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El juego de las sillas.

Hojenberg, Vanesa Muriel [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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Murmullo 

Cuando ingresé en mi rol de docente por vez primera a la que sería «mi» aula de la Facultad de Diseño y Comunicación la sentí claramente vacía. Allí estaba yo, sola, iniciando un primer día de clases, paradójicamente, con una hora de consulta, en la cual difícilmente alguien tuviera algo para consultar. La situación parecía asemejarse a la de un cura ingenuo listo para confesar a fieles que aún no creían en su Dios, ó tal vez en ningún otro... 

Me llevó un rato recorrer cada rincón de un espacio pequeño que, por desconocido, se permitía aparentar una amarillenta inmensidad, un cierto eco y ninguna palabra. 

La espera ansiosa y colmada de preguntas, se deslizó lánguida y perezosa; así como viscoso pasa el tiempo cuando la expectativa es dual, mezcla de ansiedad y vértigo. 

Casi sin darme cuenta me encontré ante un desfile de estudiantes acalorados y anónimos que me escaneaban con sus miradas de superhéroes adolescentes, recién escurridos de algún cómic. Era evidente que intentaban aprovechar sus poderes para adivinar, descifrar, armar algún tipo de holograma de lo que yo podría llegar a decir ó hacer e imaginar así que les deparaba la cursada. 

A la fecha en la que estoy escribiendo estas palabras han pasado ya seis meses de ese encuentro y aún puedo recordar dónde tomó asiento cada uno de ellos, que, como piezas de algún juego virtual se fueron acomodando, repartiéndose en ordenado caos con un murmullo suave que jamás volvió a repetirse. 

Desde aquel primer día, las clases y los prácticos se transformaron en desafíos en cuyo proceso participamos todos. Durante este ecléctico e intenso primer cuatrimestre los he visto cambiar de asientos y de lugares, recorrer cada uno en su ritmo y a su compás, los distintos rincones del aula, esos mismos que yo espíe antes de conocerlos. 

Tal vez a la lectura ajena, esta historia no sea más que una anécdota compartida y yo esté pecando de ingenua tanto ó más que aquel día en el que me sentí como un cura en un reino sin fe. 

Este es el «Juego de las Sillas» que compartiré con ustedes, un guiño gestado a alguna distancia inespecífica entre lo lúdico y lo académico.

Música, maestro! 

La descripción de los contenidos y modalidades propios de la asignatura connotan para el alumnado de Imagen y Sonido la vivificación de un compendio de métodos de trabajo y conocimientos vetustos. Es así como Dirección de Arte parece tener poco y nada para significar al medirla con la vara de la magnificencia y el poderío superlativo de la tecnología comunicacional en la que los alumnos se han sumergido durante los tres años previos de la carrera. 

Debido a ello y a la natural resistencia a contactarse con aspectos menos virtuales, pero no por ello menos virtuosos, de su actividad, la propuesta de integrar al ámbito académico esta asignatura, potencia su valor y representa una evolución perspectiva dentro de la actividad. 

Más allá de los contenidos en sí mismos, la propuesta estaba estrechamente ligada a las falencias que durante experiencias profesionales y docentes previas he identificado como denominador común en ciertos ámbitos del diseño y la comunicación audiovisual. 

El proyecto de clase involucraba acercarles imágenes nuevas con lecturas viejas e imágenes ya conocidas y reconocibles con lecturas distintas, desconcertantes; guiarlos a ver aquello que excede lo obvio, estimularlos para extraer conclusiones fundamentadas, incitarlos a que pensaran, analizaran, produjeran ideas y también para que aprendieran a dedicar algo de esa capacidad crítica que con tanto ímpetu y agudeza despliegan sobre otros, para sí mismos. 

Desde el comienzo desempolvé al personaje mitológico del Equeco-changarín, familia a la cual respondemos por tradición aquellos que estamos relacionados con las labores del área de «Arte» y me presenté una clase tras otra con videos, carpetas y libros bajo el brazo; sí, libros y de arte, dos peculiaridades un tanto exóticas en el cyber Universo de los superhéroes de Imagen y Sonido. 

Cada clase de Dirección de Arte el aula se atestaba de invitados de todo tipo y color. Desfilaron las tropas de Cándido López, vinieron los invitados a los encuentros sociales de Alex Katz, se desplegó el glamour vibrante y estilizado de Ertè tanto como la angustia agria de Munch y Kokoschka... Espiamos a las desprejuiciadas chicas Varga junto con las Elvgren en total osadía...Bailaron gráciles y luminosas todas las bailarinas de Degas y nos visitaron aquellos personajes a los que Toulouse Lautrec les dio vida de pigmento y papel más allá de su propia vida...Los grabados Japoneses, las venus expresionistas de las culturas primitivas y todos así, más ó menos desnudos, más ó menos vestidos, tan feos y tan bellos como se estuviera dispuesto a verlos. El aula se desdoblaba, mutaba y dejaba de ser un espacio académico para ser, en algunos efímeros momentos, un teatro, en otros el Mouline Rouge, a veces un jardín, otras un puente y siempre cambiando, se volvía mágica y maravillosamente pequeña. 

Entre libro y libro, entre bailarinas, prostitutas, enfermos y desamparados miramos con ojos por momentos despiadados y por otros complacientes, cortos de ilustres desconocidos actuados por aquellos actores que no siempre respondían a una expectativa de culto. 

Nos reencontramos con las películas más taquilleras y los personajes más variados en los decorados más diversos e intentamos pintar en nuestros ojos miradas diferentes a las que alguna vez habíamos tenido. Abordamos la psicología de los personajes y la definición de su vestuario, los escenarios y contextos, la relación figura-fondo, la importancia del espectador, la influencia sociocultural a la vez que se visualizaban láminas, dibujos, collages, art-books. 

