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Enseñar para que se aprenda

Ferraris, Andrea

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Enseñar es lo que una persona hace para ayudar a otra a aprender. Es la reunión de dos o más personas cuando la intención de por lo menos una de ellas es que las demás, como resultado de ese encuentro, sepan más. Aprender es lograr, como resultado de ese encuentro, haber adquirido conocimientos nuevos.

Es imprescindible saber en qué consiste y cómo se produce el aprendizaje, si no, se tiene las mismas posibilidades de favorecerlo como de obstaculizarlo.

Hasta el agua tarda en ser digerida

Al enseñar a otra persona a hacer algo, o al explicarle una idea, lo que se está haciendo es sugerirle una solución. Para que la demostración, la instrucción o la explicación “eche raíces” tienen que integrarse en el esquema de las cosas que tiene quien está aprendiendo. Este proceso requiere tiempo. Enseñar no es programar una computadora, no consiste en introducir un disco en el cerebro de una persona.

En el aprendizaje, la asimilación tiene que producirse siempre entre la ingestión y la constitución. Si el que está enseñando no tiene esto en cuenta, se impacientará. El jardinero impaciente, que “tira” de las plantas jóvenes para que crezcan más deprisa, tiene más posibilidades de arrancarlas que de acelerar su crecimiento.

Se puede llevar a un caballo hasta la fuente, pero no se le puede obligar a beber

La enseñanza no produce aprendizaje, como la horticultura no produce plantas. Un jardinero no puede lograr que agarre un injerto; ni un profesor que el alumno asimile nuevos conocimientos y habilidades. La enseñanza no es como la carpintería, el carpintero puede hacer la ensambladura que desea con la única limitación de su habilidad e ingenio ya que trabaja con materiales muertos. Pero quien enseña, como el jardinero, trabaja con materiales vivos. No basta con poner el injerto en la tierra, tiene que echar raíces, igual que el conocimiento.

Enseñar es como hacer un injerto y que hacerlo es un proceso lento y sutil, que requiere preocuparse mucho de la planta y que no se puede forzar. Si esto no es comprendido, la enseñanza se transforma en un “injerto difícil” que necesitará muchos esfuerzos y que servirá para atribuir culpas de modo erróneo. “¡Malditos árboles!, no dejo de cuidar esta ramita lo mejor que puedo y, sin embargo, insiste en morirse. La semana pasada parecía que habían comprendido, pero esta semana no hay nada que hacer. ¡Qué árboles tan vagos!”.

No se puede aprender aquello para lo que no se está preparado

Ciertas ideas y habilidades presuponen otras, y si éstas no se han adquirido, es imposible comprender y asimilar ideas más complejas. No sirve para nada tener una escalera de treinta peldaños, si faltan los ocho primeros. Un problema importante consiste en saber para qué está preparado el alumno. Se debe intentar averiguar la competencia del alumno, deduciéndola a partir de lo que está preparado para aprender, de lo que es capaz de aprender, no necesariamente de lo que quiere aprender.

La alternativa consiste en tener una idea de qué y cómo se va a ir enseñando, y modificar esto según la respuesta del alumno. El interés del alumno indica claramente su preparación para aprender la enseñanza que se le está proporcionando. Si la vive como un desafío, es que está preparado, lo que a su vez convierte la enseñanza en un trabajo estimulante y divertido. El aprendizaje es básicamente un desarrollo, no una acumulación, y siempre tiene que surgir de lo que se conoce y volver a ello.

Las personas aprenden antes lo que necesitan con más urgencia y lo que quieren saber

No se aprende nada que no esté relacionado, aunque sea de modo muy lejano, con la satisfacción de una necesidad o un deseo. El aprendizaje es la búsqueda de una respuesta para una pregunta que nos interesa.

La razón más probable de que el caballo no beba es que no tenga sed. Sin embargo, a un caballo que no tenga sed se le puede motivar para que beba, recompensándolo cada vez que lo haga, entonces tendrá un problema que resolver: “¿Cómo lograr la recompensa?”. Si la respuesta es “bebiendo”, aprenderá a beber. Es decir, se puede enseñar algo que no se quiera aprender uniendo el aprendizaje a una recompensa que se desee. Que funcione y por cuanto tiempo lo haga dependerá del variable equilibrio de las necesidades del que aprende.

El alumno trabajará para obtener la recompensa, si la desea, pero es poco probable que se interese por el profesor o el aprendizaje, excepto en el sentido de que son el medio de obtener un fin determinado. Sólo buscará el conocimiento que está adquiriendo mientras le proporcione la recompensa. Cuando el alumno experimenta un desafío se lo puede alentar y presionar, se puede estimular y fomentar su aprendizaje.

También es importante conocer las señales, las personas que están aprendiendo desarrollan respuestas distintas ante este tipo de situaciones, respuestas que hay que decodificar. Cuando un alumno no quiere seguir, lo mejor que puede hacer el profesor es dejarle en paz un rato.

El alumno puede ceder su responsabilidad al profesor, pero no se la puede regalar

Cuando alguien quiere que le enseñen, le está diciendo al profesor: “Quiero obtener parte del conocimiento, la capacidad o las cualidades que tienes y te voy a ceder temporalmente la responsabilidad de decidir qué tengo que estudiar, dónde, cuándo, cómo, con qué frecuencia y en qué orden hacerlo, porque confío en que de esta manera aprenderé mejor”. Esta es la naturaleza del contrato de enseñanzaaprendizaje cuando el alumno lo acepta voluntariamente.

Si el profesor no comprende que su poder es sólo prestado, que se requieren sus servicios para que la autonomía y la competencia del sujeto aumenten, se hará una idea exagerada de su importancia.

El alumno tiene el derecho y la responsabilidad de decidir cuál es su objetivo y el profesor, si el alumno quiere que le enseñe, los de decidir cuál es el mejor modo de conseguirlo. La enseñanza consiste en facilitar el aprendizaje, no en determinar cuál tiene que ser su objeto, aunque el profesor pueda establecer objetivos secundarios (como tocar escalas) porque sabe que son útiles y necesarios para conseguir el objetivo principal (tocar el piano) que el alumno se ha marcado.

Albert Einstein decía: “El único modo racional de educar es con el ejemplo.” y añadía: “Si no se puede evitar, sea un ejemplo que sirva de advertencia”


Enseñar para que se aprenda fue publicado de la página 85 a página85 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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