero tanto Mónica, madre de corazón, como el resto de la familia decidieron adoptarlo legalmente y que sea un integrante más de la familia.

A los pocos años de vida de Pablo o Pupi como le dicen cariñosamente, le detectaron autismo, y retraso madurativo, por lo cual comenzaron a hacerle todo tipo de estudios y análisis para verificar estos trastornos y su nivel. Pero lo que se rescata es que hoy Pablo es un niño feliz, adoptado legalmente, superándose cada día un poco más a sí mismo a pesar de sus enfermedades mentales.

Yeya Isabel

Juan Manuel Quiré

Isabelina Eulogia Morado nació el 11 de marzo de 1909, es la quinta de seis hermanos, hija de María Díaz y Aquilino Morado; quienes tuvieron que venir desde España para poder casarse debido a que, por sus diferencias sociales, la familia del novio no se los permitía.

En el verano de 1931 en el barrio de Villa Ballester, Isabelina conoció a quien sería su gran y único amor, Adolfo Federico Squiafino. Este amor duró muy poco, ya que Federico murió de pulmonía a los pocos años. De esta relación nació Isabel Beatriz Squiafino, su única hija y quien, junto a Ulises Coria, le daría años más tarde dos nietas. Su hija falleció a la temprana edad de 26 años y es en ese momento cuando decidió, junto a su yerno Ulises, dedicarse exclusivamente a la crianza de sus nietas.

Es así como comenzó una historia de consejos y enseñanzas que perdurarían en el tiempo y las generaciones, y son muy importantes para su familia, sobre todo, para sus nietas que los siguen transmitiendo.

Una noticia de por vida

Carolina López Menéndez

En esta historia voy a contar el suceso más importante de mi vida. Todo comienza en unas mini vacaciones en Mar del Plata, vale aclarar que en ese momento tenía 13 años y estaba viviendo en España hacía dos años. Esas vacaciones eran mi receso del colegio por el invierno y las fiestas y, como siempre, regresaba a la Argentina.

Era el 15 de Diciembre y estaba con mi papá, Laura (su mujer) y una amiga. A la tarde de ese día, mi papá me dijo que necesitaba hablar conmigo y me propuso ir a pasear solos.

En el auto rumbo al hotel, se le ocurrió estacionarse en el famoso cartel de Quilmes de la playa Varese, para empezar a comentarme la noticia. En ese momento, donde frenamos, lo primero que se me pasó por la cabeza al ver la cara de mi papá queriendo arrancar a hablarme, pero se quedó mudo. No se si fue intuición o qué, sólo se me escapó sin pensarlo dos veces: “¿Laura está embarazada?”, pregunté. Su respuesta fue rápida, directa y, sin dudarlo, me contesto con un “Sí”.

De cómo me convertí en Daniela Settembrino

Daniela Settembrino

Mi nombre es Daniela Settembrino y esta es mi historia. Mía y de mis papás, Blas y Rosalía, que frente a la imposibilidad de tener hijos propios, decidieron tener hijos del corazón. Muchas veces suele haber dolor y sufrimiento en este tipo de historias, y aunque hubo momentos difíciles este es un relato lleno de amor, esperanza y crecimiento.

Nací el 4 de febrero en Esquel, Chubut, y hasta allá viajaron mis padres, junto a mi hermana Carla, ocho días después de mi nacimiento. Mi mamá siempre dice que no hizo falta conocerme para saber y sentir que yo era su hija y ya nos pertenecíamos mutuamente.

Pero prefiero empezar desde el principio, de cómo fue que Blas y Rosalía se conocieron, se enamoraron y se casaron.

Y también sus vivencias durante el proceso de adopción, ya que por las trabas burocráticas se vuelve un camino largo y complicado. Pero como dice un viejo dicho: “lo bueno se hace esperar” y después de 27 años, estoy feliz y agradecida del momento en que se decidieron a ser mis padres.

