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Si poseemos un saber ¿Sabemos enseñarlo?

Gómez del Río, Gabriela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

ISSN: 1668-1673

XV Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación 2007: "Experiencias y Propuestas en la Construcción del Estilo Pedagógico en Diseño y Comunicación"

Año VIII, Vol. 8, Febrero 2007, Buenos Aires, Argentina. | 353 páginas

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Cuando me dispuse a dedicarme a la docencia, lo hice porque me había dado cuenta de que poseía un saber determinado y que podía pasárselo de modo intencional a un “otro” que también quisiera tenerlo. Es decir, establecer una situación de enseñanza. Pero, como dice el refrán, del dicho al hecho hay mucho trecho. Al comenzar la práctica me percaté de que era un tanto más compleja la realidad de lo que me había imaginado. Recorrí con mis pensamientos todos aquellos atributos que poseía y la ecuación daba a entender en ese momento que podía hacerlo bien. Me cuestionaba qué tenía para llevarla a cabo, y empecé a sumar…una preparación universitaria. Bien, sirve. Una práctica profesional en relación a esa capacitación universitaria adquirida. Bien, sirve. Todos mis recuerdos sobre aquellos profesores que he tenido. Bien, sirve. Mi sentido común, no sólo me servía sino que era elemental. Tenía una valija llena de información que mi sentido común debía organizar y luego disponer el cómo lo llevaría a la práctica. Pero ahí es donde me interesaría detenerme. Por las dudas, lo repito:-”…que debía organizar y disponer cómo…”. Empecé a cuestionármelo, y me preguntaba si todo lo que llevaba en mi “valija”, bastaría. Y de hecho bastó, empecé a dar clases y las cosas marchaban, si bien hubo acciones que por sentido común resolví, me daba cuenta que aún carecía de algo, y que aún hoy sigo perfeccionándome, práctica mediante.

Al leer a Jackson Philip, educador y psicólogo, me di cuenta de que mi valija tenía lo correcto, pero faltaban algunos elementos más que importantes, que resolverían aquello que me preocupaba. El autor hace hincapié en los requerimientos epistémicos de la enseñanza, los utiliza para analizar el cuestionamiento sobre la necesidad de algo más que el know how a la hora de enseñar. Cuando habla de requerimientos epistemoló- gicos se refiere al método, al modo de hacer. Él dice que, el docente generalmente es al “método” al que no tiene en cuenta a la hora de comenzar su actividad. La desarrolla en base a su sentido común como pilar de su práctica. Y en mi caso eso fue cierto, si bien me planteaba cómo explicar los contenidos a trasmitir no la hacía desde el conocimiento científico sino desde mi sentido común. Éste me llevó generalmente a buen puerto, pero no siempre.

Sabemos que la mayoría de los docentes terciarios y universitarios no cuentan con capacitación docente, esto se contrapone a que poseen un mayor prestigio que los docentes de otros niveles (inicial, primario y secundario). A esto se suma que los docentes que están capacitados pocos tuvieron materias didácticas, esto es por el nivel en el cual se desplazan, y además generalmente no reciben capacitación sobre cómo enseñar su especialidad (por ejemplo, qué recursos son los mejores para utilizar). Esto se da porque la idea de la capacitación docente es relativamente nueva, es por ello que es más que importante reflexionar sobre aquello que hacemos y el cómo se reconstruye nuestro contexto que no siempre es el mejor, aunque lo pareciera. A eso los invito.

Muchas veces la práctica se encarece por falta de conocimiento por parte del docente, no sobre su especialidad sino sobre cómo la trasmite. Es muy interesante ver cómo se modifica la respuesta de los alumnos y nuestras clases cuando se empiezan a aprovechar todos aquellos recursos que enriquecen la forma de explicar y la manera de exponerla.

