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Arte y Diseño. Vanguardia, innovación y sociedad.

Pontoriero, Andrea [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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El arte y el diseño, como toda construcción humana, llevan la impronta de la sociedad que los produce. Los artistasdiseñadores representan en sus imágenes las relaciones sociales, los presupuestos culturales, los valores y las creencias que se construyen cotidianamente en la cultura humana. Estos valores pueden ser hegemónicos pero también se deslizan en las representaciones artísticas valores contraculturales que están pugnando por emerger, algunas veces lo hacen, transformándose, con el paso del tiempo, en dominantes y otras quedan por siglos a la sombra hasta que algún historiador los desempolva y plantea su relectura a la luz de alguna nueva teoría y nos damos cuenta que tal vez, esas imágenes no reconocidas como valiosas en su momento nos explican más, nos iluminan más los valores de la sociedad que las representó que aquellas que tenían la distinción artística del momento.

¿Cómo pueden contribuir, entonces, el Arte y el Diseño a pensar las formas que expresan una sociedad?

Es en este sentido la Historia del Arte hace un aporte interesante. Pensar históricamente, sobre el pasado nos proporciona un «distanciamiento» necesario para poder vislumbrar las relaciones entre «forma y sociedad» en el presente, puesto que el pasado sólo nos habla en relación con el presente que lo piensa y lo ilumina.

Arte. Diseño. Innovación. Funcionalidad 

El Arte siempre tuvo una relación directa con la idea de innovación. Siempre trató de superarse a sí mismo y en este sentido tuvo un empuje muy significativo a partir de las Vanguardias artísticas. Desde el siglo XIX, el Arte, discutió su forma de representar la realidad, se independizó del motivo, reflexionó sobre sus especificidades, se expandió en el espacio, se hibridizó. Desde la irrupción de las Vanguardias y de todos los «ismos» hasta la actualidad, el arte y los artistas se movieron entre la abstracción más pura llegando al límite del Arte Conceptual y el realismo más acérrimo del Hiperrealismo. Parecería ser que cuando se arribó a esos extremos, sólo quedó pendular entre uno y otro. Pero entonces, ¿El arte ha agotado su capacidad de innovación limitándose a autorrepetirse, autonombarse, autocitarse, con alguna variación, ad infinitum? ¿Se perdió entonces esta capacidad de autosuperarse? ¿De ir más allá? ¿De estar un paso adelante, en definitiva, de ser vanguardia? La respuesta, creo, está en la palabra variación. Si hay variación, hay innovación. Lo que perdió la vanguardia es otra cosa. Dice Peter Burger en su texto Teoría de la Vanguardia que hay algo en lo que los movimientos vanguardísticos no tuvieron éxito y que es precisamente el rasgo que los define como tales: su propuesta de borrar la barrera entre arte y vida, entre arte y sociedad. Este deseo de traspasar las fronteras del arte sólo se hizo carne en los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX y luego se perdió. Los movimientos neovanguardistas de los ´50, no sólo se consideraban dentro del sistema artístico y no tenían ninguna intención de cambiarlo, sino que además volvieron a la idea de artista como excéntrico, como diferente, introdujeron al consumo en su arte pero separándose, distinguiéndose cada vez más de la masa consumidora.

El arte se quedó con la innovación pero ¿Cuál es la relación que se plantea con la sociedad?

Vemos cómo a lo largo de todo el siglo XX y del presente, toma relevancia para transformarse en dominante, un campo, el del Diseño, que si bien no se propuso, ni se propone cambiar radicalmente las relaciones entre representación y sociedad como sí se proponían las vanguardias, es un campo que por el hecho de autoproclamarse como funcional (algo que, aclaremos, también sucedía con el arte (esta vez con minúscula) antes del Renacimiento), necesariamente trabaja sobre las ideas y las representaciones que la sociedad hace sobre sí misma. Dado el cambio continuo que se produce en la sociedad moderna, el diseño toma la innovación como su razón de ser y en muchos casos estuvo a la vanguardia de los cambios en las formas de representación. Por el hecho mismo de ser considerado como hermano menor del Arte (con mayúscula), permitió, dentro de su ámbito, el desarrollo creativo de grupos que no tenían acceso a lo circuitos oficiales de legitimación artística. Esta característica de periférico, parece ser de enorme productividad para el desarrollo de «lo nuevo» incluso en el campo artístico: uno de los grupos a los que se considera como los que marcaron el quiebre en la forma de representación de la realidad: los Impresionistas, pudieron realizarse como tales a partir de que fueron obligados a considerarse como rechazados. 

Parecería ser entonces que el Diseño ha tomado en nuestros tiempos un grado de legitimación en el campo de la creación de formas que nunca antes había tenido. Comparte con el Arte su interés por lo nuevo pero al no haber tenido éxito las vanguardias en borrar las fronteras Arte y sociedad, el Arte continúa atrincherándose tras su manto de «inutilidad» mientras que el diseño, en cambio, trata de operar sobre la sociedad, de comunicar y ser efectivo en la comunicación, en definitiva trata de ser útil. El Arte hace de la ambigüedad una virtud. El diseño aparentemente, no podría permitirse tal cosa, la ambigüedad sería un ruido y habría que reducirlo a su mínimo exponente. Pero aquí nos topamos con otro problema ¿existe la posibilidad de transparencia? 

La ambigüedad del Arte parecería hacer visible que hay algo que no se puede decir, que no se puede nombrar, algo que en la construcción de la forma nos remite a un «plus» de significado que no podemos dilucidar, que no podemos explicar racionalmente, algo que se niega a ser comunicado. Y en realidad, esto es así en cualquier mensaje, es sólo que el Arte, debido a su inutilidad, se hace cargo de la incoherencia, de lo contradictorio, de la opacidad, algo que no le es tan fácil al diseño que intenta ser comunicativo. Pero todos sabemos que hacer pasar algo por transparente cuando en realidad es opaco, y todo signo lo es, requiere de un dispositivo muy sofisticado que permita borrar los medios de producción de significados, es por esto justamente, que reflexionar sobre imágenes, diseños y construcciones culturales de cualquier tipo, desde un punto de vista estético e histórico, se hace imprescindible para poder acercarnos a los valores y presupuestos de una sociedad, aquellos por los que esta hace más esfuerzos por esconder, por no mostrar, aquellos que se tapan, que pretenden ser borrados, o al menos dejados de lado, mientras nos ocupamos de las formas, el color y la disposición en el espacio, aquellos que aparentemente quedan fuera de la representación. 

Mirar las imágenes con la mirada distanciada, del que se sorprende, del que mira por primera vez nos permite ver que esas formas, ese color y esa disposición en el espacio son espejos donde mirarnos a nosotros mismos, imágenes que hablan de relaciones humanas, relaciones de poder y contradicciones inherentes a toda construcción humana. Reflexionar sobre nuestras representaciones, historizarlas, ponerlas en contexto, tal vez nos ayude a comprender más nuestra sociedad, para poder cambiarla.


Arte y Diseño. Vanguardia, innovación y sociedad. fue publicado de la página 191 a página192 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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