Un papá de la vida

Anabella Marquez

Muchos creerán que es de alguien afortunado, tener dos padres: uno biológico, Guillermo, y otro de la vida, Daniel. Pero yo digo que soy afortunada, porque a los once años, conocí la palabra papá. Esta es la pequeña historia de Daniel Donato Pérez Belles. Aquel que no estuvo desde el primer día, pero ha estado en todos los siguientes. Aquel que con sus palabras, sus consejos y sus cuidados, estuvo siempre presente en mi vida.

Esta es la historia de un hombre que supo luchar contra los miedos propios y los ajenos. El andar por su barrio, Mataderos.

Las historias del billar y los personajes de la noche, la cultura de la calle. El andar solo desde muy chico, el duro golpe de la adolescencia, que lo hizo crecer de golpe. La muerte temprana de su madre y las diferencias con su padre. Los desengaños y el desamor, la soledad y volver a empezar. El amor de Raquel.

Mi consejero, un hombre que forma parte de las páginas de mi vida. Esta historia comienza con nombre propio: Daniel, mi papá.

El exilio político de mi abuelo

Juan Pablo Barrios Roa

Elegí la historia de mi abuelo materno y las circunstancias que lo forzaron a él y su familia a abandonar su país, Paraguay, teniendo que buscar asilo político en Uruguay.

También es la historia de mi madre y de cómo ella y sus hermanos sufrieron el desarraigo, aun siendo pequeños. En el caso de mi madre por partida doble, ya que al tener que emigrar de grande a la Argentina, inevitablemente ha tenido que repetir la historia.

Mi abuelo, Juan Ángel Roa (Nenecho, para sus amigos) tuvo una temprana vocación política. Desde muy joven, fue un activo miembro del Partido Colorado, el mismo partido que luego fue en contra de sus propias bases e instauró una de las dictaduras más largas y temibles en Latinoamérica: el régimen del inefable Alfredo Stroessner. En 1954 el stronismo se instaló en el poder por 34 años. Durante ese tiempo, miles de personas fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas.

Pero mi abuelo tuvo un mejor destino y pudo “escapar” por la vía diplomática hacia otras tierras.

La despedida que no fue

Juan Pablo García

En el año 1979 se tensionaron las relaciones entre Argentina y Chile debido al canal de Beagle, en ese entonces era tan grande el conflicto que se decidió enviar soldados a Mendoza para comenzar la guerra.

Ese año, mi padre se encontraba realizando el Servicio Militar obligatorio y, como a muchos, se le comunicó que fuera a su casa, se hiciera un bolso y que se despida de su familia porque esa misma noche partían hacia Mendoza. El momento de comunicárselo a mis abuelos y a mi madre fue muy duro.

Entre lágrimas y angustia logró despedirse de todos. Para sus padres fue más difícil porque su único hijo se iba a la guerra.

La partida a Mendoza era 22.30 hs., pero media hora antes le avisan a mi padre que debería quedarse en el regimiento realizando tareas administrativas. En ese momento, lo primero que hace es comunicárselo a sus padres y a mi madre. El destino cambió y la emoción fue enorme, mi madre no podía entender cómo allí estaba mi padre, parado frente a la puerta de su casa.

Una bufanda, un reloj, una herencia

Carla Daniela Depauli

Hace cuatro años y medio, Carla, una chica de veintidós años, se encontraba pasando por uno de sus mejores momentos en cuanto a su vida personal. Luego de tantas idas y venidas, por fin se había decidido por cambiar de carrera, dejando atrás el área de medicina para introducirse en la carrera de Licenciatura en Turismo. Al mismo tiempo, comenzaba a explorar el ámbito laboral, dejando atrás una vida de estudiante para comenzar a chocarse con la realidad.

Todo iba perfecto, de hecho su vida empezaba a encaminarse, hasta aquel día, mejor dicho, hasta aquella llamada.

El veinticinco de octubre del 2008 por la mañana, su madre recibe un llamado desde la provincia de San Juan, ya que su abuelo, se encontraba muy enfermo e internado en grave estado.

Si dudarlo, elige acompañar a su madre a realizar ese viaje, que en este caso, no sería de placer, si no que ninguna de las dos sabían con que se iban a encontrar.

