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Desde el tablero

Garabieta, Leonardo [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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Un tablero es mucho más que un tablero ¿Cómo es esto?

Para las nuevas generaciones, el tablero podría ser algo casi obsoleto: un rectángulo de madera, una paralela, lámpara, escuadras, lápices, -la taza de café obviamentey algunas cosas más. Muchas generaciones, entre las cuales se incluye la mía, hicimos vida de tablero: estudiábamos, dibujábamos, hacíamos maquetas, comíamos y durante alguna entrega, hasta hemos dormido arriba del tablero. En fin, vivíamos “Desde el tablero”.

Y a pesar del tiempo, esa vida no cambió demasiado para los estudiantes de diseño. La diferencia es que hoy, aquel rectángulo de madera se cambió por una pantalla, un mouse, una impresora y demás herramientas que la tecnología fue legando.

Pero el concepto de tablero es mucho más profundo. Un tablero implica control, poder, manejo, toma de decisiones. . . y esto pasa con el tablero de un jumbo 747, con un tablero eléctrico y con uno de diseño. Es el lugar donde nacen las ideas, donde se realizarán todos los pasos del proceso de diseño, donde se ajustará el proyecto, en síntesis, desde donde se ejercerá el control de lo que estamos creando.

Enseñaje es un término que no figura en ningún diccionario de nuestra lengua, pero igual lo uso con frecuencia, entendiendo por tal, el resultado de la concatenación de enseñanza y aprendizaje, ya que en los talleres de diseño estoy totalmente convencido de que todos, docentes, alumnos, asesores, invitados, todos, nos retroalimentamos continuamente. Todos enseñamos y aprendemos juntos, la mayoría de las veces sin siquiera darnos cuenta.

“Profe, no me sale nada”, “Arqui, lo tengo todo aquí – mientras el alumno se toca la cabeza- pero no se cómo mostrarlo”, “Mire jefe, esto es un desastre, pero la idea es bueníííííísima”, no se que me pasó”.

Estas son sólo algunas de las frases que escucho desde hace tres décadas, en muchos casos en ayunas en esas mañanas muy temprano en la facultad. Debo reconocer y admitir que yo también las he pronunciado cuando era alumno. Investiguemos un poco sobre el tema. Todos hemos estudiado en el colegio por ejemplo, física y sabemos algo de ciencia, que Einstein o Newton no fueron arqueros de ninguna selección de futbol ni corredores de bolsa. También estudiamos o al menos cursamos psicología y sabemos que existió Freud, que más allá de los líos de Edipos y Electras y demás yerbas, fue el padre del psicoanálisis.

Me atrevería a asegurar además, que la mayoría de las personas conocen o al menos escucharon hablar de Cervantes, Shakespeare, Bach, Dumas, Picasso, Dalí, etc. También tenemos vagos conocimientos de otras áreas como biología, química, política o geografía, aunque no sepamos muy bien si los Himalayas son o no navegables. Y de ésta forma podría pasarme por la mayoría de los andariveles del conocimiento y todos “pescaríamos” algo.

Pero cuando llegamos a ésta maravilla de la cultura universal que llamamos Diseño, ¿Quién conoce a Bramante, Imothep, Bernini, Lecorbu? Sólo por nombrar a alguno. ¿Qué docente de diseño no está cansado de aclarar que la arquitecta “Miss” Van de Rohe era varoncito –Mies- o que el famoso “Raid” nada tenía que ver con ningún insecticida,- Wright-.

He aquí la piedra angular del problema. Y de ésta manera uno entra a las facultades de Diseño y e los primeros días escucha términos como minas 2H, 3B, partido, eje, edículo, límites virtuales, etc., y nuestro aprendiz de brujo se siente un alquimista en potencia.