En ciertas oportunidades, todo este mundillo se desplegaba ante ojos curiosos, asombrados pero en otros momentos el clan digital comenzaba a evaporarse y se iba demasiado lejos, a algún abstracto e intangible lugar, más abstracto y más lejano que la fantasía que la materia ofrecía... 

Hasta que un día, como a veces ocurre, sucedió algo realmente inesperado. Entre tantos invitados, cuando ya habíamos promediado la mitad del cuatrimestre, llegó mascullando acerca de su teoría y sin otra cosa que cuadra-ditos y circulitos de colores el señor Johannes Itten . Entró escurridizo a través de la ventana, criticó para sus adentros nuestro moblaje e iluminación y con un movimiento sutil, digno de un mago, desplegó su túnica encendida de contrastes... 

No hubo silencio en el aula y fue bueno. No hubo silencio y súbitamente todas las imágenes ya vistas se resignificaron...Y esos cyber alumnos otras veces teñidos de un gris verdoso empezaron a llenar el lugar de un bullicio y una luminosidad nueva... 

La música que ya había comenzado a sonar hacía un par de meses se dejó oir finalmente: se había iniciado de manera oficial el Juego de las Sillas.

El juego 

A partir de la «visita» de Itten noté un cambio, fue algo así como una brisa que logró reunir un manojo de hojas en un rincón. 

Rápidamente todos comenzaron a observar el color, el color de las imágenes creadas, vistas y el color de las imágenes que ellos estaban creando. Que si el rojo y el verde están juntos en algo más que en los adornos navideños; que si el anaranjado nos transmite una sensación alegre y el azul se retrotrae distante; que los grises; los colores sucios, los quebrados... 

Y la amalgama de la teoría con toda la carga subjetiva que acompaña de modo casi natural al color produciendo un abanico de sensaciones encontradas. Se exacerbaron los roles actanciales distribuidos entre el alumnado, no faltó el apático, el entusiasta y tampoco el destinado a cuestionar absolutamente todo lo preestablecido... 

Así, oscilando entre el ímpetu y la flacidez, reorientaron sus pensamientos, crearon y recrearon jugando con las ideas pero las conclusiones a las que arribaban ya no subyacían de modo natural a fantasías fatuas y en esa concatenación ideológica comenzaron a tomar forma y fuerza muchas imágenes y textos que hasta entonces representaban para ellos poco ó al menos no tanto. 

Algo amorfo pero real comenzó a crecer. 

Una idea orgánica e integral de dirección de arte se corporizó en sus carpetas, collages y art books. La exigencia institucional de presentaciones estandarizadas estimuló una sana rebeldía que devino en la creación de portadas, rótulos, packagings que intentaban desafiar los límites de lo establecido enarbolando con orgullo una creatividad nueva.

Sobre el final del cuatrimestre detecté diversidad y cambio en las preocupaciones y planteos, claro síntoma de un crecimiento incipiente que alentó intentos que en otros tiempos hubieran sido vistos a veces caducos, otras osados ó directamente inimaginables. 

En ese andar, aceptaron, con variantes volitivas, descubrir, equivocarse y tomar asiento en distintas sillas asimilando como propios nuevos lugares. 

Se fueron renovando modalidades actitudinales y los planteos para los proyectos y herramientas esgrimidas para su defensa comenzaron a incluir a aquel mundillo que inicialmente se había desplegado tímidamente ante sus anodinas miradas. Algo sutil y casi imperceptible en algunos, poderoso y renovador en otros estaba sucediendo.

Ida y vuelta 

Finalizó el primer cuatrimestre, pasaron los exámenes y se evaporaron en un suspiro las vacaciones de invierno. Volví una vez más al lugar donde los había visto llegar por vez primera, pero el grupo al que recibí ya no era para mi desconocido. Se veían casi igual que último día de clase. Y me atrevo a decir «casi» porque a pesar de que siguen siendo las mismas sus conversaciones ruidosas y esa extraña habilidad que poseen para desatar el caos; sentí que la garganta cansada, los traslados, los libros y carpetas habían tenido sentido dentro del sentido que en mi fantasía docente poseía cuando aún mis alumnos eran anónimos ó extraños entrando en un aula demasiado vacía. 

Cada tanto, como en el juego mismo, la música se interrumpe por un instante. Es entonces cuando se desploman en las sillas pensando, vociferando eufóricos, quejándose, demandando por hábito ó simplemente esperando; refugiándose en esa ilusión que les promete un rapto de inspiración divina que maliciosamente nos retrotrae a los inicios de esta historia. Inicié la cursada acercándoles imágenes nuevas con lecturas viejas e imágenes ya conocidas con lecturas distintas; empezaron a ver aquello que excede lo obvio, a sacar conclusiones, pensar, analizar, produjeron ideas y también lentamente comienzan a dedicar algo de esa capacidad crítica que con tanto ímpetu y agudeza despliegan sobre otros, para sí mismos... En algunos meses terminarán de cursar su último año de carrera universitaria, pero ya lo anuncia el reglamento del Juego, «...sin permitir simular ingenuidad ó ignorancia, se advierte al lector atento que, por recorrerse los cuatro años, no se agotan los lugares ni los asientos...» 

Y este es el «Juego de las Sillas» que quería compartir con ustedes, sólo un guiño gestado a alguna distancia inespecífica entre lo lúdico y lo académico. 

Escucho música coloreada, es hora de volver al aula.


El juego de las sillas. fue publicado de la página 127 a página129 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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