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El proceso creativo, sobrevivir a una idea.

Iriarte, Fabián [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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A menudo buscamos la llave que de manera indeclinable nos conduzca a una idea, a menudo el efecto catártico que concibe ese embrión está relacionado con la conducta, la utilización del tiempo y un mecanismo preciso de coordinación tendiente a ejercer un trámite conciliador entre la memoria y la experiencia personal.

A pesar de los tiempos inviolables que la vida profesional se empecina en recordarnos, el elemento creativo no abandona su tiempo personal y en cuanto la tendencia es llevar todo hacia un autoritario modo de llegar al objetivo, la inspiración se quedará en los umbrales de lo imposible entre la desesperación y el desconcierto. Si la inspiración es forzada a aparecer espontáneamente en tiempo y lugar que nos conviene estamos cerca del derrumbe creativo.

La inspiración es, en todo caso, un ejercicio simbiótico, la suma de incentivos creativos, llegará sólo cuando un concepto haga digestión y tenga en claro que ha sobrevivido a un tempo mental que le ha dado la oportunidad de existir.

En cuanto una idea aflora a la superficie mandamos el intelecto a recogerla. En realidad encontrar los recursos para incitar la idea a salir la superficie es el menor de los problemas, el verdadero depredador es su ciclo evolutivo, un camino que debe transitar hacia el reconocimiento de su potencial, la resistencia y la duda de lo que verdaderamente representa, el marco en que debe desarrollarse y el proceso de evaluación a que debe someterse.

Una idea no se pesa, no se mide, ni se distingue sobre otras por el tiempo en que fue pergeñada. La idea-creativa es causa y efecto. Es el resultado de como se dice algo y la manera como se recibe. En el incubo está la respuesta, la idea debe forjar su pequeño historial mental. Mientras, el talento hace su parte, en tanto y en cuanto lo reconozcamos como el aliado de la voluntad y del compromiso insoslayable con la actitud.

En los cursos dónde el seguimiento individual a veces se dificulta priva entonces la particular participación del núcleo grupal, de los elementos gravitantes de las personalidades que defenderán una idea (en la mayoría de los casos) remitida por un componente, evaluada por el resto, aceptada por algunos y puesta a prueba por otros. En el desarrollo comienza entonces el ciclo de la producción donde generalmente la idea debe transitar el arduo camino de cambios y mutaciones sin que por ello comprometa su premisa original.

Se convierte entonces en un proyecto que necesita sumar talentos. La intrusión de un equipo ejecutor que toma para sí la responsabilidad de cristalizar el proyecto, debe estar conciente que la tarea es caminar por una cornisa acechada por un ventarrón. El recurso es alcanzar un refugio donde uno pueda descansar por un breve tiempo y aprovechar para reflexionar. La idea-proyecto ya no es aquella íntima compañera que luchaba una desigual y descarnada pulseada mental mientras se llevaba consigo gran parte del tiempo, ahora debe involucrar ejecutores, va camino a probarse, tiene representantes que a veces la hacen propia, pide a gritos que la coordinen y en general no soporta los embates de egos en ascensión dislocada. Es por eso, que la verdadera exigencia está en que los ejecutantes se equilibren en el mismo pedestal de compromiso hasta conciliar esa inevitable comunión de talentos necesarios para que un buen relato se convierta en una película.

Si la idea-proyecto ya es una historia y esa historia confluye en una película y está dotada de personajes que viven circunstancias que lo llevan a resolver los obstáculos, basándose en sus principios, sufriendo transformaciones físicas y espirituales y asumiendo con estoicismo o no el futuro, entonces, se inaugura aquel tiempo y espacio ilusorio por donde transitará la historia y propiciará, en el mejor de los casos, la comunidad de emociones. El mismo camino, la misma experiencia, la misma reflexión cabe para el equipo destinado a defender, con el arte de la expresión, el resultado del compromiso creativo.

Sobrevivir a una idea es en definitiva lo que queda de uno cuando termina de producirla, el romance inicial puede potenciarse o definitivamente corroerse hasta que nos demos una nueva oportunidad. Significa, entonces, volver a transitar el proceso regenerativo de la voluntad mientras se emprende el ciclo conciliatorio entre la memoria y la experiencia.


El proceso creativo, sobrevivir a una idea. fue publicado de la página 98 a página99 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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