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Qué bueno es decir no sé o la importancia de llamarse (de algún modo).

Sepich, Julieta [ver currículum del autor, docente de la Facultad de Diseño y Comunicación]

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

ISSN: 1668-1673

XIII Jornadas de Reflexión Académica en Diseño y Comunicación. Febrero 2005. Buenos Aires. Argentina:"Formación de Profesionales Reflexivos en Diseño y Comunicación"

Año VI, Vol. 6, Febrero 2005, Buenos Aires, Argentina | 288 páginas

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Es a partir de la tarea desarrollada durante el ciclo 2004, tanto en la materia Introducción a la Investigación de la Carrera de Diseño de Imagen y Sonido; como en Discurso Audiovisual I, que comienzo esta reflexión, que supone formar parte de una estructura colectiva que nos permite, de alguna manera, recuperar un análisis pertinente a nuestro rol, a partir de las prácticas docentes. 

Me permito en este texto, compartir mi doble condición, durante este período, en tanto docente y alumna dentro de la Facultad. 

Ahora que he declarado dicha condición, me interpelo acerca de la posible convivencia constante entre estos dos roles, no solo en el plano institucional, sino en nuestra vida cotidiana. En lo que algunos llaman posmodernidad, o sobremodernidad (como si no pudiéramos sino pertenecer a una época apéndice de otra, ya que hasta la nominación nos hace dependientes), existe una idea de nueva jerarquía, dada por una condición de horizontalidad extrema. 

Dentro de esta nueva cosmovisión, los roles aparecen intercambiables / dos, ausentes de autoridad y escalafones. El «...no hay ni aplazao, ni escalafón...», que nos legara el visionario Discepolín con una vigencia incontrastable, adhiere involuntariamente a este escrito. 

El poder otrora vinculado con los saberes científicos, con las verdades absolutas, fue trocado por una verdadera crisis del orden hegemónico en todas las disciplinas. 

A ello se suma una ruptura en la idea de representación que resulta replicarse -desde lo micro: la familia, hasta lo macro: el perfil de los nuevos líderes. 

Pareciera un paisaje algo desolador, pero intento preguntarme cuál o cuáles son las nuevas prácticas que actualizan los enunciados de este momento, para así poder ubicarme eficazmente en el rol o roles en los que me desempeño. 

Es notable señalar que esta dupla docente –alumno, que en un pasado no muy lejano aparecían como antagónico, se han ido movilizando, extendiendo sus fronteras, acercándose desde las prácticas, pero sobre todo desde los discursos. 

Identifico, entonces, una relativización de esos discursos hegemónicos y patrimonio exclusivo de los formadores, que en algunos ámbitos carece de valor positivo, pero que aplicado a las prácticas pedagógicas puede verificar ciertos resultados relevantes de señalar. 

El objetivo de hacer un estado de la cuestión dentro de mi realidad áulica subjetiva, me permite instalar/me dentro de cierto malestar necesario para generar condiciones propicias al cuestionamiento de las prácticas pedagógicas y contenidos específicos. 

La idea de vincular la enseñanza-aprendizaje a una trama compleja que se estructura a partir del interés mutuo, el afecto y la búsqueda de la excelencia, es lo que dispongo a abordar desde esta escueta reflexión. 

Este nuevo escenario plagado de incertezas permite la duda, motor indiscutible de todo proceso de cambio. Preguntarse acerca del mundo es lo que nos hace concebir la idea de cambiarlo. Los caminos del aprendizaje son sinuosos como todos los trayectos aventurados por el hombre. El caos delinea al orden y en esa relación es que pivoteamos constantemente. En la época del acontecimiento, donde el tiempo se estructura como un eterno presente, es importante recuperar la historia como memoria, como una fuente inagotable de la que puedo beber, reflejarme y verter a su vez todo lo que produzca en ella. 

Ser un gran filtro de la experimentación, intervenir en «la realidad» para apropiarme de ella y convertirme en un espectador activo del film donde soy protagonista (a veces, intermitente), pero donde «ser parte», condiciona mi permanencia y compromiso. 

El espectador pasivo se entrega al bombardeo de imágenes, sensaciones, datos; sin poder atravesar la experiencia, sin intervenir de modo alguno en la obra. 

Me preocupa, en este momento, algo más que «el qué». En el ámbito del aula priorizo «el cómo». Quizás con una cuota de ingenuidad (defendida a rajatabla), es que creo que «forma-contenido» funcionan de modo simbiótico, pero la relevancia de cada una de sus partes van mutando constantemente en las prácticas. 

La idea de cumplimentar eficazmente el rol será entonces esa percepción entrenada o instrumentada desde la más absoluta intuición, donde la erudición respecto a lo estrictamente vinculado con los saberes específicos, necesita ingresar en una dialéctica donde el resultado sea superior a una suma de partes, para que encuentre su mejor posición y ligadura. 

Tomar la instancia de formación como el lugar de juego, donde se experimenta, se prueba, se arriesga, se interpelan nociones establecidas, es lo que me permite instrumentar el rol dentro del aula. 

De ese «juego» y ese « jugador» resultará el perfil del profesional que cada cual diseñe para sí. De ese compromiso con los demás jugadores es también que puedo encontrar una idea de pertenencia, de cooperación, de responsabilidad. 

La importancia de esta dinámica es la que me interesa destacar hoy a partir de las relaciones (complejas y nutritivas) que diseñan el tablero, : El que cada día alumnos y docentes nos disponemos a transitar.


Qué bueno es decir no sé o la importancia de llamarse (de algún modo). fue publicado de la página 230 a página230 en Reflexión Académica en Diseño y Comunicación Nº VI

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