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Recuperemos el oficio.

Menéndez, Carlos [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Cuando en 1841 a un norteamericano se le ocurrió producir los avisos de sus anunciantes, por supuesto, no podía haber imaginado nunca como los estamos realizando hoy.

¿Por qué me remonto a aquellas épocas? Simplemente porque me imagino lo que significó poder llevar a cabo aquellas producciones y lo trabajoso que pudo haber resultado producir un aviso. Teniendo en cuenta que hasta no hace mucho, era casi todo manual, a diferencia de hoy que contamos con herramientas como para lograr una mayor perfección, sin negar su absoluta eficiencia, no estoy de acuerdo con la forma de utilizarlas. Me animo a decir que, en muchos casos, la herramienta usa al operador y no el operador a la herramienta. La tecnología no suplantará jamás al gesto creativo, este es imprescindible antes de llegar al proceso tecnológico. Me refiero en especial a la sensibilidad necesaria de todo creativo, sobretodo el gráfico, para, por ejemplo: seleccionar una familia tipográfica, hacer que el espaciado entre letras concuerde con la idea o la estética del aviso, dejar los blancos adecuados, etcétera. En suma, el oficio.

Cuando en otras épocas dibujábamos las letras, las conocíamos profundamente, nos íbamos encariñando con ellas, con su elegancia, con la armonía de sus formas, con los detalles de cada familia. Esto significaba el mejor aprovechamiento estético de las mismas a la hora de diseñar un título o un copy.

De ningún modo pretendo volver al lápiz y a los pinceles, mi deseo es que los nuevos creativos, y particularmente los directores de arte, entiendan que deben usar al ordenador (como lo denominan en España) y no dejarse usar por él.

Nancy Rice, directora de arte norteamericana, dijo: «Creo que el Director de Arte debe pasar una cantidad razonable de tiempo pensando cómo obtener una idea, antes que gastar un montón de tiempo con la computadora. Si no podés plasmarlo con un lápiz 2B probablemente no sea una buena idea.»

Por la década del ‘70 un gran director de arte primero y luego magnífico director creativo, incrustó, sí incrustó el acento dentro de la letra, eso fue un rasgo creativo de personalidad y audacia, recurso muy válido por cierto, para lograr el efecto y la estética deseados.

La tecnología pone a disposición de los directores de artes elementos ya construidos que les impiden intervenir con su propio estilo o aporte. El hecho de que las tipografías –por ejemplo- ya estén incluidas en el programa, que no se necesite dibujarlas o pegarlas, impone una distancia que si no se rompe, reduce la iniciativa personal. Escribimos un texto y lo aplicamos como el programa lo determina, sin saber que podemos intervenir más allá de esa determinación, tocar, romper, subir, bajar, agrandar. Si el programa hace las cosas de una manera eso no significa que no se puedan crear maneras nuevas de hacerlo. Eso es justamente lo que sucedió en el caso del acento incrustado.

Hace tiempo en general los redactores provenían del periodismo y los directores de arte de la Academia de Bellas Artes, así se fueron formando en el oficio. Aquel director de arte podía plantar un story board, un pack de producto o un título con solvencia. No es necesario volver a la Academia de Bellas Artes para ser director de arte, pero sí deberíamos formar exhaustivamente a tales creativos.

Trabajar cómodos, tal lo que la tecnología nos permite, debiera servirnos para intentar nuevas cosas, para crear más y no para conformarnos con lo que ya está hecho. Ahí es donde cada director de arte debe tener la suficiente lucidez, para aprovechar al máximo las posibilidades de sus herramientas y las de su mente. Tratando de establecer un paralelo, imaginemos que al inventarse la fotografía todos los fotógrafos se hubiesen conformado con la forma en que la luz fue captada por la cámara y no se hubiesen permitido crear sus propias luces, como desde siempre hicieron los pintores. Pero un día, alguien decidió cerrar un poco el diafragma, o exponer un poco más a la hora de revelar, y lo que estaba determinado por la cámara fue cambiado por la creatividad personal. Esa misma libertad, esa misma curiosidad por modificar lo que nos viene dado es el oficio que proponemos recuperar.


Recuperemos el oficio. fue publicado de la página 126 a página126 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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