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Evaluación

Rodríguez, Roberto [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

ISSN: 1668-1673

XII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2004: "Procesos y Productos. Experiencias Pedagógicas en Diseño y Comunicación"

Año V, Vol. 5, Febrero 2004, Buenos Aires, Argentina | 214 páginas

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Como concepto didáctico, la evaluación se ha restringido para algunos educadores e investigadores al proceso de medida del éxito de la enseñanza; el rendimiento académico observable y mensurable, acepta ser evaluado y examinado. La búsqueda de la objetividad evaluativa, el método hipoté- tico-deductivo, la cuantificación de las observaciones, la aplicación de diseños estructurados y poco flexibles, el acento sobre los resultados de la enseñanza, una visión longitudinal que no acepta variables o imprevisiones, constituyen los rasgos del paradigma positivista. 

Sin dudas un paradigma restrictivo genera y promueve el desarrollo de modelos opuestos. 

La asepcia del control de resultados a partir de objetivos preestablecidos observables y cuantificables impide el intercambio, la evolución y el enriquecimiento de un sistema abierto. Estos sistemas, sin dejar de lado los efectos a corto plazo previsibles o previstos en el programa, toman en cuenta los efectos secundarios y a largo plazo. A las conductas, habilidades y conocimientos observables se les suman los procesos de pensamiento, capacidades complejas de investigación y el análisis y la interpretación. 

Este paradigma no pretende abandonar o demonizar el método cuantitativo, por el contrario, los postulados cualitativos impulsan un cambio en el énfasis: del producto al proceso. Los métodos cualitativos proporcionan información relevante para la formulación y reformulación de la práctica educativa y promueven procesos plurales y democráticos. 

La evaluación centrada en el proceso requiere el registro permanente de los sucesos, su progreso y la indagación e interpretación de cada situación y de los intereses y aspiraciones de quienes en ella interactúan. 

Esta interpretación proporciona información a cada uno de los participantes, permite actuar en consecuencia y constituye un instrumento que habilita el contraste y la reformulación de las actuaciones de cada uno de los protagonistas. La evaluación educativa requiere en la actualidad un postura integradora de ambos paradigmas, en la que fundamentalmente se moderen las posiciones radicales y se evidencie una mayor apertura de criterios. El debate no gira en torno a la legitimidad sino a cuestiones de compatibilidad o incompatibilidad. Actualmente existe una tendencia a resaltar, cada vez más, la complementareidad metodológica. 

Para Pérez Gómez (1989) más que medir, la evaluación implica entender y valorar. Stenhouse (1984) sostiene que para evaluar hay que comprender y Elliot (1992) acompa- ñando esta línea de pensamiento, sostiene que al evaluar se persigue la comprensión rigurosa de la práctica profesional, de su sentido, de su significado y en definitiva, de su valor educativo. 

En la práctica, la evaluación está muy marcada por la corrección de lo que el profesor considera equivocado, erróneo, no acorde a lo solicitado, etc. El lenguaje inclusive revela la actitud predominante de “corregir” (del latín corrigere, que significa enmendar lo errado). Se señalan las debilidades y muy pocas veces las fortalezas. Una evaluación rigurosa requiere un tratamiento holístico de la situación. El desequilibrio de la perspectiva hace que el profesor esté mucho más atento al error que a los aciertos y que señale y describa problemas y deficiencias más que resalte valores y logros. Muchas veces una evaluación cuantitativa y objetiva aparenta un rigor que tranquiliza al destinatario pero que anula las preguntas más profundas relacionadas con el cómo se aprende, cómo se relaciona lo aprendido, cómo se insertan los nuevos conocimientos en los supuestamente adquiridos, para qué sirve lo aprendido, etc. 

La evaluación planteada en profundidad es un proceso complejo que requiere de una segunda instancia: la metaevaluación. La evaluación de los alumnos es un sistema de metaevaluación de la actividad del profesor. 

Evaluación... metaevaluación cobran sentido si el alumno participa activamente en el conocimiento de los procesos y los resultados, si la información obtenida es utilizada para tomar conciencia, revisar y mejorar su propio aprendizaje. Evaluación... metaevaluación y autoevaluación son conceptos indisociables. La evaluación es entonces la reflexión transformada en acción. Acción esta que impulsa hacia nuevas reflexiones. Reflexión permanente del profesor sobre su realidad, y acompañamiento paso a paso del alumno en su camino de construcción del conocimiento. Reflexión sobre las problematizaciones y propuestas iniciales, así como los procesos realizados y los logros alcanzados previstos o no previstos. La evaluación constituye un proceso interactivo a través del cual profesores y alumnos aprenden sobre sí mismos, descubren relaciones y fundamentan decisiones.


Evaluación fue publicado de la página 162 a página163 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº V

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