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EL observador profesional

Astorga, Graciela

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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En mis diez años de docencia he podido observar una conducta similar en un porcentaje elevado de los alumnos que cursan las diversas carreras de cine y televisión: no ven cine y no ven televisión. Esto por supuesto, no es un absoluto, pero es una tendencia que siempre me ha impresionado. Si ven televisión, sólo ven lo que les gusta, y si van al cine, hacen lo mismo, agregando algún que otro festival o ciclo de moda. 

Pocos en cada promoción han visto los films de los grandes maestros que sentaron las bases del lenguaje audiovisual, o excelentes películas que se estrenaron cuando ellos tenían 10 años (ayer...) y aún no sabían que algún día elegirían estas carreras. 

Cuando quienes hoy enseñamos estábamos en su lugar, nos convertíamos virtualmente en ratones de cinemateca, buscando toda oportunidad de poder ver cine, todo el cine que pudiéramos ver. Y las opciones no eran muchas... el Cine Club Núcleo, la Cinemateca, el cine Cosmos, el San Martín, el Lorca... todo esto filtrado por los ideales del gobierno de turno... 

Los alumnos de la democracia tienen un mundo de imagen y sonido a su disposición y quizás esto sea parte del problema, se puede ver todo en TV, cine, video, DVD, Internet... por oportunidad y formatos no se pueden quejar. Muchos se aducen falta de tiempo o dinero para ver todo lo que quisieran, pero tienen en sus hogares un aparato con 75 canales que les ofrece múltiples oportunidades de ver una inmensa variedad de programas, series y films de todas las épocas. 

Habiendo planteado el tema a lo largo de los años y con cientos de alumnos, noté que hay un tema crucial que se les escapa y es que se puede aprender tanto estudiando como viendo... 

Esto me llevó a un segundo punto: muchos no tenían los recursos para aprender de lo que veían. Para solucionar esto, hace ya mucho tiempo, elaboré una lista a la manera de un menú de opciones, sobre que cosas a observar cuando se ve cine o TV, algunas conceptuales, otras técnicas, otras casi filosóficas, y muchas conectadas a sus propias emociones frente a la obra que está siendo vista. 

Con esto mejoró mucho el redimiendo de los trabajos de investigación. Al incorporar las preguntas, comenzaron a obtener respuestas, desde allí fueron capaces de elaborar una observación inteligente que es lo que funciona, lo que no, etc. 

Hace más de diez años estudié Programación Neurolingüística. Allí me encontré con una realidad que desconocía por completo. Las personas captamos el mundo a través de tres sistemas de percepción: visual, auditivo y kinestésico. El sistema de uno de mis profesores eran el kinestésico y hablando con él me dí cuenta de algo muy importante: él me contó que a lo largo de los años, y con mucho entrenamiento, había logrado “hacer” imágenes con su mente, visualizar, pero no pasaban de ser manchas, formas y colores. ¡Esto me sorprendió muchísimo! Yo daba por sentado que todo el mundo podía hacer con su mente lo que yo hacía: visualizar lo que quisiera, como quisiera y realizarle a esa imagen tanto cambios como deseara, con la rapidez, nitidez, realidad y perspectiva que deseara. Creí que era condición humana, que todas las mentes funcionaban así, pero con los años y entrevistando más gente, descubrí que no todo el mundo tiene esa capacidad. Los kinestésicos construyen todo ese mundo de imágenes que yo puedo visualizar a través del cuerpo, o sea a través de sensaciones kinestésicas, tienen “imágenes corporales”. Y los auditivos, son capaces de elaborar el equivalente de una imagen en sonidos. 

Mas allá de todas las conclusiones e investigaciones a las que me llevó el hecho descubrí que mis espectadores pertenecían a estos tres grupos, un aprendizaje clave ancló en mi mente: que lo que para mí es obvio, no lo es para los demás, y que el hecho que muchas personas seamos capaces de decodificar una inmensa cantidad de detalles de lo que vemos, no quiere decir que todos puedan sin entrenamiento, realizar la misma calidad de observación. 

Así que comencé a trabajar a partir de este punto con menúes de opciones, disparadores de observación y preguntas, que resultaron de gran utilidad para que muchos alumnos incorporen un modo de ver distinto. 

Curiosamente, a pesar de mi esfuerzo y pasión, los alumnos me escuchaban con mucho respeto y me creían, pero a veces no se convencían tan fácilmente que ver era tan importante como estudiar. Esto sucedió hasta que un compañero de estudios, el director de cine Fabián Bielinsky, me contestó en una clase a la que lo había invitado, una pregunta clave. Fabián fue el director de un excelente cortometraje, tesis de su carrera, que se llamó La Espera, sobre un cuento de Borges. Fue un estupendo trabajo, que se presentó en Cannes y ganó en el festival de Huesca, España, el Danzante de Oro al mejor cortometraje argumental. Esto sucedió en el año 1983. En el año 2001, un suceso cinematográfico sacudió las taquillas y los medios: el estreno de la película Nueve Reinas, dirigida por Fabián. Yo sabia que entre el corto, y un film de un millón de espectador vendido a los grandes estudios de Hollywood, no había ningún otro escalón aparente. Al menos no alguno que dependiera de su criterio y dirección. La carrera de Fabián se había basado en la publicidad, la gran parte como asistente de dirección, y pregunta era evidente: ¿que había entre un corto al final de una cursada y una película que había triunfado en todo el mundo? 

La respuesta fue muy simple: había visto y aprendido de todo lo que había visto en esos años y este conocimiento había sido vital a la hora de escribir y dirigir Nueva Reinas. Esta anécdota me ha resultado absolutamente inspiradora para conmover a mis alumnos, y me ha llevado a elaborar trabajos prácticos basados en esta premisa: el convertirse en observadores profesionales.

Este año sugerí un trabajo que resultó ser muy interesante. Los alumnos debían analizar tres capítulos de una serie en todos sus elementos, hacer una devolución en clase, y poner la atención en un punto: que elementos consideraban ellos que eran la base del éxito, el rating, el seguimiento del público o la fama del programa. Al finalizar todas las exposiciones y analizar las conclusiones, obtuvimos un muy valioso material de estudio; un listado de aquellos elementos que representan el punto de interés o de éxito de un producto televisivo de ficción. Un punto de vista muy interesante para no solo comprender lo que vemos, sino muy útil a la hora del diseño, para incluirlos en nuestros proyectos.

El hecho de introducir en el trabajo del aula, un tiempo y un concepto para brindarles una base para desarrollar una conciencia y una teoría de la observación profesional, ha dado muy buenos resultados.

Las carreras de Diseño, sobre todo las audiovisuales, tienen la enorme ventaja de ofrecer una gran cantidad de información y conocimiento a quien mire y observe con ojos profesionales. Y todo esto tiene una opción a muy bajo costo y sin moverse de su casa...

Basta con encender la tele...


EL observador profesional fue publicado de la página 28 a página29 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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