Alicia en el país de las NO maravillas

Lorena Mazzera

Nuestra historia se sitúa en el año 1983 y tiene como protagonista a Alicia, una dulce niña de ocho años. Una mañana como cualquier otra, se encontraba en clase, cuando de repente un dolor de cabeza hizo que comenzara a llorar desconsoladamente.

Una de las celadoras la llevó hasta su casa y su mamá llevó urgente al médico. Padecía una enfermedad poco frecuente y mortal. Tras 17 días en terapia intensiva y partes médicos que ninguna madre quisiera escuchar, se recuperó completamente. Ni siquiera el director de pediatría del hospital pronosticó este desenlace. Nadie esperaba su recuperación excepto su madre, quien en el peor día de enfermedad, se arrodilló frente a una imagen de la virgen situada en un rincón de la sala de espera del hospital. Pidió con lágrimas en las mejillas por su hija e hizo una promesa a esa figura de yeso que allí se encontraba: “Cúrala por favor, cúrala y te juro que cumplo con mi promesa”. Alicia al día siguiente, se levantó por primera vez, luego de 17 días en su cama. ¿Creer o reventar? (Ver trabajo completo en p. 68)

Coraggio di vivere (La valentía de vivir)

Matías Sánchez

Era una época compleja. Ninguno de nosotros quisiera estar en la situación de escapar del peligro. Sin embargo, cuando las opciones no son una opción, el valor aparece y se actúa con el más sincero instinto.

Mi abuelo, Mercurio, atravesó todas las corrientes del Océano Atlántico durante veinte días nauseosos. En un suspiro triste y esperanzador, Catalina (mi abuela), embarazada de Mariana y acompañada por su pequeña hija Catalina, de tres años, se despiden de mi abuelo con la idea de volver a encontrarse con él en pocos meses. Lamentablemente la suerte no fue tan dichosa, estalló la temible guerra que había impulsado a Mercurio hacia el mar.

Mi abuela y mis tías, hicieron lo inimaginable por no perder las esperanzas, las fuerzas y el deseo por vivir. Sin ningún tipo de comunicación, mi abuelo, no tenía más opción que mantenerse con pensamientos positivos, aunque la incertidumbre debe haber sido penetrante. El reencuentro se hizo esperar nueve años. En cambio, la historia dejó marcada a la familia para toda la vida.

El barco de la vida

Erica Tourís Fresco

Dicen que en las Rías Gallegas nace el mejor mejillón del mundo. El abuelo José vio nacer y crecer a la mejor especie marina que se cultivaba entre las bateas de A Ría de Arousa, a las cuales llamaban el barco de la vida de la gente que trabajaba en esas fascinantes huertas marinas. Cada día, tomaba su barco y emprendía un viaje a las aguas inmensas en busca de alimento que el mar tiene la bondad de regalar. De ahí se alimentaban sus hijos, los cuales, a su vez, pudieron ser testigos de ese faenar, tan artesanal, del que hoy Galicia se convierte en la primera potencia mundial en cultivo y comercialización del mejillón.

“¿Es aquí donde trabajas abuelo?”, sus nietos se sorprendían por ello cuando lo acompañaban, pero hoy no recuerdan cómo trabajaba, ni conocen ésta labor tan admirable, a la vez que dura. Es por ello que en esta historia los integrantes de la familia se subirán de nuevo en ese, su barco, que hace poco más de un año, emprendió el último viaje de su vida.

Familias eran las de antes

Lucrecia Pizzarello

En una mañana de verano de 1930, bajo el gobierno de Irigoyen, nació mi abuela Manuela Nélida Chicorio, en el corazón del barrio de Monserrat. Elegí la historia de su vida ya que ha estado plagada de situaciones increíbles, la mayoría de ellas no demasiado felices. Su personalidad y fuerza ante la vida hicieron que pudiera sobrellevarlas con optimismo y agradeciendo a Dios, el simple hecho de estar viva. Siempre con una sonrisa en su rostro, algo que llevaré conmigo para siempre.

