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Reflexión y acción: Dos caras del proceso de investigación.

Gómez Kodela, Marcela [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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«Para tener fe en el propio camino no hace falta mostrar que el camino del otro está equivocado».

Profesionales reflexivos fue la consigna pedagógica de trabajo para el año 2004. 

Como es habitual, es necesario que todo ciclo culmine debidamente elaborado con un cierre, siendo este el broche final de la ardua y constante tarea realizada durante la cursada. 

¿En qué consiste ser un profesional reflexivo? Fue la pregunta guía de para despuntar de alguna manera las pistas sobre el camino a seguir, ya que, según desde dónde se enunciara la respuesta, las significaciones variaban (permítase la redundancia) de manera significativa. 

Un sondeo de entrecasa realizado a los alumnos, me mostró que el concepto o idea de lo que significaba ser un profesional, implicaba de por sí, contradicciones y se prestó a debate en cada lugar en donde la temática fue tratada. No menos polémico resultó el término « reflexionar». Fue entonces que, con mi suerte echada, procedí a abocarme a la búsqueda personal y a la escucha atenta de aquellos a quienes debía la motivación de mi trabajo: futuros profesionales. 

¿Cómo se puede estimular a los alumnos hacia una actitud reflexiva? 

Comencemos por indagar la definición del verbo reflexionar. El diccionario dice: «considerar detenidamente, pensar, contemplar, hacer una composición de lugar, deliberar, meditar, tener cuidado, tener en cuenta, examinar.» 

Todos los sinónimos apuntan a la indagación cuidadosa y a la mirada atenta del análisis. 

Pero si buscamos por el adjetivo, nos encontramos con un sutil giro que nos proporciona claridad sobre aquello que queremos lograr con nuestros alumnos a través del trabajo cotidiano en el aula. 

«Reflexivo: que refleja, que obra o habla con reflexión, (gram.) verbo cuya acción recae en la misma persona que la produce.» 

En física, la reflexión constituye un «cambio en la dirección de una onda, originado por el choque contra un obstáculo». Es decir, reflexión desde sus dos acepciones, la de pensar o la de reflejar, sencillamente se adecua a lo que estamos queriendo tomar como paradigma de los procesos de pensamiento y aprendizaje en el ámbito universitario. 

El proceso de investigación no hace más que reforzar estos conceptos desde el ejercicio obligado de originar preguntas y la aplicación de la metodología con la que intenta encaminar la búsqueda de las posibles respuestas a las mismas. Por un lado, todo proceso de investigación requiere de un trabajo reflexivo, contemplativo y de examinación de la realidad como de inevitables cuestionamientos devenidos a partir de este mismo proceso. 

Por otra parte, sabemos que la mayoría de las veces, nuestras más entusiastas ideas colisionan contra esa misma realidad, confrontando nuestras estructuras de pensamiento, en ocasiones en forma dolorosa. Entra aquí en juego la segunda acepción de la reflexión, en tanto que un proceso de investigación, correctamente guiado y apuntalado, resulta la herramienta más confiable como recurso, a la hora de tener que «chocar» con los obstáculos y cambiar la dirección a fin de encontrar nuevas alternativas o caminos para sortearlos con éxito. 

De esta manera, a partir de la práctica sostenida sobre ese campo en el que el alumno se proyecta como futuro profesional, se desarrollan en forma gradual y paulatina, las competencias necesarias para su efectivo desempeño del rol. 

Entendemos por competencia a la combinación estructurada de un conjunto de conocimientos y habilidades. Ahora bien, muchas veces nos encontramos con alumnos que a simple vista, parecerían estar desinteresados o poco comprometidos con la cursada o adquirir nuevos conocimientos. Se cuestionan poco y participan aún menos a la hora de reflexionar sobre algún acontecimiento o tarea realizada por ellos mismos. 

La experiencia logró corroborarme, que en general esto sucede porque se hallan inhibidos en su capacidad de comprender debido a temores o falta de autoconfianza. De repente, y sin ningún tipo de desencadenante visible, se despliegan hacia la mitad del cuatrimestre con una profundidad y una motivación intensa. ¿Qué ha sucedido? 

