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Estudios comunicacionales y cientificidad: Entre el deseo y la legitimaciˇn.

Bettendorff, MarÝa Elsa [ver currÝculum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexiˇn AcadÚmica en Dise˝o y Comunicaciˇn N║ IV

Reflexiˇn AcadÚmica en Dise˝o y Comunicaciˇn N║ IV

XI Jornadas de Reflexiˇn AcadÚmica febrero 2003: "En [desde] el aula"

A˝o IV, Vol. 4, Febrero 2003, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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La pretensi█n de cientificidad (es decir, de un status epistemol█gico pleno en virtud del reconocimiento de teor╠as, conceptos, m╚todos, t╚cnicas y resultados inobjetablemente cient╠ficos) ha acompaĎado a las disciplinas surgidas de la reflexi█n sobre las prĚcticas comunicativas de las sociedades de masas desde sus mismos or╠- genes. Considerando la incidencia de la problemĚtica reci╚n planteada en el encuadre pedag█gico y el diseĎo curricular de muchas de las asignaturas de las distintas carreras dictadas en la Facultad, el prop█sito de esta ponencia es interrogar a esa misma pretensi█n desde dos █rdenes antag█nicos: el del deseo (anclado en los sujetos sobre los cuales se sostiene la existencia y el desarrollo de las disciplinas) y el de la legitmidad (la ley externa, representada en este caso por las condiciones de validez y validaci█n impuestas por una cierta tradici█n cient╠fica -y, sobre todo, por su institucionalizaci█n-).

Para empezar, puede recordarse que los estudios comunicacionales (en particular, los relativos a los procesos en los que intervienen los mass media) comenzaron a cobrar entidad propia en el seno de las ciencias sociales, ya sea en su emp╠rica y un tanto complaciente versi█n ┤administrativa¬ (la de los funcionalistas norteamericanos) o ya en su mĚs te█rica, filos█fica y comprometida versi█n cr╠tica (la inaugurada por la Escuela de Frankfurt). Y si bien la denominaci█n de ┤ciencias sociales¬ ha promovido, por tautolog╠a, el carĚcter cient╠fico del campo, tambi╚n lo ha ubicado, hist█ricamente, en el v█rtice de los cuestionamientos de las epistemolog╠as positivistas, dando lugar a reacciones defensivas que, bajo la forma de argumentos y justificaciones, han recorrido y siguen recorriendo el discurso autorreferencial de la investigaci█n social: como un S╠sifo condenado para siempre a volver a empujar la misma piedra desde el punto de partida, las ciencias sociales, a diferencia de otras ciencias fĚcticas c█modamente instaladas en el espacio de la evidencia, se han visto obligadas a demostrar, d╚cada tras d╚cada y con un empeĎo admirable, que son precisamente ciencias y no otra cosa. °Qu╚ otra suerte pod╠a caberles entonces a las llamadas ┤ciencias de la comunicaci█n , sino la de ser confrontadas permanentemente, al igual que sus mayores, a la cuesti█n de su cientificidad?

Antes de analizar los motivos y las repercusiones de esta confrontaci█n particular, conviene detenerse en una consideraci█n mĚs general sobre el cientificismo. No deja de resultar parad█jico que dentro de la reflexi█n sociol█gica, una de las grandes usinas del pensamiento posmoderno que decret█ nada menos que la ca╠da de los grandes relatos, entre ellos (y, principalmente) el de la ciencia, el criterio de cientificidad contin˙e convocando todav╠a la atenci█n (y tambi╚n la pasi█n) de tantos intelectuales, es decir, conserve el poderoso magnetismo que lo entroniz█ como garant╠a de verdad en el supuestamente superado imperio de la raz█n moderna. °C█mo puede fundamentarse esa singular vigencia? Como se recordarĚ, los discursos de la modernidad asimilaron su modo de cognici█n a la idea de proyecto. El t╚rmino ┤proyecto supone, por su propia semĚntica, la enunciaci█n de una carencia: un estado inicial en el cual no se cuenta con lo que se pretendeáobtener. En este sentido, el proyecto seĎala una ┤actualidad¬ desde la que se construye una meta a alcanzar. El proyecto (como Kant caracterizara al Iluminismo) es, en realidad, una promesa que responde a un deseo: en el caso de la modernidad, la obtenci█n y el anteni iento de la felicidad humana a trav╚s de la racionalidad; si lograra su finalidad, el proyecto dejar╠a de ser una promesa y, por lo tanto, dejar╠a tambi╚n de ser proyecto. La exigencia de cientificidad puede, justamente, ser entendida como una extensi█n necesaria del proyecto moderno, inspirado a su vez en el idealis o plat█nico: la promesa del acceso y la permanencia en un estado de perfecci█n requer╠a la afirmaci█n de un mundo seguro, transparente y estable, en el que fuera posible confiar; un undo de certezas respecto de lo real y positivo, s█lo edificado por el riguroso escrutinio de las ciencias. Claro que llegar╠a Nietzsche para profetizar que el mundo se convertir╠a, finalmente, en una fĚbula, y mucho mĚs tarde las cr╠ticas postestructuralistas para diagnosticar el fin de esa fĚbula. Pero, pese a la virtual desaparici█n del objeto, el sujeto del proyecto (es decir, el sujeto del deseo) no se declar█ vencido: en t╚rminos mĚs psicoanal╠ticos, la de anda de cientificidad, a˙n sin ser el deseo, es la manifiestaci█n de un sujeto que se desea completo, s█lido, centrado en el mundo; el postestructuralismo neg█ la posiblidad de completud pero afir ando a ese sujeto escindido que no puede sino desear, y el deseo no consiste, simplemente insiste, por mĚs que el sujeto del proyecto oderno haya actuado como si realmente consistiera.

