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Actitud y proactividad en el aula.

Andreatta, Carlos [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Desde hace algunos años se viene observando desde la docencia un comportamiento en parte del alumnado en el que se van destacando conductas abúlicas con el agregado de una baja capacidad de interpretación y un bajo nivel de expresión. Si bien todos estos hechos requieren un exhaustivo análisis sobre las metodologías utilizadas para el aprendizaje en sus años de escuela primaria y el colegio secundario, nos detendremos sobre lo actitudinal ya que es sobre lo que se puede trabajar en un corto plazo para lograr un cambio significativo, sin tener que enfrentar la dificultad que presupone un cambio acelerado sobre la posibilidad de mejoras en la expresión y capacidad de interpretación que pueda tener un alumno, ya que es una problemática que conlleva tiempos más amplios. 

Trabajar sobre las actitudes de alumnos y docentes es un trabajo de corto plazo que se puede llevar a cabo desde el ingreso a la universidad. 

La palabra actitud se ha definido de muchas maneras, ninguna de las cuales, sin embargo, difiere gran cosa de lo que el individuo entendería al escucharla o hacer uso de ella. Gordon Allport ha definido actitud como un estado de disposición mental y nerviosa, organizado a través de la experiencia, que ejerce una influencia directa o dinámica sobre la respuesta del individuo a todos los objetos y situaciones con los que está relacionado. 

Bogardus la define como la tendencia favorable o contraria respectivamente a algún factor ambiental que se convierte, por consiguiente en valor positivo o negativo, mientras que Sherif utiliza la palabra para referirse a la parte principal de lo que está socializado en el hombre, lo que hace de las actitudes los constituyentes básicos del ego o yo, como es muy probable que lo sean. Una actitud es, simplemente un concepto empleado por el psicólogo social para explicar, sin referencias complicadas a la psicología individual, por la que no está directamente interesado, lo que sucede entre el estímulo y la respuesta para producir el efecto deseado. 

De esta forma es factible trabajar sobre las disposiciones mentales de los alumnos pero también es importante tener en cuenta que desde la docencia se deben considerar aspectos actitudinales propios que fueron y son moldeados por lo social y que de alguna manera influyen en la relación docente – alumno, y en la relación enseñanza – aprendizaje. Hoy en un contexto sociológico cambiante, dinámico y agresivo la motivación a través de mecanismos que permitan estimular las visiones positivas de los alumnos puede ser factible a través del trabajo sobre valores positivos que tiendan a fortalecer la proactividad, es decir de generar un fortalecimiento de la capacidad de autoconciencia que tiene el ser humano para no moverse solamente en la relación estímulo – respuesta. 

La tarea docente debe moverse en un nuevo sentido ya que los valores percibidos por los alumnos son disímiles fundamentalmente en las carreras de ciencias sociales en donde el mecanismo de elección de estas disciplinas muchas veces no obedecen a el seguimiento de una vocación sino a estímulos publicitarios, de implicaciones sociales o de status. Como se mencionara anteriormente algunos alumnos demuestran poco interés en todo lo concerniente al ámbito académico, pero también se puede agregar que paulatinamente nos encontraremos con conductas aún más complejas en lo que hace al comportamiento áulico, involucrando el seguimiento de consignas, la relación con los docentes y con los compañeros. 

Entonces se abren algunos interrogantes sobre los pasos a seguir, ya que dependerá de la creatividad y de la interrelación de los cuerpos académicos y administrativos para ir sorteando las dificultades con las que seguramente nos encontraremos y a las que rápidamente se les deberá dar respuesta. 

El manejo de las actitudes es posible y no sería difícil pensar en agregar a los programas, trabajos que vayan promoviendo cada vez más el manejo de la proactividad, ya que en el proceso de formación, el conocimiento solamente académico no asegurará el futuro profesional. 

Es de destacar que desde hace poco tiempo algunas empresas han comenzado a dejar de deslumbrarse por un frondoso currículo, dejando paso al contrato de empleados con la actitud apropiada para el puesto. La metodología de elección es rigurosa ya que se pretende que el empleado capte en forma inmediata y asuma la cultura de la empresa, por lo que se elige la perfecta combinación de energía, humor, espíritu de equipo y confianza en si mismos. 

Las universidades por lo tanto tienen la obligación de comenzar a aunar criterios programáticos y de evaluación sobre el concepto actitudinal ya que significará con seguridad un importante aporte al desarrollo de los futuros profesionales.


Actitud y proactividad en el aula. fue publicado de la página 21 a página22 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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