Pero, ¿Cómo alguien puede querer ser o estudiar algo que prácticamente desconoce? Por eso planteo que en los primeros cuatrimestres de las carreras de diseño, no basta con verter conceptos, hay que contar que es el mundo del diseño o como se desarrolla un diseñador, las experiencias propias y las de sus colegas, en síntesis hay que comunicar que cuando uno está eligiendo una carrera también está decidiendo una forma de vida. Y ésta forma va desde la vestimenta, el lenguaje, los horarios y hasta el lugar y que voy a desayunar. En último de los casos estoy tomando partido acerca de cómo va a ser mi vida. Pequeña decisión.

En un mundo cambiante, los profesionales no estamos excluidos del sistema, con lo cual debemos transformarnos en mutantes para acompañar el cambio. Y quienes somos docentes, más aún, ya que nuestra responsabilidad es mayor. No podemos –como decía Pirandello- seguir rumiando el discurso de los muertos; el nuestro debe actualizarse continuamente ya que debemos preparar profesionales para el aquí y ahora, pero en especial, para el mañana, con toda la incertidumbre que eso genera.

Parafraseando a Chesterton, las mentes libres no habitan en cuerpos rígidos, de allí que nuestros talleres de diseño no pueden ser estructuras esclerosadas. El taller debe ser un foro permanente de discusión, donde nada se de por supuesto, donde todo de analice, se cuestione, se desmenuce. Debemos formar pilotos de jets para acomodarse a los cambios. Y esta formación debe producirse en la facultad, ya que comenzar a hacerlo una vez graduado, sólo produce frustración, bronca y pérdida de oportunidades. Nos manejamos en nuestra cátedra y facultad, pero lo cierto es que vamos a la Universidad y aquí está la piedra angular: Universidad. Salgamos pues de las estructuras estancas. Trabajemos como en la vida profesional, interrelacionados con otros profesionales; aprenderíamos más, usaríamos mejor nuestros recursos, tendríamos óptimos resultados y tal vez estaríamos forjando una educación universitaria mejor, que al aplicarla daría a su vez una sociedad también mejor.

Es obvio que me refiero a la interdisciplina, y no me refiero sólo al contacto con otras cátedras de la facultad, cosa que ya sería un avance fenomenal. Me refiero a que nuestros talleres estén periódicamente visitados por profesionales de otras disciplinas, agentes del mundo empresarial, de la producción, y de diseñadores de esos que no andan por los pasillos de la facultad.

En parte por lo expuesto, en parte por otras razones, la propuesta de taller implica recorrer el camino de “enseñar a aprender” el mundo del diseño. Esto se estructura fundamentalmente a partir del conocimiento de la historia, usándola como herramienta que posibilite alimentar las distintas corrientes ideológicas y que permita al alumno recorrer la dimensión pasado – futuro, para luego accionar en el presente. Junto a la historia, importa la percepción crítica del contexto, ya que éste da los parámetros para desempeñarse como diseñador. Ambos conceptos debemos transmitirlos sin imponerlos, sino orientando a que se aprendan.

Creatividad y rigor científico, son términos que deben funcionar en paralelo en nuestros talleres para abordar los componentes del sistema de diseño: el contexto físico-cultural, territorio insoslayable de la intervención del diseñador; la estructura ideológica de la sociedad, y los medios técnicos con que se debe materializar la producción diseñada, con todo lo cual el diseñador debe responder a las solicitaciones planteadas.

Diseñar, es responder a las necesidades del usuario, que surgen del sistema don de éste se ha asentado. Enseñar y aprender diseño, implica entonces, la difícil tarea de reconocer críticamente los componentes del hábitat para luego integrarlos mediante la universalidad del pensamiento y la especificidad de la respuesta.

Es fácil entonces, deducir que el principal objetivo, es clarificar la mente de los alumnos – y también la nuestras– y convencernos que el producto del diseño no es simple consecuencia directa de un ajustado método ni tampoco de un acto mágico, sino de la acción de una mente clarificada que actúe con libertad, amplitud, inventiva y decisión sobre el problema planteado.


Desde el tablero fue publicado de la página 135 a página137 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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