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La moda a flor de piel. Signos, comunicación y moda. Tatuajes.

Belmes, Débora I. [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Tatuaje, tatoo, son términos que resultan conocidos para los jóvenes hoy. Como práctica proviene de tiempos antiquísimos y de otras tierras, pero cuáles son los elementos que lo hacen tan popular en estos tiempos entre los jóvenes y los no tan jóvenes. ¿Es una moda, es una manera de inscribir una marca propia diferente de la heredada por lo menos en términos simbólicos, puede ser pensada como un intento de marcar un nuevo lugar en el mundo, es una forma de inscribir una nueva pertenencia? 

Las preguntas son muchas pero resulta intrigante que esta práctica se convierta en algo tan popular en una época que se empecina en borrar las marcas del tiempo. Pero el tatuaje como marca, como inscripción es perdurable, indeleble. Surge entonces la pregunta: ¿por qué ahora? 

El término tatuaje encuentra su origen en las islas de la Polinesia y revela cierto vínculo entre el tatuaje y el pensamiento animista. En dichas tierras todo lo que existía estaba animado por los Atuás, es decir los espíritus. Dibujarse (ta) el espíritu sobre el cuerpo mediante un ta-atuás permitía beneficiarse con los favores de ese espíritu, o protegerse de sus castigos. El tatuaje para los primitivos habitantes de tahití era un reflejo cutáneo de un modo de funcionamiento social. 

En este sentido puede señalarse que la inscripción corporal constituye una marca social y cultural que implica la escritura directa de lo colectivo sobre la carne del actor. El tatuaje no es el único tipo de marca que la humanidad ha originado: puede ser un recorte o sustracción (prepucio, clítoris, dientes, dedos, etc.), una deformación (alargamiento del crá- neo, reducción de los pies, alargamiento de lóbulos de las orejas o de los labios, etc.) o también, un agregado (además de los tatuajes, cicatrices, incisiones, etc.). Las inscripciones corporales han implicado funciones diferentes según las sociedades (seducción, jerarquía, status social, condición matrimonial, relaciones de parentesco, etc.) pero fundamentalmente han constituido un modo de afiliación (y por lo tanto de separación) pues integran simbólicamente al hombre dentro de su comunidad, dentro de su clan, a la vez que lo humanizan al ponerlo socialmente en el mundo. Otro aspecto que puede señalarse es que la pertenencia a un tipo de comunidad implicaba también una suerte de sistema clasificatorio donde los vínculos eran concebidos no como la relación entre dos sujetos sino como la relación entre el sujeto y su grupo, originándose vínculos sociales que no implicaban exclusivamente lazos consanguíneos. 

Volviendo a los tatuajes su historia se remonta muy lejos en la historia de la humanidad. 

Las tres grandes religiones monoteístas condenarán toda práctica de ornamentación y modificación voluntaria de la imagen del cuerpo. Pero en el origen de las mismas religiones monoteístas aparece el tatuaje como un signo del poder divino, de castigo y de protección que encontramos en los mismos orígenes del relato bíblico cuando Dios pone un signo sobre la frente de Caín. 

En el siglo XVIII fue el navegante inglés James Cook quien lleva la práctica del tatuaje a Europa y transcribe por primera vez al inglés la palabra tatoo. Con el tiempo el tatuaje fue marca más considerada como estigma: marca de las prostitutas, de los navegantes, de los presos. Incluso los números que los nazis tatuaron en los campos, llamados “de identificación” (paradójicamente intento de borramiento de la subjetividad) implicaron la marca que denotaba y connotaba la marcha hacia la muerte. 

El tatuaje del que hablamos hoy parece diferir, como práctica, de las realizadas hasta el momento. Ya no es una práctica comunitaria (un rito) que implicaba la incorporación del sujeto a la comunidad. Su práctica actual parece surgir de un acto voluntario, individual y privado (rito personal), cuyo movimiento se inicia en el sujeto y desde allí se dirige a los otros, podría pensarse que la traza en la piel se constituye en un grafismo para ser leído colectivamente. De allí la posibilidad (y el deseo) de pertenecer a una comunidad ya sea concreta o virtual. 