Esta hip█tesis, aunque robada sin permiso a las aplicaciones del psicoanĚlisis a la autorreflexi█n de otras disciplinas, resulta sua ente oportuna para revisar la posici█n de los estudios sobre co unicaci█n en el escenario de las ciencias contemporĚneas. La urgencia del reclamo (la emergencia del deseo, en el doble sentido de la palabra ┤emergencia¬) no se ha limitado en este caso ˙nicaente a la necesidad de los actores de definir a su actividad como ciencia (o conjunto de ciencias) de carĚcter aut█nomo, sino que ha llegado a di ensiones mĚs dramĚticas: al reconocimiento de su condici█n disciplinar. En efecto, gran parte de las preocupaciones expresadas por los ┤comunic█logos¬ y los investigadores del Ěrea en si posios, congresos y jornadas nacionales e internacionales, as╠ co o en las pĚginas de revistas especializadas, gira en torno al proble a de la disciplinariedad o la multidisciplinariedad de los estudios comunicacionales. Toulmin, casi a fines de los Ű70, todav╠a calificaba a la comunicaci█n como ┤disciplina posible¬ y, por consiguiente, a conformar, diferenciĚndola as╠ de las ┤disciplinas co pactas¬ o maduras. La distinci█n puede aclararse con palabras del mismo Toulmin: ┤Una empresa humana colectiva adopta la forma de ŰdisciplinaÝ racionalmente en desarrollo en los casos en que la adhesi█n compartida de los hombres a un conjunto de ideales sobre el que existe suficiente acuerdo, conduce a la elaboraci█n de un repertorio aislable y autodefinitorio de procedi ientos; y en que esos procedimientos son posibles de ulterior odificaci█n, de modo de poder abordar los problemas que plantea la incompleta realizaci█n de esos ideales disciplinarios¬ (Toul in, 1977: 363). Incluso sin ignorar la presencia de la noci█n de ýconsensoţ de Kuhn en esta caracterizaci█n, y por lo tanto de una visi█n relativista pero a˙n ortodoxa de lo disciplinar y lo cient╠fico, la conclusi█n de la lectura es contundente: los estudios sobre co unicaci█n, a causa de la coexistencia de diversos paradig as y, por ende, de ideales, intereses y procedimientos distintos y a veces contrapuestos, no constituir╠an una verdadera disciplina, sino un terreno ┤a disciplinar¬ (y, por eso, del orden de lo posible, no del de lo real-actual). En lo relativo al carĚcter multidisciplinar de la investigaci█n en el Ěrea, el alerta se concentra en la variada y difusa pertinencia del objeto ┤comunicaci█n . Al respecto, puede mencionarse la ya clĚsica discusi█n entre quienes afirman la necesidad de una teor╠a general de la comunicaci█n y quienes niegan, lisa y llanamente, su necesidad y posibilidad. En la primera posici█n se alistan los que, continuando la tarea de Escarpit (1976), promueven como base de la comunicaci█n a la teor╠a de la informaci█n, o los que, siguiendo las huellas de Mart╠n Serrano (1982), reivindican, desde la perspectiva del materialismo hist█rico, una teor╠a general fundada en el concepto de mediaci█n, que encuentra su objeto en las formas de intercambio e interdependencia entre el sistema social y el de comunicaci█n. En el extremo opuesto se ubican quienes, adhiri╚ndose, por ejemplo, al grupo de Leicester, rechazan la existencia de una teor╠a de la comunicaci█n: las investigaciones de esa ╠ndole no ser╠an para ellos independientes de la teor╠a social. Entre estos dos polos, se inscriben las propuestas de teor╠as parciales, que muchos observadores de la pol╚mica juzgan como mĚs pragmĚticas y fruct╠feras. El debate no ofrece seĎales de clausura, mientras que la comunicaci█n, no s█lo como prĚctica sino cada vez mĚs como tecnolog╠a, permanece ajena a semejante conflicto lim╠trofe. Y ni qu╚ decir de las instituciones ligadas a la actividad cient╠fica o cultural, de las que podr╠a esperarse (para bien o para mal) alg˙n laudo arbitral. Es que el deseo es mĚs deseo cuando se mide con la ley, a˙n sabiendo que es ley de la ley matar al deseo (o, precisamente, por eso).