Mientras mi abuela llegaba al mundo, en el cuarto contiguo de la vieja casona familiar, fallecía su abuela materna. Este fue el augurio del comienzo de su vida, vida que ella venera pero que estaría plagada de momentos difíciles. Manuela creció fuerte y sana pero no demasiado feliz, ya que su madre debió dejarla al cuidado de una buena vecina quien vivía en la casona donde vivía su familia. Esta vecina fue muy importante en su vida, como una madre y siempre la recuerda.

Una vida por los caminos

Lorena Lecointre

Para el trabajo final “Historia de familia”, elegí contarles de mi bisabuelo materno, Juan Francisco Piatti. Nació en Pergamino en el año 1897, falleció a los 40 años, meses antes del descubrimiento de la penicilina, por una infección en uno de sus riñones, producto de un accidente a caballo. Hijo de Italianos, venidos del Piamonte, llegaron a la Argentina en barco en el año 1870, de profesión; talabarteros.

Juan Francisco, se recibió en la Universidad de Buenos Aires (UBA) de Ingeniero Civil e Ingeniero Electrónico. Entre sus aportes, encontré que realizó la cárcel de Tucumán, fue presidente del Aeroclub de Pergamino, trabajó para la General Electric, construyó la ex ruta 202 y formó parte del equipo de Ingenieros teodolíticos del Norte, quienes realizaron el trazado del tren de las nubes. El duro golpe de una muerte temprana a los 47 años, provocó que su hijo, Juan Ángel Piatti, cuente las anécdotas de generación en generación, lleno de orgullo.

Voluntad y progreso

Francisco Udvardi Andicoechea

Esta historia será acerca de mi abuelo y de mi padre. Se centra en el aspecto laboral y sus trayectos, pero también incluirá detalles personales.

Mi abuelo se llamaba Isidro Eugenio Andicoechea, padre de mi madre, y era descendiente directo de inmigrantes vasco franceses. Nació en 1919 y vivía con sus tres hermanas, madre y padre. A los 15 años tuvo la desgracia de perder a su madre. Por angustia decidió salir a trabajar y, como en esa época, los primeros trabajos solían ser de cadete, entró en el Correo argentino. De todas formas no dejó de estudiar y terminó el secundario y se recibió de perito mercantil. Luego, entró en la mayor fábrica argentina de jabones e insecticidas.

A los 25 años llegó a ser gerente general de Jabones Federal.

Al mismo tiempo, fue forjando una amistad con los dueños de la fábrica. Cerca de los 35 años, decidió formar su propia empresa, asociándose con las únicas dos fábricas de Paraguay de aceite de palma. Continuó con este emprendimiento hasta su retiro.

El sastre del desierto

Andrés Fernández Pallone

El abuelo Domingo nació el 11 de agosto de 1917 en un pueblo de la región de Calabria, al sur de Italia, en el seno de una familia rural. Su padre estuvo en la Primera Guerra Mundial y luego le tocó el turno a él en la Segunda, pero gracias a su capacidad de hacerse amigos y sus habilidades como sastre nunca tuvo que pelear en la primera línea de batalla.

Cuando el ejército inglés tomó a los sobrevivientes de la batalla de Túnez, entre los prisioneros estaba el abuelo, quien se las ingenió para trabajar. El dinero que ganaba haciendo trajes para los oficiales y vestidos para sus hijas se lo enviaba a su madre y sus dos hermanas mayores que los esperaban en una Italia empobrecida.

Al cesar la guerra, volvió a Italia a casarse con Carmen. Ambos se embarcaron a Argentina, que era la tierra prometida por aquel entonces. Se instalaron en Avellaneda y comenzó a trabajar el cuero. Con el dinero que ganaba logró construir una casa, donde nacieron sus dos hijos. Allí, en su casita de Villa Domínico es donde ambos esperan ansiosos la visita de sus nueve nietos.

Una gran persona

María Guadalupe Basso

Durante el desarrollo de este trabajo hablaré de Gustavo Carlos Basso, mi padre. Se tocarán temas relacionados a lo que fue él en vida y después de ella, todo lo bueno y lo malo que dejó, y las consecuencias después de su muerte. Por otro lado, me focalizaré en los sentimientos de cada uno de sus allegados más cercanos, citaré testimonios para poder ver los diferentes puntos de vistas de las personas, con respecto a una situación tan particular.