Resulta interesante pensar estas prácticas en la época actual donde escasean los puntos de apuntalamiento, y los lazos sociales han sufrido profundas modificaciones, el estado, las instituciones, la familia han ido transformando su lugar y sus funciones: caída de los referentes sociales, corrupción, impunidad, incertidumbre, exclusión, pérdida de la seguridad y la certeza, etc. La incertidumbre actual y el individualismo extremo, fruto de esta sociedad posmoderna han otorgado un lugar especial a la soberanía personal. En este sentido la posibilidad de asociarse a una comunidad, aunque sea virtual (los otros tatuados) pareciera otorgar un plus de sentido a la vida personal. ¿Es el surgimiento de un nuevo tribalismo (en tanto fenómeno urbano)? 

El tatuaje pareciera constituirse como un signo cultural que identifica y diferencia al pequeño grupo o comunidad de la sociedad como cultura general. 

Varios autores señalan que el tatuaje adquiere un significado inmaterial en tanto se constituye en un grafismo a descifrar. Algo que está ahí, irreversible, que atrae la mirada y busca comunicar algo. Es algo que se posee, que se hace carne y busca ser mostrado. 

Volviendo a la pregunta que da origen a estas reflexiones: ¿por qué el tatuaje hoy?, surgen a la luz de diferentes autores distintas cuestiones: 

• Si una de las características de la época actual es una nueva consideración de la noción del tiempo, pasaje que no deje huellas, momento de sustituciones permanentes (órganos, genes, etc.), dejar en la piel marcas duraderas podría implicar la señal de un tiempo fijo que queda allí encriptado y una señal cuyo sentido es desconocido, pero que podría cuestionar lo transitorio y pasajero de la época actual.

• El tatuaje es una intervención sobre la piel, se trata de una inscripción sobre un soporte corporal. El cuerpo hoy implica una nueva relación, es lo que se denomina el cuerpo alter-ego (Le Breton, 1990), el hombre descubre que tiene un cuerpo: es el lugar del bienestar, del parecer, del esfuerzo, del riesgo. El cuerpo se constituye en un factor de individuación, se constituye en un valor y genera por lo tanto nuevas prácticas. El tatuaje podría ser pensado como un modo de posesión de ese cuerpo, como la inscripción de una marca de la cual no puede ser despojada, podría pensarse como anclaje que daría cuenta de cierta desconfianza en el campo de lo simbólico (necesidad de tener muchas marcas duraderas).

• En cuanto a la relación sujeto - sociedad quizás el tatuaje implique la búsqueda también de una marca concreta que asegure la existencia de los propios límites. También surge la pregunta de porqué la necesidad de otra marca, la marca en el orillo, pareciera que las marcas originales no resultan suficientes, o no pueden ser reconocidas y es necesario a través de una inscripción en el límite de la corporalidad definir una pertenencia, un nombre. Aquí valdría la pena relacionar que sucede hoy con los agentes primarios (familia, instituciones, etc.) encargados de custodiar el pasaje de los jóvenes hacia la adultez, en tanto revelan dificultades en el sostén y hasta cierta ineficacia en el cumplimiento de sus funciones.

Pero la pregunta sigue en pie. Rescato por ello, la posibilidad de reflexionar sobre una práctica que, en tanto moda y en tanto signo o como algunos autores señalan, en tanto comunicación, permita pensar en múltiples sentidos que acarrea. A su vez, pensar sobre las nuevas significaciones que produce esta práctica, focalizarla como una instancia que nos rescata del vaciamiento de sentido, operación ésta que amenaza con alienar nuestra existencia.


La moda a flor de piel. Signos, comunicación y moda. Tatuajes. fue publicado de la página 34 a página35 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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