Lo más importante es proporcionarle al estudiante un sentimiento de confianza, dejándolo que trabaje a su propio ritmo, y que llegue a dominar los procesos más sencillos para luego, a partir de los distintos intentos de planteamiento y replanteamiento de los problemas, pueda enfrentarse a los procesos más complejos y de reflexión. 

Es fundamental la importancia que tiene el interés o motivación en este campo. Las diversas operaciones involucradas en el proceso de reflexión, requieren de distintos procesos mentales, algunos de orden intelectual y otros de tipo más cotidianos y prácticos. La sed de comprensión va siempre más allá de las inhibiciones y las supera, en tanto todo individuo necesita conocer y dominar parte del mundo que lo rodea para sentirse seguro. El ansia por entender, aplicar o reconocer las cosas que les interesan tiene su efecto en los alumnos aunque a veces los docentes no atinemos a verla. 

Asimismo, es necesario incentivar al alumno a «cultivar su imaginación», a ejercitar con «brainstormig» de ideas, por más ridículas e imposibles que parezcan, para luego ponerlas a prueba y confrontar sus posibilidades en la realidad. 

Otro factor de relevancia en este camino, tiene que ver con la libertad plena para hablar, decir lo que piensan, formular toda clase de preguntas y discutir entre ellos y con el mismo docente. El proceso de intercambio es fundamental en este aprendizaje. 

Sin lugar a dudas, la expresión y comunicación favorece la puesta en marcha de los pensamientos reflexivos y la focalización del interés sobre el mundo exterior. 

Para poder apreciar el significado de las distintas formas que se presentan en la realidad, no basta con la explicación de los conceptos que nos pueden permitir abordarla, se requiere de cierta comprensión de los distintos anudamientos sucesivos de cada fenómeno con la experiencia, de la curiosidad intensa que indague e interrogue los cómo, los por qué y los contextos de todo aquello que constituye el propio campo en el que el alumno se insertará como profesional. En síntesis, lo que estos alumnos requieren como combustible generador del proceso reflexivo es la actividad, ya que son los intereses reales y las experiencias diarias de los estudiantes las que nos ofrecen el camino regio para el desarrollo de la reflexión. 

No debemos olvidar el sentido de la función que tiene la universidad como lugar donde los jóvenes aprenden, no sólo sobre los contenidos del programa de estudio de estudio, sino que también aprende a vivir, en tanto es la universidad la que desempeña el papel de «andador» o guía que les permita caminar y gestarse las herramientas que les servirán para desempeñarse efectivamente en el campo de trabajo y en la sociedad. 

Según la S.Isaacs, «el placer que se experimenta al dominar una habilidad cualquiera, vale por sí mismo desde el punto de vista educativo», pero sirve fundamentalmente para cultivar el proceso de comprensión y reflexión y acrecentar la precisión de los conocimientos adquiridos en el ámbito académico. 

A medida que avanza en este proceso de investigaciónreflexión-acción sobre su realidad inmediata, los alumnos muestran una creciente capacidad para apreciar relaciones más complejas y con mayor claridad. Este crecimiento es directamente proporcional a los niveles de tolerancia a la frustración y consecutivamente, a los niveles de motivación para realizar los trabajos prácticos que se les solicita. Pueden volver hacia atrás en el proceso, revisar, retomar el mismo camino corrigiendo o agregando, o también, investigar en otras direcciones. 

Reflexivo, del latín «reflexum», volver hacia atrás; retorno mental que puede hacer el sujeto hacia los actos mismos y un cambio opuesto en la dirección de sus propios actos. Kant consideró la reflexión es la conciencia de la relación entre las representaciones dadas y nuestras diversas fuentes de información. 

El campo de la reflexión es muy amplio y se halla ligado originalmente a las diversas teorías del conocimiento. 

Desde nuestro lugar como educadores, sólo podemos pensar en aportar una perspectiva, uno de los tantos caminos posibles para adquirir esos saberes. La metodología de la investigación y su aplicación a proyectos creados por el alumno desde su contacto con el campo real constituyen una herramienta de incalculable valor pedagógico en las carreras o disciplinas, cualquiera sea su orientación.


Reflexión y acción: Dos caras del proceso de investigación. fue publicado de la página 117 a página118 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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