Una muestra elocuente del desamparo de las denominadas ┤ciencias de la comunicaci█n¬ en lo que hace a sus demandas de legitimaci█n disciplinar o cient╠fica es su marginaci█n de la nomenclatura confeccionada por la UNESCO para clasificar y organizar los ┤campos de las ciencias y las tecnolog╠as¬. Dicha nomenclatura, conocida con el nombre de ┤c█digo UNESCO¬, es la que se emplea hace casi tres d╚cadas para presentar proyectos de investigaci█n o tesis doctorales ante instituciones acad╚micas de todo el mundo, y consiste en un sistema de codificaci█n por pares de d╠gitos, que responde a tres niveles de descripci█n: el primer par designa a un campo del conocimiento (esto es, a un conjunto de disciplinas o un Ěrea amplia de intereses); el segundo par, a una especialidad de la ciencia o la t╚cnica relativa a uno de los campos anteriores (es decir, a una disciplina propiamente dicha), y el tercero, a una subdisciplina (una subespecialidad de la categor╠a anterior). El hecho es que, aunque nadie pareciera dudar de la importancia de la comunicaci█n o los mass media en la construcci█n misma de lo social contemporĚneo, el c█digo no reserva serie alguna de d╠gitos para su estudio especializado, lo que obliga a los investigadores de ese territorio negado a identificar su trabajo con el ejecutado en otro s╠ reconocido, vecino al propio pero jamĚs equivalente. Por ejemplo, una investigaci█n dedicada a la comunicaci█n audiovisual en general y a la narrativa f╠lmica en particular deberĚ seĎalarse con el n˙mero 620301, donde el primer par remite a las ┤Ciencias de las Artes y las Letras¬, el segundo a la ┤Teor╠a y AnĚlisis de las Bellas Artes¬ y el tercero a la cinematograf╠a, subespecialidad que se reitera en el campo de la f╠sica, bajo el dominio de la █ptica, con el n˙mero 220902 (es posible imaginar las consecuencias que una confusi█n en la elecci█n de la categor╠a acarrear╠a para un investigador despistado). Algo similar ocurrir╠a con un trabajo que se propusiera abordar los efectos de la comunicaci█n publicitaria en las audiencias (ya que la publicidad se integra tanto al campo de las ciencias econ█micas, dentro de la disciplina ┤Organizaci█n y Direcci█n de Empresas , comoáal de la psicolog╠a, subordinĚndose a la ┤Psicolog╠a Social¬) o con un anĚlisis de las funciones de las relaciones p˙blicas en el Ěmbito pol╠tico (estudio para el cual habr╠a que buscar refugio en las ciencias pol╠ticas o en la sociolog╠a, por simple aproximaci█n, pues las relaciones p˙blicas ni siquiera son mencionadas en el c█digo). En su a, el destino de cualquier proyecto de investigaci█n vinculado con la esfera de lo comunicacional, a causa de la omisi█n de la is a, supone una pertinencia err█nea o por lo menos equ╠- voca, lo que pone en riesgo su evaluaci█n.

Una ponencia expuesta hace pocos aĎos en las V Jornadas Internacionales de J█venes Investigadores en Comunicaci█n (Valencia, 1999) resu e del siguiente modo el malestar de los nuevos y relegados especialistas: ┤Los medios de comunicaci█n o no existen para los dirigentes de la UNESCO, o no constituyen ning˙n inter╚s cient╠fico o social, ya sea porque se considere que su objeto no es digno de ser estudiado o porque el nivel que han alcanzado sus investigaciones es deficiente. No creemos que sea as╠ [...]. En el fondo no se considera a las Ciencias de la Comunicaci█n [...] en su carĚcter cient╠fico y no se valora su aportaci█n, con ser ucha, a la cultura¬ (Garc╠a, 2000: 02).

No basta, en casos como los referidos, reclamar la revisi█n o la actualizaci█n de los criterios de cientificidad de las instituciones que regulan el flujo del conocimiento acusĚndolas de arbitrarias, porque la arbitrariedad es un rasgo propio de la autoridad; es la aceptaci█n de esa autoridad por parte de las comunidades de investigadores lo que fuerza el conflicto. Como se habrĚ observado en la ˙lti a cita, los detentatarios de la autoridad o el poder (los ┤dirigentes¬) pueden ser cuestionados, pero no la autoridad y el poder is os de los organismos hegem█nicos, pues ellos son percibidos co o instancias de legitimaci█n. Y en este punto se define el verdadero rival del deseo.

El juego, entonces, tiene lugar en el propio sujeto de las posibles o inciertas ciencias de la comunicaci█n: entre el deseo de cientificidad que insiste y la percepci█n de la legitimidad que consiste y no consiente, porque si consintiera, el deseo dejar╠a de serlo, y el sujeto de esas ciencias perder╠a, tal vez, su ˙nica promesa en pie.


Estudios comunicacionales y cientificidad: Entre el deseo y la legitimaciˇn. fue publicado de la página 23 a página25 en Reflexiˇn AcadÚmica en Dise˝o y Comunicaciˇn N║ IV

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