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Dualidades del diseño. Contradicciones necesarias

Rangone, Mariana

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Desde su creación, la carrera de Diseño Gráfico y la figura del diseñador, han ido adaptándose como cualquier otra práctica profesional a los cambios culturales y a las exigencias del mercado. Pero en los últimos tiempos, estos cambios han hecho que esta práctica esté signada por una serie de contradicciones que vienen dándose en forma creciente. Intentaremos reflexionar sobre algunas de ellas tomando algunos casos seleccionados arbitrariamente.

La primera dualidad se presenta en la forma de percibir la tarea del diseñador. Por un lado, el diseñador es considerado casi como un héroe creativo, un ser inspirado frente a la hoja en blanco o frente al monitor, que ante una explosión de intuición y originalidad desmedida, es capaz de lograr resultados sorprendentes que rozan las prácticas artísticas. Este mito popular que ha acompañado por muchos años a diseñadores, y del que muchos se han sentido orgullosos, no es más que un ingrediente (a veces muy escueto) del proceso creativo. El diseñador debe ser, sin duda, un ser inquieto, curioso, que no tema experimentar, con ojos ávidos de encuadres, recoletor de signos, generador de climas. Sin embargo, el diseño gráfico se presenta como una disciplina absolutamente proyectual, en donde la palabra “proceso” juega un papel fundamental. Una práctica que implica relevamiento responsable, investigación creativa, corrección, revisión y verificación, entre otras operaciones sistemáticas. Un proceso en el que las decisiones de diseño no pasan sólo por una adecuada elección cromática, sino también por decisiones estratégicas, de gestión, comunicación, marketing y producción.

Quedarse fuera de estas cuestiones nos excluye del mercado, o al menos de una porción importante del mismo. Y quedarnos sólo en estas cuestiones, nos convierte en prisioneros de un sistema donde las miradas se unifican, los criterios se superponen y la diferenciación se desvanece.

Otra dualidad que presenta el diseño, en torno a la metodología de enseñanza dentro del ámbito universitario, es la tensión que existe entre teoría y práctica. Sabemos que el aprendizaje del diseño se construye en el taller, en la práctica. Sin embargo, si desde el aula tan sólo transmitiéramos procedimientos y formas de ejecución, nuestros graduados serían “técnicos”. Sin duda muchos de los ingresantes a la carrera de Diseño se sienten atraidos por estos aires prácticos y se alarman desconcertados ante la inesperada noticia de que deben comprender, analizar y cuestionar teorías, realizar lecturas críticas, redactar informes, formular argumentaciones, generar estrategias de comunicación.

¿Por qué los futuros diseñadores que levantan la bandera de la originalidad y la creatividad utilizan el recurso del copypaste a la hora de plasmar sus propias reflexiones? ¿Por qué encontramos cada vez más en los alumnos ingresantes el fenómeno de lo que en lingüística se conoce con el nombre de hibridación, es decir, cuando la “voz” propia y la de los autores consultados se confunden? ¿Por qué cada vez más los ingresantes consideran incompatible la teoría con la práctica? Una posible (y fácil) respuesta, son las enormes falencias de nuestro sistema educativo medio. Es un hecho que en la Argentina hay un alto grado de iletrismo. La escolaridad básica no nos asegura una práctica cotidiana de la lectura, ni el gusto por leer, ni mucho menos el placer por la lectura. Quizá esta sea una de las tantas razones por las que nuestros ingresantes demanden en la práctica una formación técnica. Y esta cuestión nos acerca a una tercera dualidad sobre qué perfil de egresado estamos formando. Hay casas de estudio que ponen énfasis en un perfil de diseñador técnico capaz de dar respuestas concretas a problemas concretos. Otras en cambio, ponen de relieve un perfil de profesional integral, apostando a una mirada proyectual del diseño mucho más amplia. Las acusaciones cruzadas son muchas: egresados que no responden con soluciones concretas y realizables ante el problema planteado por el comitente, desconcierto a la hora de encarar un proyecto real, turbación ante una propuesta diferente a las acostumbradas en la facultad, desconocimiento de algunas áreas, etc.

Tal vez, estas dualidades que acompañan a nuestra práctica sean contradicciones necesarias que en definitiva nos enriquecen. La diversidad, y los diferentes estilos y miradas, hacen que el diseño sea una disciplina dinámica, en constante búsqueda por la innovación y la diferenciación. La reflexión está planteada. Nos posicionamos de un lado, del otro, o intentamos alcanzar el difícil y utópico equilibrio que no ha parecido caracterizar nunca a nuestra carrera.


Dualidades del diseño. Contradicciones necesarias fue publicado de la página 154 a página154 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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