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El juego teatral: Tiempo, espacio y futurización.

Dozo, Dardo; Kricun, Claudia [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IV

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IV

XI Jornadas de Reflexión Académica febrero 2003: "En [desde] el aula"

Año IV, Vol. 4, Febrero 2003, Buenos Aires, Argentina | 124 páginas

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Cuando hablamos de juego, lo primero que supone esa palabra es algo intranscendente, algo con escaso valor dentro del plano profesional.

Tal vez suceda esto por el poco valor que le damos en la vida al juego ya que con el correr de los aÒos la sociedad nos ìenseÒaî que lo apropiado es conducirnos con el ceÒo fruncido teniendo como innegables trofeos la mayor cantidad de sacrificios y postergaciÛn de placeres.

Obviamente que el mundo, lo que acontece en Èl, es lo suficientemente tr·gico como para hacer que nuestro ceÒo se frunza de horror. Pero no por ello debemos enarbolar la desesperanza como signo de nuestra existencia.

El juego produce un aligeramiento de lo real dado que establece la distancia l˙dica entre lo imaginario y lo real.

Cuando hablamos de Arte Dram·tico (no estamos hablando de Arte Tr·gico...) el juego es uno de los elementos indispensables para la acciÛn teatral. El actor recurre a la personificaciÛn como ejercicio de la m·scara. Dispone de la representaciÛn para utilizar un disfraz y luego otro; eso le permite al actor un, permanentemente, abrir al futuro. He aquÌ el recurso temporal del actor.

Los disfraces implican transformaciÛn. Exactamente igual que hacÌamos cuando Èramos niÒos, cuando, gracias al disfraz, podÌamos pasar de personificar a un ser inanimado, a otro viviente. Pasar de lo real a lo virtual casi como por arte de magia. La personificaciÛn es un recurso de la expresiÛn.

Es allÌ donde la ficciÛn se hace presente para convertirse en el ca po de acciÛn donde el actor logre realizar ese acto ante los ojos del espectador. Y lo hace jugando a ´ser....ª. Juego en donde las reglas deben ser claras y precisas para poder alimentar la fantasÌa en el espectador y salir airoso de haberse permitido jugar delante de los dem·s.

El juego del niÒo (de nuestro niÒo) aunque es similar no es igual. He aquÌ la gran diferencia. El actor es un adulto que debe volver a entrenar su jugar ´como cuandoª era un niÒo. Y para ello debe entrenarse con una alta disciplina afinando su instrumento para que suene co o deba sonar en el momento de la representaciÛn. Todo ello para generar el espacio escÈnico, ese lugar que nos permite viajar sin trasladarnos, fÌsicamente, a ning˙n lugar. Escenario que el actor genera con su acciÛn dado que puede estar en cualquier lugar. Un si ple ´lugarª puede ser un escenario. No hace falta m·s nada que el actor con su juego ficcional. Ni nada menos.

El espacio escÈnico ofrece la posibilidad de trastocar el tiempo y el espacio. Presente y lugar real se ven transformados gracias al juego teatral, ese juego que cuestiona el presente dado que logra la apertura del individuo hacia su futuro. El juego cuestiona al presente y nos pone frente a la alegrÌa que Èste produce.

El teatro, to ando el aspecto l˙dico del mismo como uno de los pilares de nuestra disciplina artÌstica, convierte a la espera angustiosa en una futurizaciÛn; Èsta ˙ltima ligada estrechamente con el acto del juego. La futurizaciÛn es el meollo del juego, lo que se abre no es a enazante. Y estamos hablando de un abrir, de un punto de fuga que nos salva del encierro, del espacio cerrado de la angustia.

Cuando el niÒo juega establece el ´como si...ª. Ese cÛmo sÌ que el actor le propone al espectador para que tambiÈn, Èste, se anime a jugar con Èl. Y entonces ambos juegan al ´como si...ª, a establecer una ilusiÛn, un estadio de figuraciÛn que establece un viaje del otro hacia el otro en ese jugar. Y es en el juego donde el recurso del hu or per ite un distanciamiento de lo nefasto, de lo tr·gico. Vale recordar a Freud y citar al reo que es llevado a la horca un lunes por la aÒana y dice: ´Linda forma de comenzar la semana...ª; o a la niÒa que le dice a su padre ´no me hables, soy el pato uerto...ª. La uerte misma es aliviada gracias al juego y al huor que lleva i plÌcito en sus entraÒas. Gracias al juego la muerte is a no entra amenazante por una gran puerta para instalarse, sino que entra en pequeÒas dosis para ser m·s llevadera (o en dosis ho eop·ticas citando a la Licenciada Cristina Marrone).

AsÌ el espectador puede presenciar el juego teatral acerc·ndose y distanci·ndose casi al mismo tiempo del hecho teatral. 

El aburri iento concierne al presente. 

Por eso el juego abre al futuro, es el artificio para que la vida ´sea abiertaª. 

Lleva os al espectador a otros tiempos, sÛlo en minutos viajaos al pasado, vamos al futuro... 

Sin que se uevan de sus butacas recorremos el mundo, hasta pode os ir ·s all· de Èl...

Y gracias a la futurizaciÛn que le corresponde al juego la fantasÌa desde lo l˙dico distancia la angustia que pueda generarse en el espectador; a˙n ´poniendoª la angustia delante de Èl. Es un juego...

Ahora bien, viendo estos aspectos del juego: podemos pensar en Èl como algo intrascendente, como algo con poco valor para la vida. Y cuando hablamos del juego profesional del actor debemos centrarnos en la disciplina que presupone el poder jugar en p˙blico. SÛlo pensemos si el niÒo, tan acostumbrado a jugar, logra hacerlo libre y relajado cuando es observado por ´el otroª. 

El actor se prepara para jugar. Para ser un jugador profesional de la ficciÛn

Imaginemos algo que sucede a diario con el actor: un adulto que juega delante de la atenta mirada del director para llevar adelante el juego que Èste le indica. Seres adultos jugando con la rigurosidad que implica una profesiÛn determinada. Y dentro de ese marco de rigor profesional, el juego danzando por todo el espacio. Seduciendo, provocando la ensoÒaciÛn placentera de la creaciÛn artÌstica.

Ahora bien, pensemos que no todos los niÒos (ya que tanto hablamos de ellos) son capaces de disfrazarse, de jugar.

Cuanto menos a˙n los adultos...

Y veamos nuestros cuerpos... en esa reescritura de nuestros orÌgenes. Al fin y al cabo en el cuerpo se nota si faltÛ el juego o no...


El juego teatral: Tiempo, espacio y futurización. fue publicado de la página 46 a página47 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº IV

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