El autor mencionado explica que los críticos de la capacitación docente se aferran a aquellos que poseen la capacidad “nata” de la enseñanza y que por defecto todos aquellos que se dediquen a la docencia serán así, error. Creo, que todos en algún momento experimentamos, ese “ya no sé cómo hacer para que lo entiendan”. Él afirma la existencia de un conocimiento pedagógico, de carácter científico que debe ser dominado. Es éste el que se transforma en una herramienta más a la hora de solucionar conflictos como el citado.

Coincidiremos en que un gran aliado a la hora de enseñar es el “sentido común”: da significado, no sólo nos indica lo qué es sino el cómo debería ser cada una de las situaciones. Carecer de él nos provocaría un perjuicio pero no es indispensable a la hora de desarrollar nuestra tarea. No hay que olvidar la particularidad del sentido común, que contiene un carácter contradictorio. Ya que no posee sólo una voz, y hay que decir en cada situación cuál es la mejor. Es por ello que desistir de la creencia que es más que necesaria nos llevará a cumplimentar mejor la tarea. Dejar que otras competencias entren al juego.

Cuál es problema que presenta el sentido común, Rebeca Anijovich, presenta una hipótesis: El sentido común no permite producir nuevo conocimiento ávido. Por medio de nuestro sentido común, trasmitimos “una” forma de hacer, “nuestra forma” de hacer, es un paradigma en el cual estamos inmersos y así lo transmitimos, mostramos y contamos aquello que sabemos hacer desde el sentido común y no desde un conocimiento científico pedagógico, sería la didáctica del nivel superior que es imperceptible como campo de saber, es decir, no especial ni pura porque varía según el contexto en el se aplique. Lo que aplicamos es una “didáctica del sentido común” ya que nos oponemos al cambio. En esto se fundamenta la hipótesis de la autora. Se da porque se utiliza como “herramienta de batalla” a el sentido común, creemos que si pasara esta a un segundo plano nuestra tarea se encarecería. Por ende la mayoría de las veces los docentes nos resistimos al cambio.

Ella explica que no se trata de desvalorizar la tarea de la docencia, el problema reside en que se la mitifica y se genera así una “didáctica dogmática”.

Es evidente a esta altura del artículo que el proceso del aprendizaje demanda algo más que mostrar y contar y que la enseñanza no es sólo la suma del sentido común más el conocimiento del material a enseñar. Hay infinidad de características más a tener en cuenta, pero… pasos firmes.

Aprender a utilizar recursos para poder transmitir nuestro saber enriquece la tarea. Reflexión de por medio hay que establecer qué estamos enseñando y a quiénes. El cómo depende de aquellas herramientas que vayamos aprendiendo a incorporar mediante las distintas metodologías posibles. Saber cuándo aplicarlas y cómo nos ayudará a resolver aquellos pequeños baches que con sólo el sentido común emparchamos.

Alicia R. W. de Camilloni, trata el tema de la Didáctica aplicada al nivel superior, explica sus características. Da cuenta de que en ésta didáctica confluye la didáctica general y las didácticas especiales, con el fin de lograr el objetivo más plenamente. Explica que, se cree falsamente que la utilización de otras Didácticas en la Didáctica del nivel superior encarece a esta última.

La aplicación de recursos propios de otras Didácticas en un aula de un terciario genera muchos prejuicios, frutos de la construcción social que indica que éstos no son propios para el ámbito del nivel superior. No sólo son del docente sino también de los alumnos.

Si bien es cierto que, tuve algún que otro prejuicio antes de implementar esta actividad, quiero contarles una experiencia que realizo en el aula.

El eje de la materia que dicto, es, la creatividad. Como sabemos, básicamente, la creatividad no es invención, sólo exige la capacidad de poder ver el mismo objeto pero desde otro ángulo. Aunque parezca sencillo de modo verbal, en la práctica es algo muy ambiguo de materializar para el alumno, ya que tiene incorporado un modo sobre “cómo se hacen las cosas” y “qué cosas hacer desde que comenzó su proceso de aprendizaje formal”, al margen de que les parece que es una capacidad que se adquiere por “transmisión divina” y no que puede desarrollarse. Este era el problema con el que me encontraba asiduamente. Para resolverlo, recurrí a la construcción de un puente cognitivo. Este recurso activa los esquemas ya existentes del alumno. El puente cognitivo es un concepto que expone David P. Ausubel en su teoría sobre el aprendizaje significativo.