Gustavo Carlos Basso era un hombre maravilloso, una persona como pocas. Su humildad era una de las características más importantes y palpables que tenía. Murió con tan sólo 39 años en un accidente automovilístico. Sin embargo, dejo en vida muchas experiencias de vida y cumplió una gran misión, por lo menos, ese es mi punto de vista. Ya que dejó a cada una de las personas a las que amaba, una enseñanza, un camino por el cual transcurrir y muchos valores inculcados a través del tiempo. Simplemente un hombre increíble, como pocos y que ya no existen...

Parecía un buen lugar

Pablo Falguera

Ya bajando por esa cuesta natural transitada y el carrito a pedal a una velocidad considerable nos topamos con el primer auto que se acercó de frente. Mi hermana, quien iba al volante, ¡lo logró esquivar! ¡Y venía otro en la misma dirección que nosotros! A éste lo eludió con dificultad. Y, en ese momento, mi visión de la situación fue clara, vi que para el próximo adelantamiento no había espacio y, sin pronunciar una sola palabra señalé, sentado en ese asiento delantero, un claro de pasto verde y acolchonado. Mi hermana comenzó a perfilarse para dar todo el giro posible hacia ese lugar, logró girar y apuntar a ese lugar que era nuestra salvación. Pero a la VolksWagen Suram, de adelante nuestro, también le pareció un buen lugar, y dobló. La escena siguiente fue el impacto. Y así estaba, volando cuasi olímpicamente por arriba del capot del auto, en la misma posición en la que iba sentando. Por suerte, todos salimos ilesos, menos el espejo del auto, la puerta de adelante y la de atrás.

Difícil adaptación a una cultura similar

Kevin Fitzpatrick

Durante el año 2001, Argentina entra en crisis. La situación laboral de mi padre, lo obliga a tomar una apurada decisión, que desencadena en irse a vivir a Chile. Un país con estabilidad económica y seguridad, con muchas características a favor, pero cuando uno no está acostumbrado al cambio, la adaptación puede llegar a ser muy difícil. Más que nada en la adolescencia, cuando uno está formando su personalidad y busca una identidad de grupo.

En 2003 tuve que superar varios procesos, sin saber que estaba poniéndome barreras y aislándome. Al transcurrir el tiempo, me di cuenta que mi familia se acomodó e intenté ocultar las dificultades por las cuales estaba pasando. Este año fue clave y marcó mis decisiones futuras. Por ello, regresé a la Argentina al terminar los estudios secundarios, a pesar de que los dos años siguientes fueron todo lo contrario al primero. Terminé llevándome muy lindas cosas de Chile y hoy, mi familia sigue viviendo allá, yo estoy esperando el momento para volver.

No pude frenar a tiempo

Carlos Moyano

En este trabajo contaré dos historias. La primera, relata lo que fue mi infancia, ya que fui adoptado a los cinco años y luego a los seis otra vez, soy uno de 24 hijos y lo más importante, me acuerdo de todo. Hablaré del cambio de familias que tuve, las madres, hermanos y hermanas, y lo importante en haber sido adoptado junto a uno de mis hermanos de sangre. Hablaré de transiciones, de cambios, de los nervios y de aquel primer cumpleaños; de los días en Perú, Uruguay y Venezuela. Y, luego me enfocaré en mi transición a los Estados Unidos, y cómo llegue justo en el peor momento de mi vida.

El toque cómico e irónico vendrá en la segunda historia cuando hable de la familia que me adopto. Cómo a veces me siento la oveja negra, siendo argentino de un pueblo, y ellos blancos, ricos y una de las familias que fundó los Estados Unidos. Llegarán los días en Virginia, cuando celebrábamos el 4 de Julio con una carrera de tortugas. Y también grandes personajes que formaron la familia, como el Che Guevara, en la Argentina, y Thomas Jefferson en Estados Unidos.


Docente: Andrea De Felice fue publicado de la página 15 a página19 en Creación y Producción en Diseño y Comunicación Nº57

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