La actividad tiene un objetivo: que el alumno pueda ver un mismo objeto desde otro punto de vista. Es decir, desde “su” punto de vista. El puente cognitivo que utilizo para mi actividad es: plastilina. El nuevo concepto sería: la creatividad.

Mi intención es demostrarle a los alumnos de la clase, a través de la actividad que les propongo, cuál sería la postura que deberían tomar para lograr una mirada creativa sobre un objeto dado.

Desarrollo: Elegir un elemento, distinguir qué es y poder generar otro a partir de éste. Conclusión: sigue siendo lo mismo, pero desde otro punto de vista.

1. Abro una caja llena de plastilinas de distintos colores, y les pregunto en primer lugar:-¿Qué es?

2. Propuesta: que cada uno debe elegir (sin determinarles cuántas)

3. Les pregunto, qué podría ser, sin darles un eje (es libre)

4. Una vez que culminaron, les pregunto nuevamente:- ¿Qué es?, y entonces me contestan sobre lo que hicieron

5. Vuelvo a preguntarles qué es, y obtengo como respuesta, ¡plastilina!

Conclusión: pudieron ver el mismo objeto desde otro punto de vista (su punto de vista) aunque el objeto, en esencia, no dejo de ser lo que era.

Esta actividad es muy rica para el análisis debido a la información que de ella se desprende. Esa es su principal potencia. El objeto que utilizo para desarrollar la actividad nada que tiene que ver con el diseño de indumentaria porque lo que quiero es que entiendan el concepto y una vez incorporado, sí lo puedan aplicar en sus trabajos sucesivos. Me parece muy interesante la asociación que hacen los alumnos (al utilizar el material dado) con la primera instancia de su educación formal donde aprender y jugar iban por el mismo carril.

Los alumnos al ver la plastilina, se sienten desorientados, en su rostro se ve la expresión de aviso “¡hola!, ya estoy en la universidad”

Su actitud denota prejuicio ante la propuesta realizada. Lo expresan mediante gestos y posturas.Utilizo distintos colores por el significado que posee cada uno. No todos escogen el mismo color, ni tardan el mismo tiempo en hacerlo y generalmente eligen sólo uno. Cuando les hago la primera pregunta, me responden con un tono de sorpresa, obviedad y hasta con un poco de desprecio. Una vez que les hago la segunda pregunta, sus rostros se transforman y empiezan a intercambiar miradas, hay un murmullo que sobrevuela el aula:-¿Cómo no nos va a decir qué hacer, cómo hacerlo y en qué formato? Cuando llega el momento en que toman contacto con el elemento, es decir que lo desenvuelven, y sus manos entran es acción, todo lo anterior automáticamente se desvanece y entra cada uno en un micro mundo, donde no hay más lugar que para ellos. Entonces, empiezan a surgir las formas.

Al terminar la actividad y cuestionarlos sobre lo que hicieron, cada uno me explica su obra, y les digo:- sí, ya veo lo que hiciste pero ¿Qué es?, entonces ahí, en ese instante se dibuja en su rostro esa sonrisa que se combina con una mirada que da como resultado el gesto que denota “entendí”, pude ver al mismo objeto desde otro punto de vista, el mío (ya saben de qué hablo, ¿No?).

Mediante esta actividad, que comparto con ustedes, quisiera demostrarles la importancia de poder incorporar nuevos conocimientos formales para que poder generar otros o compensar los ya existentes y poder así optimizar la clase que nos disponemos a dictar -antes, durante y después de su desarrollo- sin temerle a la incorporación de diversas propuestas que conforman una didáctica del nivel superior.


Si poseemos un saber ¿Sabemos enseñarlo? fue publicado de la página 152 a página154 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VIII

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